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Identidad

Así descubrí que me gustan las mujeres

Ocho historias ilustradas de revelación lésbica.

por Jot it Down
29 Junio 2018, 3:24pm

Este artículo fue publicado por VICE México.

Todas las lesbianas tenemos una historia diferente, pero muchas coincidimos en que nos damos cuenta y a la vez no queremos darnos cuenta.

Pues, no sé, es que yo no sabía. Bueno, yo tenía el presentimiento de que no tenía sentimientos, porque al principio salía con batos. Se me hacía raro ver a mis amigas muriendo cuando las cortaban, cuando yo decía como “no, pues creo que si me pasara no me pondría así". Empecé a estudiar teatro a los 18 y, aunque tenía dudas desde antes, no profundizaba tanto con eso. En teatro había un buen de morras y en la peda empezaron a sacar la conversación de que ellas tenían dudas también. Con una de ellas se dio y pues luego luego me di cuenta que no era que algo estuviera mal conmigo y mis sentimientos, sólo era muy lesbiana.

Después de darme cuenta, dije “oh, me estaba haciendo güey”, porque a Buffy la Caza Vampiros y a Britney Spears no sólo las quería por Power Girls. Hasta la fecha me sorprende no haberme dado cuenta que Sarah Michelle Gellar fue mi primer amor.

@introvertchola

A los 11 años tuve mi primer periodo. En ese momento entendí que mi vida sería una serie de hechos adelantados. Mi papá se fue de casa tomando de excusa mi sexo al nacer. Siempre creí que no era apta, jamás me interesó nada, la idea romántica de casarme con el príncipe me hacía sentir muy alejada de este planeta. En la secundaria tuve amigas, y un novio. Recuerdo una noche en la que me quedé a pasar la noche con mi mejor amiga. Era inteligente, bonita y tenía a todo el colegio tras ella. Me pidió un masaje para poder dormir mejor, mis manos temblaban. Quitó su blusa para no estorbar el camino; los tirantes de su brasier también me estorbaban, no sabía cómo decirlo, pero ella me entendió bien. Mis manos aún temblaban cuando fui al baño a lavármelas, porque aquello se había convertido en una sesión de roces, aceite y ella sin brasier y un microbóxer. En lo privado del tocador, mis piernas temblaban y mis manos me pedían a gritos tocar aquella parte de mi cuerpo que era prohibida, y me toqué. Recorrí mis labios y mi vulva de la manera en que yo creía que ella lo hubiera hecho, delicado, suave pero con ritmo de corazón acelerado.

Al siguiente día no daba crédito. Terminé a mi novio y repasé muchas situaciones de mi vida en donde mi deleite por las chicas había sido de lo más notorio pero lo ignoraba. Como mi primer beso a los cuatro años, con una ella, y no con un él.

@merthGar

“¿Puedo enseñarte algo?”

Su mano se encontró con la mía debajo de las sábanas, en una habitación con tres chicas más que no tenían idea de lo que estaba pasando en una gira con la Sinfónica, quince años atrás.

En el último lugar de la gira, al norte del país, una noche antes de volver cada quien a su lugar, nos sentamos en el suelo del balcón, me dio un largo y pausado beso, y yo me convertí en ola.

Me había enseñado el mar.

@LucasAdbekunkus

No recuerdo muy bien a qué edad me di cuenta que me atraían las mujeres. Creo que alrededor de 12 años, y nunca le di mucha importancia, ni me catalogué, simplemente me empecé a dar cuenta que me aburría y me hacía sentir muy incómoda platicar con hombres. Quizá esto era porque nunca sentí que encajara con mi ambiente y no pensaba muy parecido a la sociedad regiomontana. Creo que eso me hizo sentir insegura, además de que el estereotipo del hombre que yo conocía no me gustaba nada. Me atraía la mente de la mujer (me sigue atrayendo mucho la mente, la fuerza y la sensibilidad de la mujer). Me empezó a gustar el cuerpo de la mujer poco después, y con los años me di cuenta que ya llevaba más novias que novios. A los 19 años tuve mi primera novia y fue con la primera mujer con la que tuve sexo. Me gustó mucho.

@uniqueem

Cuando estaba muy pequeña, como de seis o siete años, miré en Canal Cinco la película Lambada: el baile prohibido, que es un churrazo terrible. Entonces no vi eso, sino a Laura Harring, una mujer de origen mexicano (que, como trivia, es la primera latina en ser Miss USA, además de Condesa y nacida en Los Mochis) actuando de princesa brasileña que salvaba a su selva bailando lambada en Los Angeles. Me enamoré por primera vez, no podía pensar en alguien más bonita que ella y sentía cosas sexuales que entonces ni podía poner en palabras.

