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Las muertas de Juárez, las de Acapulco de Juárez

Los feminicidios no pertenecen a las víctimas (lo suyo es humillación, tortura y asesinato), estos crímenes pertenecen a la sociedad.
25 Noviembre 2016, 12:00am

Este reportaje forma parte de una serie de tres que se presentarán en el número de la revista de octubre. Espera los otros dos reportajes próximamente en VICE.com y en la versión impresa de la revista VICE.

Franceri baja del cerro con la cara inflamada, en partes morada, verde y azul, llena de sangre. Tiene que cuidar sus pasos para no caer porque lleva prisa, sortea piedras pequeñas y usa las grandes como escalones. Arriba, en su casa construida casi en la punta de un cerro, yacen cuatro cuerpos baleados y ensangrentados en el piso de tierra, resguardados por las paredes de cartón y plástico. Muchos vecinos escucharon los balazos pero nadie se asomó, nadie acudió en auxilio; por eso ella baja casi corriendo con las manos embarradas de sangre. Se detiene en la primera casa y grita: "¡Auxilio, tía!, ¡ayúdenme! Mataron a mi mamá, a mi abuelita, a Omayra, a Rosita". La tranquilidad en la colonia Paso Limonero, en el puerto de Acapulco, quedó trastocada. Franceri Solís Nava es una niña de nueve años y mataron a todas las mujeres de su familia; las mató la ex pareja de su madre.

No es Chihuahua, pero también son las muertas de Juárez, las de Acapulco de Juárez, Guerrero. Pienso eso mientras escucho el testimonio de una de las tías de la niña que narra cómo salió corriendo al escuchar los gritos de la pequeña y reconstruye el camino de Franceri hasta su casa. Según la asociación civil mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, los tres últimos años el puerto se ha colocado entre las tres ciudades más violentas del mundo, con una tasa de 113 homicidios por cada cien mil habitantes en 2013, por ejemplo.

De enero a junio de este año el Observatorio Hannah Arendt del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados Ignacio Manuel Altamirano lleva contabilizados 46 feminicidios en todo Guerrero, pero se calcula que el número se elevará a más de sesenta en ese periodo al contrastar datos de varios medios impresos, indicó Marisol Alcocer Perulero, investigadora del Observatorio y perita de equidad de género y feminicidio en el Tribunal Superior de Justicia estatal. Si la tendencia continua así, se podría hablar de más de 120 feminicidios al terminar 2014.

Si hablamos de asesinatos de mujeres, entre 1985 y 2009 el estado de Guerrero ha estado cinco veces en primer lugar por encima del paradigmático estado de Chihuahua (1987, 1998, 1999, 2006 y 2007) y salvo en tres ocasiones, no ha salido de los primeros cinco lugares, según datos de ONU-Mujeres e Inmujeres.


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A partir de 2010 se registró en Guerrero un aumento sostenido en la violencia feminicida. Información del Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género de la cámara de diputados consigna que, a su vez, en Chihuahua las tasas han bajado en ese mismo lapso de tiempo, lo cual significó que para 2012 la tasa de asesinatos de mujeres en ambos estados fuera de bastante similar: Chihuahua 14.8 y Guerrero 13.2 por cada cien mil habitantes. Cifras alarmantes si se considera que 4.6 es el promedio nacional.

El 24 de marzo de 2014 asesinaron a la madre, la abuela, la tía y la hermana de Franceri: Zahira Yasmín Nava Blanco, de 25 años; Martha Patricia Nava Blanco, de 42 años; Osmayra Gutiérrez Nava, de 19 años, y Rosa Isela Solís Nava, de siete años, respectivamente. El día que fui junto con mi compañero fotógrafo a Paso Limonero a averiguar qué había ocurrido estaba lloviendo. La colonia está casi a la orilla de la ciudad. Para llegar hasta la casita donde vivían las mujeres tuvimos que trepar entre piedras; la lluvia se soltó con más fuerza. Ese camino tortuoso lo recorrían varias veces al día las mujeres asesinadas.

Queríamos entrevistar a la pareja de la abuela de Franceri y cuando llegamos a la casita de plástico y cartón vimos un foco encendido. Pero no había nadie, la casa fue abandonada y nadie apagó la luz. En el piso de tierra aún se veían las manchas de sangre, las veladoras tiradas.

Carlos, mi compañero fotógrafo, señala hacia un punto y me dice: "Allí quedó tirado un cuerpo". Veo también frascos de perfume, lápices labiales, cepillos, zapatos de niña. En una de las paredes de madera hay un par de zapatillas colgadas. La lluvia sigue y se siente una profunda tristeza impregnada en el aire, en el patio el esqueleto de un pato es prueba del abandono de semanas.

