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La infatigable búsqueda de los familiares de los migrantes desaparecidos en México

Los familiares forman parte de una caravana de mujeres centroamericanas que recorre anualmente los rincones más turbios de México. Buscan el rastro de sus seres queridos, migrantes que huyeron de casa en busca de un futuro mejor, casi siempre en EEUU.
28 Diciembre 2015, 8:50am
Imagen por Orsetta Bellani

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Elvira Mendoza Ríos busca a su hermano Manuel. Manuel se fue de su pequeña aldea natal, en Guatemala, hace 9 meses. Desapareció unas semanas después en la localidad fronteriza mexicana de Reynosa. Quería ir a Florida, Estados Unidos, a trabajar.

"Si hubiese llegado a Estados Unidos ya nos habría contactado. Manuel es un joven responsable, siempre nos llamaba cuando vivía allí". Elvira se acuerda de la primera vez que su hermano vivió en Estados Unidos. Pasó cinco años allí hasta que fue deportado de nuevo a Guatemala en 2010. "Esto es muy duro".

Elvira lleva tres semanas viajando por México. La acompañan otros 40 familiares de migrantes de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua que desaparecieron durante su peligroso periplo rumbo al norte. El grupo ha recorrido más de 2.000 kilómetros. Llevan consigo fotografías de sus seres queridos. Las muestran en cada uno de los refugios donde los migrantes acostumbran a pernoctar. Son espacios organizados por iglesias locales. Los familiares muestran también las fotografías en las cárceles donde podrían haber sido recluidos. Y en las calles de los pueblos y de las ciudades donde se sabe que muchos exiliados se reúnen.

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La mayoría del grupo está integrado por mujeres. Muchas de ellas son madres. El viaje — al que se bautizó en su día como la Caravana de Madres Centroamericanas— se organiza anualmente desde 2006 por la ONG Movimiento Migrante Mesoamericano. Se trata de una iniciativa que nace de la desesperación de los familiares de los miles de centroamericanos y de centroamericanas que desaparecen en México cada año. Lo hacen durante un periplo plagado de peligros, de organizaciones criminales que esperan su oportunidad para asaltar a los peregrinos, y de policías corruptos que no pierden ocasión para desplumarles.

El Movimiento denuncia que alrededor de 20.000 migrantes procedentes de Centroamérica desaparecen cada año en el país azteca. Los activistas sospechan que las fuertes medidas impulsadas por el gobierno mexicano para cerrar las rutas de tránsito habitual — como el infame tren de mercancías al que se conoce como La Bestia — podría estar empeorando la situación.

Las medidas de contención impulsadas por el ejecutivo de Peña Nieto arrancaron a mitad del año pasado. Estados Unidos espoleó entonces a la administración azteca para que detuviera el flujo de familias y de niños centroamericanos sin acompañantes que alcanzaban a diario la frontera de Texas. Según las cifras oficiales, el número de migrantes deportados en los diez primeros meses del año se ha multiplicado en un 50 por ciento respecto al mismo periodo de 2014. Entonces 92.664 centroamericanos fueron enviados de regreso a casa. Las estadísticas son incontestables: a día de hoy México deporta a más migrantes que Estados Unidos, un país donde las cifras, no casualmente, han disminuido.

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Los defensores de los migrantes dicen que el plan desplegado por la administración de Peña Nieto — al que se conoce como_Plan Frontera Sur_ — está provocando que los migrantes apuesten por deslizarse por rutas mexicanas todavía más peligrosas para eludir así ser interceptados. Si bien es cierto que muchos de ellos son migrantes económicos que buscan huir de la pobreza que les asola en casa, un gran número de ellos son refugiados que escapan de las atrocidades y de la violencia que ha hecho insostenible su rutina, especialmente en Honduras y El Salvador.

"El plan Frontera Sur ha subatomizado las rutas de la migración, que lucha por encontrar vías alternativas para eludir la intensificación de los controles. De tal forma, muchos migrantes viajan ahora por lugares ignotos desde los que no pueden pedir ayuda cuando se meten en problemas. Y eso multiplica los riesgos de su trayecto", explica Diego Lorente, que trabaja en el centro pro derechos humanos Fray Matías de Córdova. "Los problemas preexistentes, como la violencia institucional, los secuestros y las desapariciones forzosas, se han multiplicado de manera escalofriante".