Desde entonces, ella y ese baile me prenden. En alguna ocasión, cuando ya tenía 17 años, mi mejor amiga bailó ese ritmo con mi primera novia enfrente de mí. Y obvio sentí cosas sexuales que para ese momento sí podía poner en palabras.

Creo que mi despertar lencho tuvo un círculo completo cuando, junto a esa novia y esa amiga, vi Mulholland Drive de David Lynch, donde Laura Harring, mi primer amor, hacía una escena lésbica muy intensa con Naomi Watts. ¡Y sucedía justo en Los Angeles! Ahí se cumplieron mis fantasías de niña. Todo eso debe tener alguna lógica interna, pero lo dejo hasta aquí.

@Caracol_C

Al principio pues como que no aceptaba el pensamiento de que pudiese gustarme una mujer, por toda esa onda de hombre-mujer y blah blah. Pero un día, en una fiesta, estábamos jugando a la botella y le pedí a un amigo que de “castigo” me pusiera a besar a mi amiga. Así pasó y ahí fue donde tuve la revelación de que me gustaban las mujeres. Sentí una sensación muy bonita y hubo otros besos con esa misma amiga. Luego conocí a otra niña en la escuela. Un día, le pedí que me acompañara a mi salón por una libreta. Yo ya sabía que el salón estaba vacío. Me acompañó y la puse contra la pared y la empecé a besar. Temblé, y cuando ella me agarró de la cintura, fue cuando me mojé por primera vez. Sentí muy rico, y quería meter su mano para que ella también lo sintiera.

– Nann

Tenía diez años y cursaba quinto de primaria. Debió ser jueves, porque esos días eran de educación física. Uno de esos jueves, antes de salir al recreo, una de las niñas que se juntaba conmigo me dijo que me iba a contar una historia de terror. Mientras todos salían del salón, nos quedamos sentadas las dos en mi banca doble.

Nos sentamos muy cerca y ella propuso taparnos la cabeza con las sudaderas, a modo de guarida. Pusimos la cara sobre las manos juntas y nos miramos de frente. Ella comenzó a contarme la historia, de la que no recuerdo detalles porque casi al instante me di cuenta que quería besarla. Seguro en ese momento no fui consciente del hecho, pero me empezaron a sudar las manos y pensé mucho sobre si juntar más mi cara a la de ella para darle un beso. No lo hice porque me cohibí, pero por semanas, meses (y ahora sé que años) pensé en eso y en las posibilidades infinitas de haberlo hecho.

Después de la historia, seguimos sentadas sólo respirando nuestros vahos fingiendo estar en trance de la ouija hasta que la Marcha de Zacatecas anunció el regreso del recreo. Nos destapamos y fuimos a la clase de educación física. No siguió nada erótico, pero sin duda en ese momento todo hizo clic en mi cabeza y supe claramente que yo quería besar niñas, no niños.

@pepalatora

En mi infancia yo jamás pensé en la idea de las parejas románticas. En los primeros diez años de mi vida nunca me gustó nadie, así que no le puse mucha consciencia a si me gustaban hombres o mujeres. Claro que siempre me fijaba más en las chicas cuando veía la tele, y había compañeras a quienes trataba con más simpatía porque me parecían muy bonitas, pero entonces no creía que me gustaran. Quizá se trataba sólo de apreciar una estética. Sí descubrí el orgasmo a los cinco años (sin saber que se llamaba orgasmo), sólo sabía que frotarme sobre muebles o con cosas cerca de mi vientre resultaba unos minutos más tarde en una sensación placentera, así que lo repetía varias veces al día y continué la práctica a lo largo de los años. Lo que sí recuerdo es que la primera vez que me excité sin frotar mi cuerpo fue alrededor de los ocho años. En una ocasión jugaba a las Barbies yo sola, y me di cuenta que usar a Ken para besar a Barbie me parecía horroroso, así que dejé a Ken a un lado y tomé a Barbie para hacerla interactuar con otra. ¡Pum! Ahí me di cuenta que sentía caliente el vientre, y que aquella interacción me resultaba placentera. Así que— así como con el orgasmo— seguí repitiendo el juego durante años, hasta que me dejaron de interesar las muñecas, y empecé a jugar en serio.

@Kare_ninja

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