Franceri ha vivido a su corta edad varias tragedias: su padre está preso como presunto culpable del delito de violación en agravio del hermano de su esposa. Su madre, Zahira Yasmín, encontró otra pareja con quien tuvo dos hijos. Este hombre —según el testimonio de una hermana del padre de Franceri que pidió el anonimato— abusaba sexualmente de la niña y de su hermana ahora muerta: "Yo la grabé, la niña me lo contó, pero su mamá me dijo que cómo le iba a creer a una niña", nos dijo.

Entre los habitantes de la colonia se murmura que Zahira y su hermana Osmayra eran meseras en un bar y que venían cada tercer día a Acapulco, pues trabajaban en pueblos de la Costa Grande. El estigma y el prejuicio campean.

Para la coordinadora del Observatorio Hannah Arendt yasesora en México de ONU Mujeres, Rosa Icela Ojeda Rivera es más que lamentable que Guerrero siga ubicándose siempre en los primeros lugares en asesinatos de mujeres. La académica no escatima en reconocer los avances que en legislación y políticas hay en la entidad —el estado fue el primero en contemplar el feminicidio como delito y el primero en crear una Secretaría de la Mujer—, pero sí cuestiona que persiste el machismo, la marginación, la dominación y "una violencia exacerbada".

Académicas y feministas como Marcela Lagarde diferencian el asesinato de mujeres del feminicidio. Y así lo reconoce el código guerrerense; según el artículo 135 del recién aprobado Código Penal que entra en vigor el 30 de septiembre, comete el delito de feminicidio "quien, por razones de género, prive de la vida a una mujer. Existen razones de género cuando ocurra cualquiera de los supuestos siguientes: la víctima presente señales de violencia sexual de cualquier tipo; a la víctima se le hayan ocasionado lesiones o mutilaciones denigrantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida, así como actos de necrofilia; existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia, cometido en el ámbito familiar, laboral o escolar, cometido por el sujeto activo en contra de la víctima; existan datos o referencias que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima; haya existido entre el sujeto activo y la víctima una relación de familia, sentimental, afectiva o de confianza; el cuerpo de la víctima sea expuesto, arrojado o exhibido en un lugar público, con el objeto de denigrarla, debido a su calidad de mujer; la víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo, previo a la privación de la vida". A quien cometa el delito de feminicidio se le impondrán de veinte a sesenta años de prisión. El código anterior establecía penas de treinta a cincuenta años; si bien la pena máxima subió, el mínimo disminuyó.

Sin embargo, Ojeda comentó en entrevista para VICE que habría que verificar caso por caso los asesinatos de mujeres para ver cuáles serían feminicidios como lo establece el código.

Las estadísticas muestran que es más frecuente el asesinato de hombres que el de mujeres, sin embargo la gravedad radica no sólo en el número sino en la forma en la que las mujeres son asesinadas: "En las mujeres es más frecuente el uso de medios más brutales para asesinarlas: ahorcamiento, estrangulamiento, sofocación, ahogamiento e inmersión en 18 por ciento de los casos, tres veces más que en los hombres; objetos cortantes en 14.2 por ciento; objetos romos o sin filo 1.4 por ciento. La proporción de mujeres envenenadas o quemadas triplica a la de los varones (2.7 por ciento y 0.9 por ciento respectivamente). Cabe destacar que en casi 17 por ciento de los casos no hay información sobre el medio utilizado para el asesinato", se puntualiza en el informe de ONU-Mujeres e Inmujeres.

Un dato más: los hombres asesinan a los hombres y son quienes asesinan también a las mujeres en la mayoría de los casos.

Franceri, dice una de sus tías paternas, tiene miedo de que el asesino regrese. Al momento de realizar la entrevista la niña estaba bajo custodia del DIF en Acapulco. La familia de su padre preso vive al pie del cerro donde se encuentra la casita donde mataron a las cuatro mujeres. Ellos pidieron dinero a los vecinos para poder comprar las cajas para sepultarlas y reprochan que ni el marido de la abuela fallecida, ni el joven tío pregunten por la niña que sobrevivió.

—La niña no está aquí, está en el DIF —dice una de las tías—, lo que queremos es que se haga justicia porque dicen que ella no tiene familia. ¡Cómo carajo no! Tiene aquí a su abuela, a nosotros; el papá, pues está en la cárcel.

—¿Las conocías bien? —le pregunto.

