Asia y Pacífico

Así es la vida de los rehenes de Abu Sayyaf en Filipinas

Warren Rodwell estuvo secuestrado casi 5 años por este grupo radical islámico y su historia ha sido contada a VICE News en una serie de entrevistas que sirven para conocer cómo actúa. Hoy vuelven a ser noticia por la crudeza de sus asesinatos.
16 Junio 2016, 2:15pm
Photo de Warren Rodwell lorsqu'il était otage.

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Enfundado en unas bermudas, Warren Rodewell se encontraba de pie afuera de su casa en el sur de las Filipinas, donde vivía con su esposa en diciembre de 2011. Eran las 6 la tarde de un lunes y el sol casi había desaparecido.

El sonido de un choque alertó al australiano, y dos hombres aparecieron a corta distancia, vestidos con uniformes de policía y rifles de asalto. Uno de ellos mostraba insignias islámicas y policiales. "¡Policía! ¡Policía!" Gritaron. Uno disparó hacia su mano derecha y después lo esposaron.

"Fui arrastrado a través de los campos de arroz durante 20 minutos hasta llegar a un bote que se dirigió al mar", recuerda Rodewell. "Eso fue todo, así fue como sucedió".

Fue el inicio de una travesía para el exsoldado, quien estuvo cautivo cerca de cinco años en la jungla por Abu Sayyaf, grupo militar islámico que ha ganado renombre los últimos meses por el secuestro y ejecución de dos prisioneros canadienses.

Rodwell aún padece las cicatrices de su cautiverio: Su mano derecha ahora sólo tiene cuatro dedos y sufre un trastorno de estrés postraumático.

Su historia, contada a VICE News en una serie de entrevistas desde su hogar en Brisbane, es una ventana para conocer a un grupo que está llegando a los encabezados de las noticias internacionales por su crudeza al secuestrar y pedir rescates.

Hace unos días, Abu Sayyaf publicó un video mostrando la brutal decapitación de uno de los canadienses, Robert Hall, un ex actor, quien compró un bote y zarpó al mar para crear una nueva vida en las Filipinas. Su ejecución fue antecedida por la muerte de su compatriota, John Ridsdel, un contratista que justo acababa de comprar un bote y planeaba dirigirse a Indonesia.

La familia de Hall lo recuerda como un soñador. "Pero más que eso, él era un ganador", afirma una declaración hecha por su familia. "Él no se sentaba solamente a soñar que navegaba por el mundo; se levantaba y lo hacía".

Los canadienses fueron secuestrados del Holiday Oceanview Marina junto con la pareja de Hall, la filipina Marites Flores, y el noruego Kjartan Sekkingstad, los cuales siguen cautivos.

En los videos, donde los prisioneros aún aparecen con vida, miembros de Abu Sayyaf aparecen armados hasta los dientes con rifles de asalto, y detrás de ellos se ve la bandera del Estado Islámico, enfatizando sus demandas con el grito "¡Allahu Akbar!". Impulsados por el dinero que ganan de los rescates, el objetivo del grupo es establecer un estado islámico en Mindanao del sur, donde gozan de cierto apoyo por la mayoría de musulmanes locales.

Pero la historia de Rodwell, que ha sido bien documentada por los medios y en un libro, muestra un lado diferente del grupo.

Al momento en que fue capturado, Abu Sayyaf estaba afiliada a Al-Qaeda. Pero los hombres que custodiaban a Rodewell solo estaban ahí por el dinero, y no eran tan extremistas islámicos como se cree, de acuerdo con él mismo.

Sus guardias eran en su mayoría jóvenes locales sin experiencia bélica, quienes tenían la orden de mantenerlo vivo. Hablaban muy poco inglés y tenían la educación de alguien de quinto grado.

"Me dijeron que el dinero que necesitaban era, primero para comprar un rifle para su propia protección, y después para poder casarse con una muchacha musulmana".

Sus guardias tenían entre 19 y 20 años y estaban llenos de testosterona.

"Me dijeron que les gustaban las chicas cristianas porque eran sucias. Les gusta juguetear".

Durante esos 16 meses sus captores lo trasladaron 28 veces para evitar encuentros con la policía. Se movían con la protección de la noche para evadir a los militares. Abu Sayyaf tenía la ventaja en la región sobre los militares porque conocían la jungla y nunca paraban de moverse.

"Cuando andaban mar adentro, se armaban con mucha munición y ametralladoras, grandes cinturones de balas, lanza cohetes y lanza granadas" recuerda Rodwell. El se quedaba agachado en el bote para evitar la brisa marina.

"Ellos trataban de cuidarme. Eres cargamento humano y eres valioso".

Con nada más que agua kilómetros a la redonda, escapar era imposible. Cuando no estaban moviéndose, se encontraban escondidos en la densa jungla.

