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Health

La búsqueda de una alta autoestima nos está haciendo miserables

"Pensamos que el aumento de la autoestima es análogo al azúcar: es placentero pero no nutritivo".

por Shayla Love; traducido por Laura Castro
03 Julio 2019, 2:00am

Lia Kantrowitz

Este artículo apareció originalmente en VICE Estados Unidos.

Cuando le piden a Grace Dearing, de 19 años, que se quede hasta tarde en la tienda donde trabaja, por lo general no tiene tiempo. Estudia en

la Universidad de Ohio y combina su vida escolar con una pasantía, además de trabajar en la tienda. "Tengo que negarme debido a que ya tengo planes con amigos y familiares, o simplemente estoy demasiado cansada para esforzarme por más tiempo", dijo.

Pero decir que no también le causa estrés y ansiedad. Empieza a preocuparse por lo que sus supervisores estarán pensando de ella. "Paso el resto de la noche preguntándome si mis jefes me ven como una persona perezosa o desmotivada". La idea de que alguien pueda estar pensando en ella de manera negativa menoscaba su sentido de autoestima.

Dearing está describiendo un escenario con el que muchos de nosotros nos podemos identificar. Su autoestima, o cómo ve su valor y sus habilidades, es algo especialmente vulnerable a las fuerzas externas: las opiniones y los pensamientos de otras personas, o lo que ella imagina que podrían estar pensando esas personas.

Los psicólogos tienen un nombre para este sentimiento: autoestima contingente o condicionada. Todos queremos mantenernos en alta estima. Pero llegar a ese lugar a través de contingencias (solo soy valioso si mi jefe, mis amigos, mi pareja, o mi maestro me consideran bueno), puede ser contraproducente. La autoestima definida de esta manera puede ser un deseo desafortunado, surgido de una cultura que pone un énfasis exagerado en la importancia de la autoestima.

Durante décadas, los psicólogos consideraron la alta autoestima como elemento esencial para una vida exitosa y positiva. Pero una investigación más reciente sobre la autoestima descubrió que no es tan buena como se pensaba, en especial cuando es resultado de lo que otros piensan de ti. Que alguien más te perciba como trabajador o inteligente no necesariamente contribuye a un sentido de valía a largo plazo, ni te ayuda a que seas independientes o a tener relaciones significativas.

"Pensamos que estimular la autoestima es análogo a estimular el consumo de azúcar: es placentero pero no nutritivo", escribió en un artículo de 2005 Jennifer Crocker, una psicóloga social de la Universidad Estatal de Ohio que ha estado investigando la autoestima por 40 años. La fijación con obtener esas breves dosis de placer, especialmente si están condicionadas a que otras personas digan cosas agradables sobre nosotros, podría terminar por hacernos miserables y aumentar la ansiedad y la depresión.

"Es como un pozo sin fondo, porque siempre hay otra persona que podría juzgarnos, y podría tener un estándar más alto o un estándar diferente".

Los seres humanos han intentado durante mucho tiempo determinar cómo medir la valía personal, y la autoestima es uno de los conceptos más antiguos en la psicología social. A William James (conocido como el padre de la psicología estadounidense) se le atribuye el haber creado el término "autoestima" en 1890, como una forma de tratar de comprender cómo nos vemos a nosotros mismos a través de nuestras propias expectativas y las de los demás.

El vínculo entre una alta autoestima y el éxito se remonta a un artículo de investigación de 1969 llamado "La psicología de la autoestima", de Nathaniel Branden, que decía que "los sentimientos de autoestima eran la clave del éxito en la vida".

En la década de 1980, esto se convirtió en la creencia inquebrantable de que debíamos buscar tener una alta autoestima. Este período se denominó más tarde como "el movimiento de la autoestima". En 1986, un legislador estatal en California, llamado John Vasconcellos, incluso ayudó a crear la Comisión californiana para Promover la Autoestima y la Responsabilidad Personal y Social, la cual asumía que la mejora de la autoestima ayudaría a abordar problemas sociales como la violencia, el abuso de drogas, el crimen, el fracaso escolar y el abuso infantil. Aunque la comisión recibió burlas a nivel nacional, más de 40 de los 58 condados de California tuvieron una Comisión de la autoestima.

