© Antoine d'Agata_Magnum Photos.

Ojo, mucho ojo: Antoine D´Agata

"Quiero más que lo posible, por eso el exceso sigue siendo mi método y mi lógica".

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nov. 10 2017, 12:08am

© Antoine d'Agata_Magnum Photos.

Antoine D´Agata, atípico miembro de la famosa agencia Magnum, comenzó su carrera como fotógrafo en México. Durante 30 años ha documentado su búsqueda por los lugares más oscuros del país, así como el efecto que esto le ha causado física y mentalmente. Hace unos días me senté con él en el patio del Centro de la Imagen para charlar sobre su nuevo libro CODEX, México 1986-2016 editado por RM.

VICE: ¿Que significa México para ti?
Antoine D'Agata: La casualidad hizo que fuera un territorio al que llegué de muy joven, mucho antes de la fotografía. Aprendí a vivir, a acercarme a territorios oscuros, que es el mundo que tenía necesidad de penetrar. Y mucho de eso sucedió aquí por primera vez. Me volví fotógrafo y fue aquí donde tomé mi primera foto, mi primer video. Hubo muchos viajes de inicio aquí en México, y por eso este libro es simbólico. También al final es aquí que la realidad se puso tan violenta y tan oscura que tuve que renunciar algo a mi lógica y a mi entendimiento. Por eso es una historia fragmentada; no es un historia continua. Es una trayectoria que al final es muy frustrante porque aquí aprendí a esperar, a vivir y a compartir. Aquí fui más allá que la empatía. Aquí mi política, mi ideología, se volvió sensual, sexual y narcótica. Aquí viví momentos de intensidad, de excesos increíbles y aquí empecé a entender y a vivir fealdades y tuve que renunciar a lo que pensaba.

© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Oaxaca, México, 2014.

¿Qué te trajo a México esa primera vez?
Como muchos jóvenes europeos, México para mí era una tierra mítica, mágica. Mi filtro era Antonin Artaud. Por mi bagaje político me acerqué a las putas, a los peones, a los campesinos, a los borrachos. Los veía como gigantes, como personajes de tragedia griega. Los admiraba; había una fascinación real, un amor genuino. Había un hambre de humanidad pero también de tragedia, porque en esa miseria humana encontraba más dignidad, más belleza, más fuerza, más decencia que en cualquier oficina o calle de día. En las cantinas, en el campo, en las ciudades, en la noche encontraba esa humanidad.

¿A qué edad?
A los 22 años, mucho antes de la fotografía.

¿Cuando comenzaste a fotografiar?
A los 31. México para mí es una prehistoria. Aquí hice mi primera foto.

© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Found image, Cuernavaca, México, 2014.

Venías seducido por lo que habías leído sobre México.
Sí, pero quería vivir con las putas porque había conocido a las putas en Europa. Quería ir más allá en ese mundo de la noche; quería vivir la revolución y México era el paso para Nicaragua, para la guerra civil en El Salvador. También fui a Cuba. Todavía había una resistencia. México era esa intersección de posibilidades. Era una edad de oro, porque lo que vivía no tenía ninguna ambición artística o fotográfica. La única ambición era vivir cada momento de manera más auténtica y más fuerte posible. Que sea una puta una noche, que sea una borrachera en Juchitán. Cada noche era una posibilidad infinita hacia una humanidad posible. Después con la fotografía tuve que ser más razonable. Había una economía, había que tratar de vivir todo eso pero habría que tener un rollo o cinco rollos en la mañana. La necesidad de traducir esa experiencia en un lenguaje, eso es muy bello pero también es muy feo porque pierdes la inocencia de esa hambre sin límite de la vida por lo que es y no para hacer algo con eso.

¿Para ti vivir en el mundo de la oscuridad es un acto político?
¡Obviamente! Todo eso nació de la práctica del situacionismo, o por lo menos por métodos situacionistas que negaban el arte y que insistían en la necesidad de que todo pase por experiencia propia. No era suficiente entender el contexto económico y político, había que generar una visión auténtica personal, física y fisiológica en ese contexto. Desde joven era anarquista pero no era militante. Lo importante era vivir dentro de ese entendimiento político del mundo. Por eso cuando fui a Nicaragua o al Salvador o a donde fuera no era sólo entender la situación política sino era estar dentro, generar una violencia, una situación, una fuerza autónoma fuera de los partidos.

Los revolucionarios nos veían a mí y a mis amigos como borrachos, como putos o como lo que sea. Nos veían en esa posición sucia donde quieres la revolución pero también quieres ir al final del laboratorio, también quieres compartir las drogas más duras y quieres enamorarte con las putas más locas y todo al mismo tiempo. No quieres elegir entre la vida, la política y la experiencia.

