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Así fue como salí de Cali para volverme actriz de porno gringo

TESTIMONIO | Nací para ser actriz porno, así como muchos nacieron para ser doctores, pintores, cantantes, ingenieros.

por Izzy Lush; tal y como se lo contó a Tania Tapia Jáuregui
11 Enero 2019, 10:00pm

Escena para Reality Kings. Foto cortesía de Izzy Lush.

Artículo publicado por VICE Colombia.


Antes de llegar a ser actriz porno llevaba casi tres años pensando en la idea de entrar a la industria. Antes quería ser actriz de cine independiente. Así fue hasta que vi Love, de Gaspar Noé, y me di cuenta, mientras veía a los actores tener sexo, de que eso era exactamente lo que quería hacer. Ahí se abrió la puerta para considerarlo como una posibilidad.

Empecé a ver más porno y, con la medida del tiempo, me di cuenta de que lo que realmente quería hacer era porno feminista. A pesar de eso me sentía perdida. Decidí escribirle un correo a Amarna Miller, una actriz porno feminista y activista, diciéndole que solo podía pensar en hacer porno, pero que tenía muchas dudas. Ella me respondió que si iba a dar el paso tenía que estar completamente segura y debía además tener en cuenta los contra de hacer porno: tener que enfrentar a mi familia, hacerme a la idea de que ya nadie me iba a ver igual y el hecho de que, si circulaba un video en el que yo salía, ya nunca lo iba a poder quitar. Todo eso le puso mucha presión a la decisión y decidí dejar la idea de lado.

Por un tiempo.

A la vez veía a mis amigos ubicándose en lo que les gustaba: el derecho, el periodismo, el modelaje, cosas que no me interesaban. Yo seguía sin tomar la decisión, pero devoraba todo tipo de podcasts, entrevistas, libros y películas sobre el tema: las actrices, los directores, cualquier persona involucrada en la industria.

La decisión la tomaría después, en Barcelona, después de terminar mi relación sentimental con el novio que tenía en ese momento y con el que me fui a vivir a España. Tuve que enfrentar una serie de gastos y, entonces, llegó la hora de tomar decisiones en mi vida: me devolvía a Colombia con mi familia o me ponía los pantalones y salía a perseguir mis sueños. Ahí tomé la decisión.

Contacté a directores y a compañías de porno feminista. Varios eran contactos que me había pasado Amarna. Mandé decenas de correos que casi nadie respondió y que resultaron en apenas dos entrevistas. Hablé con la compañía de Erika Lust, con Indie Porn y con Porn Alternative. Nada. Me di cuenta de que era más complicado de lo que pensaba y de que en el porno alternativo parecían buscar otro tipo de perfil al que yo no me ajustaba. Buscaban gente con experiencia y parejas que ante la cámara tuvieran una conexión real. Ninguna de esas era yo.

Con los ahorros que tenía compré un tiquete a Estados Unidos, a Carolina Del Sur, y allá llegué a buscar otra puerta para entrar al porno. Le escribí a todas las compañías reconocidas y agencias que encontraba en internet. Solo una persona me contestó: Greg Lansky, el dueño de la compañía Vixen. Él me recomendó con el que ahora es mi agente, Dave Rock, dueño de Motley Models. A él le gustó mi perfil y me envió el contrato. Lo firmé y lo envié de vuelta. Esa era por fin mi entrada a la industria. Ya era, al menos en el papel, una actriz porno.

En Estados Unidos estaba como turista: no tenía una visa de trabajo que me permitiera trabajar legalmente y ganar dinero. Así que el contrato que firmé con la agencia era en realidad el inicio de una especie de "pasantía", un training, en la industria del porno. Con esa pasantía podía adquirir suficiente experiencia para aplicar eventualmente a la visa de trabajo, que en el caso del porno es la visa de "talentos especiales", la misma a la que aplican artistas y deportistas. Así podría eventualmente ganar dinero haciendo porno en Estados Unidos.

Nada distinto a lo que pasa en cualquier otro trabajo de cualquier otra área. La única diferencia era que este trabajo que escogí implica tener sexo frente a una cámara. Y me encanta hacerlo.

El problema fue que durante semanas, después de firmar el contrato, no pasó nada: nadie me llamó, nadie me propuso grabar nada. Yo no quería esperar más, así que me fui a vivir cerca de Los Ángeles, en San Diego, y le escribí a mi manager pidiéndole que nos viéramos. Me reuní con él y con Greg Lansky. En ese encuentro firmé contrato con Tushy, la casa de Vixen dedicada a hacer escenas de anal.

En la industria del porno, el sexo anal y el interracial son de los que mejor se pagan. Todas las escenas se pagan distinto: por ejemplo, una escena con un hombre paga mejor que una con una mujer o una escena sola. Así funciona la industria. Haber firmado con Tushy significaba que durante los tres meses siguientes a la filmación de una escena anal no podía volver a hacer anal con ninguna otra compañía. Pero otras cosas, como tríos, o escenas de “boy-girl”, sí podía hacerlas con otras empresas. De cualquier manera, mi primera escena porno fue anal, la grabé el 12 julio de 2018, con Tushy.

