Este laboratorio africano convierte los residuos electrónicos en impresoras 3D y en robots

Los descampados en Dapoang, al norte de Togo, se convirtieron en los vertederos electrónicos de todo el mundo. Sus habitantes más avezados han transformado esos residuos en impresoras 3D y programas educativos.

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06 Mayo 2016, 8:55am

En primer plano, Lalle Nadjagou. (Imagen por Chris Matthews)

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Este artículo fue publicado originalmente en Motherboard.

Lalle Nadjagou ha crecido en los remotos y áridos descampados de Dapoang, al norte de Togo. Siempre le habían fascinado el diseño y la tecnología.

"Durante mi infancia siempre intentaba fabricar coches electrónicos y aviones porque recuerdo que cuando miraba al cielo y veía un avión siempre me preguntaba: ¿cómo es posible que alguien pueda hacer eso?", cuenta este joven de 22 años. "Así que desde que empecé a reparar radios y cosas así, entendí cómo funcionaban las placas base y empecé a elucubrar con hacer mis propios diseños, con desarrollar mis proyectos".

Lalle está reclinado sobre una mesa de los laboratorios WoeLab — woe significa "hazlo" en togolés. La flamante comunidad para la que trabaja está situada a la sombra de la universidad de Lomé, flanqueada por una barbería y por un lugar donde los jóvenes de Togo se juntan a beber. Lalle está trabajando ahora mismo en su más reciente creación electrónica: una impresora 3D en miniatura.

Nadjagou es una de los últimos fichajes de WoeLab, la primera incubadora tecnológica y laboratorio de fabricación del país, que se ha convertido en una prolífica sede de 11 startups, y en un vivero inagotable de diseñadores y de emprendedores.

La organización fue fundada en 2012 por el arquitecto togolés Sénamé Agboginou y se ha propuesto la misión de liderar la renovación urbanística de este país del África Occidental. Agbobginou quiere concentrarse en crear tecnologías sostenibles en un contexto local, y de hacerlo siempre aprovechando su entorno. Los trabajadores de WoeLab han descubierto un material único para ayudar a conseguir tan noble objetivo: los residuos electrónicos.

Agbobiniou habla del trabajo de WoeLab

Los miembros de la comunidad WoeLab han inventado la primera impresora 3D elaborada casi enteramente a base de residuos electrónicos, han construido computadoras con material electrónico desechable en el interior de garrafas de plástico, y trabajan actualmente en reconvertir una nevera desechada en una oficina de trabajo.

"El concepto detrás de WoeLab no es otro que hacer tecnología punta barata, cuenta Agboginou. "La idea es llevar a cabo proyectos de tecnología punta pero con el material que tenemos en nuestras manos. Se trata de proyectos cuyo coste no es muy elevado, productos al alcance de mucha gente y adaptados a nuestra cultura".

Este arquitecto se ha pasado muchos años trabajando en diseñar residencias modernas en lugares muy rurales, inspirado por la portentosa tradición de arquitectura de barro del África Occidental. Según cuenta, tenía ganas de reproducir su trabajo comunal y medioambiental en un contexto urbano.

"En los sistemas tradicionales la gente trabaja junta y construye junta", añade. "Si alguien de un pueblo tiene que construir su casa toda la gente del pueblo acude a ayudar a esa persona — de manera que se trata de aplicar la misma noción al pensamiento informático. Y todos los materiales desechables y reciclados son infinitamente útiles para ello. Los residuos electrónicos son de lo más frugales, puesto que se trata de materiales que son antiguos pero que puedes reciclar de muchas maneras".

Para Nadjagou el residuo electrónico es un material de trabajo estimulante. "Reciclar es muy bueno, es bueno para tu espíritu y para tu mente", relata. "Para fabricar mi impresora he aplicado los mismos principios que se aplican para la construcción del resto de impresoras en 3D que conocemos. Claro que yo no solo quiero imprimir en plástico o en caucho, también quiero imprimir sobre placas de circuitos".

"En realidad este producto es una prueba, así que eso me permite crear pequeñas cosas para hacerlo funcionar. Y si estas funcionan, entonces podré construir otras cosas más adelante", añade.

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Nadjagou, que se incorporó al WoeLab en septiembre, espera que sus creaciones puedan seguir los pasos del W. Afate, la ya legendaria impresora que WoeLab diseñó en 2013 a base de residuos electrónicos.

Agboginou compró en su día una impresora Prusa 3D para la comunidad y sus trabajadores la armaron allí mismo, en la sede del vivero. Agboginou dice mientras la ensamblaban varios miembros de la comunidad se sintieron inspirados por lo que estaban haciendo, y decidieron emular el proceso e intentarlo ellos; o sea, producir su propia versión.

"Construimos juntos esta impresora en 3D. La compramos en el extranjero y después de adquirirla empezamos a pensar en cuán barata la podríamos construir nosotros con el material que teníamos en nuestras manos", explica el arquitecto de 36 años. "Uno de nuestros miembros dijo que creía que lo podríamos hacer con residuos electrónicos y todo el mundo se rió. Pero lo cierto es que acababa de tener una idea genial".

WoeLab arrancó una campaña de crowdfunding y logró reunir 4.000 dólares para empezar a trabajar en el proyecto de la impresora 3D. Esta incorporaría piezas de otras computadoras, escáneres y otros componentes electrónicos en su diseño, que desembocó en la impresora W.Afate, que toma su nombre de uno de los ingenieros de WoeLab, Kodjo Afate Gnikou.