Esa hambre de lo político, de lo social, de lo esencial, de la existencia, de lo sensual, de lo narcótico, de lo mental, esa mezcla de inteligencia, de instinto, es lo que hacía nuestra posición única. Esto venía del situacionismo, del punk, porque fue una generación que negaba todo, y de la adicción porque crecí en una ciudad donde el tráfico de droga cambió la sociología de la ciudad, del french connection con Marsella. La ciudad estaba entregada a la heroína. La heroína, el punk y el situacionismo me hicieron. Esa mezcla impura, sucia, de droga, de política, me hace lo que soy hoy.

© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Found image, Cuernavaca, México, 2014.

¿Y cómo entra la fotografía?
Empezó porque tenía que elegir entre acabar como junkie o hacer algo más con mi vida. Y para ser fiel a mis teorías tenía que acabar como un junkie y eso no me satisfacía. No veía el punto después de 12 años de acabar como una mierda en la calle. Era demasiado morir como un junkie, entonces fue una traición a mí mismo, elegir y aceptar un medio, un lenguaje para traducir la experiencia, para seguir viajando por el mundo.

¿Hasta el día de hoy lo sigues sintiendo como una traición?
Mira, cuando pienso en los amigos que ya no están, sí, porque los más bellos, los más puros, murieron como junkies o borrachos hace 20 años. Cuando pienso en lo que traté de construir y de contar, cuando pienso en términos de historia no tengo vergüenza porque trato de contar una historia, y la cuento como puedo y por eso lucho con mucha gente para tratar de imponer mi manera de entender, mi manera de contar. Eso no lo veo como una traición, porque está hecho con el dolor y la belleza de mucha gente, de mucha humanidad que normalmente no tiene espacio el mundo de la comunicación como en la televisión o en la literatura. Es una parte muy oscura y yo trato de contar mi historia en esa oscuridad.

© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Found image, Cuernavaca, México, 2014.

¿Por qué la fotografía?
Hay dos razones. La primera es que la fotografía es el medio más fácil. Cuando tenía 30 años tenía que decidir qué hacer conmigo mismo, con este cuerpo, con esta mente, cansados ya, porque ya estaba cansado. La fotografía era la cosa más obvia, más fácil, porque después de tres días con la cámara eres fotógrafo y hoy todavía más que antes, porque antes tenías que aprender un poco pero ahora todo es automático. La otra es que entendí la fotografía como una manera de estar más en el mundo. Es el único lenguaje que permite la combinación perfecta instantánea entre la experiencia y el lenguaje. El escritor vive, después duerme, sueña y vomita una traducción en el mundo de su visión. El músico lo mismo. El fotógrafo en el segundo que vive tiene que traducirlo, hay una instantaneidad genial. Es el único medio que me permitía vivir y decir al mismo tiempo. Empecé a drogarme y fotografiar al mismo tiempo, a follar y fotografiar al mismo tiempo, a explorar el mundo y a fotografiar el proceso.

¿Mencionabas que un par de años tuviste que renunciar a lo que pensabas?
Para mí el libro habla de eso. Por eso quería que el libro fuera hecho en capítulos, para enseñar esa desilusión, fracaso, renuncia, esa violencia que siempre busqué. Aunque hay dos violencias, la violencia institucional, la cual denuncio, y violencia animal de los que no tienen nada, que comparto. No la justifico pero la comparto; es una violencia sexual, narcótica, criminal, lo que sea. Aquí las cosas con los años se hicieron tan fuertes, tan locas, tan inhumanas, tan inaceptables, que básicamente ya no podía venir aquí a consumir drogas, a entender las cosas. Ya no había nada que entender. Estaba a un nivel de violencia animal que no correspondía a nada de lo que yo podía estructurar. Era más allá que cualquier ideología, que cualquier explicación lógica, que cualquier empatía posible y también más allá del deseo posible y que el miedo posible, y con las drogas que seguían irrigando el cuerpo y la mente, la locura se hizo demasiada, el miedo se hizo demasiado.

