Especial de narrativa: Operación al cuerpo enfermo

Una historia donde la línea entre géneros artísticos, literarios y sexuales se borra para servir a un fin primordial: dar testimonio del camino del autor hacia la muerte.

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jul. 21 2014, 12:00am


Ilustraciones por L. Testut.

Sergio Loo (1982–2014) fue todo Cuando se le preguntaba su oficio, se definía como narrador aunque era principalmente conocido como poeta, y había estudiado artes plásticas Sus primeros libros son Claveles Automáticos (Harakiri Plaquettes, 2006) y Sus brazos labios en mi boca rodando (FETA, 2007) También autor de las novelas House. Retratos desarmables (Ediciones B, 2011) y Pesadilla en la Narvarte del infierno, Loo co-escribió el guión para el cortometraje Nubes flotantes, de Julián Hernández, en 2013, y para Yo soy la felicidad de este mundo, de Roberto Fiesco, estrenada este año.

Sergio Loo no alcanzó a ver publicado Operación al cuerpo enfermo, un libro donde la línea entre géneros artísticos, literarios y sexuales se borra para servir a un fin primordial: dar testimonio del camino del autor hacia la muerte.

Este libro se publicará próximamente bajo el sello de Ediciones Acapulco, a quien agradecemos infinitamente el habernos facilitado los fragmentos que a continuación reproducimos.

—Jonathan Minila

ÓRBITA
“Una vez que el examen físico y las pruebas de imagen llevan a un diagnóstico de sospecha de sarcoma, debe realizarse la estadificación de la enfermedad y la toma de biopsia. Ello permitirá determinar la naturaleza de la lesión y el grado de extensión (si ésta se ha producido) de la misma”.

INTESTINO DELGADO (YEYUNO)
Metástasis es sinónimo de temor. Y se propaga.

NERVIOS INTERCOSTALES
El doctor tiene miedo de decirme que tengo cáncer. Convierte la palabra en silencio. Atrofia en el lenguaje.

TARSO
Le pregunto al doctor si la tumoración que tengo es grave (no responde), si es cáncer o un tumor y qué diferencia hay entre un tumor y el cáncer (mira fijamente los estudios), le pregunto si me van a operar (no dice nada), qué debo darle de comer o si debo sacarlo a pasear por las tardes, si me lo puedo llevar a casa cuando me lo extirpen, si le puedo poner un nombre lindo. O, si es lo suficientemente grande, casarme con él o copularlo.

HUESO NASAL
Cecilia nos mostraba una moneda de mucho valor. ¿Qué es valor? Y convirtió la moneda en una cabra. Y convirtió la moneda en un banquete. Y convirtió la moneda en una escultura de mármol blanco, una mujer de senos redondos. Y convirtió la moneda en un aparato sofisticado, pequeñito. Y convirtió la moneda en un vestido ampón de capas de seda transparente. Y convirtió la moneda en un cuadro antiguo en el que se representaba a un hombre con barba apareciendo un pez con cara de hombre. Y convirtió la moneda en dos monedas menos brillantes. Y convirtió ambas monedas en la primera moneda. Pedro le arrebató el metal redondo antes que lo volviera a transformar. Se tragó la moneda, guardó adentro de sí todo lo que podía ser.

INTESTINO GRUESO (COLON TRANSVERSO)
Razón por la que padezco cáncer:
a) Por mi madre. Ella padeció cáncer cérvicouterino, que según los doctores no tiene relación con el cáncer que me habita alegremente, pero ella piensa que sí, que sí tiene que ver, que ella es la culpable.
b) Mala suerte, dice mi hermano, y me pregunta si traigo un cigarro que le pueda regalar.
c) Por mi madre, de nuevo. Ella piensa que la comida enlatada, el recalentado en microondas, los conservadores de todo lo que me dio cuando niño; el precio de la comida práctica que a cucharaditas le dio a sus hijos.
d) Según yo, por mi padre. Él siempre encuentra la forma.

***

TRíCEPS BRAQUIAL DERECHO
El cirujano me hará una biopsia. Una muestra de mi carne o mi no-carne será examinada por laboratoristas para situar mi cáncer en un abanico de posibilidades. El médico está nervioso. Se pone guantes. Me dice que me descubra la pierna. Me talla con un líquido, anestesia local, para después inyectarme otra anestesia: esto va a doler. ¿La anestesia o la biopsia? Ambas. Inyecta. El tumor no reporta mayor picazón, pero el médico está nervioso. Está nervioso. La enfermera asiste al médico colocándose detrás de él. Ésa es su función técnico-moral. No comienza a hacerme efecto la anestesia cuando saca el bisturí y hace una pequeña, mínima, micrométrica incisión. Forma un triángulo diminuto que... Los oídos. Escucho un motor. Escucho un gran motor en mis oídos y le doy aviso al doctor. Mi voz suena tan fuerte como un segundo motor. Mis oídos. Escucho un motor, le digo, muy fuerte, subiendo la voz para que alcance a escucharme, le digo. Y él me pregunta de dónde viene el motor.
a) De la anestesia: me está provocando un trance por el cual accedo al cosmos.
b) De la anestesia: que igual que el jodido cloruro siempre se me va a los oídos y me provoca risa.
c) De la anestesia: no puedo evitar la risa y la enfermera me mira moralmente y el doctor (nervioso) no sabe qué hacer con un paciente riendo en plena biopsia. Propuesta: que me pongan más.
d) Uy, mejor ya no le sigo porque el médico está enojado (y nervioso).

