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Mi droga es hacer cinco temas en un día: Una charla con Dakillah

La más real del trap argentino tiene el don, la voz, la imagen, la visión ¿Algo más? Tiene 17. Y los ojos clavados en ser una artista de clase mundial.

por Juan José Relmucao
13 Septiembre 2018, 5:11pm

La chica que llora lágrimas de plata sale al balcón y del otro lado, desde el edificio de enfrente, cruzando la noche y la vía del tren, solo se ve una lucecita roja. Que crece y se debilita, cree y se debilita. No estamos trabajando ahora, hay cosas que el humo de un cigarro guarda mejor que una caja fuerte. Algunos de sus 176 mil seguidores en Spotify deben ir en los vagones que pasan bajo nosotros sin saber que su rapper favorita los mira volver del trabajo. Tal vez sin saber que realmente tiene 17 años, que sí vive en un exclusivo country, que nació con uno de los colores de voz más personales de su generación y que en estos, los primerísimos años de su existencia, ha pasado por situaciones que muchos de nosotros solo vemos en películas. O en los periódicos.

Que no los equivoque la vista: Dakillah no necesita glitter, make up, esculpidas, lujo: todo eso necesita a Dakillah. La chica que a los 12 viajaba sola por el conurbano para competir en las plazas y hoy parece descender de Nefertiti no se viste de seda y queda. Esos parámetros no valen para ella. La Dakillah real es más real que su imagen. Sólo hace falta sentarse y hablar desde el respeto: se va a sacar los lentes y vas a ver que esto es en serio. Sus emociones o anti emociones, su trato hacia los fans, su obsesión por ser mejor a cada barra, la proyección de su carrera, la obstinación. Lágrimas de plata: que nunca hayan visto una no significa que no existan. ¿Alguna vez le preguntaron a alguien de dónde viene y hacia dónde va? Miren esto:

Dakillah: Vengo de una situación de vida y voy a una expresión para que la gente la vea, se identifique y las pueda ayudar a personas con eso. Creo que en el hip hop y el trap se trata de ayudar a la cultura y a la gente. Pasamos de ser una cultura ignorada a poder ayudar. Yo hoy sé que una chica que se quiere matar porque la golpean en la casa puede escucharme, saber que pude salir de eso y que ella también puede. Creo que voy hacia eso.

NOISEY: Tu madurez y tu seriedad son llamativas tanto como para la escena como para tu edad. Hay una fuerza ahí, pero la fuerza no siempre proviene de haber vivido sólo cosas fáciles. ¿Es así en tu caso?
El día de mañana me gustaría hacer un documental sobre las cosas que me pasaron. Hay gente que te dice “vos sos de Nordelta [Uno de los countries más exclusvos de Argentina] y te hacés la de calle”. Mirá, a mí me ha cagado a palos la vida: me han tratado de violar, me han robado, estuve internada. Me pasaron todas. Todas. De los 12 a los 16 me pasó de todo y era re chiquita.

Lamentablemente no puedo decir que mi formación vino de mi familia, a excepción de mis abuelos. La formación vino de los golpes. La cultura del hip hop habla mucho sobre drogas y yo hacía lo mismo hasta que mi viejo me puso a vender. Ahí vi que no quería hablar de drogas nunca más. Ahí aprendí. También una vez me rompieron la cabeza y ahí vi que tenía que dejar de hacer quilombo. Tuve unos inconvenientes con una chica y me di cuenta por qué la escuela me había servido: yo aprendí que si pegaba iba a tener una sanción, y esa chica no lo había aprendido. Como vengo de un lugar cheto, muchos no creen que yo pueda hacer algo de la calle. Y yo me mandé a la calle estando en un lugar re cheto. Yo no me identificaba con esa vida. Me puede gustar la ropa, etcétera, pero con esa burbuja no podía identificarme jamás.

Y ese hateo ¿cómo lo manejas?
A mí me dicen que no sé de rap, que hago trap. Y yo a las 12 me tomaba tres bondis para ir a rapear. Y capaz nos sacaba la policía y nosotros teníamos que aprender a defendernos. Teníamos que salir para volver después a la plaza. El manejo lo tiene cada uno a su manera. Mi manera es escribir una letra, guardarlo para mí y no prestarle más atención. Estoy aprendiendo a no hacerlo y me estoy dando cuenta de que si tenés un camino de tres metros y te tropezás con una piedra de tres centímetros y te quedás llorando, ¿de qué te sirve el llanto? Si convertís el problema en algo mayor que las cosas buenas que hay nadie te va a poder ayudar.

