La historia del sándwich de queso que hundió el Fyre Festival

Para conmemorar el segundo aniversario de tan espectacularmente desastroso evento, analizamos en profundidad la foto que lo hundió irremisiblemente.
MA
traducido por Mario Abad
12 Mayo 2019, 2:00pm
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Izquierda: Austin Rose; derecha: Seth Crossno

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

El sándwich de queso del Fyre Festival se ha transformado en todo un icono de la era de los influencers. Su mera mención evoca al instante la imagen de un picnic, con aspecto medio seco y a la vez algo baboso, dos rebanadas de pan integral, dos pálidas rebanadas de queso y un trozo de tomate sostenido en precario equilibrio sobre una hoja de lechuga húmeda.

Han pasado dos años desde el desastroso festival y ahora pueden comprarse pins, calcetines e incluso pañuelos para perros con la icónica imagen del sándwich. Varios restaurantes, bares y establecimientos pop-up han vendido su propia versión del mismo. Cuando se sirvió a los invitados en 2017, el sándwich de queso del Fyre Festival no era más que comida, pero hoy en día es mucho más: es el emblema del fracaso de todo un festival, de lo que pudo ser y no fue.

En enero de 2019, se publicaron dos documentales sobre el Fyre Festival casi simultáneamente: Fyre Fraud, de Hulu, y Fyre: The Greatest Party That Never Happened, una producción de Netflix y VICE Studios. Sin embargo, para ninguno de ellos entrevistaron a Trevor DeHaas, el hombre que hizo la célebre foto del sándwich que acabaría por retuitearse 1600 veces. Ambos documentales mostraban repetidamente imágenes del sándwich pero a nadie se le ocurrió hablar con las personas que decían haberlo probado.

¿Cómo es posible que las personas involucradas en el festival, entre las que había muchas figuras superinfluyentes de Instagram, hicieran tan pocas fotos de la comida? Si asistieron miles de personas al Fyre, ¿dónde está toda la gente traumatizada por la basura de sándwiches que les dieron para comer? ¿Es posible que la auténtica estafa del Fyre Festival fuera ese sándwich de queso?

“Yo nunca llegué a probar ese sándwich”, dice Adam Thompson, un londinense de 30 años que pagó unas 500 libras (580 euros) para asistir al festival. Thomson asegura que no vio el dichoso sándwich en ningún momento durante el festival, y añade que a los asistentes les dieron de comer perritos calientes y arroz en la playa a la que los llevaron cuando llegaron.

Seth Crossno es un bloguero que ha publicado algunas de las fotos más célebres del festival. Desde su alter ego satírico en Twitter, William Needham Finley IV, Crossno fue de los primeros en subir fotos y vídeos de las destartaladas tiendas de campaña, la lucha por el equipaje y de uno de los fundadores, Billy McFarland, llamando al orden encaramado a una grúa. Crossno también compartió otra imagen del sándwich (¡esta vez con mostaza!), aunque solo fue retuiteada 13 veces.

“Uno de los grandes errores ha sido creer que a todos nos dieron un sándwich de queso”, señala Crossno, que asegura que él comió un plato caliente de pasta, pollo y una pequeña ensañada que “estaba bastante buena, la verdad”. Crossno recibió la foto del sándwich de otra chica que acudió al festival y que se percató de que sus publicaciones en Twitter se estaban haciendo virales (de hecho, en la foto se le ve el dedo con la uña pintada). Luego Crossno le compró los derechos de la foto a la chica, quien, según él, prefiere no hablar con la prensa.

Pocos días después del Fyre, empezaron a circular los rumores sobre la veracidad de la historia del sándwich. TMZ publicó un artículo en el que se afirmaba que el bocadillo era para empleados del festival y que “¡¡¡¡LOS ASISTENTES TENÍAN COMIDA DE VERDAD!!!!!”. DeHaas (que no respondió a nuestra petición para entrevistarle) negó que esto fuera cierto en Twitter, y escribió: “Primera noticia. Eso es lo que estaban dando de comer a la gente”. Incluso asegura que los propios organizadores del Fyre están detrás de la información que se daba en el artículo de TMZ.

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El pollo con arroz y la ensalada que también se sirvió en el Fyre. Foto: Denaldo Bain

Denaldo Bain —proveedor de catering bahameño contratado por Fyre después de que la primera empresa, Starr Events, decidiera retirarse semanas antes del festival— también corrobora que el sándwich era solo para el personal del evento.

“Lo de los sándwiches es muy curioso porque realmente eran para la gente que trabajaba ahí”, dice Bain. “No eran para repartirlos a los asistentes, pero cuando tienes a cientos de personas por todas partes buscando comida, al final los sándwiches acaban en sus manos”. Según él, solo “unos cuantos” asistentes recibieron este snack.

El argumento de que el sándwich era solo para el personal está respaldado por una tercera y última foto que aún puede encontrarse en Twitter. “Mira la comida que le están dando a mi equipo en @#fyrefestival. No tengo palabras para describir lo mal que están tratando a sus socios”, reza el texto que acompaña a la imagen borrosa. El tuitero tampoco quiso hacer comentarios al respecto.

