Cultura

Undocumented café: una taza gratis para todos los migrantes y deportados en Tijuana

En la esquina oeste donde comienza México, este pequeño lugar acoge a todo el que lo necesite con café de Las Patronas y mucha esperanza.

por Ollin Velasco
31 Octubre 2018, 5:43pm

Fotografías cortesía de Undocumented Café.

Artículo publicado por VICE México .

El primer lote de la primera manzana en la ciudad fronteriza de Tijuana, México, se conoce como la esquina de Latinoamérica. Ahí empieza el país. Y desde hace un mes y medio también empezó a residir ahí el Undocumented Café: un sitio donde cualquier migrante, deportado o solicitante de asilo en el país puede recibir un café, un consejo y un abrazo.

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El lugar es sencillo y acogedor, en el sentido más estricto de las palabras. Al llegar, apenas unos pasos adelante de la Embajada Migrante, se asoma el mobiliario: una sombrilla para el sol y unas mesas diminutas con vista al mar, en la entrada; un mostrador de madera reciclada, una prensa francesa y una máquina para hacer expresos, una escalera roja de madera que sirve de anaquel para varios ositos de peluche. Todo sigue construyéndose, adaptándose, dando servicio con lo que hay.

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Pero siempre huele a café. Siempre habrá algún panecillo o una taza sin costo para todo el que lo necesite. Lejos de ser un negocio, el Undocumented Café es un punto de reunión, de fraternidad y asesoría en los tiempos difíciles que siempre supone una frontera tan salvaje como la que existe entre México y Estados Unidos.

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“No están solos”

En el lugar trabaja un total de siete personas; algunas de ellas, como don Miguel y don Efrén, son deportados de Estados Unidos. Gaba Cortés, una fotoperiodista y activista social adscrita a la organización Ángeles de la Frontera, es cofundadora del lugar junto con Hugo Castro, también defensor de derechos, y asegura que la idea de abrir el café había surgido cinco años antes.

“Eso fue después de conocer a Hugo, quien pertenece a la misma organización que yo. En ese entonces me tocó hacerle fotos a un campamento de migrantes que él estaba orquestando. Así pasaron cuatro meses de resistencia y yo me fui acercando mucho a ellos. Me invitaban a tomar café por las noches, a compartir historias. Ahí surgió la idea conjunta de fundar este pequeño centro de ayuda”, asegura Gaba.

La historia de Hugo también condicionó la iniciativa. Poco antes del campamento, cuenta la activista originaria de la Ciudad de México, él fue encarcelado por merodear la línea fronteriza —cerca de la Garita Internacional— para dar cuenta de las injusticias policiacas que se cometían contra los indocumentados.

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Durante el encierro conoció innumerables casos de detenciones arbitrarias, de uso injustificado de la violencia, de discriminación. Por eso, cuando salió no dudó en maquilar ideas para ayudarles de alguna forma.

Empezar el café fue difícil. Conseguir el lugar, el capital para arrancar, para resanar el local carcomido por la sal del mar y hasta el tiempo para atender por turnos el café, implicó numerosos sacrificios de los que iniciaron con el proyecto.

“Pero todo se fue dando. Hasta parecía que estaba escrito que lográramos darle vida a este punto que tanto dolor y esperanza ha presenciado. El hecho de que estemos justo en la esquina de Latinoamérica es muy simbólico para nosotros, porque nos permite darle a los migrantes un mensaje de bienvenida: no están solos”, afirma Gaba.

Café sin fronteras

El funcionamiento del Undocumented, como ya lo conocen comúnmente en la zona de Playas, es fácil de entender. Cualquier visitante curioso que entre a sus instalaciones, será informado de la consigna principal mediante un letrero garabateado en una pizarra circular: “Con tu aportación estás apoyando a los migrantes, deportados y solicitantes de asilo”.

Después será invitado a consumir algo de la carta —a la que próximamente se agregarán unos sándwiches a los que bautizaron como Me la pelas, Trump y La migra— o a adquirir un peluche, a cambio de la aportación voluntaria de 50 pesos. Eso garantizará que se les regale una taza a las tres siguientes personas que lleguen a pedir un café y no tengan cómo pagarlo.

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Y aunque la logística de operación se perfecciona y establece día con día, otra de sus grandes apuestas es la de utilizar exclusivamente café que producen otras activistas que hacen mucho por la migración: las Patronas de Veracruz, que diario alimentan con su comida a cientos de estómagos migrantes que viajan sobre el toldo del tren conocido como La Bestia.

“Al principio yo no sabía qué tipo de café vender. Pero una amiga mía, Lupe Cortés, me trajo del café que ellas en Veracruz hacen y sentí una conexión total con la causa. Era como si dos etapas y puntos geográficos de la migración por nuestro país se unieran. A veces se nos acaba y tenemos que usar de otro, pero la idea es que en el futuro sólo sirvamos de ése”, afirma Gaba.

El Undocumented es visitado diariamente al menos por unas 15 personas provenientes de Centroamérica y del interior de la república, a pesar de que el lanzamiento oficial del sitio apenas fue anunciado y no se le ha hecho más promoción que la de boca en boca.


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Gaba, Hugo y todo el equipo ven cómo sigue creciendo, y eso los hace muy felices. Con regularidad organizan actividades culturales, proyecciones de cine, exposiciones fotográficas. Cuando pueden y tienen con qué, hasta regalan calcetines o kits con jabones, pastas dentales y cepillos para los migrantes. Les emociona que cada vez más gente se entere de que ahí tiene un lugar seguro

“Aunque a veces nos resulta complicado por el dinero, poco a poco el café nos va dando margen de abrir plazas de trabajo para personas que lo necesitan. Vamos lento, pero ahí vamos. Lo único que queremos que los migrantes tengan presente es que si allá no les tienden la mano; acá sí. Nosotros siempre los esperaremos”, asegura la activista.

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