A bordo del bus irlandés que reparte píldoras abortivas prohibidas

VICE News ha pasado dos días viajando por Irlanda con un grupo de activistas que reivindican el derecho a abortar en un país en el que esta práctica se castiga con penas de hasta 14 años de prisión.

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26 octubre 2015, 4:19pm

Photo par Sally Hayden/VICE News

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En un momento de la tarde del viernes, una activista antiaborto empezó a rociar lo que parecía agua bendita a una partidaria de la libre elección. Sucedió en Limerick, la cuarta ciudad de Irlanda, una pequeña población surcada por un río enclavada en el sudoeste del país. Aine O'Connor es una mujer de pelo oscuro de 36 años. Es amigable y parece relativamente tranquila. Sin embargo, cuando recuerda cómo le rociaron la cara inesperadamente, asegura que le dieron "un buen susto".

O'Connor no supo cómo reaccionar, pero fue rescatada rápidamente. El barista de una cafetería cercana salió a sacarla de las fauces de su inquebrantable agresora. Después de rociar a O'Conoor de agua, la mujer en cuestión se puso a esparcir sal en círculos por el suelo, mientras entonaba cánticos litúrgicos.

Limerick es el tercer destino de los diversos que está recorriendo "el autocar de la píldora del aborto", una iniciativa impulsada por el grupo activista irlandés que aboga por el Derechos a la Reproducción en contra de la Opresión el Sexismo y la Austeridad, (ROSA en sus siglas inglesas). 

Se trata de un grupo formado, en su mayoría, por mujeres jóvenes e irlandesas que se han decidido a cuestionar abiertamente las estrictas leyes antiaborto de su país. Unas leyes que prohíben, por ejemplo, la distribución de las pastillas del día después y que criminalizan el aborto bajo cualquier circunstancia. Para el estado irlandés, ni la violación, ni el incesto,  ni las deficiencias del feto justifican el aborto.

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Las mujeres, las chicas y los dos hombres que han organizado la iniciativa tienen entre 16 y 48 años — la más joven se ha saltado las clases para poderse embarcar en un periplo de 2 días y de casi 550 kilómetros por todo el país. Las activistas han prometido distribuir las pastillas del día después a las mujeres de todo el país que decidan subirse al autobús, además de una consulta médica online con una doctora. La campaña de ROSA ha sido tachada de "imprudente" e "irresponsable" por las ligas antiabortistas irlandesas. A la luz de la severa ley irlandesa, las activistas podrían enfrentarse a penas de hasta 14 años de prisión.

Una de las tabletas de mifepristone y misotrospol que pueden obtenerse en el "bus de la pastilla antiaborto". (Foto de Sally Hayden/VICE News)

En realidad, muchos eran escépticos con la idea de que pudiesen haber pastillas a bordo del vehículo. Sin embargo, VICE News pudo comprobar que durante el trayecto había, al menos, 10 tabletas de mifepristonemisoprostol. Igualmente, VICE News ha sido testigo de cómo al menos una de las mujeres que se subió al bus lo hizo para conseguir una píldora a título personal e inminente.

Estar en posesión de dichos comprimidos en suelo irlandés es "estar en una zona legalmente gris", explica Rita Harrold, una de las organizadoras del viaje. Lo que sí es seguro es que importarlas y distribuirlas es ilegal.

Acto seguido, Harrold aclara: "La ley no cumple con su propósito y, si es necesario, la desacataremos".

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Irlanda es un país ferozmente católico, una isla que ha ido a una velocidad proverbialmente lenta respecto a los avances del resto del continente en materia de moralidad. En Irlanda los métodos anticonceptivos fueron ilegales hasta 1980. Aquel año se decidió que los anticonceptivos serían solo legales con receta médica. La homosexualidad, por su parte, estuvo perseguida legalmente hasta 1993. Y el divorcio solo fue legalizado en 1996, el mismo año en que se cerró el último asilo para mujeres maleantes y de mal vivir, las llamadas Magdalenes laundries.

Irlanda sigue teniendo una de las leyes antiaborto más estrictas Europa — aquí, la interrupción de un embarazo o la ayuda en la interrupción del mismo está castigada con largas penas de prisión.

