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Por qué deberías aprender otro idioma

Las personas multilingües pueden desarrollar la capacidad de desempeñar una variedad de tareas novedosas y detectar cambios en su entorno más rápidamente.

por Josh Clark; traducido por Laura Castro
01 Octubre 2019, 4:17pm

Cosas que debes saber.

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Gracias a dos personas que tuvieron daño cerebral en el siglo XIX, una epilepsia y otra un derrame cerebral, entendemos cómo procesamos el lenguaje. (Probablemente también ayudaron décadas de investigación lingüística).

Después de estudiar a uno de sus pacientes recientemente fallecidos, el neurólogo alemán Carl Wernicke descubrió una lesión en una región muy particular del cerebro del hombre. La lesión era importante porque después de su accidente cerebrovascular el hombre había dejado de entender lo que otras personas le decían. Esto resultó particularmente extraño, ya que las pruebas mostraron que no tenía daños auditivos y que podía hablar tan bien como antes del accidente cerebrovascular. Sin embargo, el derrame cerebral había eliminado su capacidad para dar sentido a las palabras que escuchaba. Al estudiar la región más a fondo, se confirmó que realmente era la responsable del reconocimiento vocal. Después de ser descubierta, la región recibió el nombre de región de Wernicke en honor a su descubridor, y fue así como lograron poner en su lugar una pieza del gran rompecabezas que es la mente humana.

Unos diez años antes otra pieza del rompecabezas había sido descubierta por un médico francés llamado Paul Broca. Al igual que Wernicke, Broca conoció a un paciente que hizo despegar su carrera. El personal del hospital se refería al hombre como Tan, porque era la única sílaba que era capaz de pronunciar.

Tan podía comprender lo que le decían, y le interesaba comunicarse. No parecía haber nada malo con sus habilidades cognitivas, salvo por su incapacidad para decir algo más que no fuera "tan", provocada por una batalla de toda la vida contra la epilepsia. Cuando Tan murió, Broca, como lo haría luego Wernicke, aprovechó la oportunidad para abrir la cabeza de su paciente e inspeccionar su cerebro en busca de anomalías. Él también encontró una lesión, solo que en una región distinta del cerebro, y esta terminó por llamarse el área de Broca.

Ambas regiones del cerebro siguen vinculadas a nuestra capacidad de hablar. En conjunto, reúnen la mayor parte de nuestra capacidad para producir y comprender el lenguaje hablado. Proveen una función especializada, como otras regiones del cerebro que nos permiten procesar imágenes y sonidos, permanecer de pie sin caernos, llevarnos comida a la boca, retirar los brazos de encima de las estufas encendidas, etc.

Es gracias a pacientes con daños cerebrales catastróficos como los de Broca y Wernicke que la ciencia llegó a comprender que las diferentes regiones del cerebro tienen funciones especializadas.

Y sin embargo, todas estas áreas funcionan juntas, y eso es gracias a la corteza prefrontal. Es esta capa externa del prosencéfalo, la región cerebral más reciente y de mayor funcionamiento, la que está a cargo de todas las demás. La corteza prefrontal ha crecido más rápido que el resto del cerebro durante el curso de la evolución humana, y durante milenios ha hundido sus tentáculos en las regiones más antiguas del cerebro, monitoreando sus funciones y propósitos para así determinar las mejores formas de usarlos.

La corteza prefrontal ha ayudado a clasificar nuestras funciones cerebrales en lo que reconocemos como un orden coherente y, en el mejor de los casos, elegante, que continúa permitiéndonos construir, mantener y entender la civilización humana: una nueva y más amplia imagen de la existencia humana. La corteza prefrontal gobierna las otras áreas del cerebro con puño de hierro, guiándolas para unir sus distintas funciones en un todo coherente, basado tal vez completamente en una gran estrategia presente en cada individuo para lograr sobrevivir e, incluso, prosperar casi a cualquier costo.

Por ejemplo, lo que alguna vez habrían sido sensaciones dispares de un deseo de comer, de una necesidad de contacto sexual y la capacidad de levantar un objeto pesado de manera segura, ahora se pueden combinar para producir la idea de que, tal vez, la mejor manera de maximizar nuestras posibilidades de apareamiento es negarnos a la satisfacción de corto plazo derivada de los alimentos y, en su lugar, involucrarnos en una estrategia a largo plazo de hacer dieta y ejercicio para mejorar la apariencia externa de nuestro cuerpo y volvernos más atractivos para una pareja.

Evitar que todas estas regiones cerebrales distintas se dispersen requiere de un líder fuerte, y la corteza prefrontal es la que tiene los ases bajo la manga. Se sospecha que la tiranía de la corteza prefrontal es tan grande que existe la hipótesis de que el savantismo adquirido (otro ejemplo de daño cerebral catastrófico que contribuyó con la comprensión científica del cerebro) es el resultado de una pérdida de control de la corteza prefrontal sobre una parte creativa del cerebro, lo cual permite que alguna región especializada en fantasía se desboque y produzca proezas desmedidas de la memoria y el arte.