“Tal vez viera a entre tres y seis personas con esos sándwiches”, dice Austin Rose, un chico de 24 años que pagó más de 1000 euros por su entrada al Fyre con la ilusión de ver la actuación de Kanye West. “Había gente comiéndoselos, eso seguro, pero no es que los repartieran a todo el mundo; había un número limitado de cajas”. Rose dice que, a su llegada, el Fyre le pareció un “universo distópico” y recuerda que vio una cola enorme de gente esperando a que le dieran de comer: “Había personal del festival repartiendo bolsitas de patatas fritas a lo largo de la cola. Nos habríamos pasado una hora esperando, así que cogimos todas las patatas que pudimos”.

Rose añade que en la cola se bromeó sobre los sándwiches de queso cuando vieron a varios asistentes con ellos en la mano, pero que por la noche sirvieron pasta. “Venía en esas cajas de poliestireno y sin cubiertos. Y no había ningún sitio en el que sentarse”.

Crossno cree que hubo gente que se hizo con los sándwiches porque “era muy complicado saber dónde había que ir”. Según asegura, había dos tiendas enormes donde se guardaba el catering, una de ellas abierta por todos sus lados (en la que estaban los sándwiches) y otra con las lonas bajadas (con los platos de pasta). Todavía no está claro quién hizo los bocadillos, si alguien los repartió o fueron los propios asistentes los que los cogieron. Crossno dice que Andy King ¾el productor del festival tristemente célebre por decir en el documental de Netflix que tenía intención de hacerle una mamada a un agente de aduanas de Bahamas con tal de que le permitieran descargar camiones de agua embotellada¾ le contó que él mismo había estado repartiendo comida a los asistentes.

“Me dijo que había repartido sándwiches de queso para que la gente no se emborrachara demasiado”, señala Crossno. “Lo que no sé es si repartió 100 o solo dos y luego se hizo viral”. Actualmente, tampoco queda claro si Maryann Rolle –propietaria de un restaurante que también apareció en el documental de Netflix, perdió miles de euros dando de comer a los empleados del Fyre y recuperó todo el dinero gracias a una campaña de mecenazgo por internet– participó en la preparación de los bocadillos.

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La ensalada que se repartía en el Fyre. Foto: Denaldo Bain

Al margen de quién los hiciera o de si se suponía que eran para empleados, lo cierto es que hubo gente que comió esos sándwiches. Y aunque hubo otros platos en el festival, no estaban ni cerca de lo que inicialmente se anunció. Bain tiene intención de demandar a las personas que dice que lo contrataron para el festival: dos profesores de la Universidad de Bahamas y un ejecutivo del Ministerio de Turismo. Según él, una empresa recién creada que se hacía llamar Cater Fyre contrató a chefs profesionales y estudiantes de varios lugares de Bahamas.

“Cuando llegamos al lugar, no había nada preparado y todavía estaban sacando muchos de los muebles del tráiler”, explica Bain, que añade que la cocina en la que se suponía que debía trabajar ni siquiera tenía agua corriente. Además, al parecer el personal tampoco tenía los instrumentos necesarios para preparar platos, por lo que la comida se trasladó a otro sitio. Pese a todas esas dificultades, Bain consiguió elaborar algunos platos para los asistentes al festival, como arroz y ensaladas.

“Por la noche nos dieron comida. No recuerdo qué era, pero estaba bastante buena”, dice Brandon Nelson, que acudió al festival con siete amigos. Nelson afirma que por la mañana desayunó salchichas y wafles. Él y sus amigos se desvivieron para encontrar comida: “Rebuscamos en uno de los palés desechados y encontramos varios paquetes de Sour Skittles, así que comimos un montón de esos”, recuerda.

Posteriormente, en la playa, Nelson se topó con un hombre de Dubái que “parecía de la realeza” y “definitivamente estaba en hongos o algo”. El hombre le dijo que había pagado miles de dólares por asistir al festival.

Este, precisamente, es otro de los grandes malentendidos del Fyre Festival, según Crossno, que está documentando lo ocurrido en el festival en un nuevo podcast, Dumpster Fyre. “Se cree erróneamente que todo el mundo que fue allí era rico”, señala. “Muchas de esas personas estaban celebrando su graduación y se gastaron 500 dólares por sus entradas. No sé de nadie que haya pagado 12 000 dólares por la suya”.

El sándwich de queso del Fyre Festival se hizo famoso por la idea irresistible de que a los niños ricos les iban a dar un pack de comida de primaria. Sin embargo, los asistentes más pudientes fueron los primeros en abandonar el recinto o se quedaron alojados en alguna villa cercana. En realidad, hubo un grupo reducido de jóvenes normales que comieron sándwiches y otro grupo de ellos que comieron platos de pasta “bastante buenos” (y Skittles). ¿No es esto una clara muestra de que somos tan fácilmente influenciables por lo que vemos en las redes como lo fueron los propios asistentes al festival?

Ahora, ya se pueden ir deshaciendo de sus pins, calcetines y pañuelos para sus perros y empezar a cuestionaros la dichosa foto del sándwich, las redes sociales y ¡hasta a ustedes mismos!

@ameliargh