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Cómo una compañía de teatro queer transformó Toronto

La mayor y más longeva compañía de teatro queer en el mundo, Buddies in Bad Times, ha sido uno de los factores más importantes para que la ciudad de Toronto sea de las más progresistas en el mundo. ¿Cómo lo lograron?

por Paul Gallant
20 Diciembre 2018, 9:54pm

Foto de la producción Gertrude and Alice. Foto por Jeremy Mimnagh, cortesía de Buddies in Bad Times.

Esta nota es presentada por Destination Canada

Buddies in Bad Times, una de las compañías teatrales más conocidas de Toronto, nunca le ha rehuido a la controversia. Su primer espectáculo, representado en 1979, se tituló Ángeles en calzones, y ya en los años 90 la compañía de teatro se hizo famosa por organizar fiestas provocativas y controversiales.

Su fundador, Sky Gilbert, es una de las drag queens más conocidas de la ciudad, además de encabezar la mayor y más longeva compañía de teatro queer en el mundo, ganadora de premios y del respeto del público durante sus cuarenta años de historia. A pesar de los ataques de los medios conservadores y otros sectores puritanos, Buddies sigue llenando el teatro y contando con apoyo del gobierno: de hecho, su teatro de 200 butacas y su cabaret para 100 espectadores en el barrio gay de la ciudad es propiedad del ayuntamiento de Toronto.

Fuertemente influido por el movimiento de liberación gay de los años 70, el teatro mantiene viva su faceta política, sexual y contracultural, incluso en estos tiempos en que la población LGBT ha ganado mayor aceptación en la sociedad canadiense.

Hablamos con Mel Hague, desarrolladora de nuevos proyectos artísticos de Buddies y directora de Rhubarb!, uno de los festivales de teatro experimental con mayor recorrido en Canadá, que se celebra cada invierno en Buddies, sobre cómo el teatro ha ayudado a convertir a Toronto en una de las principales ciudades queer.

Mel Hague for the 40th Rhubarb Festival - photo by Tanja Tiziana
Mel Hague en disfraz para la edición 40 del festival Rhubarb. Foto por Tanja Tiziana.

VICE: ¿Cómo describirías el carácter queer de Toronto?
Mel Hague: Desde hace mucho tiempo en Canadá hemos gozado de protección legal para la comunidad LGBT. El matrimonio igualitario se aprobó cuando yo estaba en la preparatoria, así que crecí sabiendo que había un colchón de protección y seguridad. Eso hace que en Toronto me pueda sentir seguro en la mayoría de espacios, en cualquier café de cualquier lugar hablando sobre mi condición como persona gay. Claro que esto no es necesariamente así si vas a dos horas al norte de la ciudad.

Por otro lado, aquí la comunidad queer no es monolítica. Existen muchas comunidades que amplían el marco de lo queer y hay, incluso, un marco mayor, que es la ciudad en sí misma. En mi escuela elemental se hablaban más de 100 idiomas. Odio usar el término “multicultural” porque se usa demasiado, pero para lograr una ciudad con este nivel de diversidad todos, incluyendo a la comunidad queer, debemos permanecer activos y en constante reivindicación.

Cuando recuerdas las protestas contra las redadas policiales a los saunas gay, o la fama de “bad boy” del fundador de Buddies, Sky Gilbert, a quien, por cierto, le encanta provocar hablando de sexo gay, ¿consideras que Toronto tiene una cara rebelde?
Creo todo eso fue una parte necesaria en el desarrollo de la ciudad. Si no hubieran ocurrido esas cosas, nosotros no estaríamos donde estamos hoy en día y no sería posible que me sentara en un café y me sintiera seguro.

Para el visitante es increíble, pero la gente que vive aquí tiene que seguir luchando cada día para asegurarse de que todo se mantenga así. Porque no se mantiene así a no ser que lo empujemos. Para preservar nuestro espacio necesitamos mantenernos visibles, necesitamos ser ruidosos y activos.

Un evento de recaudación de fondos en Buddies in Bad Times. Foto por Connie Tsang, cortesía de Buddies in Bad Times.
Un evento de recaudación de fondos en Buddies in Bad Times. Foto por Connie Tsang, cortesía de Buddies in Bad Times.

Ahora vivimos en un momento de mayor aceptación, en el que el primer ministro marcha en el Día del Orgullo y llora cuando se disculpa por los errores que cometió el gobierno en el pasado contra la gente LGBT. ¿Es Buddies tan desafiante ahora como lo solía ser?
Claro que sí, 100 por ciento. Toronto se expresa en nosotros a través de nuestro estilo. Toronto no sería tan cool si no hiciéramos aquello por lo que muchos nos quieren cerrar la boca.

