The Cure y el rock hecho en México

Cuando se conformó parte la identidad del rock mexicano en los años 80, la influencia de Robert Smith resultó crucial.
23 Enero 2019, 7:55pm
The Cure y Saúl Hernández de Caifanes
Caifanes en los años ochenta

El chiste surgió espontáneo. Era 2013, platicaba con unos amigos acerca de la visita que haría The Cure a México y hablábamos sobre las virtudes y carencias de su líder sempiterno, el peculiar Robert Smith. En ese contexto se me ocurrió decir: “Lástima que siempre ha querido imitar a Saúl Hernández”. Todos rieron de buena gana, pero en esa ironía se esconde una verdad que marcó al rock nacional a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. No que Smith hubiese querido imitar a Hernández, por supuesto. De hecho, desconozco si el británico habrá escuchado en alguna ocasión al mexicano, sino precisamente lo contrario.

Remontémonos a 1986, cuando surgió esa que, más que una corriente musical, fue una marca claramente comercial: Rock en tu idioma, patrocinada por la hoy ya desaparecida disquera BMG Ariola. Para ese entonces, The Cure, surgido en Crawley, Inglaterra, diez años atrás, ya había grabado siete álbumes y su sonido melancólico y oscuro, con la voz llena de angustia de Robert Smith, era un sello que se consolidaría con sus dos siguientes discos: Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me (1987) y la que para muchos es su obra maestra: Disintegration (1989).

El movimiento de rock gótico o dark, que por ese entonces encabezaban bandas como Siuoxsie and the Banshees, Love and Rockets, Sisters of Mercy, Cocteau Twins, Human Drama e incluso, de alguna manera, Depeche Mode y el propio The Cure, tuvo una gran influencia en todo el mundo y en México eran difundidos por la estación de radio Rock 101, y pegaron en ciertos sectores juveniles de la clase media urbana. De ahí que comenzaran a aparecer grupos mexicanos de rock darky, algunos de los cuales fueron adoptados (y adaptados) por el floreciente negocio que habría de ser Rock en tu idioma. De ese modo, agrupaciones y solistas que hasta ese momento pertenecían a la escena oscura y pretendidamente underground, firmaron gustosos con una disquera que les prometía grabaciones más o menos decentes y una buena difusión de su música. Proyectos como Alquimia, Neón, Santa Sabina y Caifanes, entre varios más, pasaron a formar parte del catálogo de BMG Ariola.

Los dos últimos mencionados fueron quizá los que en un principio abrazaron con mayor pasión la causa gótica. Musicalmente, Santa Sabina y Caifanes eran muy diferentes. Los primeros lograron desde el principio un sonido particular que de alguna manera los hacía escucharse originales y muy diferentes a cualquier banda dark inglesa o estadounidense.

Caifanes en los años ochenta

Caifanes, en cambio, cuando menos en sus dos primeros discos ––e incluso antes, cuando la banda todavía se llamaba Las Insólitas Imágenes de Aurora––, no ocultó su gusto por imitar abiertamente a The Cure y no solo en su música, sino en la manera de vestir, de cortarse el cabello, de maquillarse y hasta de moverse en el escenario. Para muchos de sus fanáticos (en el más estricto sentido de la palabra), su líder Saúl Hernández, era “el Robert Smith mexicano” y lo decían con orgullo, sin afán de crítica alguna, ni intención de parodiar. No sé a ciencia cierta si a Hernández le agradaba la comparación. Sin embargo, lo que sí resulta obvio es que lo tenía como modelo físico (para comprobarlo, basta con ver las fotos de Caifanes en 1988) y sobre todo vocal (el timbre angst de Hernández le debe muchísimo al de Smith y para comprobarlo, basta con escuchar cualquier disco de Caifanes –no sólo el de 1988– o Jaguares).

Lo curioso es que el estilo de cantar de Saúl Hernández, tomado de Robert Smith, sería imitado a lo largo del tiempo por otros vocalistas mexicanos y ahí están, como dos pruebas vivientes, los cantantes ––ánimo, es un decir–– de grupos como Porter y Capo. De hecho, cuando dirigía yo la revista La Mosca en la Pared, con frecuencia recibía demos de agrupaciones de varias partes del país. En las cartas que solían acompañarlos, me decían que el suyo era un sonido original, único, algo jamás oído. Sin embargo, cuando los escuchaba, en su inmensa mayoría contaban con un vocalista que intentaba imitar la voz de Hernández (quien imitaba a su vez a…).

Así pues, cuando ha venido a México The Cure no ha estado en territorio ajeno. Eso ha sido en buena parte gracias a Caifanes, aunque quizá todavía Robert Smith y los suyos no sepan quiénes son sus alguna vez clones mexicanos.

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