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¿Donde están los más de 10.000 niños refugiados que Europol da por perdidos?

VICE News reconstruye con la ayuda de voluntarios y ONG el camino hasta Europa y cómo se pierde la pista de los más de 10.000 niños refugiados a quienes las autoridades europeas considera en paradero desconocido.

por Beatriz Lucas
09 Junio 2016, 9:20am

Niños refugiados sirios en el campo de Gaziantep en Turquía. (Imagen por Sedat Suna/EPA)

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Mohamed tenía un plan. A sus 16 años había atravesado Irak, Turquía, Grecia y Macedonia. Lo hizo caminando, colándose en autobuses, en barca desde Turquía. Y solo. Huyendo de la guerra. Su última etapa — hasta ahora — ha sido la ruta de los Balcanes. Su objetivo: Suecia o Alemania. Ya no le quedaba más dinero, ni estaba dispuesto a seguir pagándole a la mafia. Tras atravesar Grecia y llegar a Idomeni, la frontera con Macedonia, se encontró el paso cerrado. Pero si pagas, te sacan. En el campamento se sabe. Hay una ruta siguiendo la valla hasta el final y atravesando un pueblo. Se hace caminando, por las montañas. Sólo hay que caminar. Mucho.

Mohamed cargó su mochila y sus bolsillos con bellotas, agua, un teléfono móvil y sus papeles, y puso rumbo a las montañas. Pero en el camino le estaban esperando. Nadie cruza sin pagar — de 1.200 a 1.500 euros. Le apalearon, le robaron su documentación y le dejaron tirado en una cuneta. Se repuso y siguió su viaje: Serbia, luego Croacia, pero le volvieron a pillar en Eslovenia. Y sin papeles, la policía le metió en un tren y le mandó de vuelta a Idomeni donde esperó hasta el martes 24 de mayo, cuando el campo fue desmantelado y se lanzó a un nuevo intento. Aunque esta vez, sin documentos, no lo tendrá fácil para solicitar asilo.

Cuando Maica Torres cuenta a VICE News la historia de Mohamed le tiembla la voz. Esta operaria química, de 42 años y madre de cinco hijos, ha estado dos veces en Idomeni como voluntaria. Lleva tatuadas en el rostro dos frases en árabe, cada una en un lado de la cara: "Soy refugiada";"Soy humana". En su última visita, de la que acaba de regresar, acampó como una refugiada más para evitar los controles policiales.

"La mafia lo controla todo, y la policía les deja hacer. Si yo en una semana me enteré de cómo funcionaba sin saber nada de inglés, ¿cómo la policía no va a saber dónde están las mafias y dónde operan?", narra. "¿Por qué no les detienen a ellos en lugar de encerrar a gente inocente que solo trata de huir del horror? ¿Por qué no se lo impiden? Les interesa que siga funcionando así", asegura indignada.

Según el último informe de tráfico de personas realizado por la Interpol y Europol, el 90 por ciento de los inmigrantes que llegan a Europa han utilizado en su tránsito los servicios de mafias, ante la pasividad de los países miembros. Este tráfico de personas supone un lucrativo negocio: Europol calcula que en 2015 este reportó unos beneficios de 6 millones de dólares. El informe recoge que se tratan de redes muy bien organizadas establecidas en 100 países y que cuentan con al menos 250 puntos de captación repartidos entre Europa y en los países de origen.

10.000 niños desaparecidos

Mohamed tuvo suerte porque sobrevivió para contarlo y pudo volver. Pero en el último año, según un informe de Unicef, más de 10.000 niños refugiados de los cerca de 95.000 que llegaron a Europa y pidieron asilo el año pasado. El estudio está basado en estadísticas de Eurostats.

La Interpol calcula que 1 de cada 9 niños refugiados y migrantes no acompañados está en paradero desconocido, pero se cree que esta cifra podría ser mucho más alta. En Eslovenia, por ejemplo, más del 80 por ciento de los menores no acompañados ha desaparecido de los centros de acogida, mientras que en Suecia se informa de 10 niños desaparecidos cada semana. A principios de este año, en Alemania se registró a 4.700 menores que llegaron solos a Europa y que, o han desaparecido o se les ha perdido la pista. Y eso sin incluir los dos niños que mueren cada día en el mar intentado llegar a Europa.

El responsable nacional de Europol, Alexandru Niculae, explica a VICE News que la cifra de menores en paradero desconocido "es una estimación basada en los informes de los estados miembros y las ONG". Incluyen a menores no acompañados que habían sido inicialmente registrados por las autoridades de alguno de los países miembros y que posteriormente no pudieron encontrar.

