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no me hallo

Charros, tequila y porno gay: de Guadalajara para el mundo

De Profundis Pictures es una productora tapatía que está buscando crecer en medio de tanta mochería.

por Alejandro Velazco, fotos por Eduardo Mingo
08 Enero 2014, 4:00pm


Fotos de Ángel Moreno.

¿Qué le falta a Guadalajara para consolidarse como el centro de la jotería mexicana? Pues porno. Porno producido en la misma tierra del mariachi y del tequila. Pero eso está por solucionarse.

Guadalajara es una ciudad muy gay y eso lo sabemos, aunque se espanten los mochos tapatíos. Aquí en Gaydalajara —como le nombran algunos— hay un chingo de antros: para chacales, para fresas, para los fresas a quienes les gustan los chacales y para lo que el cliente pida. Hay cafés, vapores, cantinas, tiendas de calzones y muchas agencias de viajes, porque si hay otra ciudad gay en el país es Puerto Vallarta, y está a pocas horas.

En una finca patrimonial del centro histórico tapatío, a unos cuantos metros de una iglesia barroca, los condones tirados y las vergas erectas son la imagen diaria que se alcanza a escapar de repente por el balcón.

Hace nueve meses conocí a un caliente guionista tapatío que escribió una película porno gay, y junto con tres amigos —un pintor, un fotógrafo y un estudiante de cine— decidieron poner en marcha su grabación.

Ángel Moreno, director de De Profundis Pictures y ahora un buen amigo, me pidió leer el guión para hacer algunas correcciones. Yo le conté mis intenciones de incursionar al mundo porno —ya había asistido a una productora en donde no se concretó la filmación— y me invitó a hacer casting con ellos.

Y aunque podía ser una oportunidad para mí, no me sentí preparado para actuar en una película; me dijeron que en el fondo aún tengo un dejo de mochería tapatía.

Para Ángel las cosas se harían bien, porque de porno casero está lleno el mundo. Así que quería hacer un trabajo en alta definición, con iluminación de calidad, con un sonidista, pagos aceptables para los actores y hasta un psicólogo para sortear cualquier vicisitud.

El dinero comenzó a llegar de algunos benefactores anónimos que decidieron apoyar a los jóvenes creadores; hombres con dinero, de esos los que mantienen al creciente sector de chichifos tapatíos, y el resto se consiguió con patrocinios de antros gays y tiendas de calzones.

La concurrencia para el casting fue tanta que así nació la productora De Profundis Pictures, con la intención de filmar más largometrajes. Aunque No hables con la boca llena —el primer proyecto del equipo— aún no ve la luz, las ideas y los mecos han pululado por ahí.

Vergas y culos desfilaron durante meses de ardua búsqueda: dotados, pitochicos, guapos, feos, culones, gordos, flacos, sanos, con ETS, mariacheros, albañiles, estudiantes, actores, escorts, morbosos... Todos cogían, se la jalaban y se dejaban grabar, pero sólo algunos se animaron a dar el paso de ser protagonistas en una producción porno con todas las de la ley.

Trescientos mil pesos fue lo presupuestado para finalizar con la ópera prima de De Profundis Pictures, pero es poco dinero para los amplios gastos que representa un mediometraje. Sin embargo cada vez más, desde que el proyecto comenzó, se han ido acercado a benefactores interesados en invertir una pequeña parte de sus recursos en una de las artes más disfrutables.

Platiqué con Ángel Moreno, en quien contrasta una personalidad seria y un cúmulo de ideas sucias. Comenzó en 2013 con la acción del porno, y tiene intenciones de abrirse a nuevos horizontes creativos, como la película de porno lésbico que ahora está escribiendo.

VICE: Chingón lo que están haciendo, ¿por qué empezaste con esta idea de hacer porno desde aquí?
Ángel: Gracias, gracias. Todos amamos el porno.

Te cuento: hay un público gay consumidor de pornografía ansioso de ver películas pornográficas habladas en su idioma, que retraten temas cercanos a su realidad y que estos temas se desarrollen en lugares que les son familiares; eso crea un vínculo entre el espectador y la película que convierte la experiencia cinematográfica en algo más íntimo. La ciudad más gay de México merece tener su propia casa productora porno.

¿Han tenido problemas para conseguir actores?
Conseguir actores ha implicado muchas dificultades, porque no es solamente que estén dispuestos a encuerarse y a coger frente a la cámara; deben tener un cuerpo y rostro atractivo, ser empáticos frente a la cámara, estar bien dotados, tener una buena dicción y sobretodo tener un interés genuino y serio en participar en la película o en dedicarse profesionalmente a esto. Por eso la producción cuenta con un psicólogo durante la primera entrevista, para determinar quién en verdad está interesado o solamente va por morbo. Porque sí te puedo decir que morbosos que sólo quieren estar de mirones, sobran.

¿Y dejas entrar a los mirones? O te portas culero.
Si cobrara cien pesos por cada persona que me ha pedido estar presente durante el casting o las grabaciones, la película ya se habría autofinanciado. Tampoco queremos que los actores se pongan nerviosos, que sepan que no es un juego, pues.

Pero todo esto es comprensible, porque todavía hoy día en México la pornografía no es vista como algo serio ni profesional.

¿Y los recursos, cómo han sorteado esa dificultad?
Conseguir recursos tanto técnicos como económicos también ha sido muy difícil, desde los prejuicios que hay hacía el género, incluso dentro de la propia comunidad gay, hasta la paranoia totalmente justificada que existe al fraude. Y precisamente por esta razón se armó una carpeta de producción totalmente profesional como la carpeta de cualquier otra película convencional, con introducción, justificación, objetivos, plan de trabajo, presupuesto, etcétera.

¿Qué crees que le hace falta a México para tener más porno hecho localmente?
Primero borrar esa falsa idea de que hacer porno en México es ilegal. Es legal, e incluso es promovido y alentado por la propia RTC [Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía], siempre y cuando todos los participantes —tanto el crew como el talento— comprueben ser mayores de edad. Y segundo: inversionistas y empresarios valientes interesados en explotar ese mercado tan olvidado y tan jugoso, lucrativamente hablando.

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