Ayudamos a hacer de Toronto una ciudad interesante para vivir, con una contracultura que está presente y viva. En Toronto hay otros espacios que también empujan la contracultura, pero nosotros tenemos nuestra propia historia, una memoria poderosa que pertenece sólo a nuestro teatro.

Toronto. Foto cortesía de Destination Canada.
Toronto. Foto cortesía de Tourism Toronto.

Muchas ciudades se reclaman últimamente “gay friendly”, ¿Toronto va más allá?
Nunca he vivido en ningún otro lugar, así que sólo conozco lo que hay aquí. Pero puedes comprobar el apoyo que tenemos. El Toronto Arts Council declaró recientemente a las comunidades LGBT y de diversidad sexual como grupos prioritarios para recibir financiamiento, así que hay dinero, energía y cuidado por parte de algunas agencias del gobierno.

¿Cuál es el papel de Buddies en convertir a Toronto en un lugar donde la gente LGBT pueda vivir, crear y ser ella misma?
Tener un edifico tan visible en el barrio gay, que es el corazón de la ciudad, cedido a la compañía por la ciudad significa mucho. No sólo hay presentaciones teatrales: se presentan eventos drags y de la comunidad, así como encuentros anuales de grupos de otras comunidades prácticamente cada día. El teatro que hacemos representa menos del 50 por ciento del valor del espacio como lugar de encuentro y pensamiento, algo que se manifiesta en el tipo de teatro que necesitamos crear, se disemina y se refleja en él. Buddies no es una sola cosa: depende del show, del grupo de gente que ocupe el escenario. Ese es su valor como espacio de conversación.

El público en el Rhubarb Festival. Foto cortesía de Buddies in Bad Times.
El público en el Rhubarb Festival. Foto cortesía de Buddies in Bad Times.

En otros lugares del mundo se piensa que la gente LGBT de Canadá lo tiene más fácil. ¿Cuáles son los principales retos que enfrentan los artistas LGBT?
De manera transversal: ¿Cómo puede lo queer y la raza, y la colonización, y la misoginia… cómo pueden todos estos elementos, que a menudo confluyen en un solo individuo, desarrollarse en el escenario? ¿Cómo llevamos todo eso al escenario? Ser queer, en cualquier lugar, significa ir contra la narrativa dominante y la heteronormatividad que está en todas partes. A veces no es una batalla contra fuerzas externas que quieren silenciarnos, a veces supone una batalla interna.

Buddies organiza cada fin de semana un dance club. ¿Qué tiene que ver eso con las obras de teatro?
De algún modo, no está en absoluto relacionado y desafía lo que es nuestro teatro. Económicamente, el club ayuda a financiar el teatro, pero incluso el “ethos” de la fiesta y el baile -el aspecto club de la cultura queer- es desafiante para el carácter queer del teatro. El año pasado hicimos un show donde, como parte de la creación de una pieza sobre sexo, sexualidad y hedonismo, se desarrollaba una fiesta. En ella había un artista de tatuajes stick and poke y performers aéreos, así que entiendo que crear una fiesta y crear arte es la misma cosa.

Foto de la producción Black Boys, por Jeremy Mimnagh.
Foto de la producción Black Boys, por Jeremy Mimnagh. Cortesía de Buddies in Bad Times.

¿Cómo equilibras la creación de obras que hablan directamente a la gente LGBT y de obras que impactan sobre el resto de la sociedad?
No creo que haya una diferencia. Los cuestionamientos que la comunidad queer realizan en Buddies son aplicables a un universo más amplio. Si tratamos de dividir a la audiencia de acuerdo al tipo de show, podemos perder la importancia del momento. Buddies es un espacio enfocado en el artista y su propuesta. Queremos ayudar a que cualquier artista se libere de la presión de atraer a una audiencia concreta y escribir para ella. Es realmente poderoso ser capaz de impulsar a los artistas para llevar sus voces más allá de Buddies y provocar un cambio en toda la ciudad o en todo el país.

Black Boys, la obra que produjimos en 2016, fue una colaboración entre tres hombres negros queer. Sabíamos de antemano que sería un éxito, pero también queríamos asegurarnos de que la comunidad queer de color supiera que esto iba a suceder, por lo que contamos con un equipo de dos productores que ayudaron a la promoción. Desde ese primer estreno, la obra viajó por todo el país y se presentó aquí por segunda vez al año siguiente. Así que algo que puede parecer muy específico de hombres negros queer que solo habla a otros hombres negros queer, no fue para nada así. A esto también ayudó que Canadá tiene su propia historia de artistas queer en la cima del éxito: Sky Gilbert, Robert Lepage, Peter Hinton, Daniel Mc Ivor… hay muchos artistas queer visibles en la historia de nuestro teatro, algo que también ayuda a crear una sensación de seguridad en tanto artista queer, al saber que no eres el primero.

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