¿Tus letras por lo general empiezan a partir de una reacción por algún asunto específico?
Eso va variando en muchas situaciones. Una puede ser llegar al estudio y que mi productor me diga “tengo esta base” y ahí empiezo a escribir. Otra es que me muestren una melodía que diga, por ejemplo, “Ella sabe que la quiero pero es mi veneno”, entonces en esa línea voy a escribir algo sobre que vos me querés, pero yo soy una maldita. “Number One” la hice cuando tenía trece años y me hateaban un montón porque era guachina. Entonces un día arranqué “no importa lo que me digan / están todos locos…” Puede pasar así, que me tire un free, me lo escriba en el teléfono y me haga una letra de cuatro minutos que nació por una frase.

Por tu forma de ser no creo que tomes tus creaciones a la ligera...
Soy muy auto exigente, de una forma escandalosa. Si grabo un tema y no me gustó y vos me decís ¡está zarpado!, yo igual te voy a decir “no me gusta, ¡lo odio!”. Igual, sé que te podés quedar en el odio o podes ir y cambiarlo. Y no sé si se trata de “cuidarse” porque esa auto-exigencia se traduce en que si en el video anterior no bailé, en el próximo tengo que bailar. Trato de no compararme con otros porque si me comparo puedo terminar en el mismo problema que ellos y yo sé lo que tengo que hacer y lo que no. Tengo un equipo con mucho corazón y estabilidad mental que me ayuda. Para tener 17 en una cosa tan grande, para formar una carrera, si no tenés un equipo que te avale y sea maduro podés terminar mal. Por ejemplo, pienso que algunos en su momento no tuvieron una ayuda de su equipo. Si yo quiero tener millones de fans y moverme por todo el mundo, no puedo ir por ahí a la falopa. Eso queda en cada uno, si querés llegar lejos, tenés que mantenerte firme. Mi droga es estar en el estudio, cagarme de risa con el productor y hacer cinco temas en un día.

¿Cuáles son tus raperos o traperos favoritos? ¿Qué piensas del rol de la mujer en el trap y el hip hop?
Mis raperos favoritos son más traperos que otra cosa. Pueden ser Paulo Londra, Akapellah, Dani South, Juani South, Kaze, Kinder Malo. El rol de la mujer aquí es el mismo que el del hombre. Solo que la gente imagina que hay una opresión, que no la hay. Es algo que respondí un montón de veces y lo único que me resta por decirle a la gente es que se actualice: estamos tirando todos para el mismo lado y más que estoy peleando por ser mujer, estoy peleando por mi nivel de trapera. Porque mi vida como mujer está fuera del trap.

Por mencionar un artista que tenía mucho por delante, Gustavo Cerati apenas había cumplido 50 cuando entró en internación. Le quedaban al menos 20 años en la música y su sonido estaba en plena transición. ¿Imaginas algo así como la curva que puede hacer tu trayectoria? Empezaste rapeando, ¿te ves haciendo algo más?
Yo sé que no voy a hacer otra cosa. Lo que hago abarca muchas cosas y como es lo que me gusta y abarca mucho, no tengo la necesidad de hacer pop, por ejemplo. Ni me sirve ni me importa ni me gusta. También porque en este año tuve una transición mental en la que no encontraba mi sonido y me decían “¿pero qué es lo que querés hacer?” Mi tema sonaba así y yo quería que sonara asá. Sentía que nadie me podía ayudar y no encontraba lo que buscaba. Y hace muy poco hice un tema con un artista brasilero y me di cuenta cuál era el trap que iba a hacer. Estoy expandiendo esta forma. No se trata expandirme para encontrar esa forma ni que mi me maduración me lleve a otra cosa. Que madure lo que estoy haciendo. Eso. Ese trayecto sí lo re veo, si no acá no estamos.

¿Entonces eso que hacés va ir tomando otras formas?
Está el rap y está el trap, pero si quiero hago un boom bap, un reggaetón o un funk brasilero y sigo siendo yo. Te vas a dar cuenta por las cosas que digo aunque no me reconozcas la voz. Una vez estábamos reunidos con una marca y dijeron algo que no me gustó y me puse a llorar ahí mismo…¡malísimo! Pero así soy yo, alguien que defiende lo que piensa siempre. Entonces voy a dar el mismo pensamiento aunque sean 25 géneros distintos.

Suena bastante maradoniano.
Si yo fuera Maradona viviría cómo él, ¡claro! Si no me gustó el color del papel que tengo que firmar, ahí ya hay un problema. Pero ahí de nuevo, la piedra y el camino: si tu camino es así de grande y la piedra es así de pequeña… Tuve una situación familiar complicada, pero mis amistades fueron todo. El celular para muchos es un problema, pero si no fuera por el celular no sabría que nací en una año de guerra. Y vos no sabrías quien soy y no estarías acá. Todo tiene lo bueno y lo malo. Una flor se marchita porque alguna vez dio perfume.

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