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Cultură

Salí con un güey adicto a la mefedrona

Si no sabes lo que es, no te la metas a la boca.

por Kitty Gray
07 Agosto 2015, 3:00pm

La mañana que cumplí 25, desperté y descubrí que mi cerebro había desaparecido, había sido remplazado por un paisaje mental desértico con un vacío extraño y unos grillos solitarios. No le podía dar sentido a nada. Estaba flotando, pero no en el buen sentido.

Esto se debía a que durante los últimos dos meses ingenuamente pensé que había tomando MDMA, cuando en realidad, era mefedrona.

El trasfondo de la historia es necesario: En pleno invierno, empecé a salir con un güey. Por lo que pude ver, era adicto a una droga que él llamabaMCAT, que describió "como MDMA, pero con menos efectos secundarios graves". El efecto de la droga no duraba tanto tiempo, y me dijo que tomarla no se convertiría en adicción. Eso fue una mentira completa; de lo que pude ver, los efectos secundarios eran mucho más graves. MCAT o mefedrona, jodieron mis niveles de serotonina peor que cualquier otra droga que he tomado.

En retrospectiva, me doy cuenta de que el hecho de que tener tanta confianza en mi novio drogadicto a la MCAT me deja como una loca. El güey tenía una cajita del polvo blanco debajo de su cama. Mientras que el resto de la habitación era un caos, la cajita estaba bien organizada, al igual que un kitde medicamentos controlados. Dentro de ella, había varios gramos de MCAT, escondidos con cuidado y también bolsas que pronto estarían llenas de pastillas. También había un tubo de vidrio hueco —abierto en ambos extremos— que había comprado en una tienda de suministros médicos. Claro, ¿por qué chingados metérselo por la nariz? Eso sería de amateur.

Cualquier persona que haya tomado esa droga sabrá que, cuando te pega el MCAT, se siente como MDMA. Sientes un cosquilleo por todo el cuerpo, entonces hay una acumulación de energía viajando hasta el cerebro. Al igual que el éxtasis, MDMA, o como quieras llamarlo, el chiste de este medicamento es transformarte de un humano entumido y aburrido, a una persona empática con un planeta foráneo, entregando y sintiendo mucho amor.

Quieres sumergirte en el alma de otra persona y formar una gran explosión de amor. Nada te detiene. Llega el éxtasis y, de repente, tu cerebro está vibrando. Ves a la persona a tu lado como un hermoso ser humano que es capaz de tener contigo una conexión. Cuando yo estaba bajo el efecto de MCAT, agarré la cara de mi novio con mis manos, apreté su cara, me quedé fijada en sus ojos y grité: "Eres un artista. Estás cambiando la vida de las personas. Está cambiando el mundo". Sabes que eres un cliché total, pero en su momento estos sentimientos son "reales".

Junto con la empatía, se obtiene una gran ráfaga de vida. No hace falta decir que todo en el mundo se siente bien. Hasta que no se puede ahondar más en serotonina de un cráneo abusado, te pega la realidad y te das cuenta de qué es lo que realmente has estado haciendo.

La primera vez que probé esta droga estaba en el parque con el güey —el señor MCAT— y me dijo que se sentía "aventurero". Así que nos fuimos a la tienda para comprar unos smoothies. "Te da un chingo de hambre", me dijo. "Así que uno de estos me van a caer bien". Yo soy de las que pruebo de todo, sólo una vez, así que no había una señal de advertencia para mí, por desgracia.

Fuimos a su casa, él sacó el kit pequeño de metal que estaba debajo de la cama y sacó una pequeña bolsita de polvo blanco. Comenzó a rellenar las cápsulas, un proceso que había visto varias veces antes. Cada uno de nosotros nos metimos una a las 10 de la noche, con la intención de ir a dormir temprano. Era un lunes por la noche.

Nos metimos otra a las dos de la mañana, quizá. Y otra a las cuatro. Otra más a las diez de la mañana.

Ese día tenía que ir al banco a firmar una solicitud para comprar un departamento nuevo. Aún en su casa, me tomé una siesta de dos horas. Todavía podía ver un poco de luz a través de mis párpados casi cerrados, era como estar muriendo y acercándome al final del túnel, sin dejar de vagar conscientemente en el mundo mortal. Desperté sintiéndome genial, pero me sentía un poco cansada. Estaba ese güey en su computadora, con una camiseta puesta y sin pantalones. "¿Qué estás haciendo?" le pregunté, un poco atontada.

"Masturbándome", dijo. "¿Quieres otra pastilla?" Tenía que llegar al banco antes de que cerrara, así que me negué y me dirigí a mi casa, como toda una aventurera.

