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Music by VICE

Nickelback convirtió en un clásico la película de carreras 'Torque’ con Ice Cube

Quince años después de su lanzamiento, recordamos los cursis soundtracks que definieron el excepcionalismo nativista de los años posteriores al 11/9.

por Gary Suarez
12 Febrero 2019, 4:51pm

Artículo publicado originalmente por Noisey US.

En enero de 2004, Nickelback ya era la banda de rock canadiense más importante del mundo.

Oscilando entre borrachos empedernidos y cantantes emotivos, el gran éxito de 2001 de la banda "How You Remind Me" encabezó el Billboard Hot 100 e hizo que se viera bien, aunque brevemente, parecer un clon mal logrado de Kurt Cobain. Demostrable y performativamente más pesado que Silver Side Up, The Long Road de 2003 reafirmó a Nickelback en el estrellato del milenio, o al menos mantuvo su empuje. Aparte del sentimiento negativo entre los rockeros más férreos, extrañamente amargados por el hecho de que las reediciones de la banda Deicide del sello Roadrunner Records fueron financiadas esencialmente por el éxito comercial de una banda de grunge glorificada, la máquina de odio aún no había convertido a Chad Kroeger y sus amigos en la broma más adinerada del heavy metal desde Kiss. ("Photograph" de 2005 se encargaría de eso).

Siendo una nueva versión menos memorable, pero no menos significativa, de la dinámica de la potente y suave balada que podemos encontrar en "How You Remind Me", el sencillo principal "Someday" de The Long Road le agregó un ligero toque de faux-country a la mezcla. Aún así, estaba en perfecta sincronía con el tenor sónico posterior al 11 de septiembre que permeaba los estados afectados, parte de un CD-R esencial entre "Here Without You" de 3 Doors Down y "So Far Away" de Staind. La Americana —no el subgénero de country, sino más bien, la manifestación de cosas indudablemente estadounidenses— estaba muy de moda entre los escuchas del rock moderno, y sacó a relucir algunas de las peores tendencias que tenemos como ciudadanos y consumidores.

Con sus genios sombríos y su angustiosa empatía, el movimiento alternativo de los años 90 indujo inadvertidamente a una generación de fanáticos del rock a una sensible emotividad, que parecía repudiar décadas de letras y excentricidades sin sentido. El post grunge y su pariente más ruidoso, el nu metal, reunificaron las dos escuelas del rock, lo que permitió una impía unión civil que abarcaba desde la música sentimental hasta el exhibicionismo ridículo y cursi. Siendo así, el origen de Nickelback como el orgullo de Hanna, Alberta, no era importante mientras sonaran como los demás, o, en otras palabras, como estadounidenses.

En este contexto aparece la película de 2004 Torque, cuyo lanzamiento cumple 15 años en esta semana y la cual es un ejemplo claramente poético del excepcionalismo cultural pop nativista de los años posteriores al 11/9, el cual pasó del ámbito político a nuestros botes de palomitas en el cine. La idea principal era que tenía que ser algo así como " 2 Fast 2 Furious pero con motos", y eso es más o menos lo que obtuvimos. Los cinéfilos astutos podrían trazar paralelos entre la historia de un corredor de motociclistas de carreras acusado falsamente de asesinar a otro colega motociclista, y el clásico de pandillas callejeras de 1979 The Warriors. La trama es algo así: Ice Cube, a quien quizás conozcas por el grupo de rap N.W.A. o por el clásico de terror espacial de 2001 de John Carpenter, Ghosts Of Mars, interpreta al líder de una pandilla de motociclistas. Adam Scott, a quien quizás conozcas por haber visto Parks And Recreation en Netflix, interpreta a un policía. Ambos hombres buscan al imperfecto pero atractivo protagonista, interpretado por Martin Henderson, quien una década más tarde terminó como parte del elenco de Grey’s Anatomy. Dane Cook también actúa en el filme.

En ningún lugar se explotó mejor el espíritu ciegamente patriótico de los Estados Unidos que en el cine. Las grandes y estúpidas películas de acción prosperaron a diestra y siniestra, con bandas sonoras que dependían, al menos hasta cierto punto, del nu metal y el rock alternativo. Fue la época dorada de los éxitos taquilleros estúpidos, con ejemplares como las secuelas de Matrix atemperados por fracasos como Lara Croft: Tomb Raider – The Cradle of Life. Antes de que el Universo cinematográfico de Marvel se volviera más famoso que Jesús, los estudios de cine tontamente hicieron de Ben Affleck un temerario y de Thomas Jane un castigador. Las películas correspondientes, Daredevil de 2003 y The Punisher de 2004, agregaron exactamente la misma frase definitoria, El álbum, a sus discos compactos homólogos, los cuales, no por coincidencia, tenían a varias bandas en común, entre ellas, Chevelle, Drowning Pool y, sí, Nickelback.