A pesar del poder de la corteza prefrontal y la fuerza de su tiranía, existe una parte de nosotros que gobierna la corteza prefrontal, y esa parte es capaz de tomar las medidas necesarias para fortalecer aún más la corteza prefrontal y refinar aún más sus procesos, si así lo deseamos. En resumen, si queremos, podemos volvernos más inteligentes. Y es en este punto donde, por fin, podemos explicar por qué vale la pena convertirnos en multilingües.

Bueno, ya casi llegamos a ese punto.

Durante mucho tiempo se argumentó que no era bueno aprender segundos idiomas porque eran una distracción, que literalmente distraían al cerebro de llevar a cabo tareas de manera oportuna, pues lo confundían al obligarlo a considerar primero qué idioma necesitaba utilizar a la hora de producir una respuesta.

En el siglo XXI, el péndulo se ha inclinado casi por completo en la dirección opuesta: el multilingüismo está estrechamente asociado con la inteligencia, y es algo bastante razonable. Los descendientes científicos de Broca y Wernicke tienden a concordar en estos días en que aprender más de un idioma fortalece el funcionamiento del cerebro. Y es aquí donde realmente llegamos al punto donde podemos explicar por qué vale la pena convertirse en multilingüe.

Resulta que las primeras observaciones con respecto a que el multilingüismo confunde al cerebro eran correctas. Las regiones del cerebro que son responsables de reconocer y producir el español o el urdu son las mismas que procesan y producen el idioma nativo de un individuo. El lenguaje, al parecer, es lenguaje en lo que respecta a las regiones cerebrales especializadas. Es responsabilidad exclusiva de la función ejecutiva de la corteza prefrontal identificar qué lenguaje debe procesarse y producirse en cualquier situación dada.

Esto significa que, al aprender uno o más idiomas adicionales, estás forzando a la corteza prefrontal a establecer una nueva conciencia dentro del cerebro, una conciencia de, digamos, el idioma alemán, lo que esencialmente expande la cantidad de información a la cual la corteza cerebral debe darle seguimiento.

Al hacer esto, el individuo crea el equivalente a un circuito de entrenamiento físico para la corteza prefrontal, en comparación con la naturaleza relativamente trivial de reconocer el contexto por el cual debe procesarse y producirse un idioma nativo, lo cual la corteza prefrontal ha hecho prácticamente sin esfuerzo durante todos los años que has sido capaz de producir y reconocer tu idioma nativo.

Cuando aprendes otro idioma, estás despertando a la corteza prefrontal, que, a pesar de la asombrosa rigurosidad de su eficacia, tiende a la pereza al reconocer patrones y establecer rutinas para llevar a cabo sus funciones. Se podría decir que, a la corteza prefrontal no le gusta reinventar la rueda. (Esto es comprensible ya que probablemente fue literalmente la responsable de inventar la rueda).

Entonces, aprender un nuevo idioma, al parecer, fuerza a la corteza prefrontal a salir de su rutina, reorganizarse y desempolvar sus viejos surcos. Es el equivalente cognitivo de disparar al suelo, justo delante de sus pies, y así hacerla bailar.

Y al igual que sucedió en el caso de nuestro idioma nativo, se espera que, con la práctica, la corteza prefrontal mejore en su nuevo papel de negociar el multilingüismo. Con el tiempo, encontrará nuevas rutas y rutinas en las cuales caer. La extrapolación obvia es que cuando lo haga, seremos mucho más inteligentes y hábiles que nuestras contrapartes monolingües al transicionar entre situaciones distintas.

Esta descripción es, por supuesto, terriblemente antropomórfica e incluso posiblemente sea incorrecta. Si bien se basa en los hallazgos más recientes de los efectos del multilingüismo en el cerebro y la función ejecutiva, la investigación científica sobre la función ejecutiva aún es relativamente incipiente.

Lo que se ha encontrado es prometedor y tiene sentido: las personas multilingües pueden desarrollar la capacidad de desempeñar una variedad de tareas novedosas y detectar cambios en su entorno más rápidamente; el inicio de la enfermedad de Alzheimer se produce aproximadamente cinco años más tarde en las personas multilingües.

Pero los estudios actuales involucran cosas como medir qué tan rápido los niños colocan bloques de colores en cajas y cosas por el estilo; los defensores del multilingüismo como un medio para aumentar la inteligencia (como yo) están haciendo extrapolaciones a partir de ese tipo de observaciones.

Y, como señala Madalena Cruz-Ferreira en su blog Being Multilingual [Ser multilingüe], todos los campos de la educación y la psicología que promueven el multilingüismo como una "panacea" para aumentar la inteligencia se parecen mucho justo al lado opuesto de la misma moneda, que en el siglo pasado calificaba al multilingüismo como la viruela de la inteligencia.

Quizás, en otras palabras, aún nos hacen falta elementos para entender bien todo esto. Sin embargo, eso es algo difícil de imaginar. Al parecer en general somos mucho más inteligentes de lo que éramos a mediados del siglo pasado, pero eso podría ser solo arrogancia histórica. Aún así, saber más, comprender más puntos de vista, aprender cómo ven otras personas el lugar de donde vienes, viajar fácilmente por todo el mundo y expandir el grupo disponible de personas a las que puedes llegar a conocer mejor —todos ellos beneficios prácticos derivados de aprender otro el lenguaje—, da como resultado una suma de factores que al unirlos es difícil que no resulten en el surgimiento de una persona más inteligente.

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