Cómo convertirse en una 'squirter'
Foto: Aleksandra Kovac | Vía Stocksy
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Cómo convertirse en una 'squirter'

"Mi universo de mujer no squirter y frustrada por no serlo estaba plagado de fantasías relacionadas con cómo podía lograr cosas más disparatadas en mi cama".
07 Abril 2017, 6:07pm

Hay dos tipos de mujeres: las squirters y las demás. Me crié con esa sentencia, que creció como una guillotina en mi cabeza. Y era una lástima porque así se dividía a las mujeres en súper heroínas eyaculadoras y mujeres de orgasmo seco. Yo era de las segundas, de las que llegaban con aplausos vaginales pero no mojaban las sábanas, y si lo habían mojado nunca se habían enterado.

Mi universo de mujer no squirter y frustrada por no serlo estaba plagado de fantasías relacionadas con cómo podía lograr cosas más disparatadas en mi cama. De qué forma podía extraer líquido, qué posturas tenía que probar, qué aparatos tenía que comprar, dónde estaba el agua que podía expulsar. Esta obsesión no me trajo ninguna satisfacción y con los años me convirtió en una estudiosa de una materia insólita: el squirt femenino. Empecé a ver todo el porno eyaculador del mundo y a preguntarme si había truco en las escenas que más me excitaban.

En mi vida real, lejos de la pantalla, el hombre era el único que expulsaba la gota fluida, mientras que yo me veía como la eterna receptora del líquido viscoso con olor a mar que anunciaba el orgasmo. Pero me aburría que fuera así. A mi cama y a mi vida sexual le faltaba el agua que se relacionaba con las potentes y escasas damas eyaculadoras, unas diosas de piel que sabían hacer maravillas con el coño.

Deseaba un orgasmo como los que veía en mis películas. Una eyaculación en chorro que llegase hasta la cara de mi amante, que fuera como un misil dirigido por mi mente aunque estuviera entre mis piernas. Que sorprendiera a mi pareja, que mojara el suelo de la habitación y nos dejara con las cabezas como si hubiésemos pasado por la ducha. Cuando se estudia el squirt femenino de la mejor forma posible, es decir, a través de páginas porno, se termina por conocer a Cytherea. Nacida en 1981, y criada en Utah, Cytherea es la mayor eyaculadora de la tierra. Con esa carita de ángel dulce, sus pechos casi planos (que después se operó) y esa talla petite lo ha hecho todo en cuanto a escenas de la industria, y por eso es la más famosa de las eyaculadoras, pues sus resultados siempre dejan a la gente boquiabierta.


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No sólo a los que la vemos extasiados detrás de la computadora. ¡Los que más alucinan son los compañeros con los que tiene sexo! Unos gimen como animales, otros aplauden, y he visto algunos que ya optan por reaccionar con humor ante una criatura como ella cuando llega al orgasmo, poniéndole pruebas de distancia al eyacular o incluso vistiendo tres ponchos para protegerse de la lluvia antes de verla estallar.

Algunas mujeres han llegado a la eyaculación desde sus primeros encuentros, y son las squirters natas. Ni mejores ni peores que las demás, nacieron con esa aptitud, como las personas que pueden hablar como el Pato Donald.

Cytherea no llega como todas las demás. Cytherea, ya sea que esté con un hombre, con una mujer o sola, se conecta con algo que no es visible desde mi pequeña pantalla, y eso se intuye porque no finge cada vez que es penetrada. Entorna los ojos en blanco, anuncia la profecía de la lluvia sexual y expulsa litros que saltan desde su agujero casi infantil. Después de esa conexión ancestral en la que parece poseída por el demonio, le tiemblan las piernas y empieza a sacudirse frenéticamente. Eso no aparece en el guión del productor, no ha sido pactado, es más, no es sexy según el porno de 2+2=4, pero es auténtico por su inevitabilidad.

Yo pensaba que no hay más que una Cytherea. Pero hay cientos de miles de squirters más pasándola acuáticamente bien. ¿Qué tienen acaso que las demás no se han visto?, me preguntaba yo. ¿Podré convertirme en una squirter? El proceso empieza por saber el tipo de orgasmos de los que se ha gozado desde que se empezó a tener una vida sexual.
Algunas mujeres han llegado a la eyaculación desde sus primeros encuentros, y son las squirters natas. Ni mejores ni peores que las demás, nacieron con esa aptitud, como las personas que pueden hablar como el Pato Donald.

Luego están las demás, las que nunca se han venido con ríos de agua. Algunas de ellas no tienen ni idea de que tenemos eyaculaciones y que éstas se deben a las glándulas de Skene; un escocés que las descubrió y decidió ponerles su nombre (porque a las mujeres nos han descubierto por dentro los hombres y nos han puesto sus apellidos hasta en el punto G, ¿no es así Grafenberg?). Dentro de las no eyaculadoras están la gran mayoría de las mujeres. Incluyendo las anorgásmicas, que nunca han gemido haciendo el amor y las multiorgásmicas, que jadean más que Jane Birkin.

