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Body Blend Trade Culture: Subvertir la cultura del consumo de café

Debora Delmar utiliza objetos e instalaciones para observar el culto de consumo alrededor del café y el estilo de vida que se vende —inalcanzable para millones— en torno a él.

por Daniel Hernandez
04 Febrero 2014, 4:00pm

Hoy arranca de manera no oficial la semana de arte en la Ciudad de México. Se estrenan exhibiciones en los museos, hay inauguraciones en galerías, y se celebran festivales como el Maratón de las Américas, que viene en la Colección Jumex. Y claro, empieza la feria de arte más grande y desgastante de México: Zona MACO.

Si te da hueva ir hasta el Centro Banamex para Zona MACO, en la región más ahogada con tráfico de toda la ciudad, y si no tienes el jale social necesario dentro del mundo de arte para ser invitado (o pasar desapercibido) a las fiestas asquerosamente decadentes que suelen tener, hay otras opciones para disfrutar de algo de arte en estos días sin gastar mucha lana, tiempo ni la salud de tu hígado.

Una de estas opciones se inauguró el jueves pasado en el Museo Universitario del Chopo. Ahí, desde la calle, antes de que entras al museo ya te está vacilando la artista Debora Delmar.

En las rejas del Chopo un anuncio se encuentra colgado y a primera vista parece publicidad de un café corporativo de los que se encuentran dentro de aeropuertos y universidades privadas. Lleva colores “cómodos”, letras “casuales”, y el tipo de señales subliminales que han creado en la última década una cultura —¿o culto?— del café que reduce y oculta la explotación y corrupción de una de las industrias agrícolas más grandes del mundo.

Pero en vez de recordarnos que es tiempo para “un buen café”, el anuncio nos da el título de la expo de Delmar Body Blend Trade Culture una amalgama de términos fuera de contexto que juntos llevan un toque de lógica dadaísta. Y así, entrando al lado derecho cerca de la tienda del museo, empieza la muestra de varios objetos e instalaciones que Delmar utiliza para observar el culto de consumo alrededor del café y el estilo de vida que se vende —inalcanzable para millones— en torno a él.

Delmar posiciona tanto tazas de café de cerámica como vasos de café para llevar en formas de altar. Elementos que se podrían describir como vagamente “africanos” —los países productores de café que más dependen económicamente de sus exportaciones son países africanos— son dispersados en la muestra como tótems al consumo y a lo que se llama a veces “la buena vida”. Estos son símbolos burgueses, clasemedieros, de la mall. La figura de la trabajadora o consumidora femenina se alude en la forma de brasieres puestos sobre cojines tipo Ikea, que Delmar ha bañado con café preparado, dejándolos con el color terroso.

Cuando vi la expo el jueves pasado, noté que varios visitantes no entendían bien el asunto, quizá porque vieron reflejados sus propias salas y comedores en la expo de Delmar. Muchos de igual forma no se dieron cuenta que Delmar incluso intevino en la tienda de arte del Chopo; varias piezas son montadas en las vitrinas, pasando escurridos en una zona inesperada que Delmar abre con Body Blend Trade Culture entre el arte, su comercialización y lo que esperamos como consumidores cuando vamos a un museo.

En fin, esta pequeña exhibición es de las mejores que he visto en mucho tiempo. Me alegró verla, especialmente después de que en un proyecto independiente que elaboré en la galería Kurimanzutto en 2011, el periódico experimental Estrella Cercana, pudimos darle a Debora su primera intervención en la prensa mexicana, como Debora Delmar Corp.

Hace unos días platiqué un poco con Debora —quien nació en 1986 en la Ciudad de México y estudió arte en Nueva York— sobre Body Blend Trade Culture.

VICE: ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un Starbucks?
Debora Delmar: Mientras estaba trabajando en la exposición, estuve trabajando ahí en la compu, mientras tomaba Starbucks.

¿Y no te genera una contradicción ética el acto de tomarte un café de un corporativo, digo, en términos de esta expo?
No, porque creo que es poco un juego con estos lugares, es una fascinación de mi parte de cómo manejan estos lugares —un Starbucks, o un McDonald’s Café— su estética y su diseño, y cómo atraen a la gente. No es tanto como una crítica, sino es una apropiación y observación de su estética.

Creciste en ese tipo de lugares, me imagino, como muchos de nosotros…
Yendo a McDonald’s era como lo máximo que pudiera pasar de niña, y luego viendo Friends, el Central Perk Café, y también viviendo en Nueva York, donde ves Starbucks por todos lados. Y a la vez, no los ves. Dan cierta comodidad.

Como cuando un amigo de Los Ángeles recientemente visitó el DF, entró a un Starbucks, y dijo: Finally, some sense of place. Sonaba ridículo, pero lo entendía.
Sí, hay gente que va a China y termina comiendo en un McDonald’s. No hay nada inesperado, no hay ningún riesgo.

La noche de la inauguración, me dio mucha risa el hecho de que mucha gente no paró a reflexionar con las piezas que pusiste dentro de la vitrina de la tienda del Chopo. ¿Cómo surgió esa intervención?
Pensé que el espacio que me tocó fue perfecto para mi obra. Cuando [el curador] Daniel [Garza Usabiaga] dijo que iba a estar junto a la tienda, vi la vitrina, y dije, ‘Perfecto’. Mi obra juega con esta idea del display, ir a las tiendas y ver cómo ponen cosas, cómo ponen escenarios para vender un producto. Como, por ejemplo, el café. Ya no piensas si el vaso está diseñado de cierta de forma, de dónde viene el café, qué tipo de granos son, qué tipo de gente está trabajando en esos campos. Es jugar con esta idea de que estos espacios donde no va obra, poner obra.

Se sentía bastante “africana” también la expo. ¿Por qué utilizar esta simbología?
El café viene de países tercermundistas en África, Latinoamérica, etcétera, y en realidad donde más se consume el café es en países primermundistas, y es como parte de esta moda de hoy en día, green culture, productos orgánicos, fair trade, pero al mismo tiempo, las marcas se aprovechan de este tipo de branding... esta cosa exótica. El producto que viene de Kenia o algo lejano, el mundo tropicalizado en la civilización, son ciertas imágenes del exótico que tenemos que están creadas por todo este marketing.

¿Seguirás tomando Starbucks?
[Risas] ¡No tomo tanto Starbucks! No es como mi lifestyle, y la obra está hablando de este lifestyle. No creo que sea el mejor café, de todas formas. Es muy caro. No puedo pagar 50 pesos por café todo el tiempo…

Esta semana, Debora expondrá también en Material, la nueva feria de arte en la Ciudad de México, con Yautepec.

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