XXX, una absurda película protagonizada por Vin Diesel en 2002 acerca de un entusiasta de los deportes extremos convertido en agente secreto, cuya soundtrack cuenta con canciones de artistas como Mushroomhead y el líder de Bush, Gavin Rossdale, además de mucho hip hop. La película recaudó más de $140 millones de dólares en los EE. UU., lo que puso a su CD en el top ten de Billboard y dio origen a dos secuelas. Por encima de todo, su éxito reforzó la idea en los revolucionados cerebros de los ejecutivos de la industria del cine de que lo que Estados Unidos necesitaba eran más películas que descaradamente fueran una combinación de la vibra, la trama y el sonido de The Fast And The Furious.

Dirigida por Joseph Kahn, conocido principalmente como director de videos musicales, Torque no fue una gran película. Eso sí, tiene un buen trabajo acrobático, escenas de pasión a alta velocidad, un par de asesinatos que involucran cadenas de bicicleta, un poco de carreras de motocicletas y locaciones con productos de Pepsi por todas partes. Pero los diálogos forzados y las incómodas frases ingeniosas cortesía del guión de Matt Johnson (conocido también por su emocionante película de buceo Into The Blue, protagonizada por Paul Walker/Jessica Alba en el 2005) no ayudan en lo más mínimo. En un punto, por ejemplo, el personaje de Cube le grita “Al diablo la policía“ al personaje de Adam Scott, rompiendo la cuarta pared. Es decir, ni siquiera fue la primera película en tratar de transmutar la magia de Fast/Furious al mundo de las motocicletas. Casi un año antes, Biker Boyz lo intentó primero, con Laurence Fishburne intentando sacar provecho al prestigio que ganó con Matrix y Kid Rock haciendo lo propio.

Pero no estás aquí para leer una crítica cinematográfica; sino por Nickelback.

Siguiendo la orgullosa tradición de More Fast and Furious: música de e inspirada en la película The Fast and the Furious, la banda sonora de Torque captura la esencia de su era tanto como lo hiciera cualquier cosa que llegara a la pantalla en esos días. Los ritmos rápidos como "Out Of Control" de Hoobastank y "Play It Loud" de MXPX encuentran un cierto equilibrio con "Lapdance" de NERD y el rap metal de "Forever" de Kid Rock, quien debe ser un devoto de las motocicletas para ser parte de esta película y de Biker Boyz. Este es un mundo donde las bandas Pennywise y Monster Magnet pueden coexistir pacíficamente en la misma colección discográfica sin quemarse simultáneamente.

En todo caso, es la manera en que Torque utiliza la música lo que aumenta el absurdo y la inverosimilitud de este matrimonio obligatorio entre el cine serie B superproducido y el rock. En una escena cautivadora, Monet Mazur se involucra cara a cara en una batalla de motocicletas con su aparente rival, su muy normal batalla ocurre notablemente cerca de un enorme logotipo de Mountain Dew, al ritmo del metal industrial de Static-X con “Push It”. Después, cuando la película misericordiosamente llega a su fin, y el bueno marginal triunfa sobre el malo absoluto, los familiares rasgueos y percusiones de "Someday" de Nickelback se desvanecen en un beso festivo entre Henderson y Mazur, para luego pasar directamente al muy épico coro, justo a tiempo para un paseo grupal en motocicleta por el desierto. Es absolutamente falso, como casi todo lo demás en Torque, e inadvertidamente es justo eso lo que la hace funcionar.

Hollywood nunca abandonó del todo los cínicos soundtracks compuestos por hard rock y heavy metal de la década de 2000, como se puede ver en lanzamientos más recientes como Avengers Assemble de 2012 con la participación de las bandas Papa Roach y Shinedown. Aún así, el tropo alcanzó su lógico fin hacia el final de la presidencia de George W. Bush en 2008. El despilfarro neoconservador cayó en desgracia, y la histórica victoria de Barack Obama marcó una nueva dirección para un país que se había vuelto cada vez más resistente al alarmismo de los políticos y legisladores debido a sus dudosos objetivos.

Apenas un mes después de las elecciones, en la primera semana de diciembre de 2008, Punisher: War Zone llegó a los cines. Se trató de una nueva versión cinemática ultraviolenta y cruda que evitó la exposición y aumentó el poder de fuego, la cual contó con canciones de Rob Zombie y Ramallah, entre otras, todo parte de una mezcla nihilísticamente pesada. Se acabó la música lenta y sentimental del rock alternativo; en su lugar llegó el metal alternativo de Slipknot y el ruido emotivo de Senses Fail. Mientras que la banda de hardcore metálico Hatebreed fue parte de las bandas sonoras de las películas de 2004 y 2008, Nickelback no corrió con esa misma suerte.

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