Dos criminales de guerra etíopes llevan 24 años ocultos en la embajada italiana

VICE News ha confirmado que dos ex ministros del homicida régimen dictatorial de los Derg siguen en la embajada italiana de Addis Abeba, adonde huyeron una noche de primavera de 1991.

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13 octubre 2015, 1:15pm

Imagen por Sally Hayden

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VICE News ha confirmado que dos ex ministros del homicida régimen dictatorial de los Derg siguen en la embajada italiana de Addis Abeba, adonde huyeron una noche de primavera de 1991.

Han pasado ya casi 25 años desde que el régimen de los Derg, apoyado por la Unión Soviética, fuera derrocado en Etiopía. La noche del 27 de mayo de 1991, mientras las fuerzas rebeldes de la coalición se aproximaban a la capital del país, Adís Abeba, cuatro ministros — a los que se acusaba de asesinatos en masa — se aprovecharon de la oscuridad de la noche para deslizarse hasta la embajada italiana.

Lo que vino luego, fue una historia de suicidio, asesinato y decadencia.

La reacción del vigilante que primero se encontró con el grupo, la identidad del hombre que les permitió la entrada es todavía una incógnita. De lo que VICE News no tiene asomo de duda es de que dos de los cuatro oficiales siguen ahí. Los otros dos murieron tras los elevados muros de la embajada.

En 1993, uno de ellos — el antiguo primer ministro en funciones Hailu Yimenu — se suicidó.

Once años después, cayó Tesfaye Gebre Kidan, antiguo ministro de defensa y comandante militar en Eritrea — presuntamente asesinado durante una pelea por su camarada Berhanu Bayeh, ex ministro de Asuntos Exterioresfiel seguidor del líder del régimen Derg, Mengistu Haile Mariam.

A su lado, los tres años que Julian Assange ha pasado en la embajada de Ecuador en Londres, son como unas vacaciones cortas. VICE News ha confirmado que tanto Bayeh como Addis Tedla, el jefe del ejército del Derg, permanecen a día de hoy encerrados en la embajada italiana de Addis Abeba.

A los quince años de su encierro, los dos superviviente fueron condenados a muerte por su participación en los asesinatos. En 2011, 23 de las sentencias de muerte emitidas en contra de los militares del Derg fueron conmutadas por penas de cadena perpetua. Pese a todo, los hombres de la embajada —ahora septuagenarios — permanecen encerrados en régimen de encarcelamiento auto impuesto, pero todavía ajenos al castigo al que han sido condenados.

La embajada italiana en Addis Ababa. (Foto de Sally Hayden)

En una declaración emitida en 2004, Italia comunicó que no entregaría a los dos militares y explicó que las autoridades etíopes están perfectamente al corriente de la posición italiana en el asunto.

Once años después, los funcionarios italianos han vuelto a confirmar su postura ante VICE News.

"Teniendo en cuenta la naturaleza del asunto, hemos optado siempre por no conceder entrevistas a la prensa. En su lugar, hemos preferido tener un canal de comunicación abierto con instituciones pro derechos humanos y ONG", ha declarado el secretario primero Giuliano Fragnito por correo electrónico.

"Confirmo que en el interior del recinto de la embajada hay dos miembros de la cúpula militar del Derg. Y confirmo también que el gobierno italiano no puede obligarles a abandonar las instalaciones — que según dicta la ley internacional son territorio italiano — mientras sigan expuestos a la pena capital. Es una obligación contemplada por nuestro sistema legal".

Fragnito también declaró a VICE News que los dos etíopes nunca recibieron asilo político y que, por lo que sabía, tampoco disponen de un abogado. VICE News se ha comunicado con el gobierno etíope sobre la situación, pero sigue a la espera de respuesta.

Mientras tanto, los hijos y la mujer de Tedla fueron reubicados en Estados Unidos. En 2004 presentaron un recurso para rescatar a Tedla, pero no parece que el gobierno estadounidense lo considerara prioritario.