Y todo ello se explica porque en virtud del artículo octavo de la Constitución irlandesa, la vida de un feto tiene el mismo valor que la vida de su madre. De tal manera, aquellas que desafíen a la ley pueden verse abocadas a largos y agotadores litigios, hasta el punto que es habitual que sean distintos equipos de abogados los que defiendan los derechos de la madre y los del feto.

Para cambiar la ley se exige la celebración de un referéndum — una medida que tanto Naciones Unidas como Amnistía Internacional han exigido para Irlanda a lo largo del último año.

El "bus de la pastilla antiaborto" aparcado frente a la iglesia de Santa María, en Gallway. (Foto de Sally Hayden/VICE News)

Las durísimas leyes irlandesas han tenido resultados abominables. Este miércoles se cumplirán tres años de la muerte de la dentista india Savita Halappanavar, después de que un médico irlandés se negara a interrumpir su embarazo — aún cuando Halappanavar estaba padeciendo un aborto —. El doctor adujo que "según la ley irlandesa, si no existe un riesgo manifiesto para la vida de la madre y el corazón del feto sigue latiendo, no podemos hacer nada".

Sin embargo, la mayoría de las mujeres irlandesas siguen teniendo acceso al aborto — siempre y cuando se lo puedan costear.

Entre 10 y 12 irlandesas viajan a diario hasta el Reino Unido para interrumpir sus embarazos. Así lo atestiguan las cifras publicadas en junio por Amnistía Internacional.

El pasado mes de mayo Irlanda votó a favor del matrimonio gay en un apoteósico referéndum en el que el sí se impuso con un 63 por ciento de los votos. Desde entonces, notables personalidades del país han proclamado que el siguiente paso deberá consistir en cambiar la Constitución irlandesa y, en consecuencia, la ley del aborto — convertido en el nuevo gran desafío del activismo en la isla. 

Los médicos argentinos practican medio millón de abortos ilegales al año, pero la legalización sigue siendo improbable. Leer más aquí.

La semana pasada, Graham Linehan, irlandés y guionista de la célebre comedia británica Father Ted, fue el último en sumarse al clamor. El escritor confesó que su mujer Helen tuvo que interrumpir su embarazo en Gran Bretaña tras descubrir que el feto que llevaba dentro no sobreviviría al parto.

"Siempre me he sentido orgulloso de ser irlandés, pero la ley antiaborto de mi país hace que me avergüence de ser de donde soy", proclamó. "Simplemente es algo de lo que nadie puede estar orgulloso. Es abominable".

Las activistas antiaborto junto al "bus de la pastilla para el aborto" en una de las calles principales de Galway. (Foto de Sally Hayden/VICE News).

Sin embargo, hay un elevado porcentaje de la población que no se lo puede permitir: como las jóvenes que están al cuidado de estado, las migrantes que no tienen los visados en regla y las mujeres sin recursos — las activistas estiman que el coste del desplazamiento asciendo a 1.500 euros.

Las activistas han pagado unos 80 euros por pastillas para el aborto, gastos de envío incluidos.

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"Las pastillas para el aborto son muy seguras y efectivas, y se pueden consumir en casa hasta las 12 semanas de embarazo" cuenta a VICE News Rebecca Gomperts. "En Estados Unidos y en Europa son ya millones las mujeres que han abortado: es una práctica habitual".

Gomperts es fundadora y directora de Women on Waves, una organización holandesa partidaria del libre albedrío que facilita el acceso a la pastillas para mujeres que viven en países con leyes restrictivas. Gompert es licenciada y facultativa de la Medicina, y también se ofreció para atender las consultas online vía Skype para las mujeres que se embarcaron al bus irlandés durante el viernes y el sábado pasados.

Para Gomperts, las complicaciones son, por supuesto, posibles. "De la misma manera en que un aborto espontáneo puede provocar en casos muy aislados, hemorragias considerables y hasta infecciones. Pese a todo, no se trata nunca de emergencias agudas y las mujeres tienen tiempo de ir al médico siempre que pierdan mucha sangre".