"Que no los hayan localizado, no significa que todos estén siendo explotados; muchos han seguido sus viajes hacia su destino y otros han sido recogidos por familiares o amigos", asegura. "Somos conscientes de la vulnerabilidad y del riesgo que corren estos menores no acompañados, que pueden ser víctimas de explotación sexual o laboral entre otras cosas así que invitamos a denunciar cualquier situación sospechosa que puedan encontrarse quienes trabajan en el terreno", concluye.

En imágenes: el campamento griego de Idomeni, el purgatorio de 13.000 almas migrantes. Ver aquí.

Refugiados en Grecia, el principal punto de llegada de los últimos meses. (Imagen por Valdrin Xhemaj/EPA)

ACNUR, Unicef y Save the Children repiten a VICE News que la cifra no es del todo fiable — posiblemente porque no tiene en cuenta duplicidades y diferencias de criterios de registro en distintos países. Algunos países registran como no acompañados a los menores que viajan con sus tíos o adultos que respondían de ellos sin ser sus padres. Pero tampoco creen que sea descabellada dada la llegada masiva de refugiados en el último año. Lo que todo esto evidencia es el absoluto descontrol respecto a los menores no acompañados que han llegado y circulan por Europa.

Y urgen a que se coordine un sistema adecuado de identificación y control de estos menores para que se valoren adecuadamente sus necesidades de protección en todos los ámbitos y que puedan optar a los programas de reunificación familiar sin tener que hacerlo a través de las mafias. Porque la desesperación por huir de la guerra y la muerte es tal que las familias optan por los traficantes y exponen la vida de sus hijos ante la falta de vías legales.

Los pocos datos oficiales disponibles estremecen y dan una dimensión del drama: el 40 por ciento del millón de refugiados que llegaron a Europa el año pasado, eran menores y un 10 por ciento de ellos llegaron solos. Unos 96.500 menores no acompañados solicitaron asilo en Europa en 2015 — esto supone un 20 por ciento del total de todos los niños que lo hicieron. La mayoría, como los protagonistas de este reportaje, son varones adolescentes procedentes de Afganistán, seguidos por aquellos que proceden de Siria o Iraq. Muchos tienen menos de 14 años y han viajado solos por todo Europa, según los datos difundidos por Unicef.

En algunos países, los menores no acompañados constituyen más de la mitad de todos los niños que llegaron en 2015. En Suecia, suponen hasta el 50 por ciento del total de niños refugiados. A Italia llegaron 12.300 no acompañados.

Los niños, la última esperanza.

Ahmed, de 13 años, era la última esperanza de su familia atrapada en Afganistán. Sobre sus espaldas, la responsabilidad de salvar de la guerra a sus padres y hermanos. Era un chico listo. Tanto que sus padres apostaron por él ya que creían que era el único capaz de llegar hasta el final del periplo y que luego podría trasladarlos a todos. Su familia invirtió los ahorros de una vida, 3.500 dólares, para que llegara a Europa y luego les llevara a ellos también. Ese era el pacto.

Le sacaron unos traficantes de personas dentro del maletero de un coche destartalado. Atravesó Irán y Turquía, donde la mafia volvió a exigirle más dinero — cobran entre 600 y 1000 euros por cruzar en barca hasta Europa. A bordo iban otras 50 personas. El capitán fue elegido al azar entre los pasajeros, y jamás había visto el mar. Pero Ahmed llegó a Lesbos, Grecia, sonriendo. Por el camino, mendigó, durmió en cunetas, e hizo lo que pudo para saciar las exigencias de los traficantes que cambiaban las condiciones en cada parte del trayecto. Después de esquivar varias veces la muerte, ahora se encuentra atrapado en Grecia esperando a seguir su viaje. Quiere ir hacia el norte, y está seguro de que lo conseguirá.

Ahmed contó su historia a unos estupefactos voluntarios de Unicef en uno de los 20 espacios seguros para la infancia que desde febrero esta organización junto con ACNUR han establecido en los campos de refugiados y en la ruta de los Balcanes para que los niños puedan volver a ser niños y dormir seguros.

Los migrantes siguen dirigiéndose a la 'Jungla' de Calais a pesar de que sigue el desalojo. Leer más aquí.