VICE News ha acudido a Felix Horne, investigador en Etiopía y Eritrea de Human Rights Watch (HRW) para recabar más opiniones al respecto. El investigador ha comentado que desconoce los pormenores del caso, pero ha advertido que si ambos dejan la embajada se desatarán "toda clase de debates sobre un juicio justo".

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En las dos décadas y media que han pasado desde que los dos militares se auto encarcelaron, Etiopía ha cambiado a gran velocidad. Las inversiones saudíes, yemeníes y chinas se pueden advertir por toda la capital — en los varios edificios de cemento a medio terminar cubiertos por andamios de madera, como en la rotonda de la amistad Etio-chino (nombre provisional), e incluso en la irrupción de sofisticadas cafeterías y coctelerías.

Se trata de una ciudad de conferencias — aquí está la sede de la Unión Africana, del escenario donde se celebran las charlas de paz del sur de Sudán y de la estación de origen del primer tren subsahariano. Una habitación de hotel en la capital cuesta muchas veces más de lo que se paga en cualquier lugar del campo.

Etiopía exige venganza en las calles contra Estado islámico por la ejecución de cristianos etíopes. Leer más aquí.

Tales desarrollos también se han visto reflejados en medidas económicas. Se espera que en 2017 Etiopía sea la economía de crecimiento más rápido del mundo. Así lo afirma el Banco Mundial. Sin embargo, todo el desarrollo tiene un precio.

Etiquetado como un "estado policial" por los analistas políticos, los etíopes desconfían de cualquier percepción de libertad en su país — y hablan en susurros de la censura, del férreo control que se ejerce sobre la prensa y de la "tecnología de espionaje", que se rumorea que ha instalado el gobierno gracias al apoyo de China.

En las elecciones del año pasado, el partido gobernante conquistó los 546 asientos del parlamento. En 2010 se quedó con un asiento menos, pero reivindicó haber obtenido el 99.6 por ciento del total de los votos. Los medios extranjeros se han referido al gobierno del país como un "régimen corrupto".

El periodismo local está fuertemente controlado. Este año, sin ir más lejos, Etiopía se ha convertido en una de las mayores prisiones de periodistas del mundo, según HRW. La visita a principios de años del presidente Barack Obama desató el clamor popular, y los líderes de las organizaciones pro derechos humanos le han condenado por legitimar un régimen de lo más cuestionable.

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El apoyo humanitario y militar facilitado por la Unión Soviética al régimen Derg, provocó que Etiopía fuese considerada como uno de los campos de batalla de la Guerra Fría.

El emperador Haile Selassie fue desbancado del poder en 1974, después de una terrible hambruna. Fue entonces cuando el comité de militares profesionales, conocido como Derg, le relevó.

El grupo ordenó las ejecuciones sumarias de 61 ex militares del gobierno derrocado — una orden que fue ejecutada el 23 de noviembre de 1974.

Selassie fue asesinado en 1975. El cuerpo del monarca, que tenía millones de fieles, fue enterrado en el despacho del nuevo dictador, Mengistu Haile Mariam. Hay quienes aseguran que lo enterró debajo del lavabo.

A partir de entonces el régimen Derg, procedió a formular una serie de reformas. Nacionalizó las tierras rurales, los bancos y las compañías aseguradoras, y arrancó un programa para mandar a cientos de miles de estudiantes a zonas rurales para que trabajaran como maestros. La idea no era otra distanciar a los futuros líderes de las revueltas juveniles lo más lejos posible de los centros de poder.

Todas esas iniciativas estuvieron acompañadas por un periodo de asesinatos en masa al que se bautizó como el Terro Rojo Etíope en homenaje al Terro Rojo de los bolcheviques. Muchas de las víctimas aniquiladas por el Darg en la época eran estudiantes que apoyaban al Partido Revolucionario del Pueblo Etíope. Los familiares de los muertos fueron obligados a pagar el precio de las balas que habían acabado con sus hijos a cambio de que les fueran devueltos los cuerpos de sus hijos.