Nadjatgou muestra el diseño de la impresora 3D. (Imagen por Chris Matthews)

La ingenuidad del proyecto llevó a que fuera exhibido en varias ferias tecnológicas. Y poco a poco, empezó a cosechar galardones en 2014. Entre sus usuarios se cuenta la firma Africa Tracing, que la empleó para producir la funda de plástico para los dispositivos GPS que produce. Se espera, de hecho, que la W.Afate tenga un gran impacto a nivel social. La comunidad ha lanzado ahora un proyecto de educación infantil que pretende distribuir varias W.Afate por varias escuelas de Lomé y enseñar a sus alumnos a utilizarlas.

En un país en el que casi el 60 por ciento de la gente es pobre y donde el escaso trabajo se consigue casi siempre en el sector de la agricultura y las economías de subsistencia, el acceso educacional a material tecnológico podría tener un impacto muy positivo.

"Queremos poner nuestra impresora en 3D en todos los colegios y cibercafés en un radio de un kilómetro a la redonda aquí, en Lomé", señala Agboginou. "Este año estamos trabajando con 10 escuelas y estamos enseñando a la gente joven a cómo dibujar en 3D en el colegio. Y después de ello la idea es repartir las impresoras en 3D en cada una de esas escuelas... Nuestro objetivo es que todo el mundo las pueda utilizar".

Según un informe elaborado por Naciones Unidas el año pasado, casi 40 millones de toneladas métricas de residuos electrónicos fueron generados en todo el mundo en 2014. Y sucede que el África Occidental se ha convertido en la sede de muchos vertederos electrónicos mundiales. El vertedero de Agbogbloshie, en la vecina Ghana es uno de los ejemplos más notorios.

Si bien los riesgos y peligros para la salud de los residuos electrónicos son muchos, el vicesecretario general de Naciones Unidas, David Malone, ya advirtió el año pasado a través de un comunicado que "los residuos electrónicos de todo el planeta son una mina urbana de un valor incalculable — y una colosal reserva de materiales de reciclaje".

La reserva electrónica está siendo ingenuamente recabada por WoeLab. El grupo recolecta aparatos electrónicos en desuso por rincones de todo la capital de Togo, incluido el Centro Action Sociale pour Le Development Integral (ASDI).

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El vertedero de chatarra que tiene ASDI en Lomé está hasta arriba de monitores de computadora, motherboards y de residuos plásticos. Está asociado con otros colectivos locales que se dedican a reciclar su chatarra digital, y sus trabajadores también visitan muchos barrios para alentar a sus vecinos de que se deshagan de los productos electrónicos que ya no usan.

"Estamos asociados con muchas organizaciones como WoeLab, de manera que ellos se pueden pasar por aquí y recoger lo que necesitan", cuenta Françoise Adekpue, una trabajadora de ASDI. "Creo que lo que están haciendo es bueno. Es muy importante proteger el medioambiente. Y es algo por lo que estamos luchando, por dejar que la gente se pueda llevar todo aquello que crea que puede reciclar".

La gran mayoría de las 11 startups que ha generado WoeLabs trabaja con residuos electrónicos. Así, ScOPE, una de ellas, también ha arrancado su propio servicio de reciclaje de desechos electrónicos; mientras que otra planea construir un dron a base de desechos electrónicos.

Y paralelamente, el resto de la amplia comunidad que se reúne alrededor de WoeLab está uniendo fuerzas para elaborar sus propias versiones de las computadoras construidas con garrafas de plástico, procedentes de Francia originalmente, que también emplean residuos electrónicos.

Sus especialistas en desechos electrónicos quieren redefinir sus espacios de trabajo tradicionales e incluso las prácticas de la agricultura en un futuro próximo.

El proyecto MilaWoe, por su parte, pretende transformar una nevera reciclada en un lugar de trabajo, con su propia computadora y con su impresora en 3D. El grupo asegura que MilaWoe será "diseñador para equipar escuelas y cibercafés. La nevera se puede adaptar a cualquier espacio público, centro educativo, domicilio o empresa".

Los miembros de la compañía también están trabajando en un ventilador electrónico, una criatura que Agboginou describe como "un polivalente robot agricultural" que "poda, planta, y riega los campos". El proyecto, elaborado con residuos tecnológicos, todavía está en su fase inicial, pero ya se han colgado online algunas imágenes de cómo será.

WoeLab busca actualmente financiación para su proyecto educacional. Mientras tanto, la compañía ofrece un lugar de trabajo a todos los inventores. Y organiza varios workshops informáticos a lo largo del año. Para Nadjagou, unirse a esta comunidad le ha brindado una oportunidad única.

"WoeLab ayuda a mucha gente con la tecnología. Es abierta y gratuita", dice. "Cuando estaba en mi casa mis padres no entendían lo que hacía, y siempre que les pedía que me dieran algo para mis proyectos me decían que no lo tenían.

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"Claro que conforme pasa el tiempo cada vez entienden más que la tecnología es mi fuerte", añade. "En realidad todavía se lo toman como a broma, se creen que solo estoy jugando. Pero el día de mañana lo entenderán. Estoy seguro".

WoeLab no está solo en su filosofía de reciclar desechos tecnológicos. La startup keniata E-Lab se dedica a reciclar los desechos electrónicos de manera artística; Gladys Myunzwela, una diseñadora de Botswana, diseña ropa y accesorios con electrónica caducada. Y en Tanzania, la compañía Buni Hub creó el año pasado otra impresora 3D con residuos electrónicos.

Primero convirtieron sus descampados en vertederos electrónicos y ahora sus habitantes más avezados han convertido los descampados electrónicos en impresoras 3D, programas educativos y en ordenadores hechos con garrafas de agua. El oro del siglo XXI se llama desecho electrónico; y, como no, está en África.

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