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Fotos de tiendas de lujo atrincheradas por las protestas en Francia

"París se viste de madera", desde hace cuatro semanas.

por Sergio Pérez Gavilán
19 Diciembre 2018, 8:22pm

Artículo publicado por VICE México.

Durante cuatro fines de semana consecutivos, personas de todo Francia se dieron cita en París para protestar en contra de las reformas de trabajo e impuestos impulsadas por el presidente Emmanuel Macron. Atadas de la mano con violencia y vandalismo de un bando; gas lacrimógeno y macanas del otro, la noticia de los Chalecos Amarillos ha dado la vuelta al mundo. Una ola de insurrección que estableció a gritos de “¡Renuncia!” o cantos del himno nacional, que se puede palpar una desconexión vital entre el gobierno y la gente que supuestamente representa.

Sin mantenerse dentro de un bando o con una identidad política definida, los Chalecos Amarillos, se levantan en contra de los crecientes impuestos que no pueden competir con las demandas de la vida diaria. “Somos la gente de Francia”, se puede leer dibujado en uno de los chalecos en el reportaje de VICE Noticias en Francia, causando esa misma gente que Macron terminara por detractar una medida que subiría los impuestos sobre la gasolina. Los disturbios, entre otras cosas, vislumbraron cómo el conejillo de indias político que ha sido Francia históricamente aún tiene cosas para sorprender al mundo. Particularmente señalando que las trincheras de las calles no sólo funcionaron para los protestantes de clase media, sino que también lo fueron para las grandes marcas de alta costura que cotizan en miles de dólares un solo artículo.

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Como animales que escuchan un sonido extraño, los nombres se esconden entre barricadas de madera, esperando que la policía antidisturbios haga lo suyo. Sin vislumbrar que, por primera vez, para la gente de clase media y baja francesa y todo el mundo expectante, se vio que detrás de todos los euros en mercancía de las tiendas aún hay espacio para el miedo.

Retratando con elegancia y delicadeza la respuesta de los disturbios el fotógrafo venezolano Cristóbal Ochoa generó la serie “París se viste de madera”. Una serie que captura una presencia fantasmagórica que acecha la soledad de cada una de las tiendas retratadas. Un espíritu indómito que parece moverse con aires de profecía las calles de París que las marcas intentan eludir con una máscara que toma forma de gruesas capas de madera en vez de ventanas.


VICE: ¿Cuál es tu relación con el estado actual de las cosas en Francia?

Cristobal Ochoa: Llegué a París el 29 de Junio del 2017 huyendo de Venezuela por una llamada de un policía del estado que me advertía sobre una investigación abierta por terrorismo hacia mi persona, había sido fotografiado por infiltrados del SEBIN entregando máscaras antigases en la plaza Altamira —lugar emblemático y simbólico para la oposición venezolana— máscaras que había recibido desde el exterior, enviadas por uno de los tantos venezolanos que mandaron cajas de ayuda para continuar en las calles —cajas que contenían medicinas, mascaras, guantes, cascos—.

Recibí status de refugiado político en marzo de 2018 con algunas condiciones, entre ellas, no puedo regresar a mi país hasta que la dictadura caiga, no puedo acercarme a las embajadas venezolanas, y no puedo participar en manifestaciones venezolanas. Consciente de ello, y de lo que significaba pedir asilo, decidí hacerlo, sabiendo que en Francia ya estaría a salvo. Mi cuerpo y mente no daban más en Venezuela, el nivel de estrés era muy alto.

Cuando te involucras políticamente y das todo de ti en activismo de calle, hay un punto en el que te quiebras cuando no ves resultados, y eso fue lo que me pasó, me quebré. Sentí en ese momento, que la mejor decisión era salir de Venezuela y apostar por vivir en un país que me ofreciera la oportunidad de seguir creciendo como artista en un ambiente cultural y sano, y así también poder ayudar desde ese país a mi familia, y quitarle la preocupación a mis padres de no saber si regresaría vivo a mi casa todos los días.

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¿Que te movió para hacer este proyecto?

En enero de 2018, a la espera de mi asilo político, salí a la calle con mi cámara sin saber qué iba a fotografiar, y decidí que la mejor forma de conocer y de integrarme a París era a través de su gente.

Detenía a personas en la calle que me parecían interesantes para un retrato, conversaba con ellos un poco y subía las fotos a mi Instagram @cristobal8a para generar interacción con una nueva sociedad, la parisina. Hice eso durante meses, mientras observaba tutoriales de fotografía para aprender y conocer sobre fotografía técnica. Hice muchos amigos, contactos profesionales, y hasta pareja conseguí gracias a ese proyecto. La fotografía estaba funcionando, me estaba salvando.