Para protegerse de ello, Gomperts advierte que siempre recomienda a todas las mujeres que estén acompañadas en el momento de ingerir la píldora.

Activistas antiaborto en la calle principal de Limerick, en el sudoeste de Irlanda. (Foto de Sally Hayden/VICE News)

Si bien desde Women on Waves se envía a menudo la medicación a mujeres que viven en el extranjero, ya no sucede lo mismo con las que viven en la República de Irlanda. Allí las autoridades se incautan regularmente de todos sus envíos.

Las incautaciones señaladas fueron confirmadas por un documento del departamento de Salud al que VICE News ha tenido acceso. En el documento se detalla que entre 2011 y 2014 los oficiales de aduanas irlandeses se incautaron de, al menos, 2.577 pastillas.

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El "autobús de la pastilla para el aborto" partió de la capital del país, Dublín, el viernes por la mañana. El vehículo atravesó la isla para llegar a las ciudades de Galway y de Limerick el mismo día. El sábado llegó a Cork, al sur del país y regresará a Dublin, donde se celebrará una marcha para protestar contra el triste fenómeno.

Tanto partidarios como detractores han aparecido a lo largo de todo el periplo. Entre los partidarios de legalizar el aborto se cuentan políticos estudiantiles, trabajadores migrantes y una chica de 18 años que fue víctima de una violación.

Cora Sherlock, la vicepresidenta de la campaña en contra del aborto, acudió a ver cómo el autobús salía de Dublín. Sherlock declaró a VICE News que la misión le parece "completamente irresponsable" y "tan solo la última de un sinfín de lamentables artimañas".

A Sherlock le preocupa la "integridad del debate" sobre el aborto. A su juicio, se ha vuelto "unidireccional".

"La pastilla es peligrosa", declara antes de acusar a las activistas "de jugar de manera sucia y precipitada con la vida de las mujer".

"Todos los que apoyan este bus no tienen ninguna credibilidad".

La activista de ROSA y organizadora del "autobús de la pastilla del aborto" Rita Harrold hablando en Limerick. (Foto de Sally Hayden/VICE News).

Ruth Coppinger, congresista en el parlamento irlandés en la filas del Partido Socialista es una de las pasajeras del bus. Para ella existen dos razones para desobedecer la ley obstinadamente: proclamar lo seguro que es el aborto médico y alentar a que se tomen acciones políticas hasta, que, finalmente, se consiga abolir la octava enmienda de la Constitución Irlandesa. El controvertido epígrafe que equipara el derecho a la vida del feto al de la madre.

Para ella, el bus es la prueba de que la ley actual está completamente desfasada, tanto como para que el gobierno no tenga la desfachatez de perseguir legalmente a los pasajeros del bus. En realidad, piensa, más bien las ven como "a una válvula de escape".

"Si no estuviésemos tan cerca de Gran Bretaña y si no dispusiéramos de la pastilla para el aborto en la red, estaríamos lidiando con abortos clandestinos y con muertes provocadas por estos", añade. "Es evidente que no tienen ningún interés en perseguir legalmente a nadie; a no ser, claro está, que no les quede otra alternativa".

Coppinger observará más tarde que en la Irlanda de hoy ninguno de las madres ni de las padres que viven en el país han tenido jamás la posibilidad de votar a favor o en contra de la legalidad del aborto — el último referéndum se celebró hace ya 32 años.

Defensores de la libertad de elección durante la marcha por las calles de Limerick (Foto de Sally Hayden/VICE News)

El denso tráfico dublinés ralentiza la partida del bus, el automóvil se queda detenido junto al río durante minutos.

Los pasajeros que viajan a bordo están de un humor inmejorable. Una mujer bromea en voz alta. "¿No era Saint Brigid la que practicaba los abortos? Otro pasajero recuerda que en irlandés la palabra masturbación es truailliu fein — algo así como "auto-polución".

Una tercera se ríe irónicamente y dice que en irlandés aborto se dice ginmhilledah. Literalmente, "destrucción del feto".