Me acuerdo de la violencia en México, de ir a la cárcel, de la corrupción, de peleas, de correr por salvar mi vida. Me acuerdo de muchas historias pero todo era humano, había caras enfrente, había una correlación posible entre lo que pasaba y mi posición como extranjero y los riesgos. Había miseria, tragedia, había dolor, pero se entendía. Pero en los últimos viajes que hice con mi amiga mexicana, con la que trabajé en el libro, tratamos de entender esta violencia. Fuimos a varias ciudades, a morgues, leímos periódicos sin poder realmente entrar en estas situaciones. Hoy no puedo caminar en las calles de México en la noche con tranquilidad. No entiendo que la violencia sea ese enfrentamiento entre la corrupción y el vicio donde yo siempre había tomado una posición. Ya no podía sentir empatía, solo podía ir a la morgue y ver los cuerpos…

Fuimos desde la resistencia a la locura, una locura tan monstruosa, tan hambrienta, tan destructiva que ya no hay palabras, ya no hay lógica, no hay posición posible. Pasó de las drogas como método de resistencia a la destrucción total pura de todo sistema social, de toda humanidad, de toda relación posible. Por eso al final puse esas fotos que encontré, que robé, porque dicen más de lo que yo nunca podré decir, esas fotos policiales, monstruosas, que muestran la violencia de una manera más precisa de lo que yo puedo hacer. Y al final tengo que regresar a la mirada inocente.

© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Found image, DF, México, 2014.

¿Las fotos de la morgue las hiciste tú?
Sí. En la morgue todavía trataba de entender. Se hicieron al mismo tiempo que encontré las otras fotos. Las fotos de la morgue estaban en ese proceso de mirar esos cuerpos ¿Por qué a una niña la violan? ¿Por qué después la cortan en pedazos? No consigo entender; quizá esas fotos se quedan como preguntas de qué está pasando. En esos dos últimos viajes todavía había mucha droga, entonces esa realidad la vivía como una pesadilla, paranoia. Y más que eso, miedo puro. No sé cómo hablar de eso pero fue muy violento.

El libro comienza con imágenes más festivas.
Yo estaba enamorado con cada una de las putas que fotografiaba. Siempre fui muy consciente de la tragedia humana detrás de cada historia de prostitución, pero eso es el punto de partida. Más allá de eso había una proximidad, una relación. Las chicas pagaban a su pimp para dejarme entrar al cuarto. Había esa clase de confianza, y también porque esa gente quería existir y yo fotografiando le daba espacio para existir un poco más. Había confianza, había dignidad, había solidaridad, había una belleza.

© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Libro Insomnia, Border MEX-USA 1999-2000.

Tú tomabas algo de ellas y a la vez ellas tomaban algo de ti.
Nunca pude dar a la gente cuanto ellos me daban. Jugué el juego, siempre en esos mundos te piden pagar el precio de una manera un poco cruel. Si quieres eso tienes que estar listo a pagar el precio, y el precio es lo que sea, por ejemplo, follar sin condón. Tienes que dar pruebas de que no sólo estás tomando, pero al final no das tanto como ellas te dan, porque te dan su cuerpo, su vida, su imagen. Al final, yo escojo estar con ellas. Ellas nunca tuvieron oportunidad de tomar otro camino. Están aquí porque la vida y la sociedad las chingó. Para mí sigue siendo una cosa política de: quiero estar aquí con ustedes, pero la relación no es la misma.

Las primeras fotos están movidas, fuera de foco, el grano está reventado. Las últimas, las de la morgue, están perfectamente en foco, son nítidas.
En el segundo y tercer capítulo del libro fue cuando comencé a hablar con la gente, entrando en su vida mucho más. En el capítulo del video el cual se traduce en un video final de cuatro horas que hice el año pasado, cada una de esas chicas con las que vivía me hablaban del vicio, de la adicción, del miedo, pero ya las cosas son diferentes. No había crack en el primer viaje. En 2000 ya había crack y cuando fumas con las chicas en la frontera no es lo mismo que cuando tomas heroína. Es mucho más sucio. Una relación sexual para pagar una dosis, esa era la economía de la cosa. No para dos, ni para pasar la noche, una por una, una locura. La idea era mucho más fea de lo que yo podía aguantar y obviamente las cosas se hicieron peor cada vez.

Cuando lo piensas, hay fotos de 2005, donde la chica está embarazada fumando crack. No es una cosa natural, normal o aceptable. Creo que la violencia y la muerte siempre estuvo presente; nunca se puede entender la miseria o la muerte, pero se podían entender las cosas, entender de dónde había llegado la persona, dónde estaba, a dónde podía ir, qué clase de violencia generaba en su vida, qué violencia en su relación con los chulos, conmigo, con ella misma, con la droga, con el dealer, con el bar... Se podía entender. Hoy cuando yo veo el cuerpo de una niña que fue violada y cortada en pedazos, ya no entiendo. El país está viviendo en niveles que yo no entiendo. Ya estoy sin voz, por eso no sé si voy a tomar fotos aquí otra vez, o si puedo tomar fotos aquí otra vez. En el último capítulo hay pocas palabras porque no sabía qué decir.

© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Libro Mala Noche 1991-1997.