Pero aquí va mi revelación: Hay mujeres que son capaces de aprender a eyacular. Las aprendices. ¡Y éstas somos parte de la tercera categoría! La cuestión no estriba en si las mujeres tenemos o no estas glándulas —que algunos llaman próstata femenina— porque todas venimos con el mismo diseño. Aquí no hay mujeres de primera gama y de segunda. Así que, según mi tesis, todas las mujeres podríamos ser eyaculadoras.


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El squirt es un don que puede ser conseguido a punta de práctica. Toda mujer, correctamente estimulada en su interior, tiene la posibilidad de convertirse en eyaculadora y en esto los hombres pueden hacer un trabajo de campo valiosísimo.

Después de décadas de hablar de este punto, puedo asegurar que lo que más excita a una mujer no tiene ninguna letra ni está perdido en una cueva secreta de su anatomía.

Según mi investigación, iniciada en 2003 y hasta hoy, la mayoría de mujeres llega al squirt por una fuerte penetración vaginal o digital. Pero luego descubrí que tampoco era la única forma de conseguir la eyaculación femenina. He visto mujeres que la consiguen también con la penetración anal, con la masturbación clitoriana, con el sexo oral y he podido conocer a una mujer que es capaz de llegar al squirt haciéndole una felación a su pareja (¡Emmanuelle existe!).

Así que tampoco puedo asegurar que la eyaculación sea fruto único de la estimulación del punto G de la mujer, término que ya empieza a estar pasado de moda. La cosa mejora al saber que la mujer tiene próstata. Sí. La desconocida próstata femenina rodea a la uretra, que tiene 4 centímetros de longitud y 2 de ancho. Las mentadas glándulas de Skene, las causantes de la eyaculación femenina, forman parte de esta próstata. Dicen también que está cerca del punto G, y aquí ya empiezan a aumentar las teorías y los artículos escritos muchas veces por hombres que mantienen el tono de "yo sé quién sabe lo que tú no sabes".

Todo esto se da porque el Punto G está en todos los lugares y en ningún lugar. Después de décadas de hablar de este punto, puedo asegurar que lo que más excita a una mujer no tiene ninguna letra ni está perdido en una cueva secreta de su anatomía. El punto G es como Santa Claus: no existe y se vive mejor cuando se sabe la verdad. Cada mujer es su Punto G.

Dentro de la vagina hay una zona de máximo placer y que varía en las mujeres. Las glándulas de Skene están aquí y han sido definidas por algunos investigadores como un cuerpo esponjoso que se hincha o deshincha de agua según el nivel de excitación. Aunque en la mayoría de los casos se sitúa en una zona de incertidumbre de la que pocos pueden salir sin ahogarse, sí hay formas de conseguir un squirt para quien nunca lo ha probado: El primer consejo que siempre se da para que las mujeres eyaculen es estimular pacientemente la vagina con los dedos en forma de gancho. Puede ser eficaz en algunas que nunca han experimentado una eyaculación, pero no es una fórmula infalible.

Recuerdo haberme obsesionado con esto. Ponía los tutoriales de Youtube y le pedía a mi pareja que hiciera exactamente lo que el masajista en cuestión hacía con destreza. De estos tutoriales aplicados no sólo no salió una gota de agua sino que me dejaron con cierto dolor en la zona genital.

Orgasmos orales:
Este método, sin duda mucho más placentero, me dio los mejores resultados. Los hombres por lo general dan un repaso oral a su pareja que no suele superar los cinco minutos. Pero ¿qué pasaría si estuvieran lamiendo el sexo de la mujer por espacios de media hora o más?

Los orgasmos en las multiorgásmicas se van sucediendo sin parar y esto sí que puede atraer la eyaculación femenina. Mis primeras escenas de squirting vinieron con este método y todavía recuerdo con mucha emoción que sentí algo nuevo, algo que se hinchaba y tenía que expulsar. Quizá lo único que lamento es que mi pareja me estimulaba con los dedos en la vagina y después de tanto tiempo se le arrugaban como si hubiera estado nadando por horas en la piscina.


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Como dato extra es bueno tener en cuenta que el sabor del squirt varía. A veces es como agua un poco salada y a veces es tan dulce que puede parecer gaseosa. Deduzco que todo lo que la mujer haya bebido o comido puede influir en el gusto del líquido expulsado y que a algunos hombres les excitará degustar los cambios de sabor de la ansiada eyaculación.