Un guardia tenía la tarea de cuidarlo, aunque esta persona cambiaba cada 7 ó 10 semanas. Era como su niñera, dice Rodwell. Le preparaba los alimentos, lavaba su ropa y lo ayudaba a bañarse.

"Si necesitaba algo sólo levantaba la mano haciendo una señal y él estaría cerca. Si tenía que vaciar mis intestinos o lo que sea, me acompañba a cualquier lado y cavaba un hoyo en la arena, luego vertía un chorro de agua por mi espalda para que yo me limpiara".

Los líderes de Abu Sayyaf: Khaddafi Janjalani, al centro de la primera fila, y Radulan Sahiron, segundo de derecha izquierda en la primera fila, sentado con su compañero. Rebeldes de Abu Sayyaf dentro de la selva en alguna parte de la prvincia de Sulu province en Filipinas. Julio 16, 2000. (AP/STR)

De todos sus "niñeros", Rodwell se volvió cercano con un hombre de 40 años al que llamaba Tío. "Esa era la forma en que ellos lo llamaban, porque era el tío de alguien". El tío lo cuidó por 11 semanas, más que cualquier otro.

En alguna ocasión, y para su sorpresa, Tío le dio el nombre del líder de Abu Sayyaf. "Era todo muy secreto", recuerda. "Me empezó a dar los nombres de todos los líderes". El guardia le dio 11 nombres que memorizó.

Durante los primeros meses, Rodwell vivió con un miedo constante a ser decapitado.

Sin ningún aviso, el campamento se llenaba de nuevas caras, susurrándose los unos a los otros. Sin saber por qué había gente nueva, él se los imaginaba cortando su cabeza con una espada sin filo.

El miedo y la desesperanza hacían que contemplara el suicidio.

Warren Rodwell, después de ser liberado. (Imagen por Romeo Ranoco/Reuters)

Para sobrevivir y mantenerse cuerdo, se dijo a sí mismo que tendría que esperar hasta que decidieran matarlo, y entonces se estresaría. "Si permites a tu mente estar ahí, también afecta a tu cuerpo, y te volverás débil. Llega el momento en el que sólo pones tu mente en blanco".

Miraba cómo se movía el sol a través del cielo, y contó los días, recordando la vida antes de ser capturado y rememorando a sus amigos y familia.

Tres veces le dijeron que sería liberado, pero esas promesas nunca se hicieron realidad. Así que decidió que lo mejor sería mantenerse desesperanzado, para no sentirse decepcionado.

Mientras tanto las negociaciones de liberación eran un fracaso.

Siguiendo el ejemplo de Canadá, el gobierno australiano mantuvo una postura dura, diciendo que no pagarían el rescate de Rodwell. Pero detrás de esta escena, el gobierno le dio apoyo a su hermano y hermana, mientras ellos negociaban su rescate, y los oficiales impusieron un bloqueo a los medios, rehusándose a dar cualquier información sobre lo que estaba pasando.

Abu Sayyaf anuncia la ejecución del rehén canadiense Robert Hall. Leer más aquí.

Nunca hubo llamadas directas del grupo. En su caso, el gobernador de una provincia que era respetado en la comunidad musulmana negoció el pago de rescate. La esposa filipina de Rodwell, la policía del país asiático, y algunos militares estaban en las negociaciones, y el gobierno australiano difirió de ellos, informó Rodwell.

Sin señal telefónica en la región y con las autoridades monitoreándolos, los negociadores de Abu Sayyaf hablaban brevemente desde sus celulares antes de tirar las tarjetas SIM y escapar. Los intermediarios, incluso, intentaron llevarse una tajada del pago de rescate, dijo.

Finalmente, después de una larga y compleja negociación, Rodwell fue liberado el 23 de marzo de 2013.

Inicialmente Abu Sayyaf pedía alrededor de 2 millones de dólares, pero sus hermanos pagaron 100.000 oficialmente. Era una suman sustancialmente menor que lo que se pedía por los canadienses. En sus casos: 6.5 millones de dólares.

Warren Rodwell, después de ser liberado, mostrando el dedo que le amputaron. (Imagen cortesía de Warren Rodwell)

Reaccionando a las noticias de los prisioneros canadienses, Rodwell expresó su decepción y ofreció sus condolencias a los familiares. "No hay forma en que puedan ser consolados. Pero lo entenderán, es la realidad de la situación", dijo.

El exprisionero cree que la posición de Canadá de no pagar la liberación fueron solamente "golpes de pecho" por parte del primer ministro Justin Trudeau. En la realidad, dijo, el secuestro y rescate son una temática compleja.

Aconsejó a Canadá que el senado realice una investigación en cuestiones de toma de rehenes, como Australia lo hizo antes de que fuera capturado. "Van a tener que estar viendo a futuro porque volverá a pasar en algún otro lugar del mundo a los canadienses", dijo.

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