Los huesos de una víctima del régimen Derg pueden visitarse en el museo del "Terror Rojo" de Addis Ababa. (Foto de Sally Hayden)

El periodo del Terror Rojo se cobró las vidas de más de medio millón de personas entre 1977 y 1978, según estima Amnistía Internacional.

Si bien la violencia terminó rebajándose, el décimo aniversario del régimen Derg coincidió con la hambruna de 1984 — una catástrofe universalmente publicitada gracias al concierto de ayuda humanitaria organizado por Bob Geldof, cuyas ganancias no fueron del todo bien gestionadas.

Después de que el régimen Derg perdiera el poder en 1991, el nuevo gobierno entrante dirigió la persecución de los crímenes de guerras. El proceso duró 12 años y concluyó en 2007.

El juicio fue conocido popularmente como el "Nuremberg africano". Muchos viajaron desde muy lejos para contemplar como los ex dictadores eran llevados a la justica. Los procedimientos se llevaron a cabo en el ministerio de Planificación Central de Addis Abeba.

Los juicios a los miembros del Derg fueron celebrados en condiciones bastante únicas. Se llevaron a cabo en amárico y sin apenas influencia internacional, lo que, probablemente, afectó negativamente a su resultado.

La vista nunca dispuso de la credibilidad que confieren los tribunales internacionales independientes, y terminó arruinada por las múltiples denuncias a la injusticia procedural y a las violaciones de los derechos humanos de los prisioneros — muchos de los acusados se pasaron años a la espera de juicio hasta que tuvieron que ser liberados ante la falta de evidencias de la fiscalía para encausarles.

Si bien se había estimado que el régimen Derg estaba integrado por más de 100 militares, solo 44 de ellos fueron enjuiciados, entre ellos 8 de los 12 miembros de la cúpula. Fueron acusados de los asesinatos de Selassie y del patriarca de la iglesia ortodoxa etíope, de 59 miembros de la corte imperial del ex dictador y de 2.000 miembros de grupos revolucionarios de la oposición y de seguidores del dictador asesinado. Y fueron acusados de crímenes contra la humanidad y de genocidio [por motivos políticos], agravado por homicidio, abuso de poder y detenciones ilegales.

Mengitse, el líder de la junta, fue juzgado en rebeldía. El ex dictador lleva en Zimbabue desde el 21 de mayo de 1991, cuando huyó en un avión so pretexto de tener que ir a visitar un campo de entrenamiento militar. El militar fue recibido con honores de invitado por otro dictador de órdago, el presidente Robert Mugabe, y goza de asilo político desde entonces. Desde Zimbabue se proclama que el asilo es una contraprestación: Mengitsu y el régimen Derg ayudaron en su día a Zimababue en su propia "lucha por la independencia". Mengistu sigue viviendo en un suburbio de Harare, la capital del país.

Los nombres de las víctimas siguen siendo recolectados en el museo del "Terror Rojo" de Addis Ababa. (Foto de Sally Hayden)

El museo del Terror Rojo de Addis Abeba está situado junto a la histórica plaza Meskel, el mismo lugar donde se encuentra un retrato de Karl Marx de los días del régimen Derg. El espacio reúne varios conjuntos de esqueletos — algunos de ellos acompañados de fotos, nombres y de pertenencias; otros metódicamente separado según el tipo de hueso en vitrinas de cristal. Casi todos los guías que trabajan en el museo — que abrió en 2010 — fueron torturados, y muchos de ellos todavía son la viva prueba visible de ello: les faltan dedos, se les ven cicatrices de quemaduras y de laceraciones infligidas a base de latigazos.

Visitar el museo del Terror Rojo es quedarse con una sensación de horror, aunque los críticos condenan que la muestra de huesos es una simplificación excesiva.

"Cada vez que cae un presidente se hace un museo", cuenta despectivamente un estudiante de música de la universidad de Addis Abeba. El joven desprecia la mayoría de las piezas que se exhiben. Le parecen mera "propaganda".

