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La Central de Abasto: ¿destino turístico de la CDMX?

“Está bien que vengan a conocer con su camioncito y todo, pero hay cosas que pasan aquí todos los días de las que seguro nadie habla”.

por Sergio Pérez Gavilán; fotografías de Paulina Munive
21 Junio 2018, 5:20pm

Artículo publicado por VICE México

El 20 de junio, se presentaron 25 murales de 50 artistas nacionales e internacionales en la Central de Abasto de la Ciudad de México (CEDA). Se espera que para agosto, cuando termine el proyecto nombrado Central de Muros, habrá 32 murales más decorando la Central de Abasto, convirtiéndola según los organizadores, a su vez, en la galería de arte urbano más grande de Latinoamérica. Artistas como Pogo, Rootrises, Paola Delfín, Gleo, Atentamente una fresa e It’s a Living, revelan sus murales y plantean un cambio social a partir del arte, cambiando un foco particularmente reconocido por la inseguridad e índices de criminalidad dentro de las áreas circundantes a la CEDA.

Mural por Aline Herrera.
Mural por Kenta Torii.

Dentro de una charla previa al recorrido que se daría en turibús alrededor de la central, los organizadores de la dirección de la CEDA, We do Things —principales promotores y curadores del proyecto—, una marca de pintura y el Centro de Información de las Naciones Unidas (CINU) hablaron sobre el impacto que —supuestamente— ya tienen los murales sobre las vidas cotidianas de las personas que trabajan diariamente en la Central de Abasto. Mencionaron que la basura se había reducido y que era palpable un cambio prácticamente inmediato desde que comenzó el proyecto. Sin embargo, después rectificaron, les gustaría aliarse con una universidad pública para que se pudieran llevar a cabo estudios para comprobar estas declaraciones, dejando entrever que sus conjeturas empíricas aún estaban por ponerse a prueba, por lo que me pareció acertado preguntarle a los trabajadores locales qué piensan sobre esas declaraciones, los murales y el impacto que tienen.

“Sí se ven padres las paredes, pero tampoco es como que las cosas hayan cambiado”, me dice Salvador, diablito de la Central de 18 años. “Eso no creo que vaya a cambiar nunca y no solo porque pinten un par de paredes dejarán de existir cosas malas. Así no funciona, carnal. Aquí lo de cada día es crimen: asalto, asesinato, peleas, violencia”. Salvador me dice que no confía y prefiere que no salga su retrato, visiblemente sorprendido, él y un compañero suyo, agregan que está gracioso cómo venimos literalmente en un turibús a ver cómo la gente trabaja. “Está bien que vengan a conocer con su camioncito y todo, pero hay cosas que pasan aquí todos los días de las que seguro ahí nadie habla”.

Mural por Atelier Romo.
Jesús, diablito de 18 años que se especializa en mover sandías.
Mural por Paola Delfín.

Los murales son espectaculares, no hay duda sobre ello. Gigantescas piezas de 26 metros de ancho por 6 de largo, típicamente, cubren un espacio que, acorde a Itze González, co-curadora de Central de Muros, llegará a superar los 9,000 metros cuadrados. Hechos a partir de diferentes estilos y técnicas como el lettering, el mural, la ilustración, pintados con pintura vinílica y aerosol. Itze añadió, junto con los aliados del proyecto, que se espera que con esto se pueda convertir la CEDA en un punto turístico al que la gente pueda venir no sólo a ver los murales, sino también a conocer el mercado. “La micro compra de las personas que podrán venir a conocer la CEDA, es decir, la botella de agua o lo que sea que puedan comprar realmente tiene un efecto en la economía del lugar”, añadió Sergio Palacios Trejo, director de la Central de Abasto.

¿Síntoma o cortesía? Desde el comienzo del tour, inmediatamente se vuelve evidente que no pensaban dejar al equipo de prensa, ni de la ONU, sin resguardo policial en todo momento. Durante la hora y media que duró el recorrido, policías cuidaban y escoltaban —desde motocicletas como camionetas— celosa y seriamente el camión que nos transportaba. Llegué a contar unos 5 elementos mínimo, mientras transeúntes y comerciantes gritaban y saludaban, los mismos policías los movían de nuestro camino. Una imagen patente sobre el camino que aún hay que recorrer en cuestiones de seguridad que choca directamente con el llamado de los directivos por atraer turismo. Una ironía, a falta de una palabra un poco más certera. Samuel Ramírez, fletero de 47 años, me comenta que está encantado con los murales y que le gustaría ver más, “aún hay muchas cosas que se deben tratar urgentemente en la central, pero está bien que hagan este tipo de cosas. Estaría bien que le pusieran más atención a las calles”, dice. “Me gustaría que se arreglaran las calles, también, pero sí, esto nos gusta a muchos”, Samuel me dice que no ve ninguna diferencia entre los murales y el graffiti que siempre se ha visto en la zona, solamente que estos son de mayor extensión.

Mural por Pogo.
Los policías no se alejaron en ningún momento.
Samuel, fletero de 47 años, trabaja todos los días en la central.

Los murales, en temática, intentaron abordar la realidad social de la Central de Abasto por el tipo de comida que comercializan, la necesidad de mejorar nuestra relación con el mundo natural, temáticas de género y los personajes que convierten al CEDA en una vibrante ciudad del comercio. Y sí, se puede soñar con el efecto que podrían tener a largo plazo o a través de intervención constante de la comunidad local, como es el caso del mural debajo que fue pintado por uno de los diablitos de hielo llamado Mali, quien nos acompañó en el recorrido.

Último mural del recorrido con Mali, su creador.
Mural por Gleo.
Mural por Chula Records.

“Las paredes se pueden ver muy bonitas pero la gente sigue con lo mismo”, me comenta Luis, cocinero de 21 años. “Date una vuelta después de donde está tu camión y vas a ver: la basura sigue igual, vagabundos durmiendo en la entrada de los estacionamientos y, bueno, los malandros que por ahí andan siempre tratando de sacarle algo a uno. Sí aportan algo positivo, pero tampoco hay que exagerar”, afirma con seriedad. Terminando de hablar con él, me fijo en los estacionamientos y grupos o familias de indigentes durmiendo entre basura y cascajo, se paran incrédulos a ver a los turistas que llegaron a sus territorios. El camión nunca se acerca demasiado a estas entradas de estacionamiento.

La organización de Central de Muros termina el recorrido apuntando que aún faltan más de 30 murales por ser pintados para agosto del 2018 y que serán un regalo para las 90 mil personas que trabajan aproximadamente en el CEDA. Esperando que, de alguna manera, influyan de manera socialmente perceptible para personas como Samuel, Salvador y Luis.

Puedes conocer más de Central de Muros, en su sitio.

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