—Con Martha, la abuelita de la niña, trabajamos juntas, pero luego dejó de trabajar porque Zahira se dejó con su otra pareja, la que la mató. Ella metió a la cárcel a mi hermano. Ella hizo muchas cosas.

—¿En qué trabajaba?

—Ella era mesera, trabajaba en varios lugares y no estaba establecida. Se iba fuera de Acapulco, a Atoyac, otros lugares. Venía por ejemplo los lunes y se iba el miércoles en la noche.

—Me decían que el día del asesinato Osmayra y Zahira venían de la playa...

—Ella me mandó un mensaje en Facebook que me decía: "Mira, mana, cómo me veo". Estaba con su traje de baño. Yo lo único que le comenté fue: "Mira, mana, te verías bien con tus hijos a tu lado, dos y dos". Luego como a las cuatro me quedé dormida, y ya luego como a las seis escuché los plomazos. Mi esposo me dijo: "No te preocupes, aquí estamos bien con los niños". Luego una muchacha de allá arriba, cerca de la casa de ellas, le habló a su esposo que subieran por ella. Una perra empezó a ladrar, como que quería hablar esa perra. Le dije a mi marido: "Algo pasó".

Días antes el asesino —nadie se acordó o quiso dar su nombre— fue a la casa de su ex mujer y se llevó a los dos hijos varones que procrearon. Dice la testigo que quizá fue un lunes. A la siguiente semana regresó a matar a las mujeres: "Aseguró primero a sus hijos, se los llevó y luego vino a matar a los hijos de mi hermano".

—¿Tú platicabas con tu ex cuñada Zahira, qué te decía? —insisto.

—Que él quería regresar con ella, pero Zahira me decía que no lo iba a perdonar. Yo le preguntaba por qué, le decía: "Perdónalo, es papá de tus hijos, ya que no fuiste feliz con mi hermano aunque sea con él". Pero me comentaba: "Es que no trabaja, me pega, cuando tenemos hambre no nos da de comer, también a mis hijas les hace el feo". Tenían unos tres o cuatro meses separados.

—¿Cómo eran esas agresiones a las niñas?

—Me decían las niñas muchas cosas. Es feo y triste recordar.

—¿Les pegaba?

—[Asiente] pero las agredía no nada más de pegarles, sino físicamente.

—¿Abusaba de ellas?

—Sí, yo le dije a Osmayra, y ella le dijo a la mamá de las niñas. Yo la grabé [a Franceri] con mi celular y se lo enseñé a una licenciada.

—¿Y Zahira qué dijo?

—Ella decía que no se le puede creer a una niña de seis años, fue cuando iba en primero de primaria, eso dijo su mamá. Yo estaba haciendo un juicio para quitarle a las niñas, pero ya no se dio.

En el DIF a la familia paterna de la niña se le ha dicho que no pueden cederle la custodia en tanto no termine el proceso abierto por el asesinato de la madre. Sin embargo, el tío de la pequeña afirmó que la investigación no ha avanzado: "No han venido más a preguntar, al contrario, nos investigaron a nosotros. También nos dijeron que por seguridad no podíamos tener a la niña aquí".

La proyección que hacen las investigadoras del Observatorio es más que creíble, los casos van escalando no sólo en número sino en saña: hace unos meses en Zihuatanejo fue secuestrada Eleyda Yuritzi Carmona Márquez, una niña de diez años a quien asfixiaron después de agredirla sexualmente. El caso llevó a la movilización de padres de familia, ciudadanos, organizaciones sociales y grupos feministas.

Los registros del Observatorio dicen a que a partir de 2005 hubo un repunte en la violencia feminicida, informó Ojeda Rivera y no descartó que entre las causas de ese aumento está la violencia por crimen organizado.

—¿Cuál es la situación para las mujeres en Guerrero?

—En 2005 hubo alternancia, una persona postulada por el PRD llegó al poder y es a partir de este año que en los registros que tenemos hay un incremento numérico en los asesinatos de mujeres. ¿Qué pasa con este gobierno de izquierda? Tenemos el dato pero no la explicación; seguramente con la alternancia empieza la actuación de bandas y grupos organizados que tiene que ver con la delincuencia, esto hace que se incremente el pico de la violencia: no sólo aumenta en número sino en términos de crueldad. Muchas mujeres pasan a ser víctimas de estos grupos y en muchos casos que hemos podido constatar el esposo se involucra en actividades delictivas y cuando ve el riesgo se va, se queda la mujer y ella es secuestrada, desaparecida. A veces aparecen pero en muchos casos no regresan. Se sospecha que ellas son asesinadas después de ser torturadas.