Termina la biopsia. El médico se muestra enojado y la enfermera indignada. Yo sigo sonriendo. Han transferido la muestra a un frasco y, delicadamente (es decir, con asco profesional), la enfermera se lo lleva. El chiste (la biopsia) ya se acabó, me dice el doctor para que me baje de la camilla, me cubra la pierna y vaya con él al escritorio. Y justo ahí veo un ventilador blanco funcionado, apacible, lento, pequeñito y fugaz, en armonía con el cosmos.

AGUJERO DE LA VÉRTEBRA LUMBAR
Quiero tanto a Cecilia que la siento adentro de mí, creciendo como un coral salado llamado cáncer. Sus manos retoñan, transparentes, verdes, engrosan, les salen dedos. Luego los pies. Me duele cuando brotan, cuando patalean. Después los tumores, que ella me explica, son sus pechos. Y, a través de su boca que me salió del ombligo, me dice dulcemente que la acaricie, que la quiera, que frote esas protuberancias, nuestra nueva carne, genitales entumecidos. Lo hago y las deformidades se humedecen, lubrican y se ponen duras. Quieren la penetración de sí mismas.

FOSA CARDIACA DERECHA
Pedro está enredado, me besa con todo su aparato digestivo. Me busca con el inicio y con el final de su tubo endodérmico. Anal y oralmente mío. El virus de inmunodeficiencia adquirida bucea en su torrente sanguíneo, se adhiere a sus células, le mordisquea los músculos, le está comiendo por dentro. Y yo, aquí, sobre el sillón, me lo estoy comiendo por fuera. Pedro, ojos desorbitados, adentro y afuera: combustión.

BAZO
Tengo miedo de mi cuerpo. Enfermo, me está sacando de su perímetro.

HUESO SACRO
Ha llegado mi padre a visitarnos. Pedro y Cecilia no lo recono- cen desnudo, apenas tapado con una hoja de parra. Lo miran desde la distancia, como a una vaca extraña, chiquitita, apenas un cencerro. Yo me acerco. Él no me presta atención cuando trato de saludarlo. Entonces, sólo así, ellos lo reconocen. Él avanza con seguridad, señala un objeto, el sillón ocre desde donde Cecilia y yo vemos el televisor, y lo nombra: codorniz. Y después señala el televisor: arroz. El suelo: reloj. Los muros: fuerte. La mesa: espuma.

Tornillo blanca pez bajo gris con.

***

BRONQUIOLOS DEL PULMÓN DERECHO
Morfológicamente en el tiempo: voy a morir.

***

CUERPO CALLOSO
Del cuello de Pedro pende el árbol que lo sostiene. La soga que lo ata en su rigidez denuncia la gravedad. Gravedad: “Acción que hace que los cuerpos materiales sean atraídos a la tierra || Un efecto físico que conlleva la falta de aire en el pecho || El púrpura en el rostro y la mirada disparada, fuera de toda órbita || Un papalote que no ha de regresar”. Debo confesar que después del puñetazo de la primera vista, el espanto del descubrimiento, vino la calma, un prado que se abría frente a mí con su cielo sublime comenzando a pudrirse. Pero llegó Cecilia. Cecilia gritó. Me gritó. Corrió a descolgarle del árbol que llevaba por perchero, jaló de sus piernas y en su intento logró el tronido de algún huesito. Gritó, gritó más. Creo que le gusta. Fue por un banco y con ayuda de éste logró bajarle. Es decir, cayó. Un fruto maduro y a la vez marchito. Le sostuvo piadosa, lumínica, digna de un óleo sobre tela de medidas variables. Le sacudió el cuerpo y su cuerpo no respiró. Ajeno, yo contemplaba la fuerza de atracción y desprendimiento que ejercía sin estar Pedro presente sobre nosotros: gravitación.

HUESO COXIS
Cecilia le sacude el cuerpo a Pedro y el cuerpo de Pedro no respira. Ajeno, yo contemplo la fuerza de atracción y de desprendimiento que ejerce Pedro sin estar presente. Cecilia, desde la escalinata de su santidad, me mira con recelo y me reprocha no actuar ante la gravedad del asunto. Gravedad: “Carácter peligroso la ‘gravedad del incendio’ || Seriedad, austeridad ‘la gravedad de las palabras’. Palabras”. Cecilia me dispara palabras pesadas, palabras altiso- nantes. Cada letra, con una velocidad proporcional a su masa, cae o se adhiere a algún imán blanco del discurso del que somos parte. ¿Cecilia, entiendes? Aquí hay un sistema elástico, gravitacional, lingüístico que une el adjetivo ahorcado al sujeto Pedro. Mira cómo la palabra putrefacción le carcome el cuerpo. Sujeto, verbo, predicado.

Jonathan Minila es escritor y promotor cultural. Es colaborador de la jornada Aguascalientes y Jefe de Promoción y Relación con los Autores en la Coordinación Nacional de Literatura.

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