El viaje de Imad fue parecido. Tiene 15 años y llegó de Irak hace unos meses. Hasta hace poco sobrevivía en el campo de refugiados de Idomeni, al norte de Grecia y en la frontera con la Antigua República Yugoslava de Macedonia. Su familia, amenazada por un grupo terrorista, sólo podía pagar un pasaje, y lo escogió a él.

"Salí de Irak hacia Turquía y de ahí en barca a la isla griega de Lesbos. Monté en un ferry, entre muchos adultos, y cuando llegué a Atenas me detuvieron 15 días. Fue horrible, no me dejaban salir y apenas me daban comida. Conseguí escapar y llegué hasta Idomeni. La vida aquí es muy dura, he vivido la guerra desde que era pequeño y solo quiero estar tranquilo, que abran las fronteras y nos dejen continuar con nuestro camino. En Irak he vivido cosas horribles, muchísima violencia que no podríais imaginar. Quiero llegar hasta Alemania donde está mi tío, y desde allí traer a mi familia de Irak", explica.

Muchos de estos niños, como Imad, no tienen a nadie en el campamento. Algunos tienen suerte y duermen en instalaciones seguras que también Save the Children ha habilitado a lo largo de la ruta migratoria. La situación de estos menores no acompañados inquieta especialmente a la ONG, que el mes pasado lanzó una campaña de sensibilización centrada en esta realidad y la semana pasada organizó unas jornadas en su sede, que se pudieron seguir por streaming para explicar cómo trabajan en el terreno con la infancia refugiada.

Campamentos sin condiciones

A los niños en Lesbos les daba miedo dormirse. Según explica a VICE News Michela Ranieri, analista jurídico de derechos de infancia en Save the Children, los pequeños temen que los secuestren para quitarles los órganos. "Nosotros no tenemos constancia de que haya ocurrido", afirma, "pero era uno de los rumores que circulaban entre los refugiados", explica la experta en derecho internacional.

A pesar de los esfuerzos por dotarles de lugares seguros, los pequeños en los campos están demasiado expuestos, sobre todo los que viajan solos y no son detectados, porque se camuflan entre grupos de adultos y familias para poder seguir su viaje libremente.

Cuando llegan grupos de hombres adultos y hay un niño solo, es común que le acojan y normalmente les protegen, pero en algunos casos puede convertirse en un peligro para los niños porque esos adultos que no conocen les exponen a peligros como ser explotados o abusados sexualmente, o casos de prostitución en el propio campamento, como denunció ACNUR en octubre de 2015, a cambio de comida o cualquier otro servicio. Lo llaman prostitución para la supervivencia", explica Ranieri.

También se da el caso contrario: familias con cinco hijos o más, en un ejemplo de solidaridad extrema, están haciéndose cargo de niños que no son familiares suyos. Y además de los niños que emprenden su viaje solos, las organizaciones alertan también del peligro para los que se quedan solos por el camino porque sus padres o familiares han terminado en distintos países por el cierre repentino de fronteras o han muerto. "Estos están mucho más traumatizados, no llegan tan bien aleccionados y no saben que tienen que hacer; son mucho más vulnerables aún porque se han quedado sin referentes de repente", describe la portavoz de ACNUR María Jesús Vega.

Aunque Grecia está obligada a proteger a los menores localizados en su territorio, "en la práctica el sistema está tan sobresaturado que los niños acaban en comisarías o centros de detención, lo que les impide continuar la ruta, y por eso prefieren pasar inadvertidos en grupos mayores para poder cumplir su objetivo, y si son detenidos es común que acaben fugándose, y es entonces cuando son más vulnerables. Cuando estás desesperado te agarras a cualquier mínima esperanza que te ofrezcan", afirma Ranieri. En Grecia cuentan con 440 plazas en centros de menores, cuando existen más de 1.255 niños identificados, que apenas son la punta del iceberg.

Tanto Save the Children, como Unicef y ACNUR coinciden en que Europa debe y puede dar alternativas legales a esos niños y evitarles que caigan en manos de redes. "Si el sistema de protección ayudara a la reunificación familiar, los niños se quedarían en el sistema, protegidos, en vez de vagar por los caminos expuestos a montones de peligros. Como el sistema no funciona y no les ayuda a lograr su objetivo, escapan y se buscan la vida", dice Ranieri.

Según Unicef, ahora mismo, los niños tienen que esperar hasta 11 meses entre el registro y el traslado a un país que acepte estudiar su solicitud. "Debe reducirse esta espera a no más de 90 días, y se les debe asignar a estos niños inmediatamente un tutor legal, a la vez que se agilizan los procesos de reunificación familiar. Todo esto es clave para proteger a los menores no acompañados y evitar que se pierda su rastro o se fuguen", asegura una nota de la organización.

