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Visitamos el pueblo islandés en el que la democracia funciona sin partidos

En Borgarfjörður eystri, el sistema electoral funciona sin partidos políticos y sin campañas electorales. En el momento de la votación todos los ciudadanos censados y con derecho a voto se convierten en candidatos a dirigir el ayuntamiento.

por Èric Lluent
24 Junio 2016, 6:20am

Borgarfjörður eystri, un fiordo situado en el este de Islandia y que cuenta con una población de 124 habitantes, en abril de 2016. (Imagen por Èric Lluent)

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En Borgarfjörður eystri, un fiordo situado en el este de Islandia y que cuenta con una población de 124 habitantes, el sistema electoral funciona sin partidos políticos y sin campañas electorales. El alcalde y los concejales de este rincón del Atlántico Norte se escogen democráticamente en las urnas, con la significativa diferencia de que en el momento de la votación todos los ciudadanos censados en la población y con derecho a voto se convierten en candidatos a dirigir el ayuntamiento.

Seguro que ahora mismo este modelo de elección de los representantes democráticos, sin la necesidad de la existencia de organizaciones políticas ni mítines de campaña, a muchos les suena a música celestial. No obstante, en Borgarfjörður eystri sus habitantes no lo ven como un sistema democrático perfecto sino como una cuestión cultural, una tradición que parece que funciona más o menos bien y que, de momento, nadie se ha atrevido a cambiar.

En Islandia el sistema electoral establece que los pequeños municipios que no cuenten con listas de partidos políticos o de ciudadanos independientes deben escoger a sus representantes directamente de entre todos los mayores de edad del lugar. Un total de 18 poblaciones en toda la isla votaron a sus representantes locales de esta forma en las últimas elecciones municipales de 2014.

"Lo más negativo es que, actualmente, somos el único municipio del país que no tienen ninguna mujer en el ayuntamiento", subraya a VICE News Ásta Hlín Magnúsdóttir, una joven de 27 años que pasa temporadas en el fiordo y que acaba de presentar un exhaustivo estudio sobre el sistema electoral de Borgarfjörður eystri en clave de género como parte de su posgrado en Administraciones Públicas que realiza en la Universidad Háskóli Íslands.

Ásta Hlín Magnúsdóttir ha realizado un estudio sobre el sistema electoral en Borgarfjörður eystri. (Imagen por Èric Lluent)

El hecho de que ninguna mujer fuera escogida en las últimas elecciones puede ser consecuencia de las prioridades que confiesan los electores a la hora de escribir los cinco nombres que deben indicar en la papeleta. "Cuando les pregunté por las motivaciones que les llevan a escoger a sus representantes, descubrí que lo que se valora es que sean personas que tenga conocimiento sobre el sector pesquero y el sector ganadero, lo cual parece que empuja a la gente a votar a hombres", detalla Magnúsdóttir.

Este pueblo islandés basa su economía en la pesca que realizan las pequeñas embarcaciones que salen de su puerto, en la producción de unas pocas granjas de corderos y, en los últimos diez años, en el auge de la llegada de visitantes en sintonía con el boom del turismo en la isla. Si bien el presupuesto que controla el ayuntamiento es muy reducido y la independencia de la institución a veces se ve interferida por la necesidad de pedir servicios a municipios más grandes de la región, el consejo municipal de Borgarfjörður eystri afronta retos decisivos para el futuro de la localidad.

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Arngrímur Viðar Ásgeirsson, de 47 años, es uno de los concejales del ayuntamiento, después de que en las pasadas elecciones obtuviera la confianza de 23 de los 62 electores que ejercieron su derecho a voto — en el censo estaban inscritos 104 —. Es hijo de granjero, es profesor de la escuela y propietario de uno de los tres hoteles que abren durante la temporada de verano. Una de sus principales preocupaciones es el descenso de la población que afecta a su pueblo natal desde hace cuatro décadas.

