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inmigración

Astral: rescate en el Mediterráneo entre olas de apatía

Un antiguo velero de lujo de la ONG Proactiva Open Arms rescata náufragos entre los embates del mar y la apatía que sopla desde tierra. Está en juego la vida de miles de personas que arriesgan su vida para llegar a Europa.

por KARLOS ZURUTUZA
07 Octubre 2016, 9:10am

Refugiados subsaharianos son rescatados por la ONG española Proactiva Open Arms. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)?

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– Astral, Astral, aquí nave Gregoretti. ¿Me copias?

– Nave Gregoretti, aquí Astral. Te recibo.

Todavía no había salido el sol en la costa de Libia cuando se escuchaba por radio un diálogo para besugos entre el buque de la Guardia Costera y el barco de rescate operado por Proactiva Open Arms.

Un antiguo velero de lujo de la ONG Proactiva Open Arms rescata náufragos entre los embates del mar y la apatía que sopla desde tierra. (Imagen por Karlos Zurutuza/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

El día anterior, el Centro de Coordinación de Rescate Marítimo de Roma (MRCC) decidió que las condiciones meteorológicas mejorarían de madrugada. El Astral tenía que permanecer en Stand by, con el Gregoretti a dos millas de distancia, hasta poder transferir a los 60 refugiados que llevaba el velero. A falta de un buque de mayor capacidad en la zona de rescate, los había tenido que subir a bordo.

"Nave Gregoretti, aquí Astral. La operación se tendrá que hacer con vuestros RIBS (acrónimo inglés para "barco inflable rígido)", pedía Andreu Rullan, capitán en la sexta misión del Astral.

Este catalán era plenamente consciente de que las condiciones del mar imposibilitaban transferir al pasaje en zodiac al Gregoretti. Su homólogo italiano no lo reconoció por radio, pero el hecho de que sus hombres en la zodiac ni siquiera se pusieran los trajes de agua hablaba por sí mismo.

"Nave Gregoretti, aquí Astral. Cancelamos la operación, repito, cancelamos la operación", sentenció finalmente Rullan, oficializando una decisión que ya anticipó el día anterior.

Su previsión meteorológica, que nada tenía que ver con la de Roma, se acaba confirmando. El Astral pone rumbo a Lampedusa y los refugiados pasan al interior del barco para protegerse de la lluvia y el viento.

Refugiados nigerianos son rescatados cerca de la costa libia tras horas de naufragar a la deriva. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

"Actitud criminal"

Dentro no hay espacio ni aire, sólo vómitos y llantos al compás de una proa que martillea contra las olas. Y así horas. Los que todavía pueden buscan respuestas con la mirada de Jesús Gálvez, el médico voluntario a bordo.

El sanitario de Tarragona intenta gestionar la emergencia sin perder de vista al bebé de cinco meses. Llora sin descanso porque está deshidratado y tiene fiebre.

Desde el puente, donde también se hacina un grupo de somalíes junto al capitán, se escucha por radio la petición de Roma de transferir el pasaje en alta mar. Miguel Ángel Morales, socorrista voluntario, califica de "temeridad" la orden que llega desde tierra.

"La tripulación está sobradamente cualificada pero el barco no está preparado para una emergencia como ésta", asegura el murciano, justo antes de que empiece a fallar el sistema eléctrico.

Hacinados y en condiciones infrahumanas, así es como viajan los refugiados que desean llegar a Europa. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

Mientras tanto, Riccardo Gatti, segundo de abordo, busca caminos que no lleven a Roma. Contacta por Whatsapp con un periodista italiano y éste le pasa el teléfono de la asistenta de un senador que sólo reacciona cuando Gatti avisa de la presencia de un periodista a bordo, "redactando ya el informe".

El senador llama a la alcaldesa de Lampedusa, quien no sabía nada del asunto, y la regidora de la pequeña isla italiana se comunica finalmente con el velero por teléfono satélite.

40 horas después de haber pisado la cubierta del Astral por primera vez, los refugiados pisan exhaustos el puerto de Lampedusa, donde son recibidos de noche por una comitiva multicolor de bomberos, policías, Carabinieri, Guardia de Finanzas, Cruz Roja, y la propia alcaldesa.