Y si la lengua o los dedos no han dado los resultados esperados, aún queda la mejor noticia: los hombres tienen en su pene tienen una potente herramienta para fomentar el squirt. Sin importar la forma o el tamaño de su órgano pueden lograr el milagro acuático a punta de paciencia o insistencia.

En mi experiencia, la penetración que más favorece el squirt es la del hombre abajo y mirando a la cara de mujer en un ángulo de cuerpos de 45 grados. De esta manera ella puede regular la penetración además de la apertura de sus piernas, y al encajar bien, ambos pueden alcanzar un ritmo rápido.

Cuando se empiecen a experimentar cambios en la próstata de la mujer, esta hinchazón se puede sentir porque entran unas ganas irrefrenables de orinar y porque con cada estocada del pene, la vagina empieza a sonar como si tuviera un charco dentro. A partir de la expulsión del primer chorro, el pene puede seguir causando más eyaculaciones. Después del primer squirt pueden invertir las posiciones y se puede poner el pene en el clítoris y masajearlo directamente como si se tuviera una brocha con la que se está pintando con fuerza. Este método, aparte de placentero, permite la salida del agua sin tener que desplazar al pito, pues en la gran mayoría de las eyaculaciones femeninas el pene es expulsado por la fuerza del tsunami que trae consigo una eyaculación femenina.

La postura del perrito, que conduce al orgasmo a menor número de mujeres, puede ser también una forma de invocar al agua del sexo. Para óptimos resultados es mejor estar de rodillas sobre una superficie que no se hunda, como el suelo, o también funciona la postura en la que ella apoya sus manos en una silla para ser penetrada por detrás. Aquí hay que tener en cuenta que el masaje prostático se consigue por el ángulo de penetración y por repasar con múltiples penetraciones ese punto esponjoso. Cuando llega el squirt, si la mujer está de pie, es casi inevitable que la espalda se le doble más y que abra aún más su piernas para expulsar el agua que arrastrará al pene. Con esta postura, el sonido del squirt cayendo al suelo será parecido al de tener el grifo de la cocina abierto, situación que puede ser divertida y muy excitante.

Ahora vamos con lo que no todo el mundo explica: después de obtener la eyaculación femenina y de empezar a disfrutar de orgasmos acuáticos, que no son todos ni con todas las parejas sexuales, se dice que para las squirters no todo son ventajas.

'¿Eres un alien? ¡Esto sólo lo había visto en el porno y pensé que era un montaje! ¿Te orinaste? ¿Estás bien? ¿Te rompiste algo?'

Para una squirter el sexo cambia por completo. Una cita no es como las demás. En el caso de una eyaculadora que expulsa litros, en cuanto ve que la tensión sexual aumenta y los besos y las caricias se hacen más estimulantes, le toca sacarse de la manga una frase un poco extraña. "¡Saca las toallas!"

La escena se rompe en un momento en que él o ella tienen que detenerse y forrar la cama. Cuando él vuelve a la carga para estimularla todavía no tiene ni idea para qué diablos son esas toallas. Pues bien, cuando la penetración agarra fuerza, la squirter separa a su pareja por un instante —porque ante un squirt caudaloso el pene y su dueño deben ser retirados por supervivencia— y en ese momento ocurre el milagro en el que ella se transforma en una fuente vigorosa. Instantes después, el manantial femenino se detiene, y el hombre puede tener preguntas como éstas: ¿Eres un alien? ¡Esto sólo lo había visto en el porno y pensé que era un montaje! ¿Te orinaste? ¿Estás bien? ¿Te rompiste algo?


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Después de un squirt de estas características, y de responder con un ataque de risa a su penetrador, pueden venir diez o doce o treinta más. No hay toalla que absorba tanta agua, toda la cama se empapa, y eso incluye el suelo, las cortinas, la sobre sábana, la sábana de abajo y por supuesto el colchón.

Cuando el encuentro termina, ambos amantes se duermen por lo general entre charcos de agua que les dejan los traseros mojados hasta la mañana siguiente. Y la eyaculadora tendrá más sed que si hubiese llegado a la meta de dos maratones.

Las squirters están pensadas para tener amantes que trabajen en lavanderías industriales, porque la misma escena cada martes puede llevar a la desesperación a los obsesivos de la limpieza. Lo ideal es que ambos amantes limpien el desastre que han atraído a gritos. Yo no limpio sola, respondí esa vez que me quería hacer trapear la casa entera. Así que la mitad de los charcos se quedaron ahí por paridad de género.

En conclusión, hay que pensar bien lo que se desea. Cuando no era squirter tenía una vida sexual apabullante, era multiorgásmica y no me preocupaba por revisar si en el baño había toallas grandes para contener mis explosiones orgásmicas que con tanto ánimo estudié, busqué y encontré hasta la deshidratación.