¿Qué pasa contigo después de esto? En el libro se ve un camino que llega al final, una búsqueda de la muerte hasta que la encontraste literalmente.
Más que como autor, es que me dañó mentalmente. Llegué a un punto con el daño que hizo el narcótico en mi mente que no conseguí superarlo. Mi trabajo cambió después de eso. Algo se quebró, pero hoy vivo con una mexicana, vivo con ese dolor de una persona que llora por su comunidad cada día, por el terremoto o por una violencia que mata inocentes, mata niños, una pérdida permanente cotidiana. Vivo eso a través de esta persona.

Al mismo tiempo que salió este libro salió otro en Japón. Tengo una necesidad de estar en muchas partes pero a través de esta persona mexicana vivo esta tristeza profunda de, ¿dónde está este país, esta comunidad, esta raza?

¿Y dónde estás tú?
Yo estoy con el miedo. Porque cuando estoy en Asia, en Cambodia, en Africa, en Japón o en París sé todavía con quién estoy, en qué parte de la ciudad quiero estar. Pero cuando veo lo que pasa en México, Guatemala, Costa Rica, Colombia o Brasil ya no sé. No sé por qué esta parte del mundo que siempre fue un refugio para mí ahora es un lugar de horror y de no entendimiento, entonces vivo con miedo, porque para mí la humanidad va hacia eso. Cuando estoy en Asia estoy bastante fuerte para buscar la oscuridad en donde la gente no quiere vivirla. La gente vive una normalidad y puedo ir más allá en busca de la oscuridad que daña, y lo mismo en otras partes pero aquí…

Estoy dañado mental y fisicamente. No soy el mismo que hace cinco años y no es sólo por la edad. Obviamente la edad me daña pero estoy traumatizado por haberme acercado demasiado a lo que no tenía que ver. La morgue por ejemplo. Ya había ido a la morgue para ver de cerca qué es un cuerpo muerto, pero ahora estamos en la realidad de una sociedad que se está matando a sí misma. Y cuando ves la cara de una niña de 16 años apuñalada, no es algo que te enseña, es algo que te daña. Es algo que te come desde dentro y tengo que vivir con eso, tengo que sobrevivir con eso. Esta tristeza de la que hablo es más fea y mas dura y más violenta que cualquier cosa que conocí en mi vida. Es el peso de la impotencia.

© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Matamoros, México, 1999.

¿Podemos decir que México te marcó en un principio y te ha vuelto a marcar?
Me dio todo y todo me lo quitó.

¿Qué significa presentar este trabajo en México?
Vengo aquí para defender no mi trabajo, si no mi posición fotográfica, pero más en relación a mi posición ideológica de la fotografía. A México realmente lo he vivido como una posición de fracaso íntimo, fisiológico y político. Francis Bacon decía: "yo no trato de enseñar el horror del mundo, trato de enseñar mi grito en frente del horror" y yo no logro conseguir mostrar lo que es México pero sí puedo afirmar mi posición, aunque parcial, en frente de ese horror. Es mi relación con México, mi posición con México.

¿Cuál es tu posición ante la fotografía?
Una posición vinculada al ateísmo, vinculada a la rabia social. Es una posición existencial, social, política y emocional. Es una fotografía que no quiere renunciar a ninguna de esas dimensiones y quiero la sensación, quiero la entrega física, quiero la igualdad política y social, quiero la justicia, quiero la empatía y quiero el idealismo a la entrega total de compartir la miseria, de entender la miseria, de vivir la miseria y no solo mi posición fotográfica es absoluta, es la negación de cualquier razón. Odio cuando los fotógrafos tienen una definición muy precisa de su fotografía. Yo quiero todo: quiero la revolución y quiero los cuerpos, quiero el dolor y quiero la belleza, otros niveles de realidad. Quiero todo lo que se puede conseguir en el tiempo. Quiero más qué lo posible, por eso el exceso sigue siendo mi método y mi lógica.

© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Oaxaca, México, 2013.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Oaxaca, México, 2013.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Oaxaca, México, 2014.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Oaxaca, México, 2013.
© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Videograma de la película Atlas, Zona Roja, Nuevo Laredo, México 2005.
© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Videograma I de la película Atlas, Zona Roja, Nuevo Laredo, México 2005.
© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Zona Roja, Nuevo Laredo, México, 1991.
© Antoine d'Agata_Magnum Photos, Zona Roja, Nuevo Laredo, México, 1991.
© Antoine d'Agata/Magnum, Río Bravo, Tamaulipas, 1999.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Zona Roja abandonada Piedras Negras, Saltillo, 1999.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Libro Mala Noche 1991-1997.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Libro Mala Noche 1991-1997.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Libro Mala Noche 1991-1997.
© Antoine d'Agata/Magnum Photos, Ciudad Juárez, Chihuahua, México, 1999.
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