Niños refugiados en Idomeni atienden a clases ofrecidas por los voluntarios. (Imagen por Kostas Tsironis/EPA)

La huida, en la ruta de nuevo

Cuando los pequeños prosiguen su camino solos es cuando más expuestos pueden estar a las mafias. Aumenta el riesgo de que los usen para explotación sexual, pornografía infantil o explotación laboral como trabajo doméstico, mendicidad o pequeños delitos relacionados con hurtos. No tienen dinero, están desesperados por seguir su camino y se agarran a cualquier promesa aceptando muchas veces lo que les pidan para poder seguir", explica Sara Collantes, especialista en políticas de infancia de Unicef.

"Europa les fuerza a ponerse en manos de contrabandistas para lograr la reunificación familiar que es un derecho contemplado en la normativa europea. Y si les cerramos la vía de los Balcanes, optarán por otra más peligrosa e insegura como llegar desde Libia a Italia", denuncia la trabajadora de Unicef.

El informe sobre redes de traficantes en Europa explica que las mafias que ahora controlan el tráfico de personas entre países emplean las mismas rutas que se usan para el tráfico de armas, drogas o contrabando de mercancías. "Los mismos grupos que antes comerciaban con armas, ahora comercian con personas y niños", explica su informe.

Idomeni, sin refugio. Mira el documental aquí.

Gabriel Hureau pasó las últimas navidades y la pasada semana santa sacando a gente del mar con el grupo de rescatistas PRODEM-Aid. Este estudiante de derecho afincado en Madrid recuerda las noches en vela esperando a que una luz en el horizonte les diera la pista de que alguien estaba tratando de llegar a Lesbos. En cada barca llegaban al menos tres o cuatro niños que viajaban solos. "Debería haber un seguimiento especial de estos niños y una protección como establece la ley, pero en la práctica hoy Europa está repleta de niños vagando por los caminos solos, sobreviviendo como pueden", explica a VICE News.

"Es terrible pero la actitud de los gobiernos europeos en esta crisis ha acabado legitimando el rol de los traficantes de personas", asegura Gabriel. "Recuerdo el caso de una mujer siria atrapada con sus tres hijos de 2, 4 y 8 años, que tenía a su marido en Suecia, y viajaba para reunirse con él cuando cerraron la frontera de Macedonia. No tenía ninguna vía legal para llegar hasta su marido. Optaron por las mafias. Y pagando en cada tramo logró atravesar con sus tres niños varios países, hasta llegar a Suecia. Las mafias son mucho más eficaces que los procedimientos legales, así que las mafias actúan impunemente ante la falta de alternativas legales. Incluso hoy es posible viajar en avioneta desde un pueblo pequeño de Grecia hasta Alemania por 3.500 euros", explica horrorizado.

María Jesús Vega, de ACNUR alerta a VICE News de que la excepcionalidad de la situación ha llevado a convertir a muchos solicitantes de asilo en prisioneros. "Actualmente hay más de 50.000 personas varadas en Grecia, el 85 por ciento de ellas procedentes de países en conflicto, y muchos alojados en condiciones deplorables tanto en centros abiertos como los cerrados de las islas, esperando a que se resuelva su solicitud de asilo" describe Vega.

"O se mejoran las condiciones de acogida urgentemente para que cumplan los estándares humanitarios mínimos y se refuerzan los procedimientos de asilo con el apoyo de las agencias europeas como EASO, Frontex, Europol, Eurojust, intérpretes, jueces, o la situación acabará explotando en las manos" sentecia.

"Además, los países europeos también deben ser mucho más proactivos agilizando las reubicaciones. Una responsabilidad compartida y más equilibrada sería mucho más asumible", añade la portavoz de ACNUR, que califica de inaceptable seguir alargando en Europa la angustia de personas que han sufrido ya horrores en su vida.

Mientras tanto, los voluntarios en terreno ven cómo a las familias se les va acabando la esperanza. Gabriel se estremece cuando recuerda su última conversación hace unas semanas con una familia siria atrapada en Idomeni. "No tenían dinero para seguir el viaje, viajaban con varios niños y estaban en medio del barro. La última vez que les vi me preguntaron: '¿Cómo podemos volver a Siria? Preferimos morir bombardeados que morir de hambre como perros aquí'".

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