"El museo es una historia simplificada de la que se contó en los juicios", señala Jacob Wiebel, un académico que da clases de historia africana en la Universidad de Durham.

"[En los juicios] las cosas que se dijeron fueron mucho más salvajes. En el museo, apenas se diferencia la lucha de las víctimas del Terror Rojo de la lucha de las guerrillas que forman el gobierno de hoy".

Wiebel ha concluido recientemente su doctorado sobre el Terro Rojo en Etiopía. Sobre la huida de los oficiales del Dergo opina que "lo que más me intriga es la historia del presunto asesinato de uno de ellos a manos de otro en la embajada. No parece que nadie lo haya contrastado. Pero, técnicamente, se trataría de un asesinato cometido en suelo italiano que no ha tenido ninguna consecuencia".

Wiebel también señaló en relación a los juicios del Derg que "creo que hubieron demasiad buena voluntad y buenas intenciones, pero los fundamentos y la habilidad de la fiscalía estaba por debajo de la media. La mayor parte de los jueces fueron inhabilitados por estar conectados con el régimen anterior. Se formó un equipo muy pequeño sin apenas dinero".

Según él "una de las cosas más frustrantes fue que menos del 50 por ciento de los sentenciados estaban allí".

Wiebel también advierte el pintoresco comportamiento italiano. Según ellos no expulsaron a los militares de la embajada para evitarles la pena de muerte. Sin embargo, la gran mayoría de las penas impuestas a los miembros del Derg fueron conmutadas por cadena perpetua. "Seguro que terminan en prisión, pero es muy improbable que sean sentenciados a la pena de muerte", explica Wiebel.

Italia colonizó Eritrea y ocupó Etiopía — y el legado de la invasión siguen siend visible. Muchos restaurantes locales sirven pasta y pizza. Es habitual encontrarse con espaghettis a la carbonara, junto con los platos de carne y verduras tradicionales del país, como el shiro, el kitfo o los tibs.

Wiebel considera que la relación entre Italia y Etiopía es ahora "muy cordial" y está "centrada en el desarrollo y dispone de muchos centros de ayuda al desarrollo".

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VICE News ha visitado el barrio donde está la embajada italiana al de la temporada de lluvias, en septiembre. Llueve y descarga a raudales. Una larga carretera en bajada discurre por el flanco izquierdo de los campos cultivados durante casi un kilómetro. Los niños salen de los refugios metálicos para darte la mano y pedirte dinero. Los adolescentes simulan que la lluvia no existe y chutan una pelota de fútbol. Un bebé llora. Se ve salir el humo de los techo ondulados de aluminio, y cómo los vecinos de la embajada emplean sábanas a modo de paredes.

En una puerta lateral se leen rótulos en inglés, italiano y amárico en los que se explica cuál es la mejor manera para pedir un visado de estudiante (básicamente convencer a tus padres de que paguen el coste de la vida allí), y la hora exacta a la que los ciudadanos de Eritrea tienen que llegar a sus citas (los martes a las 8'30). Los largos árboles sobresalen más allá de los muros de piedra de la embajada, que están rematados por una alambrada de púas de alfiler. Cada entrada está vigilada de cerca por múltiples cámaras de seguridad.

Más tarde, una italiana que vive en Addis Abeba — y que ha estado varias veces en la embajada — me cuenta que "le sorprende y que no le sorprende" descubrir que quedan antiguos militares del Dergo viviendo allí adentro. Dice que, a pesar de que la embajada no tiene nada de especial, a veces los diplomáticos celebran competiciones de carreras de caballos en su interior.

"Nuestro gobierno también está ocultando un montón de cosas. Hay muchas cosas de nuestro pasado que desconocemos".

Aplazado el juicio al ex dictador del Chad acusado de matar a 40.000 personas. Leer más aquí. 

Sigue a Sally Hayden en Twitter: @sallyhayd

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