La experiencia fue fantástica, y después de terminar de grabar esa escena lo único que me pasaba por la cabeza era cómo no había entrado en la industria del porno antes. Todo fue mejor de lo que esperaba y a partir de ese momento me quedó claro que ya no quería hacer nada más. El porno sería a lo que me dedicaría el resto de mi vida.


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La preparación para una escena anal empieza el día anterior: no puedes comer verduras ni frutas en caso de que te infle el estómago o cambie tus "evacuaciones". La escena la íbamos a filmar en la mañana, por lo que a las siete de la noche del día anterior tuve que dejar de comer. Me levanté a las cinco de la mañana y después de alistarme tomé un Uber que me llevó a un parqueadero donde me esperaba una van que, a su vez, nos llevaría al lugar en el que íbamos a grabar. Lo hacen así porque son frecuentes las quejas de los vecinos cuando se enteran de que están haciendo porno cerca a su casa. Por eso lo hacen lo más discreto posible.

En esta ocasión el set era un penthouse en el centro de Los Ángeles. Allá llegué y me senté con la maquilladora para alistarme. Ella me dijo que era conveniente que me fuera preparando para el anal, eso significaba ponerme un butt-plug para dilatar el ano mientras ella terminaba de maquillarme. Después de eso tuve que hacerme varios enemas: botar el líquido con el que viene el enema, llenarlo de agua, introducirlo y limpiar varias veces hasta que todo esté impecable.

Antes de filmar la escena se hacen las pretty pictures, unas 100 fotos que se toman solo de la actriz para subir en la página web o para que acompañen el DVD. Después de eso llega el actor, para esta escena era Mick Blue. Lo primero que hicimos fue el intro en el que solo toca actuar, sin hablar, porque para todas estas escenas luego, en posproducción, se hace un voice over con la voz de los actores. Después siguen los stills, las fotografías de las posiciones que haremos en la escena. Y luego sigue el sexo. Todo se intenta hacer de corrido, grabamos por una hora solo haciendo cortes para cambiar de posición o para hacer secuencias más cortas.

La única instrucción que me dieron antes de grabar fue tratar de que mi cara siempre estuviera orientada hacia el pene y que así estuviera en posiciones complicadas en las que ver el pene fuera imposible orientara mi cara hacia ese lado: así mi cara estaría orientada hacia la cámara.

Lo que más me impresionó de esa primera experiencia fue el trato de todos los que estaban en el set hacia mí: todos se preocupaban por mis necesidades, por lo que necesitaba, me ofrecían gomitas para soportar el hambre mientras podía comer, y el actor, Mick Blue, me aseguró antes de empezar que él estaba ahí para mí, que quería que me sintiera cómoda y que le tocara el hombro si de pronto estaba siendo muy fuerte o me hacía daño. Había un ambiente de amabilidad y de cuidado que sentí todo el tiempo, durante la preparación y la grabación de la escena. Eso fue algo que me sorprendió y que contribuyó a que esa primera experiencia fuera increíble.

Durante los meses que estuve en Estados Unidos, nadie supo que yo estaba haciendo porno. Cuando mi mamá preguntaba qué estaba haciendo yo le respondía que luego le contaba, que no me presionara, que estaba bien. No quería decirle mentiras, pero tampoco era el momento de contarle. No pude decidir cuál era el momento para hacerlo porque entre mis conocidos en Cali empezó a circular una cadena de WhatsApp con un video en el que yo salía. Una amiga me avisó y a los pocos minutos mi mamá me llamó a decirme que acababa de ver el video. La conversación fue larga y complicada, llena de preguntas y aclaraciones, pero al final lo aceptó: era un trabajo, era legal y era lo que yo quería hacer.

Después me tocó lidiar con las críticas de los demás: que el día que me cansara ya nadie me iba a querer contratar en otra cosa, que lo estaba haciendo por plata, que seguro estaba perdida, que iba en contra de mi feminismo y de las cosas en las que creo.

La respuesta a todo es no. Nunca me voy a cansar de hacer porno y no quiero dejar de ser parte de la industria así un dÍa me retire como actriz. Más adelante quisiera formar mi propia productora y seguir en el porno desde el otro lado de la cámara.

Por otra parte, puede que este tipo de porno al que entré sí tenga un poco de contenido machista y que muchas personas lo vean como una degradación a la mujer, pero ahora lo entiendo como lo que es, una actuación. He tenido que hacer escenas en las que tengo que actuar como si no me gustara lo que estoy haciendo, pero es un papel. Si fuera una actriz normal y tuviera que hacer un papel de villana tampoco diría que no, simplemente porque es un papel que no va con mi manera de ser. Además con el tiempo también he visto que hay muchas mujeres que disfrutan de este tipo de porno, que lo buscan y les gusta. Es otro tipo de entretenimiento, no una forma de educación ni una representación de cómo debería ser el sexo real.

Ahora todos saben que hago porno y yo estoy feliz de hacerlo y decirlo. No estoy perdida. Nadie se está aprovechando de mí. Esto era lo que quería hacer con mi vida. Nací para ser actriz porno, así como muchos nacieron para ser doctores, pintores, cantantes, ingenieros.


* Este texto es resultado de una entrevista realizada por la periodista Tania Tapia.