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Es momento de perdonar a Eminem

Ha pasado mucho tiempo desde "The Real Slim Shady", pero el set principal de Eminem en Coachella nos recordó los viejos tiempos.

por Jeff Weiss; fotografías de the1point8; traducido por Thiago “Índio” Silva
17 Abril 2018, 10:29pm

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El expresentador de The Man Show estuvo en el escenario principal de Coachella para defender a Eminem de un internet que no él puede entender. Ese día, Eminem le anunció a 100,000 personas —quienes de entrada ni siquiera se visten como él—, que por fin había tomado el control de su Twitter. Probablemente ni te habías dado cuenta.

"Todavía no soy tan bueno", se encogió de hombros. Sus últimos cuatro tuits incluyen dos selfies fuera de foco, un anuncio de una tienda nueva “al otro lado del escenario Do-Lab", y una aplicación de realidad aumentada de Eminem, que definitivamente entiende y puede explicarte.

Después, él y su fanfarrón, el Sr. Porter, leyeron una lista de "las tantas cosas horribles que la gente ha tuiteado sobre Eminem".

"Realidad: nadie te ha hecho caso desde 2003".

La multitud abucheó y se puso del lado del hombre que fuera el centro de gravedad de la cultura pop de 1999 a 2003. Eminem dijo: "No estoy enojado por eso. Tiene algo de razón”. Murmuraron algo sobre que los habían hackeado y Eminem rompió la cuarta pared.

"¿Los puedo regresar al momento en que era muy bueno?"

¿Le pueden poner atención, por favor? La pregunta alguna vez fue redundante, pero estamos en 2018. Hay que tener en cuenta el elenco de personajes de "The Real Slim Shady", la máquina de tiempo con la que Eminem juega para recordarnos el momento en el que "el mundo estaba loco por todo ese asunto del Y2K". Tom Green está haciendo stand-up en Harrah's; su último papel fue como "Cuphead" en un programa animado de Cartoon Network sobre un conejo vampiro. Will Smith es un cienciólogo que se burla del Instagram de su hijo. Britney Spears sale con Dothraki, de 24 años, y sigue bajo la tutela de su padre. Christina Aguilera es juez en una competencia de canto por televisión. Fred Durst avienta fango en el drive-through de Sonic en Pensacola, Florida. Dr. Dre ya no está encerrado en el sótano de Eminem.

Eminem superó a todos. Bueno, más o menos. El Revival lanzado en diciembre del año pasado se convirtió en su octavo álbum #1 consecutivo en encabezar las listas de Billboard, pero provocó críticas en gran parte negativas y le faltó un sencillo que pegara. Sin embargo, entre los raperos que surgieron a finales de los 90, Eminem es el único que sigue teniendo el poder de las estrellas para encabezar un gran festival estadounidense veinte años después.

Es difícil volver a evaluar hoy a Eminem porque nuestra capacidad de sorpresa pareciera estar suspendida. Si alguna vez Slim Shady aterrorizó a los cerebritos hipócritas y conservadores que defienden los buenos valores familiares norteamericanos, hoy el presidente es un mentiroso casado tres veces que (supuestamente) se tiró a una estrella porno en una habitación de hotel de $2,000 dólares la noche, y lo más probable es que haya usado el dinero de su campaña para comprar su silencio. En contraste con esto, Monica Lewinsky se ve agradable.

En el discurso cívico y en línea, la exagerada ironía a medias que Eminem una vez desplegó para molestar a "la mayoría moralista" se ha convertido en el modo convencional de comunicación. Eminem ya estaba troleando antes de que la palabra se diera a conocer, era irreponsable a propósito, y en ocasiones sin gracia. Pero existía un desprecio latente hacia las costumbres convencionales, un racismo apenas oculto y una total falsedad que le permitía conectarse con los adolescentes.

Gracias a su instinto natural que utilizó como arma comercial, Eminem entendió de manera brillante cómo meterse debajo de la piel de sus enemigos y forzarlos a atacar torpemente. Nos recuerda a la crítica de Sartre hacia los antisemitas: "saben que sus comentarios son frívolos y abiertos al desafío... Pero se divierten... Se deleitan con actuar de mala fe, ya que no persuaden con argumentos sólidos sino que intimidan y desconciertan”. Estas son las mismas tácticas que utiliza ahora la moderna alt-right. Pero con Eminem, había un sentido de rectitud que equilibraba lo que obviamente era repugnante.

Unos diez minutos después de que empezara su set de casi dos horas, Eminem comenzó a hablar sobre violar a su madre. De inmediato las náuseas entran en juego para condenar. El lenguaje afortunadamente es anticuado en el mejor de los casos, siniestro en el peor. Pero en la siguiente barra de "Kill You", Eminem responde con deslumbrante velocidad para asumir la personalidad de un crítico regañón: "Oh, ahora está violando a su propia madre, abusando de una puta, inhalando coca y le dimos la portada de la Rolling Stone".

En 2018, es despreciable, pero en 2000, no tanto. Hoy en día, es particularmente difícil lidiar con la posibilidad de que una parte de las estrellas en ascenso del rap se vea empañada por acusaciones de violación, agresión sexual y agresión contra las mujeres. Todavía nos hace sentir incómodos, pero de una manera diferente. Nuestras prioridades han cambiado. Es difícil escuchar a Eminem porque no podemos dejar de considerar la pregunta: ¿pero a costa de qué?

"White America" se expande por los altavoces con una amplificación que rompe el cráneo. Hay un fondo de bandera estadounidense como Jasper Johns condenado. Uno de los principales obsequios de Eminem fue la autoconciencia y el sentido de responsabilidad hacia la cultura que lo había aceptado en sus términos. Ser blanco en el mundo del hip-hop es conciliar el hecho de que no importa cuán abajo estés, no importa cuánto hayas aprendido, esta es cultura negra y eres un invitado para siempre. A veces eres bienvenido, otras eres Lil Dicky irrumpiendo una fiesta con un Karaoke. Para él, es una broma. Para Eminem, era la vida.