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Al pasar los meses, conocía más a los franceses, me daba cuenta que ellos estaban muy conscientes de sus intereses políticos, se preocupan mucho por quién eligen como presidente, y están muy pendientes de cada decisión que a ellos les afecte o no les guste. Unos tienen convicciones que en su mayoría se inclinan hacia la izquierda, otros en el centro y otros que halan hacia la derecha, pero todo eso lo manifiestan de forma natural en su forma de ser.

¿Dónde te posicionas con respecto a las protestas?

No me considero ni derecha ni izquierda, soy disidente del poder, definirme con alguna ideología política sería contradecirme con cualquier decisión, palabra, discurso artístico, o movimiento que haga, porque pienso que los artistas tenemos un poco de todo.

Me defino como opositor a mi gobierno, pero esto no me hace de derecha, un grave error comunicacional que se ha instaurado en las mentes de la comunidad internacional gracias al discurso repetitivo de Chávez y Maduro. Sería incoherente y estúpido decir que soy de izquierda y que con mis fotos quiero denunciar al capitalismo salvaje, cuando en algún momento venderé estas fotos; o que soy de derecha porque denuncio lo horrible de que ataquen la propiedad privada y el derecho al libre comercio.

Me gusta poder exponer a la izquierda caviar o a la derecha hijos de migrantes, esa izquierda que "idolatra asesinos como el che Guevara, Fidel o a Maduro”, o a esa derecha que se "aprovecha de los pobres", que sentencia la homosexualidad y que quiere "acabar con el planeta”.

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¿Tienes algún interés en la moda?

Una ciudad que vive la moda, respira moda, elegancia, donde conviven el buen gusto y el mal gusto en sus máximas expresiones, es víctima de sus propias excentricidades y excesos, una parte de la sociedad que resiente el hecho de que un presidente que se dice de centro se incline más por el "rico", por eso vemos una expresión de odio, una reacción, hacia estas grandes marcas, aún cuando no son los culpables directos de una situación social evidente.

No me interesa la moda, pero ¿quién no es víctima? ¿quién no quiere una chaqueta Kenzo o vestirse del gran Alexander McQueen, o Valentino, Balenciaga o Burberry? Quisiera tener todo mi armario con todas estas marcas. Pero al mismo tiempo surgen las dudas de quién fabrica las piezas, dónde los fabrica, cómo se hicieron las telas, qué animales mataron y cómo los mataron.

También me viene a la mente todas esas modelos talla 0, la publicidad salvaje que nos hace pensar que una mujer de más talla, "no sirve", o está descartada de lo que significa "ser bella" por lo que muchas mujeres son prácticamente esclavas de la industria de la moda y de cómo la sociedad ha sido sometida a seguir esos estándares de belleza impuestos por el poder. La doble moral impera y opera en todos nosotros como si no quisiéramos ver más allá de nuestros deseos superficiales, pero, ¿y eso, no es ser humano? El instinto a imitar, a querer ser alguien "mejor", a atraer más, muchas interrogantes surgen. El simple hecho de nacer nos hace destructores, por eso, no me opongo a que exista la industria de la moda, es parte de un todo, de todo lo que somos, tampoco me opongo a que otros quieran desaparecerla.

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Estas reacciones sociales me parecen interesantes como material artístico, dan indicios de cómo funciona la evolución humana a través de la política. Los artistas en épocas de crisis nos volvemos más creativos y esos días de protesta, me sirvieron para crear, para potenciar un discurso naciente que ahora opera desde París, mi discurso.

¿Cómo llevaste a cabo el proyecto?

Fui con mi GPS buscando las marcas más "importantes", las que podían alzar más miradas por su impacto, su trayectoria y peso en el panorama mundial. Pensando en cómo mostrar su vulnerabilidad y miedo, ante ese poder económico que representan. Logré 100 fotografías que componen esta serie que titulé "Paris s'habille en bois — Paris se viste de madera".

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"¡Escóndete Chanel!"

Esta serie denota lo que significa ser humano a través de los diferentes tonos de madera, los mensajes en algunos de ellos, los que fueron borrados, resentimiento, miedo, dudas, existencia, sociedad, historia, política, arte, poder, relación arquitectura y humano, ciudad, convivencia y conflicto, territorio, expresión.

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¿Algún comentario?

El gas lacrimógeno francés, es un gas que pica y te limita la respiración un poco, pero jamás se comparará con el gas que nos echaban en Venezuela, un gas mucho más dañino, la mayoría estaban vencidos —lo que las hacía más tóxicas—, te las lanzaban al pecho, y en abundancia. Me di cuenta lo que es gas en democracia y gas en dictadura. Seguiré conociendo Francia, mi nuevo hogar, a fondo y trabajando en mis obras, sabiendo que el arte en los tiempos del miedo siempre será un hilo para suturar y restituir la civilidad y la justicia.


Puedes ver más fotografías de Cristóbal en Instagram.

Sergio apoya a los chalecos amarillos desde Instagram.