Lengua Victoria Holguij
Identidad

La diversidad de la lengua

La fotógrafa Victoria Holguín invitó a la lingüista Juliana Ángel y a la activista trans Vida Quir a conversar sobre la versatilidad de la lengua y el lenguaje incluyente.
02 Noviembre 2019, 1:55am

Piense en una persona muy cercana a quien conozca hace años. Un pariente, un novio, su mejor amiga, sus hermanos. ¿Les conoce la lengua? Al ver las fotos de Victoria Holguín, lo primero que llama la atención es que la lengua, el órgano, es extremadamente diversa. Las hay arredondadas con una línea al medio, como un dibujo infantil; triangulares y largas, como tentáculos; lisas o texturizadas; intervenidas.

Pero la diversidad no existe apenas en su anatomía. La lengua tiene funciones variadas: nos ayuda a comer, a guiar la comida dentro de la boca y a retenerla mientras respiramos, para no atorarnos. En ese pequeño pedacito de músculo sentimos el sabor; quien la usa bien puede ser un buen amante y también un buen orador; es el articulador principal de las lenguas orales. Con ese músculo ágil podemos producir, a partir de pequeños y hábiles movimientos, sonidos potencialmente infinitos que componen las casi 7000 lenguas habladas alrededor del mundo.

victoria holguin

Hay también diversidad en la manera en que las personas viven su sexualidad y expresan su género. La disputa lingüística alrededor de cómo los idiomas pueden expresar mejor la diversidad de género no es nueva, pero parece nunca salir de la mesa. ¿Por qué? ¿Cómo lograr que un cambio se sedimente en el sistema lingüístico? ¿Quién tiene razón: los que dicen que en español solo se puede usar el masculino como genérico, o los que defienden el lenguaje incluyente? Y si nos decidimos por lo segundo, ¿qué es mejor la @, la x o la e?

Para explorar estas preguntas desde perspectivas distintas, Victoria nos invitó a conversar a mí, lingüista apasionada por este tema, y a Vida Quir, cabeza del proyecto Transtelar, una plataforma que busca informar y educar sobre las realidades de personas trans y de identidades de género disidentes.

Las prácticas de lenguaje incluyente en español van desde el uso de femeninos y masculinos cuando se habla de algún grupo de personas (todos y todas), pasando por el uso de arrobas y equis en lugar de las vocales a u o, hasta el cambio de las mismas por la vocal e (tod@s, todxs, todes). Esa última funciona bien en español porque la e es una vocal muy productiva en nuestro idioma (o sea, que se usa con frecuencia) y es mejor sustituir una vocal (a u o) por otra vocal, para no cambiar la estructura silábica. Así que cambiar apenas una vocal es una solución razonable que se encaja en el funcionamiento de la lengua.

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Además, tenemos la percepción de que los sustantivos terminados en o son masculinos (aunque haya excepciones como la mano) y en a femeninos, pero sabemos, por nuestra experiencia con el idioma, que los terminados en e pueden ser masculinos o femeninos (el puente, la fuente). Independientemente de cuáles sean los números absolutos de femeninos vs. masculinos terminados en e, lo que vale a la hora de hablar de percepciones lingüísticas es lo que los hablantes creen saber sobre su propia lengua o la impresión que tienen de un uso. En este sentido, usar la e como un determinante no binario funciona, porque ya asociamos ese sonido a algo neutro.

Pero, ¿por qué es necesario modificar la lengua? ¿Qué se gana con una vocal, una arroba o una equis? Vida Quir lo pone en los siguientes términos: "Como persona trans, o al menos en mi caso, sientes una fuerte necesidad por hacerle ver al mundo, o a aquellos a tu alrededor, que tu identidad es válida, que eres una persona digna de amor y respeto, como cualquiera, y que no vas a ser silenciadx. Abrirte espacio en un mundo donde la mayoría intenta invalidar y exterminar tu existencia, y que no quiere oír lo que tienes por decir, es un acto de resistencia, de resiliencia. Y es un motor de transformación".