Al cabo del rato, la discusión se vuelve más seria. Laura Fitgerald, presidenta de ROSA explica a la tripulación qué hacer en caso de ser detenidos. "No digáis nada. No comment, no comment, no comment" repite. "Porque tenéis ese derecho. El derecho a no incriminaros".

Sin embargo, cuando el bus llega a Galway — con una hora de retraso — la policía local parece concentrada en otras cosas; en especial, en el aparcamiento.

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Dos agentes de policía ordenan al conductor que se aleje de llamado "Spanish Arch", uno de los enclaves más concurridos de la ciudad y el lugar donde estaba previsto que arrancara la marcha. Finalmente, el autobús se detiene en la iglesia de St. Mary, la calle Claddagh.

Más adelante, uno de los agentes confesará a VICE News que no han recibido ninguna orden de detener el autobús y que su única misión es supervisar que no haya "ningún altercado público".

El policía — que no quiere revelar su nombre — asegura que las pastillas para el aborto no están contempladas como una sustancia ilegal según la Ley Antidroga del país. El agente explica que sería, más bien, la Autoridad Reguladora de Productos para la Salud, la que debería de lidiar con la regulación y la normativa de las medicinas. "Ni siquiera sabemos si hay píldoras a bordo", añade el agente.

Activistas de ROSA asisten a los discursos en la calle principal de Limerick. (Foto de Sally Hayden /VICE News).

Una docena de fieles se acerca para dar la bienvenida al autobús. Lo mismo hacen algunos detractores.

Imelda Brophy, una mujer de mediana edad de Galway, explica a VICE News que cree que la inflexible legislación "lleva en vigor demasiado tiempo".

"Yo creo que las mujeres deberían de tener el derecho a abortar de manera libre y segura", añade.

Detrás de ella, apoyado sobre un muro de piedras, Johnny de 24 años, no se anima a sumarse al cántico, pero asegura que se ha sentido obligado a mostrar su apoyo. Cuenta a VICE News que su hermana tuvo que viajar a Reino Unido para abortar, después de quedarse embarazada de un hombre que la maltrataba. "Ver el daño que la situación provocó en su hermana le afectó poderosamente. "Es ridículo. No ser permite que las mujeres decidan por las mismas decisiones de los hombres".

Una activista de 17 años contempla la ciudad de Limerick desde el bus. (Foto de Sally Hayden/VICE News).

En la avenida O'Connell de Limercik la asistencia es mucho mayor que en Galway. Aquí los activistas antiaborto, a un lado de la calle, alzan mucho más sus voces. Al otro lado, los partidarios de la libre elección disponen de un equipo de sonido considerable.

Paddy Scully, de Cork, la segunda ciudad más grande de Irlanda, explica a VICE News que está "muy triste" con el bus. "Si están promoviendo algo que mata a niños, entonces estoy en contra".

Según este hombre de mediana edad, si Irlanda adopta medidas similares a las del Reino Unido, entonces "miles de niños más serán asesinados cada año",

Sin embargo, la legislación alternativa que propone también tiene sus límites: Paddy dice que no apoyaría ningún intento por prohibir que las irlandesas viajen al Reino Unido para interrumpir sus embarazos.

"Pese a todo, necesitamos ser un país libre", cuenta. "Yo creo en la libertad para viajar. No creo en encerrar a la gente".

Una activista a favor de la libre elección discute con un activista antiabortista en Limerick. (Foto de Sally Hayden/VICE News)

Mientras tanto, el perplejo conductor del autobús, le pregunta a un peatón por el mejor sitio donde comer en Limerick. El conductor se llama Willie y es de Tallaght, un suburbio deprimido del oeste de Dublín. Y a Willie nadie le ha contado que estaría conduciendo un vehículo plagado de sustancias de contrabando. En realidad, Willy jamás había pensado demasiado en la ley del aborto, según cuenta a VICE News. De lo que está convencido es de que apoyaría la interrupción en "casos extremos".

"Creo que las mujeres deberían de tener el derecho. Si una mujer es violada por su padre, yo no creo que deba de tener el hijo. O incluso si la viola cualquier delincuente", proclama Willie antes de detenerse a por una hamburguesa y unas patatas.

Sigue a Sally Hayden en Twitter: @sallyhayd

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