Una de las causas de mayor peso está en la ruptura del estado de derecho, subrayó la también catedrática del Instituto de Estudios Políticos Avanzados Ignacio Manuel Altamirano, y es que con la alternancia en el poder ejecutivo en el año 2000 "llegó al poder un partido de ideología conservadora; esto coincide con la actuación de bandas de delincuencia organizada. Hubo una ruptura del estado de derecho en México. No me atrevería a decir que hay estado fallido pero sí hoyos y boquetes donde el estado de derecho no impera".

La actuación de estas bandas —abundó la investigadora—, incide en la existencia de la "violencia iniciática", con la cual "estos grupos van actuando e iniciando a los nuevos

miembros y las mujeres pueden ser parte de esa prueba como trofeos —como dice la investigadora Celia Amorós— parte de esos pactos de sangre".


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Sin embargo también se ha detectado el fenómeno de imitación, aunque hace falta documentarlo: "Me da la impresión de que las parejas o asesinos de estas víctimas también han querido encubrir el delito e imitar como si fueran bandas organizadas y eso ha hecho que se incremente la crueldad".

La ruptura del estado de derecho —sentenció Rosa Icela Ojeda— además fomenta la impunidad porque "si no la hubiera habría una investigación y castigo. Tenemos un gran índice de impunidad: un máximo de treinta por ciento de los casos [de feminicidios en Guerrero] son medio investigados y diez por ciento llegan a sentencia. Tenemos de setenta a ochenta por ciento de impunidad en el caso de los asesinatos de mujeres".

Más allá de las cifras, hay todo un sistema cultural que legitima la violencia feminicida, según Ojeda: "Las mujeres en la cultura guerrerense estamos concebidas como propiedad de los varones, padres, hermanos, primos, novio, esposo, amante, concubino. Hay actividades que no podemos realizar porque si las realizamos parecen como una trasgresión, hay una parte de la cultura que legitima que exista un castigo para quien se sale de los parámetros".

Ése fue el caso de Patricia, una mujer que después de separarse de su esposo logró independencia financiera. Ganar su independencia le costó la muerte. Patricia se atrevió a romper con la inercia de su pasado como ama de casa y comenzó a trabajar, se arregló el cabello, se hizo un permanente y en el salón de belleza le hicieron manicura y le colocaron uñas postizas.

En la mente de su asesino al parecer se gestó una idea: había que escarmentarla por haber transgredido, por haber dejado a su marido y ser una mujer independiente. El mensaje fue claro: a Patricia le cortaron la cabeza y las manos. La cabeza la tiraron por un lado, las manos por otro y el resto del cuerpo lo encontraron aparte. El nivel de crueldad a veces escapa a la imaginación.

Marisol Alcocer ponderó el caso de una niña de 13 años, asesinada por su ex pareja en Chilpancingo el año pasado. La joven decidió cortar su relación con el padre de su hija y éste la mató porque expresó que "Si no era de él entonces de nadie más". El hombre la mató frente a la madre de ella y luego se suicidó. La hija de ambos, de un año, quedó huérfana.

Aunque los casos se dan en todos los estratos socioeconómicos, y basta como ejemplo el feminicidio de una doctora en el fraccionamiento Hornos Insurgentes, de Acapulco, a manos de su esposo (también médico), Alcocer, maestra especialista en temas de género por el Colegio de la Frontera Norte, subraya que la mayor parte de las víctimas son mujeres precarias, es decir, mujeres en situación de pobreza, amas de casa o con ocupaciones estigmatizantes como meseras, bailarinas, sexoservidoras, o con otras circunstancias que las ponen en una situación de vulnerabilidad.

Las mujeres víctimas de violencia feminicida son revictimizadas con estos prejuicios y estigmas y los medios de comunicación tienen mucho que ver en ello, sentencian las especialistas:

"Los medios han jugado un papel dual: por una parte nos informan de los números de asesinatos, nos ponen frente a la realidad; pero por otro lado, sobre todo la prensa escrita, legitiman la violencia contra las mujeres. Muchas veces la cabeza de la nota va a decir 'crimen pasional' o usará un término que no mueve solidaridad sino una especie de acusación de que la mujer pudo hacer una actividad por la que fue castigada. Ya no es una persona o ser humano que por razón de necesidad o economía o falta de oportunidad trabaja en lo que puede trabajar, sino gente que se le denigra o estigmatiza", acusa Ojeda Rivera.