No había escuchado "América blanca", pero en un contexto reconfigurado parece estar en deuda con fuerzas centrífugas similares pero ligeramente diferentes. Si los problemas raciales han sido muy costosos en el sueño americano desde el inicio del país, aparentemente las cosas mejoraron durante gran parte de la última década.

La subversión de Eminem no fue nada sutil, y eso lo hizo mucho más impactante. No nada más se estaba involucrando con el mundo del rap, sino con un gobierno estadounidense que parecía decidido a mandarlo lejos.

La premisa básica de su anzuelo sigue siendo la misma. Los raperos blancos nunca han sido más grandes que en 2018, pero ninguno ha superado el conjunto de habilidades de Eminem, su habilidad para reprimir las críticas de apropiación cultural o la fluidez en ambas culturas. Eminem era un puente, que al parecer después fue derrumbado por varios vientos idiotas

Ante un público en gran parte blanco y adinerado, Eminem dijo que si él fuera negro, habría vendido la mitad. Explotó el racismo estructural que le permitió convertirse en el rapero más grande del mundo, y luego inmediatamente se lanzó sobre esas mismas fuerzas que le permitieron florecer. No se trataba de un cálculo cínico, sino de una serie de golpes de buena suerte que lo llevaron bajo la égida del Dr. Dre, lo que le proporcionó una invulnerabilidad a prueba de balas que de lo contrario hubiera luchado incansablemente para ganar.

El Slim Shady de "Just Do not Give A Fuck" anunció el avance original de Eminem. Aproximadamente la mitad de la audiencia no había nacido cuando se estrenó por primera vez en su EP pre-Dre de 1997. La otra mitad parecía conocer todos los mundos. Tenían el cerebro muerto como Jim Brady. Se metían ácido, crack, cocaína y fumaban mota, criticaban a todos los raperos blancos, gritando "cógete al mundo como 2Pac".

Si los Beastie Boys hubieran llegado como el arquetipo de chicos blancos salvajes del hip hop, siempre hubieran existido en ambos mundos. Eran niños artistas de Nueva York con un pasado duro y una afición por las llamadas de broma. 3rd Bass no pudo hacer nada más que dejarnos con la sensación de estar preparados desesperadamente para aparecer como los " raros buenos". Con Eminem, fue natural: ningún otro medio artístico tenía el alma o la capacidad de articular su ingenio cáustico y rabia. Era hip hop porque no podía ser otra cosa. En los Grammys usó un durag y nadie le dijo nada.

Por supuesto, interpretó otras canciones en las que no necesitamos detenernos. Los crossovers que lo mantuvieron vivo, los hizo con Skylar Gray. Puedes ver la setlist aquí. La gente se salía corriendo de los baños para escuchar "Love the Way You Lie". Una vez en 2010 me la pasé dando vueltas en una limosina blanca con una aspirante a ser estrella pop que se hacía llamar Meg Ryan. Ella cantó dos de esas baladas frente a unos post-adolecentes, en una tienda departamental de Hollywood que había sido convertida en un escondite alternativo de estilo ochentero.

De alguna manera terminé en una fiesta sueca en Beachwood Canyon, donde me desmayé en una de las camas. Me levanté a las 6:30 AM, completamente vestido, y habían estado poniendo "Love the Way You Lie" una y otra vez durante las últimas tres horas. Había cocaína en todas partes. Poco después, una de las chicas suecas dejó el país, se puso sobria y se convirtió en instructora de yoga en una pequeña ciudad rural en el extremo norte de Escandinavia. Lo último que supe es que no pudo conseguir entradas para el Burning Man de Israel. No tengo pruebas, pero estoy seguro de que a ella también le encanta "Not afraid". La cuestión es que no estoy seguro de que a Eminem también le encante.

Durante la última década, Eminem parece inclinarse hacia un modelo viejo que ya no existe. Podría rapear sobre lo que quisiera y su público de siempre lo escucharía sin duda. Sin embargo, sigue persiguiendo lo viejo y está bien. Ha hecho lo suficiente para merecer una dignidad y respeto que muchas veces olvidamos por la prisa de criticar los errores de ahora para tener puntos a favor en las redes sociales. Aún conserva esa brillantez impresionante en su técnica que nos recuerda que aún hay una oportunidad. Todo lo que tiene que hacer es regresar a la cabina del DJ y decirle a Alchemist las palabras que le debería haber dicho hace una década: hagamos un álbum.

Nada de esto importó el domingo por la noche. No fue coronación ni confirmación, sino un recordatorio de una mejor época que nos parece extraña e imperceptible en la distopía actual. 50 Cent estuvo ahí rapeando "Patiently Waiting" y "I Get Money" y "In Da Club". Se veía sin aliento y ronco, pero había una alegría palpable. Estas canciones se han convertido en himnos de boda. Dr. Dre, sacó a relucir "Still D.R.E.", "Forgot About Dre", "Nuthin But a G Thing" y "California Love".

Son canciones viejas que son como himnos de la Costa Oeste, hechizos que alguna vez parecieron extraños pero que se han vuelto tan conocidos como las palmeras. El encore fue "Lose Yourself", que auguró una división entre lo viejo y lo nuevo. A partir de ahí, su mitología nunca evolucionó, y eso hace que su material tenga un encanto singular para siempre. Con fecha de caducidad pero que sobrevivirá al paso del tiempo. Eminem se ha convertido en parte de la tradición, un vestigio anacrónico de una época más simple. Es lamentable que hayamos asimilado las lecciones equivocadas.

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