El movimiento de la autoestima se filtró a las escuelas, los libros infantiles, los medios de comunicación, los estilos de crianza y más, hasta que finalmente enfrentó una ola de escepticismo a finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando varios estudios psicológicos comenzaron a sugerir que fomentar una alta autoestima realmente no era de mucha utilidad. Los investigadores ahora piensan que la correlación entre la alta autoestima y el éxito podría deberse a que las personas se sienten bien con sus logros, no a que la alta autoestima sea la causa del éxito.

"Es momento de que las personas que han afirmado que una mejor autoestima mejora el rendimiento levanten la voz o se callen", dijo al LA Times en 1999 Roy Baumeister, psicólogo de la Universidad Case Western.

Pero los efectos del movimiento de la autoestima permanecen. Muchos de nosotros todavía buscamos los estímulos de la autoestima que provienen de fuentes externas. Al propio Branden le preocupaba que su sugerencia de que la autoestima era la clave del éxito estuviera llevando a las personas a buscar la autoestima a toda costa. En un libro posterior, aclaró que a lo que se refería era a que esa autoestima debía surgir del propio crecimiento y comportamiento, y no a que estuviera "condicionada principalmente a la opinión de otras personas".

La autoestima contingente o condicionada crea una sensación incosntante de felicidad y autoestima.

Gunner *, un contador de 24 años, no siempre tiene suficiente trabajo como para cubrir todo su día, por lo que pasa las horas haciendo tareas sin sentido para aparentar estar ocupado, por temor a que otros lo juzguen si se enteran de que está desocupado. "Esto afecta seriamente mi salud mental", nos dijo. "Me sorprendo mirando por encima del hombro para ver si quienes me juzgan tienen los ojos puestos en mí

, y están cuestionan cada uno de mis movimientos".

Para Katia An Spencer, una joven de 22 años que vive en Los Ángeles, la autoestima podría depender de la aprobación de sus amigos. Recientemente, se burló de uno de sus amigos en broma, y días más tarde se obsesionó con la posibilidad de que él pudiera pensar que ella se había comportado de manera cruel.

"No puedo dilucidar cuál es la realidad, porque para mí ya está tan distorsionada que siempre asumo que estoy haciendo algo mal aunque no sea así", dijo. Si su amigo realmente pensara que fue cruel, o si sus amigas tuvieran otros pensamientos negativos sobre ella, nos dijo: "Tengo la impresión de que me derrumbaría por completo".

Este tipo de inestabilidad es en parte lo que nos lleva al sufrimiento, dijo Kristin Neff, profesora asociada de la Universidad de Texas en Austin. Algunos expertos piensan que es la estabilidad de la autoestima, o el tener un nivel constante de valía personal, lo que es más importante para la felicidad de una persona, en lugar cuán alta o baja sea.

Amy Canevello, profesora asociada de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, dijo que mantenerse al día con la autoestima contingente requiere un suministro constante de buenas impresiones.

Spencer quiere asegurarse de dar una impresión agradable. Gunner y Dearing no quieren dar la impresión de ser perezosos en el trabajo. Brylee Richmond, una veinteañera de Lake Charles, dijo que cuando se obsesionó con lo que otros pensaban de ella al iniciar la universidad, "me preocupaba tanto que la gente supiera que no estaba calmada y tranquila y que la escuela no me resultaba fácil que incluso, algunos días, me costaba trabajo salir del auto y entrar al salón de clases".

Las personas que dependen de las contingencias para tener autoestima terminan en el círculo vicioso de buscar aprobación, encontrarla y luego empezar a buscarla de nuevo. Eso es agotador, y también puede hacer que sea más difícil alcanzar tus metas y tener éxito: muchas personas, incluso, se autosabotearán para tener una excusa cuando fracasen, dijo Crocker. A esto se le llama autolimitación, y es cuando, por ejemplo, te emborrachas la noche previa a hacer un examen, de modo que si fallas, puedes decir que tenías una resaca demasiado fuerte como para poder hacerlo bien. La gente utiliza este recurso para evitar la baja autoestima que conlleva el no lograr algo.

