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Hablamos con jóvenes argentinos que decidieron ser militares

¿Cuáles son sus motivaciones? ¿Cómo reaccionan ante el grito popular que se escucha en manifestaciones, eventos deportivos o recitales que los condena? ¿Cómo ven que la palabra "milico" se use como insulto? ¿Es el amor a la patria uno de los incentivos?

por Pablo Díaz Marenghi
22 Mayo 2018, 2:24pm

Juan Alberto

Artículo publicado por VICE Argentina

“La Argentina tiene unas Fuerzas Armadas diseñadas para el siglo pasado, con hipótesis de conflictos que ya no existen”, dijo hace no mucho Oscar Aguad, Ministro de Defensa. El rol del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea ha ido mutando a lo largo del tiempo. Luego de las sucesivas Dictaduras Militares sufridas en el país entre 1930 y 1983, y sobre todo después del genocida Golpe Cívico-Militar de 1976, las FFAA han quedado estigmatizadas, desprestigiadas y vapuleadas.

“La democracia recuperada en 1983 enfrentó un contexto de profundas tensiones para ejercer el control político sobre las FFAA, tras décadas en las que éstas habían reiteradamente usurpado el poder. Por ello, la política de defensa se orientó básicamente a establecer la supremacía civil sobre las instituciones militares. A partir de allí se instaló un consenso que, aunque varias veces se intentó eludir, apuntaba a fortalecer el sistema republicano. Ello incluía asignar un rol subsidiario a las FFAA de acuerdo a los lineamientos de la política exterior de cada uno de los gobiernos. Sin embargo, la resistencia de los militares y los desvíos presidenciales hicieron que ese proceso, que debería haber finalizado en la primera presidencia democrática, se extendiera hasta nuestros días, limitando la política de defensa a la prioritaria resolución del pasado dictatorial”, afirma la investigadora del CONICET Rut Diamint.

Según la web oficial del Ejército Argentino, los objetivos de las fuerzas van más allá de la seguridad del territorio. Consistirían en “Constituir una fuerza armada con aptitud para defender los intereses de la nación, contribuir con su desarrollo científico, tecnológico, económico y social, y cooperar para el logro del bienestar general de sus habitantes”.

Más allá de las diferentes gestiones y maneras de entender el rol de las FFAA por los sucesivos gobiernos democráticos, todos los años cientos de jóvenes se alistan por diversos motivos: a veces buscando cierta estabilidad económica que el mercado laboral no les brinda o también por un sentido patriótico de ayuda a la nación.

VICE habló con jóvenes para que nos cuenten el por qué de su decisión e indagar acerca de cómo fue su camino en una institución ligada a épocas oscuras de la historia argentina reciente.

Juan Alberto , 41 años, Ejército/ Armada

Cuando era chico me llamaban mucho la atención los desfiles de los días patrios y siempre que había uno estaba a la pantalla de la tele. Los mirábamos con mi hermana y no nos levantábamos hasta que terminaran. Un día, nos hicimos una promesa en la cual decía que ella se casaría y yo desfilaría en la tele de militar. Todavía no sabia en qué fuerza pero tenía que ser militar. Ella, lamentablemente, falleció en febrero de 1987.

Cuanto tuve 15 años di mi primer paso para lograr mi cumplir mi promesa: logré ingresar en la Escuela Sargento Cabral del Ejército en Campo de Mayo. Había pasado casi un mes de instrucción y tuve mi primer franco de fin de semana. El domingo, mientras jugaba un partido de fútbol, tuve un accidente en el cual sufrí un corte en mi muñeca izquierda. Me desmayé y me desperté en el hospital de Morón. Luego fui trasladado hacia el Hospital de Campo de Mayo, en el cual permanecí internado varios días. A causa del accidente perdí la movilidad de tres dedos y me llevaría bastante tiempo de recuperación. Me sentía muy mal y no podía dar lo mejor de mi. Eso me llevó a pedir la baja de la institución. Nadie quería que me vaya, en especial mi jefe de compañía, pero ya lo tenia decidido.

Después de recuperar el movimiento de mis dedos decidí esperar hasta el servicio militar. El 19 de abril ingresé al la Armada Argentina y fui destinado a Puerto Belgrano en Bahía Blanca.


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Fue muy duro el estar lejos de la familia pero al fin empezaba a cumplir mi promesa. Pasaron los meses y llegó la Jura de la Bandera. Me acuerdo que era una mañana lluviosa aquel 20 de junio de 1994, formado frente a la iglesia de la ciudad de Punta Alta, y llegó la hora del “Sí, Juro” desde lo más profundo de mi corazón. Miré al cielo y vi a mi hermana. Empezó el desfile y ahí estaba yo, desfilando orgulloso de militar, de ser marino, con las cámaras de Canal 7 frente a mí. Mi promesa estaba cumplida.

Pasé por varios destinos dentro de la Armada. Al cumplir los 28 años ingresé como personal por tiempo indeterminado, el cual fue un contrato por 13 años. Durante ese tiempo de Suboficial Subalterno (Cabo 1°), llegué hasta la ciudad de Comodoro Rivadavia en Chubut. Luego regresé a Buenos Aires y me tocó integrar la dotación de la Fragata Libertad. Ese año, en 2012, nos tocó ir a Ghana. Fue hermoso. Me sentía realizado. Y llegó la fecha de finalización de contrato, el primero de junio de 2016. No hubo marcha atrás. Se hizo lo que decía el contrato, era la baja de la institución que tanto me había dado. Hicimos notas para revertir la situación pero no había remedio. Fui el primero al que le dieron la baja y al día de hoy se están yendo decenas de camaradas en mi misma situación.