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Normalmente, la búsqueda de los desaparecidos es una misión triste y desagradecida. Pese a todo, al cabo del año siempre hay alguna que otra historia con final feliz. Este año se han localizado con vida a 14 de los desaparecidos, una cifra que si se incorpora a la estadística registrada desde 2006, eleva a 250 el número de personas rescatadas. La mayoría de los supervivientes, pese a todo, han sido identificados por las investigaciones emprendidas por el Movimiento antes de arrancar su periplo anual.

"Siempre encontramos pistas a través de internet", cuenta Marta Sánchez Solder, una de la organizadoras. "Siempre damos con pequeños rastros, como por ejemplo, transferencias electrónicas a migrantes que están en tránsito. Seguir el rastro del dinero acostumbra a ser una manera efectiva para localizar a la persona".

En algunas ocasiones, las menos, es la propia caravana la que conduce hacia el inesperado reencuentro.

Imagen por Orsetta Bellani

Cuando Gloria Sáenz Santeliz dejó Nicaragua en noviembre no tenía idea alguna de que terminaría abrazando a su hermana extraviada Esperanza. Sucedió durante el último tramo de la Caravana, en Tapachula. Desde entonces, Gloria no ha dejado de sonreír.

"No estaba planeado, pero siempre tuve fe", confiesa Gloria.

Esperanza se fue de casa hace 8 años y se estableció en la ciudad mexicana de Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. Encontró trabajó en un salón de belleza desde el que enviaba dinero a su casa. Al cabo de unos años, fue deportada a Guatemala.

El contacto entre Esperanza y su familia se desvaneció poco después de que la joven guatemalteca embarcara en el siniestro tren de mercancías conocido como La Bestia. El convoy fue asaltado por una pandilla de jóvenes delincuentes. Los migrantes fueron golpeados y violados. Algunos de ellos no sobrevivieron.

"Cuando nos despertamos después del ataque, todos los que sobrevivimos nos encontramos con que estábamos tendidos junto a otros que no lo habían conseguido", relata.

Esperanza cuenta que para cuando consiguió regresar de nuevo a Coatzalcoalcos y marcó el teléfono de su familia, el teléfono había cambiado. Entonces su voluntad por seguir intentándolo quedó minada por la vergüenza que sentía.

"Hoy sé que lo que me pasó en el tren me afectó profundamente. Me dejó traumatizada", explica. "Cuando has sido maltratada de tal manera te imaginas que tu familia te mirará y sabrá lo que te ha pasado".

Cuando la caravana llegó a Coatzacoalcos en diciembre, alguien le enseñó una fotografía que había aparecido en un periódico local de su hermana Gloria. Entonces tuvo claro que había llegado el momento de actuar.

"Tuve la necesidad de sentir de nuevo a mi familia", explica. Ahora planea regresar a Nicaragua con su hermana.

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Mientras se prepara para dejar México sin su hermano Manuel, Elvira cuenta que la felicidad que siente por aquellos que han encontrado a los suyos se le mezcla con cierta sensación de envidia.

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"Yo regresaré a Guatemala de manos vacías", comenta. "Algunas mujeres han encontrado a sus familiares muchos años después. Pero a yo no quiero esperar tanto tiempo".

Elvira se embarcó en el viaje después de recibir una pista de una mujer salvadoreña que estaba con Manuel en el momento en que ambos cruzaron en barca el río Bravo, que separa México de Texas. La mujer le contó que las autoridades mexicanas hundieron la embarcación y abandonaron a sus pasajeros a su suerte. Algunos se ahogaron y otros nadaron hasta la orilla, donde algunos lograron escapar y otros fueron detenidos.

Esa es la razón por la que Elvira se aferra a la esperanza de encontrar a su hermano en algún centro de reclusión. Elvira es una de las 11 mujeres que viajan a bordo de la caravana que ha interpuesto una queja sobre la desaparición forzosa ante la oficina del fiscal general mexicano.

A principios de este mes, durante una reunión celebrada en el senado mexicano, Elvira y otros miembros del grupo exigieron a los legisladores aztecas que resuelvan el gravísimo caso de los migrantes desaparecidos. De hecho, los funcionarios mexicanos podrán hacerlo a principios de año en el marco de una nueva propuesta de ley sobre las desapariciones forzosas que será sometida a debate parlamentario en enero.

El activista mexicano Rubén Figueroa, que lucha por los derechos de los migrantes, tiene serias dudas de que ese debate llegue a suceder.

"Va a ser muy difícil persuadir al Congreso de que contemple nuestra propuesta", cuenta. "La política mexicana consiste directamente en ignorar de manera deliberada a los migrantes desaparecidos, en seguir negando su existencia o la posibilidad de que tengan una identidad".

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