La mefedrona es una catinona extraída de una planta llamada cat y es el ingrediente activo en muchas de las sales de baño y drogas legales. Ahora lo sé. En ese momento, sin embargo, a pesar del hecho de que trabajo como investigadora, yo confiaba en este hombre lo suficiente como para no investigar acerca de la droga.

Cuando llegué a casa, después de ese primer viaje, estaba aterrorizada. Los niños parecían pequeños monstruos grotescos. Los rostros humanos me parecían horribles. Yo estaba convencida de que estaba en una película. (La mefedrona puede causar alucinaciones, eso lo descubrí más tarde). Mi compañera de cuarto, que ya me había visto bajo los efectos de varias drogas, se estaba alistando para ir a trabajar. Me preguntó qué demonios estaba haciendo.

"¡VOY AL BANCO!", probablemente le grité.

"Estoy muy asustada", recuerdo haber dicho. "Mantén tu teléfono cerca. No sé cómo llegaré ahí y de regreso". El banco estaba a unos 15 minutos en coche de mi casa. Ensayé lo que iba a decirle a ellos, durante todo el camino, tratando de no rechinar los dientes.

"Unghhhh, no puedo creer que haya hecho esto", me quejé con ella más tarde, tratando de comer un poco de cereal sin leche. Me preguntó por qué hago estas cosas. Mi cerebro todavía no se encontraba bien, así que le dije que lo hice por "empatía". Eso fue todo lo que pude decir en términos de una explicación, pero en realidad, me doy cuenta que eso es verdad. Realmente deseaba confiar en alguien tan profundamente, y me di cuenta de que no podía hacerlo sin droga. Así que seguí volviendo con él.

El güey me dijo que la droga era difícil de conseguir, por lo que compraría un par de miles de dólares a la vez. Dijo que no sabía cuándo iba poder conseguir más, pero él no me dijo de dónde la sacó; nunca había visto a alguien tan reservado acerca de dónde compraba sus drogas. Se abastecía de grandes cantidades cada que compraba, y la droga siempre estuvo disponible cuando estábamos juntos. Fue el centro de atención de nuestras reuniones.

Ahora que lo pienso, su secreto tiene sentido. En Estados Unidos, la mefedrona y todos sus derivados raros se controlan bajo una sección, Lista III de la Ley de Drogas y Sustancias. Está clasificada como: "Las anfetaminas, sus sales, isómeros, derivados y análogos y sales de derivados, isómeros y análogos".

No me di cuenta, hasta mucho después de que mi relación con el señor MCAT había terminado. Una mañana, estaba viendo perezosamente facebook mientras esperaba un vuelo y me encontré con un artículo de VICE acerca de la droga. ¡Pinches sales! Sé que el MDMA puede no ser la búsqueda más saludable del mundo, pero yo no sabía que estuve inhalando sales de baño durante dos meses. Con razón me sentía tan mal.

Cada vez que me metí esta droga con él, me daba cápsulas de 5-HTP, que se pueden encontrar en el pasillo de los suplementos de casi cualquier farmacia y ayuda a la producción de serotonina. Estaba completamente jodida, y me di cuenta de que definitivamente había algo fuera de lugar con esta droga que se había convertido en un hábito. El MDMA, ese amor de una amante caliente, nunca fue bueno para mí, pero nunca me dejó totalmente indefensa.

No niego que la responsabilidad recae en mí a la hora de asumir la responsabilidad de las drogas que ingerí. Es decir, no lo niego ahora. Traté de echarle la culpa a él por un tiempo, pero la verdad es que los que están verdaderamente interesados en cualquier nivel de autopreservación, se toman el tiempo para investigar a fondo las nuevas drogas que deciden tomar. En resumen, mi adicción a esa droga mostró el poco interés que tengo por mi propia salud. Esa adicción pudo, y de hecho me hizo, adicta a sales de baño. Una vez más, todo esto fue, y es, mi propia responsabilidad.

Pero, por otro lado, si realmente te importa alguien, ¿tomas la iniciativa de mostrarle el mundo de las sales de baño? Yo diría que es su responsabilidad no hacer eso, tanto como que es mi responsabilidad no ser ingenua e inhalar. Este medicamento inspira confianza incondicional, que puede sentirse peligrosamente como el amor incondicional.

Sigo tratando de no culparlo a él. Una vez más, es mi culpa... sin embargo, hay algo sobre esto que no está bien. Al final, el güey y la droga se convirtieron en sinónimo. Le escribí para decirle que no podía verlo más.

La moraleja de esta historia, en caso de que no la dejé clara, es: "Ten cuidado de dónde obtienes tus drogas". O, en realidad, es más simple que eso: "Si no sabes lo que es, no te la metas a la boca".

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