"La gente se va, pero eso pasa en muchos sitios del mundo. No le podemos decir a nadie que no se vaya. Lo que tenemos que conseguir es que los nacidos en el pueblo quieran volver y recibir a familias de otros lugares, tanto de Islandia como de otros países", opina Ásgeirsson. Para él, las claves para conseguir que el municipio remonte hasta los 200 habitantes son la construcción de nuevas viviendas, la creación de nuevos puestos de trabajo más diversificados y el impulso de buenas infraestructuras.

Arngrímur Viðar Ásgeirsson, concejal del ayuntamineto de Borgarfjörður eystri, con dos de sus hijos. (Imagen por Èric Lluent)

Pero, ¿el pueblo funcionaría mejor o peor si el sistema electoral fuera distinto? "La realidad es que los cinco representantes somos hombres y el más joven soy yo. Algo tenemos que hacer para involucrar a más sectores, especialmente a las nuevas generaciones. Antes de las anteriores elecciones nos planteamos hacer una lista electoral, pero de momento no se ha hecho. No sé cuál sería el mejor sistema. De lo que estoy seguro es de que necesitamos coraje y gente joven para cambiar las cosas", asevera Ásgeirsson.

Según la ley electoral islandesa, si en una pequeña población se constituye una lista con diez candidatos y no existe ninguna lista alternativa, no es necesario que se celebren elecciones y los candidatos pasan directamente a ser representantes legales de la comunidad en el ayuntamiento. En este sentido, la confección de una lista con perfiles más plurales podría ser una solución a la tendencia de los vecinos del pueblo a votar por hombres de una determinada edad, aunque entonces hay quien diría que es más democrático votar a individuos que la mera aprobación de una candidatura sin pasar por las urnas.

Uno de los aspectos más curiosos del funcionamiento práctico del sistema electoral en este pequeño pueblo de Islandia es que socialmente no está muy bien visto que los vecinos muestren su voluntad de ser escogidos en la votación. Muy al contrario, lo habitual es que los que gozan de mejor reputación nieguen su interés de formar parte del consejo municipal, como si de un acto de humildad se tratara, lo que supone la inexistencia de un debate electoral antes de las elecciones.

En su trabajo de campo, Magnúsdóttir observó esta negativa de los vecinos a postularse públicamente como candidatos en las elecciones municipales y la falta de discusión política en los días previos a las elecciones. "Creo que sería mejor que hubiera un debate electoral, un programa político, con una ideología, para saber qué votamos exactamente", defiende Magnúsdóttir.

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Dagur Björnsson, vecino de Borgarfjörður eystri y encargado del supermercado local. (Imagen por Èric Lluent)

"Yo no pienso que una campaña electoral en nuestro pueblo sea necesaria. La lealtad de las personas y la confianza que nos generan son suficientes para decidir nuestro voto. Es un sistema más personal y creo que así funciona bien", rebate Dagur Björnsson, de 28 años y encargado del pequeño supermercado local, que abre de lunes a viernes de dos a seis de la tarde.

A falta de dos años para las próximas elecciones municipales, Borgarfjörður eystri encara un momento decisivo para su supervivencia. Bajar de los 100 habitantes supondría a la práctica perder la autonomía para gobernar y, tarde o temprano, la pérdida de la capacidad ejecutiva de su ayuntamiento.

En el último curso, la escuela ha contado con siete alumnos, el más pequeño de los cuales tiene 11 años. Que los jóvenes decidan formar sus propias familias y tener hijos en el pueblo es una prioridad, pero para que esto suceda, antes el municipio deberá ofrecer mejores oportunidades para convencer a los indecisos que se debaten entre la vida de campo y la vida de ciudad.

Lejos de lo que podrían pensar los sectores más escépticos con el sistema de partidos, la ausencia de formaciones políticas en Borgarfjörður eystri no supone, ni mucho menos, una solución milagrosa a todos sus problemas. Ya sea con organizaciones políticas, con listas de independientes o con la fórmula de elección actual, el municipio necesita personas que quieran mejorar su comunidad mediante la acción política. Y eso parece más una cuestión de fondo que no de forma.

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