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Es interesante cómo la discusión por el respeto de las identidades no escapa a la discusión de la lengua. Esto se debe a que la identidad es una narrativa. Es la historia que le contamos a los otros y a nosotros mismos sobre lo que somos y por qué somos como somos. Si uno piensa con cuidado, es muy extraño uno decir "Cuando yo tenía cuatro años me regalaron un perro que se llamaba Rex" y asumir que esa persona de cuatro años y uno ahora, ya viejo, es la misma persona. Pero es lo que hacemos y lo hacemos contando una historia. Así que no hay identidad sin lenguaje.

Por otro lado, y desafortunadamente, no son solo nuestras propias historias las que definen nuestra identidad. Las que otros cuentan sobre nosotros también participan, así que en ese diálogo se abre un campo de batalla. Por ejemplo, hay pueblos indígenas que reclaman sus nombres propios porque los nombres con los que los dieron a conocer los colonizadores cargan consigo el peso y la violencia de la colonización. Es el caso de los pueblos Nahuatl (a los que el colonizador llamaba Aztecas). Lo mismo con la palabra nigger en Estados Unidos y cómo los afroamericanos reivindican que esa palabra no se use, no porque no exista, sino porque carga con ella toda una narrativa de opresión y racismo. El lenguaje es un espacio ostensivo donde se demuestran esos problemas, porque está en todos los lugares. Cuando llamas la atención de la gente a esos problemas lingüísticos puedes exponer problemas más profundos.

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Para Vida, el lenguaje incluyente tiene esa función de iluminar puntos críticos sobre los que se ha construido nuestra sociedad. Su argumento es que "es muy importante que empecemos a utilizar el lenguaje incluyente no solo por el tema de la diversidad de género, sino también para cuestionar la estructura como tal de nuestro lenguaje que está construido en bases patriarcales que nos han hecho pensar que lo masculino va sobre lo femenino; entonces cuestionar el lenguaje también hace parte de esa inclusión y de esa transformación social que necesitamos".

Las personas que se oponen al uso del lenguaje incluyente generalmente argumentan que en español sólo existen dos géneros, que la lengua no es ideológica y salen voleando diccionarios y gramáticas para sustentar su argumento. Son rígidos y no saben que las lenguas cambian porque son usadas. La lengua española, por ejemplo, no existe en ningún lugar si no en la voz de sus hablantes, no la tienen guardada ni la RAE ni La Corona. Así que las lenguas cambian porque la gente hace cosas con ellas.

Ahora, ¿qué determina que un cambio en un grupo pequeño se expanda y se convierta en dominio general (y que los señores de la RAE lo metan en el diccionario y en las gramáticas)? Un poco el azar y otro poco el poder. Puede ser que una cosa pegue mucho y la gente la acepte con facilidad y por eso se expanda. Eso pasa cuando, por ejemplo, una tecnología viene con un nombre que la describe sólo a ella. Por ejemplo, Google y su verbo googlear. También puede ser que una palabra se vuelva popular porque personas influyentes la usen, y en consecuencia sus fans la usen también. Entonces, para que la lengua cambie tiene que haber una cantidad de uso corriente que permita que simplemente la gente use un término en su vida común y eventualmente sus hijos también lo usen y así sucesivamente.

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Vida lo sabe: "el lenguaje es algo vivo que está en constante movimiento y transformación, tenemos que moldearlo". Victoria lo muestra en sus fotos y nos invita. Haga con la lengua lo que le dé la gana, así como hace con la lengua lo que le da la gana, lo que lo mantiene vivo y lo que le da placer.

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Juliana Ángel es lingüista y escritora. Vive en Brasil, donde escribe, hace un doctorado y edita la revista Membrana Linguística. Síguela en Instagram @julianaangelosorno.