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Me tocó irme con 41 años de edad y 21 de servicio. Eran las reglas del juego pero se podrían haber cambiado y no lo hicieron ya que fuimos la única fuerza a la que se le hizo un contrato por 13 años, mientras que a la Fuerza Aérea y al Ejercito no.

El peor recuerdo que tengo de parte de un grupo de la sociedad fue en un desfile para un 9 de julio. Veníamos desfilando por Avenida De Mayo y un grupo de señoras mayores con pañuelos blancos en la cabeza nos arrojaron huevos (solo a nosotros, con uniforme de marineros) nos ensuciaron todo, mi uniforme, mi cara y mi alma. No le encontraba justificación a lo que habían hecho. Sí sabia por qué pero nosotros no estábamos en esa época.

Karen, 23 años, ejército

Karen con sus compañeras

Mi papá fue la motivación que tuve para entrar al Ejército. Amaba ir a verlo desfilar. Desde lo veía con el uniforme, los viajes de comisión que él hacia y me gustaba mucho. Me decidí a entrar completamente cuando me enteré que en el colegio se podía cursar la carrera de enfermería.

El ingreso al Colegio Militar cambió mi vida, ya que allí aprendí muchísimas cosas. Al principio costó un poco, por el tema de estar lejos de mi familia, pero luego me adapté muy bien. Fueron cuatro años que sentí que se pasaron volando. Ahora ya soy Subteniente del Ejército Argentino y estoy muy feliz por ello.

Al finalizar el Colegio, mi primer destino fue el Hospital Militar Central y es donde estoy actualmente. Al llegar, nos dio la bienvenida el Director y la Jefa de Departamento de enfermería. A todos los que fuimos destinados allí nos recibieron muy bien y ese mismo día nos mandaron al piso donde cada uno iba a trabajar.

Gracias a Dios hasta hoy nunca recibí un perjuicio o discriminación de parte de alguna persona. Por suerte, todo aquel que se entera que soy militar tiene una reacción contraria al perjuicio. Lo que me hacen sentir es mucho respeto de su parte y de parte mía también, obviamente.

Benjamín, 25 años, Fuerza Aérea

Benjamín y su padre

Desde chico quise ser piloto de aviones militares y de combate. Esa fue mi principal motivación. En la foto que adjunto, de hecho, me encuentro con el Comodoro retirado Pablo Carballo, piloto condecorado con la Cruz al Heroico Valor en Combate; Medalla La Nación Argentina al herido en combate; Medalla El Honorable Congreso de la Nación a los Combatientes y Distinción Nº 1 de la Fuerza Aérea Argentina “Al combatiente de Malvinas” por su accionar en la Guerra de Malvinas.

No sufrí ningún rito de iniciación o hecho de violencia de ningún tipo. Sin dudas, es una carrera de sacrificio y entrega desde el primer día en la cual uno tiene muchas satisfacciones mientras uno va alcanzando ciertos objetivos propuestos durante la carrera.

Personalmente no sufrí ningún perjuicio o discriminación por parte de personas ajenas a la Fuerza. Siempre me trataron con respeto. Me encuentro actualmente cumpliendo un sueño de toda la vida.

Sergio, 40 años, Fuerza Aérea

Sergio

Mientras estaba cursando el sexto año en una Escuela Tecnica ENET Nro 12 en San Justo en 1997, vi una publicidad en la televisión de la Fuerza Aérea que tenia abierta la inscripción a los Institutos de Formación, me interesé y fui al Edificio Cóndor a consultar de qué se trataba. Por aquel entonces me dieron dos opciones: ingresar a los Institutos de Formación o Ingresar como Soldado Voluntario. Una persona me explicó muy bien las condiciones y las oportunidades que tenia pero quería conocer lo que era y si realmente me gustaba, por eso elegí la segunda opción: ingresé como Soldado Voluntario en Abril de 1998 en la primera Brigada Aerea de El Palomar. Después del periodo de instrucción fui como destino interno dentro de la Brigada al Servicio de Transporte. Allí hacia turnos de 24 horas, estuve como Soldado Voluntario casi un año. Me gustó lo que era la Fuerza Aérea y el compañerismo que había.


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Una vez obtenido el Titulo realicé el tramite administrativo dentro de la Institución para el cambio de especialidad a Enfermería. Desde ese momento y hasta la actualidad tengo esa especialidad y me he capacitado en la emergencia. Además, y sin perjuicio de mi actividad dentro de la Fuerza Aérea, me desempeñé como enfermero de guardia dentro del Sistema de Emergencias del Aeropuerto Ezeiza durante 12 años.

Actualmente tengo el grado de Suboficial Ayudante y soy el Encargado del Departamento Central de la Dirección de Sanidad hace ya una par de años. Desde mi ingreso a la Institución y en ambos destinos me encontré con gente muy buena, gracias a Dios, que me fue aconsejando durante mi carrera. En ningún momento sufrí durante mi carrera perjuicios o algún tipo de discriminación.

Uno cuando ingresa a los Institutos de Formación o a algún tipo de Fuerza Armada y de Seguridad, en este caso a la Fuerza Aérea, yo conocía todos los entrenamientos que surgen de la instrucción y no considero que eso sea algún tipo de rito de iniciación o tener que pagar algún “derecho de piso”, ya que desde el ingreso se nos capacita en las diferentes especialidades que son de interés a la Institución y se nos instruye o forma para el caso de algún posible conflicto. En ningún momento me sentí incómodo dentro de la Fuerza Aérea, si así lo hubiese sentido me hubiese ido sin pensarlo.

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