Cultura

Indígenas nos cuentan cómo es trabajar en las minas ilegales en la Amazonia

Se estima que el depósito de diamantes más grande del mundo se encuentra dentro de la zona de Cinta Larga en Rondonia.

por Otávio Estáquio; ilustración de Vinicius Trigo; traducido por Álvaro García
29 Agosto 2019, 9:01pm

Collage: Vinícius Trigo

Artículo publicado originalmente por VICE Brasil.

Según la ley brasileña, la minería en tierras indígenas solo puede llevarse a cabo si está regulada por una legislación específica y se consulta a la comunidad local. Pero eso nunca ha existido. Es decir, la minería en estas áreas es ilegal. Solo que estamos hablando de mucho dinero. Muchísimo. Para tener una idea, se estima que el depósito de diamantes más grande del mundo se encuentra dentro de la zona de Cinta Larga en Rondonia.

Aunque la actividad está prohibida, un tercio de las tierras indígenas de la Amazonia legal ya tienen solicitudes de procesos mineros del Departamento Nacional de Producción Mineral. Solo en la región de Cinta Larga, por ejemplo, hay más de 100 acciones. En pocas palabras, más de 100 personas o empresas ya han presentado requisitos legales para investigar o trabajar con la minería en el sitio cuando se apruebe la actividad. Pero estamos en Brasil y una gran suma de dinero no parece "llevarse bien" con la legalidad. Según un informe de 2006 de la ONG Partnership Africa Canada, de los diamantes producidos aquí: el 44.5% son de origen dudoso, el 22.4% proviene de fuentes claramente fraudulentas y el 18.92% provienen de alguna compañía bajo investigación de la Policía Federal. Pero vale la pena recordar que, además de eso, todavía tenemos oro y otros minerales. Es decir, la artimaña es mucho más grande de lo que se pensaba.

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Hombres y máquinas trabajando en la reserva indígena Sete de Setembro. Imagen cortesía del entrevistado

En 2006, la Operación Carbono de la Policía Federal desmanteló una red que lavaba dinero y exportaba diamantes —incluso provenientes de Cinta Larga— al extranjero. Uno de los miembros de la banda criminal era Hassan Ahmad, de ascendencia libanesa y nacido en Sierra Leona, sospechoso de tener vínculos con Al-Qaeda. Para completar el escenario de película, un telegrama de la Embajada de Estados Unidos en Brasilia publicado en Wikileaks expresó que: “El Ministerio de Minas y Energía de Brasil parece estar ciego ante los reportes serios de irregularidades en los tratados de exportación de diamantes. Con vínculos con grupos terroristas internacionales, negocios con diamantes de sangre, explotación de reservas indígenas y lavado de dinero, los arrestos recientes revelan una corrupción sistemática que no puede controlarse con cambios menores".

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Los casi cinco kilómetros de extensión en línea recta de la mina de Cinta Larga (Google Earth)

Sí, estamos hablando de un gran problema. Las minas han continuado surgiendo durante años dentro de las zonas indígenas, y los habitantes nativos son a menudo la punta más débil del negocio. En términos generales, es como el narcotráfico en las favelas: también está mal, pero es solo una pequeña parte de una red mucho más grande. Además de destruir el bosque, la minería también genera conflictos en las aldeas, ya que no todos están de acuerdo con la actividad. Para comprender mejor la situación, hablamos con los habitantes indígenas que ya han trabajado en las minas ilegales en la Amazonia.

Maranhao Cinta Larga* - trabajó en la extracción de diamantes del poblado de Cinta Larga (Reserva Indígena Roosevelt, Rondonia)

Tenía unos 16 años y trabajaba en las vacaciones escolares, siempre estaba al principio y a mitad del año, tenía unos 20 días disponibles. Había un campamento, un dormitorio, un cocina; era como un pequeño pueblo. Había alrededor de 600 personas y creo que el 40 por ciento eran indígenas y el 60 por ciento eran blancos. Contábamos las piedras, las pesábamos y las guardábamos. Generalmente las guardaba el cocinero.

Cuando no hay ninguna pieza o bidón de combustible, la policía no sospecha. Cuando la policía realizaba inspecciones, veían que era comida y no se acercaban, por eso los diamantes se quedaban con el cocinero. Hubo algunos compradores intermediarios que llegaban con cerca de 24,000 dólares en sus mochilas y compraban lo que había. En general, la gente tenía que comprar principalmente combustible, así que vendían las piedras de menor valor y dejaban las mejores para su venta en la ciudad. Todo se manejaba siempre con dinero en efectivo.