Una consecuencia grave, añadió, es que la autoridad puede dejarse influenciar por eso y sentir menos presión social para que se haga la investigación. "Esto contribuye a que se genere una especie de naturalización de la violencia, lo que no podemos aceptar. —Está roto el estado de derecho y el tejido social. El tejido social está lastimado, temeroso y nadie quiere decir nada: ni las hijas o la madre. Te lo cuentan pero en privado, pero no desean hacerlo público. Creo que esta información que recibimos en privado, si la recibiera la autoridad sería un caso menos de impunidad. Los familiares o amigas dan pistas, tiene un pulso, nos dicen: lo veíamos venir."

Otro factor que no abona de forma positiva a la justicia para las víctimas es la falta de cooperación de las autoridades al momento de dar información acerca del feminicidio. "En 2006 tuvimos puertas abiertas pero de pronto hubo años donde era difícil hacer la labor de investigación", expresó la investigadora y señaló que "lo viable será ampararnos ante el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI). El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) sugiere acercamiento con las procuradurías para la obtención de datos porque ellos no los tienen, pero la relación [con la Procuraduría] ha sido un estira y afloja, a veces hay trabas burocráticas", sentenció por su parte Marisol Alcocer.

Ante este panorama desolador es inevitable preguntarse ¿qué se puede hacer?

—¿Cuándo va a parar? —le pregunto a Rosa Icela Ojeda.

—Va a parar cuando no haya impunidad, cuando la investigación sea sin prejuicios, cuando no se minimice por sus preferencias de la mujer, por su origen, por cuestiones culturales, religiosas, laborales, por presuntos nexos con grupos delictivos. Nada justifica el asesinato de nadie, menos el de una mujer y de una niña.

Y entonces también es inevitable hablar del recurso de la alerta de género, esa herramienta temida por los gobernadores como Eruviel Ávila, del Estado de México, que dice que no es necesaria.

En 2006 y luego en 2012, ya con Ángel Aguirre Rivero como gobernador de Guerrero, se pidió que se decretara la alerta de género, pero al momento no ha sido posible. Entonces Amalia Tornez Talavera, presidenta de la Red de Mujeres por la Defensa de las Instituciones, señaló que el gobierno temía que se decretara la alerta porque "eso es encender un foco rojo y decir que no hay gobernabilidad", según el diario Novedades de Acapulco.


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"En Guerrero ha habido unos momentos álgidos y la planteamos [la alerta de género]" —aseguró en entrevista Ojeda— y ponderó que Guerrero es un lugar que recibe una cantidad importante de recursos para turismo y que no hablar de la alerta era para proteger la actividad. Pero la alerta es una medida que ayuda a los gobernadores porque provee recursos para la protección, para la investigación. Es una medida preventiva, no sancionadora ni estigmatizante.

—¿Es necesaria la alerta? —le pregunto.

—Es absolutamente necesaria. Inmediatamente habría que integrar y documentar la alerta, tenemos suficientes elementos. No es un capricho, no es que alguien quiera perjudicar al gobierno o señalar al gobierno, sino obtener estos recursos que ayudarán a que se sienta un mayor clima de garantía de seguridad a las mujeres. Hay que crear un clima de garantía, que no se sienta que somos un objeto y que no le importa a nadie. No es cierto que sólo las mujeres que supuestamente se vincularon a actividades raras o que cometieron algún error pueden padecer esto, sino que en este ambiente cualquier mujer puede ser víctima de ejercicio de la violencia, tanto en el medio urbano o rural.

El 23 de marzo de 2014 Zahira Yasmín posteó en su perfil de Facebook "Vámonos de fiesta a celebrar el dolor". El 24 al medio día colgó allí mismo unas fotos que se tomó en la playa y por la tarde su ex pareja la asesinó. Vuelvo a repasar mentalmente esa historia y quisiera imaginar un final feliz para Franceri, que quizás las terapias le ayuden a superar el trauma de perder a su familia, que se borraran las marcas dolorosas de su cuerpo, mente, alma; que creciera en un ambiente amoroso como deberían crecer todos los niños, que se convirtiera en una mujer libre. Es inevitable sentir la tristeza y el sentimiento de rabia e impotencia, todo revuelto.

Lo que es cierto es que no hay claridad en su futuro. Al momento de escribir estas últimas líneas Franceri sigue bajo custodia del DIF, pero la institución no ofrece más detalles por seguridad de la niña. El Ministerio Público sigue con la averiguación, pero al tratar de conocer más detalles a través de la familia paterna la respuesta del tío es simplemente: "Con todo respeto le digo que no sé nada, y pos la verdad eso sigue sin solución". Maldita, maldita impunidad.

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