Desde allí, personal de FRONTEX (agencia fronteriza europea) en Lampedusa explica a VICE News que los refugiados serán traslados a un centro de acogida donde se aplicará el protocolo de inmigración correspondiente según la nacionalidad de cada uno.

Tras las dificultades de viajar por Grecia y los Balcanes, muchos refugiados sirios deciden probar fortuna partiendo desde Libia. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

"Si hubiera una reacción adecuada desde las instituciones nada de esto habría pasado. Habríamos llegado a tierra 20 horas antes y con garantías de seguridad", lamentaba Gatti. Este italiano de Bérgamo subraya que había un navío de guerra en la zona de rescate. "Se limitaron a llevarse la balsa vacía, eso fue todo", lamenta.

Aún pesaba la pérdida de una balsa con 120 individuos a la que no se pudo localizar pocos días atrás. El mar se encargó de devolver sus cuerpos sin vida a las playas de Libia un día después. Gatti achacaba el drama a una "actitud criminal" por parte de las instituciones internacionales.

"Hay más barcos de rescate de ONGs que de las propias instituciones, resulta evidente que la respuesta a la crisis migratoria se deja en manos de la sociedad civil", denunciaba el marinero, ya en tierra. "Si los refugiados fueran italianos, españoles, alemanes, franceses... la respuesta sería mucho más efectiva".

Guillem, médico de Proactiva Open Arms atiende refugiados de Nigeria en el Mediterráneo durante un rescate. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

Descoordinación

Por el momento, la Organización Internacional para la Migración asegura que más de 100.000 individuos han llegado a Italia este a través de la peligrosa travesía del Mediterráneo, y que cerca de 300.000 esperan en el país norteafricano para hacerlo.

Según Gatti, el peso de las operaciones de rescate recae hoy sobre ocho ONGs operando en la zona entre las que se incluye Proactiva Open Arms.

Comenzaron su andadura en septiembre de 2015 en la isla de Lesbos, con el fin de dar asistencia a la marea de refugiados que llegaba desde Turquía. La labor de los voluntarios en el mar sacudió conciencias en tierra, incluida la de Livio Lo Mónaco, el empresario que cedió el Astral a la ONG.

El Astral es, sin duda, un proyecto improbable hecho realidad. RulLan, no obstante, explica que muchos aspectos son mejorables.

"Existe una falta de coordinación entre Roma, los militares y la ONG que repercute en las labores de rescate, pero también de criterio. He llegado a pensar que Roma no sabe que la transferencia se hace en zodiacs", acota Rullan, mientras examina los daños sufridos por el barco, ya en Lampedusa.

Refugiados de Somalia y Níger exhaustos en el Astral, después de una travesía con una tormenta de 35 nudos. Finalmente, se les pudo trasladar a la isla de Lampedusa sanos y salvos. (Imagen por Ricardo Garcia Vilanova/PHOTOGRAPHIC SOCIAL VISION)

El capitán del Astral también echa en falta una mayor colaboración entre ONGs. "Existe una necesidad de financiación que depende de los resultados, es decir, del número de rescatados", matiza.

Al Astral se le echa en cara acercarse "demasiado" a la costa de Libia. Rullan arguye que no hay mejor forma de reducir las posibilidades de perder embarcaciones, a la vez que lamenta los cada vez más estrictos protocolos de seguridad que otras ONGs están incorporando tras varios encontronazos con embarcaciones libias.

"Se está cayendo en una espiral de miedo y desconfianza absurda porque los incidentes se podrían haber evitado reconociendo a la autoridad, y para nosotros es todo aquel que lleva un kalashnikov", explica el capitán del único barco de rescate que iza la bandera libia en el mástil durante su singladura. "Si me dicen que pare, paro, y no intento escapar ¿Por qué te vas a comportar aquí de manera distinta a como lo harías en cualquier otra costa?"

Y la pesadilla continúa. El pasado martes, la séptima misión del Astral, capitaneada por Riccardo Gatti, luchaba por recatar a más de 1.000 personas a bordo de un barco de madera. Vía telefónica, Gatti daba cuenta de las dimensiones de la tragedia.

"Seguimos trabajando mientras remolcamos una balsa de goma rota con 22 cadáveres".

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