Yo ganaba el 5 por ciento de la producción, el mayor dinero que gané fue 4,080 dólares en una semana. Pero me fui porque estaba cansado de la minería y quería estudiar, no tenía forma de quedarme allí ni tampoco acepté que reclutaran a mis parientes para la minería. Por lo general, son los inversionistas blancos quienes llevan las máquinas a través de las haciendas de la región y abren el camino en medio del bosque. Algunos funcionarios públicos ya han trabajado allí y están involucrados. La policía también participa. Quien realmente se aprovecha es la población blanca. Actualmente veo que la mayoría de los indígenas están en contra porque nuestra comunidad nunca recibe nada. La minería ha generado muchos conflictos, muchos guardan rencor y la comunidad no tiene ninguna organización en el pueblo.

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Diamantes tomados de las minas del pueblo de Paiter Suruí. Imagen enviada por el entrevistado.

Umberto Suruí - trabajó en la mina de diamantes de Paiter Suruí (la mina se encuentra en la parte de Mato Grosso de la Reserva Indígena Sete de Setembro)

Trabajé con un equipo de cinco mineros, pero pensaba poco en mi porcentaje: gané 2,400 dólares en dos meses. Trabajé en la máquina, vertiéndole agua para poder quitar las piedras. A veces también iba al barranco para cavar y esconder el motor con el que extraíamos los diamantes. Tuve un pequeño problema porque la Policía Federal se presentó y tuvimos que esconder el motor. A veces montaban tiendas de campaña y se quedaban allí durante unos 10 o 15 días y nos escondíamos en el monte, incluso moríamos de hambre. Después de que se iban, esperábamos un par de días y volvíamos a trabajar. No sé quién compraba los diamantes, pero solían venderlos en la ciudad de Espigão d'Oeste. Una vez vendieron una piedra por 60,000 dólares, que valía más, pero era un diamante sucio.

Otávio Diahui - trabajó en las minas de casiterita del pueblo de Tenharim (Reserva Indígena Tenharim de Igarapé Preto, Amazonas)

Recopilaba datos sobre la cantidad producida por cada máquina, cada equipo de la aldea. Todos los meses hacía esta evaluación y se la entregaba al jefe responsable, luego el propietario de la máquina pagaba un porcentaje para el equipo. También me encargaba de vigilar que los mineros siguieran las reglas y revisaba el pesaje y la medición. En 2015 había unas diez máquinas allí y unas 200 o 300 personas trabajando. Pero los indígenas solo hacían la inspección, las máquinas eran de los blancos. Había Diahui, Tenharim, Parintintin, diversas etnias.

En 2013, los indígenas intentaron trabajar, pero no funcionó porque no podían manejar las máquinas. Luego se las dejaron solo a los blancos. Dependiendo del lugar, hay mineros que sacan alrededor de 48,000 a 72,000 dólares y pagan un porcentaje a los indígenas de aproximadamente 2,400 o 4,800 dólares. La venta es clandestina y se realiza en la ciudad de Ariquemes, pero algunos blancos también fueron a comprar a las minas. La Policía Federal ha estado allí varias veces y han dicho que es una actividad ilegal porque no tienen licencia, pero nunca ha habido un problema, y sigue llevándose a cabo en la actualidad. Nunca se ha hecho rico el indígena, es cada vez más pobre porque gana y gasta aún más. Pero la mayoría de los líderes de las tierras indígenas piensan que la actividad es buena porque es una alternativa de ingresos para la compra de productos comestibles, ropa y medicamentos. Pero hay una minoría que dice que no es legal, que destruye el medio ambiente.

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Focos de destrucción forestal en la reserva indígena de Roosevelt a causa de la minería. Imagen cortesía del entrevistado.

Daniel Zoró - trabajó en la extracción de diamantes en el pueblo de Cinta Larga (Reserva Indígena Roosevelt, Rondonia)

La excavación de oro no es para los pueblos indígenas; quien se enriquece son los mineros de oro blancos. Al indígena no le va bien. La gente del pueblo de Zoró fue a Cinta Larga, pero nadie generó ingresos, todos se rindieron. Trabajé 45 días y solo me pagaron 312 dólares, no me gustó porque eran 88 piedras de diamante. También comenzaba a trabajar a las 6 AM y me detenía a las 6 PM todos los días. No es muy bueno porque la mayoría está en la misma situación y aquellos que tienen maquinaria ganan bastante dinero, pero no lo reparten a la comunidad. Si tuviera un mina en mi tierra sería lo mismo, la gente no gana nada. Al final, la minería es un problema porque causa malaria, enfermedades y contamina el agua que beberemos más tarde.

*Los nombres han sido cambiados para preservar las fuentes.

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