"Fui una persona valiosa y admirable ayer porque pude hacer un buen trabajo, pero ¿y el día de hoy?", dijo Canevello. "¿Puedo hacer que eso suceda otra vez? Esto es parte de la ansiedad. Si has tenido éxito, hay mucha presión para mantener ese éxito".

Es tentador decir que los millennials, debido a que fueron criados durante el movimiento de la autoestima, son más propensos a buscar la autoestima a toda costa. Pero Crocker dijo que no sabe si hay datos que demuestren específicamente que la búsqueda de autoestima contingente está a la alza, aunque reconoció que los problemas de salud mental que pueden surgir de la búsqueda interminable de aprobación, como la depresión y la ansiedad, están incrementando en las generaciones más jóvenes.

Puede haber algunos períodos de la vida en los que las personas son especialmente vulnerables a las tentaciones de la autoestima contingente. Las personas a menudo salen al "mundo real" por primera vez estando en la universidad, o a mediados o finales de sus veintes, y se las juzga en función de su desempeño tanto social como profesionalmente. Si tomas esos períodos susceptibles de la vida y los combinas con la exhibición cada vez mayor que hay de la vida privada, el inestable mercado laboral y la proximidad al movimiento de la autoestima, obtendrás un deseo constante y desesperado de aprobación por parte de los demás.

Probablemente no sea posible deshacerse de la autoestima por completo, y parte de ello podría estar relacionado con nuestra evolución social. A mediados de la década de 1990, el psicólogo Mark Leary, junto con Baumeister, propusieron que la autoestima es un barómetro que mide nuestro desempeño en nuestras interacciones sociales, y a esto lo llamaron la Teoría del sociómetro.

Cuando nos excluyen o rechazan, nuestra autoestima disminuye, dijeron, lo cual es una señal para reconectarnos con las personas o para tratar de afiliarnos con diferentes personas. Probablemente este rasgo evolucionó para promover la cooperación grupal y las relaciones sociales. Canevello dijo que para reducir el impacto que la autoestima tiene en nuestras vidas, deberíamos verla como una especie de prueba de fuego social, y no como una sensación que es parte de la valía personal en general.

Irónicamente, la búsqueda de suministrar constantemente buenas impresiones y la autoestima contingente pueden terminar haciendo que nos volvamos un tanto egocéntricos y esto daña nuestras relaciones. Cuando te preocupas constantemente por cómo te ven los demás, puedes dejar de prestar atención a lo que las otras personas realmente necesitan, dijo Canevello. "Creo que el mensaje no es: 'No te preocupes por lo que otras personas piensen de ti'".

Crocker sugiere que mejor te preguntes algo como: "¿Cuál es la contribución que estoy tratando de hacer a esta situación?".

Maria Mora, una redactora de 29 años de la ciudad de Nueva York, está tratando de hacer esto en su vida, midiendo su valor por la forma en que trata a los demás. "Ser amable con las personas, ser empática, comprensiva, ser buena para escuchar y estar presente", dijo. "Quiero basar mi autoestima en esas cualidades".

Neff dice que las personas que sufren la necesidad de la autoestima contingente puedan encontrar alivio en la autocompasión, diciéndose algo como: "Por supuesto que quiero agradarle a las personas, pero no está funcionando bien en este momento", dijo Neff. "Y está bien. Puedo estar ahí para mí, puedo apoyarme a mi mismo".

Por último, en lugar de establecer objetivos en torno a la validación, podemos establecerlos en torno al aprendizaje, sugirió Crocker. De esa manera, el fracaso, que nos ocurre a todos, no amenaza la autoestima, es solo una parte del proceso.

En última instancia, a lo que se refieren todas estas estrategias es a que preguntarse a uno mismo "soy un ser humano que valioso" no es muy útil, dijo Crocker. El valor es subjetivo, y hacer una pregunta tan existencial sobre nosotros mismos todo el tiempo conlleva un gran riesgo. "Después de todo, ser un ser humano sin valor es casi lo más doloroso que hay", dijo Crocker.

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