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J Balvin en Coachella: ¿El show más importante de un latino en EEUU?

J Balvin y sus bailarines en el Main Stage de Coachella bailando salsa como si estuviéramos en casa de tu tía. Legendario.

por Diego Urdaneta
15 Abril 2019, 5:52pm

Foto de Valerie Macon/AFP/Getty Images

Odio los lugares comunes. Trato de no caer en ellos porque me hacen sentir peor escritor. Sabía que este concierto sería clave en la historia de la música popular latina. Y por eso trataré de tener cuidado en mi uso de palabras en este texto. Como todos, el sábado pasado vi el streaming de Coachella. Escribir sobre reggaetón y música popular lleva pagándome la renta desde hace años y prácticamente ese Main Stage del sábado era una especie de final del mundial de fútbol para mí ––y para muchos otros. Reggaetón en Coachella. La apuesta más cara. Y, claramente, el concierto más importante en la vida de J Balvin. Su Everest. Máxima audiencia en Twitter.com; y eso fue también lo hermoso del momento: todos vimos el concierto y lo comentamos como si estuviéramos ahí. Nada más preciso ––y precioso–– para la época en la que vivimos.

Quiero hablar del clasismo. La música latina ha sufrido un clasismo curioso. Para llegar a donde está hoy, tuvo que sufrir gran cantidad de mierda. Pareciera que nos gusta odiar de dónde venimos. Pareciera que todo lo que en otros lugares del planeta aman, a nosotros nos causa vergüenza. No nos gusta asociarnos con nuestra propia cultura. No nos gusta verla triunfar. Nos pone de malas.

A mitad del show de J Bavlin, finalizando "I Like It", el tempo de la canción subió para que los teclados de la original realmente terminaran siendo una salsa más y todas las personas presentes vivieran una conexión con ese pasado del cual surge nuestra identidad y que nos es común a "lxs latinxs": El cielo de la cultura popular hipster dominado por un bugalú que todos conocíamos. J Balvin y sus bailarines en el Main Stage del Coachella bailando salsa como si fuera noche buena en la casa de tu tía. Ay con ese momento. Esos segundos en los que parecía que quien estaba tocando era Celia Cruz, Tito Puente o Héctor Lavoe. Un momento de inflexión en la historia de la música latina.

Coachella es una de las cimas mediáticas de la cultura popular. En ese festival (y sobre todo en el Main Stage) tocan las bandas más populares del mundo. Las Beyoncé. Los Paul McCartney. Los Oasis. Y este año las bandas más importantes fueron una de K-pop y un reggaetonero colombiano. Los tiempos, ellos están cambiando, diría el tío Bob.

El reggaetón ha sido el género más importante del pop a nivel global por varios años ya. Ha sabido retransformar lo que significa la experiencia de ir a un concierto. Este año los protagonistas del género son headliners de los festivales más importantes del mundo. El género ha sufrido racismo y clasismo en todas sus variantes. Aleks Syntek podría hablarnos al respecto. Hoy la música popular no se entiende sin dembow. Artistas que en su vida pensaron asociarse con el género, están tratando de mantenerse de cierta forma "relevantes" haciendo featurings con reggaetoneros y así no morir en el cementerio de baladas dosmileras. Y, como consecuencia, llegamos a California no esperando ver a Tame Impala. No, llegamos a California esperando que J Balvin, de Medellín, nos hiciera bailar y soltar los males del 2019. La música popular en la actualidad logró esto. Atrás quedó (por ahora) el hombre blanco de pelo largo que con una Fender Stratocaster dominaba al planeta.

Vi a J Balvin una vez en vivo. Habían casi 20,000 almas. Fue uno de los mejores conciertos a los que he asistido. Jamás había visto a tanta gente bailar al mismo tiempo. Fue algo único que hizo que entendiera de otra forma el dominio del reggaetón. De esa noche a Coachella, Balvin ha tenido decenas de hits, sacó el disco más importante del género después de Barrio Fino y se convirtió en uno de los artistas más sonados y aceptados del mundo. Y eso esperaba ver en Coachella. A Michael Jordan. A Cristiano Ronaldo en una final de la Champions. Y sucedió eso y más. Una celebración acertada de quiénes somos en 2019. De lo que significa ser latino en la era de la desinformación y racismo renovado, con nuestra adicción a Instagram y nuestros memes socialistas. De lo que significa emigrar y sobrevivir siendo millennial. De la re conquista simbólica de un país en el que quieren, a como dé lugar, poner un muro para que no entremos.

Una de las mejores decisiones del show de Balvin en Coachella fue sonar éxitos de pilares fundamentales que vinieron antes que él. José es una persona bastante lógica. No cualquiera hubiese usado ocho minutos del concierto más importante de su vida en sonar canciones que no son de su autoría. Quizás yo tampoco lo hubiese hecho. Mi ego no lo hubiese permitido. Pero claramente el ego de José está en su debido y preciso lugar. Y de lo que todo el mundo está hablando, es más importante que haberse querido llevar las palmas para él solo. Sonar "Oye mi canto" fue una increíble celebración a las raíces latinas. Escuchar "Boricua, morena, dominicano, colombiano. Boricua, morena, cubano, mexicano" en ese escenario es un momento insuperable. Sonar la "Gasolina" ––la canción más importante en la historia del reggaetón––, en el escenario más visto de la música popular, nos puso la piel chinita a todo el continente. "Rakata" le enseñó a los gringos cómo bailábamos de chicos. Que eso que ellos estaban sintiendo es gracias a nuestra cultura. Una de esas cosas hermosas del mundo globalizado.

Lo mejor de esos 50 o 55 minutos de Balvin en el Main Stage de Coachella es que fue más que nostalgia. El show fue lo que esperarías de la estrella pop más grande del momento: El escenario, los visuales, las nubes perreadoras. Nadie habló de otro show. Rosalía perreando. Y si el Coachella pasado fue Beychella, este fue el Balvinchella. O el Yankeechella o el WisinyYandelchella. De eso se trató: Balvin estuvo ahí porque otros atrás se lo permitieron. Y lo expresó claramente a manera de una celebración de la identidad latina.

El cambio en la música popular está sucediendo. Nadie hubiera pensado ver reggaetón en Coachella hace cinco años. Quién sabe hacia dónde más podemos ver crecer al género. No tengo una buena imaginación. Pero lo que sí sabemos y vamos a poder ver cuantas veces queramos en nuestro canal de Youtube favorito, es que J Balvin hizo historia con uno de los shows más importantes que ha dado un latino en Estados Unidos.

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