ESPAÑA

La viuda de un militar español muerto en servicio: ‘Hubo mala praxis médica y se lavaron las manos’

Inmaculada Rey, la viuda del cabo Rubén Sixto, sigue luchando por enjuiciar la muerte de su marido, fallecido tras enfermar a bordo de un buque en 2012. Sostiene que murió por negligencia médica y vulneración de los protocolos militares de evacuación.
19 Septiembre 2016, 7:50am
Entrega de la bandera de combate al Blas de Lezo, el buque donde Rubén Sixto enfermó en 2012. (Imagen por Ministerio de Defensa)

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La última misión de cooperación internacional en la que se embarcó el cabo primero Rubén Sixto no tuvo vuelta atrás. Fue en 2012, a bordo de la fragata Blas de Lezo, y la muerte se lo llevó por delante. Sixto, natural de Ferrol, Galicia, tenía entonces 36 años, llevaba 18 años sirviendo al ejército y estaba casado.

Hoy, tras diversos varapalos judiciales, la viuda de Sixto, Inmaculada Rey Arias, sigue sosteniendo que su marido murió debido a la mala praxis médica y a la vulneración de los protocolos militares para evacuar a los enfermos.

El 8 de mayo de 2012 sobre las 19h de la tarde, Sixto, después de un mes navegando, se sintió indispuesto, estaba mareado y tenia un fuerte dolor en la pierna izquierda, y recibió la atención del comandante médico del Blas de Lezo.

Su estado empeoró y al día siguiente, tras una cadena de diagnósticos erróneos y de valoración por parte del facultativo de la fragata y su tardía evacuación para trasladarlo al hospital, el cabo primero falleció en el centro hospitalario Shands Jacksonville de Florida, Estados Unidos, debido a una disección aórtica.

El plan de evacuación

"El médico y el comandante de la fragata son los responsables porque el diagnóstico de Rubén era erróneo, el tratamiento inapropiado y si lo hubieran trasladado antes al hospital, tal y como establece el plan de evacuación, ahora muy probablemente seguiría vivo", considera Rey.

La viuda se refiere al plan de evacuación facilitado por el propio Ministerio de Defensa a su abogada durante las diligencias previas que realizó el juzgado togado militar central para investigar el caso, que acabó por archivarse, de la muerte del militar.

Aunque el citado documento, titulado doctrina sanitaria conjunta, hace referencia a casos de lesión, establece que se "debe permitir que las bajas sanitarias alcancen cirugía de urgencia lo antes posible, y antes de las seis horas de producida la lesión". Dolores Flores, la letrada que representa a Rey, asegura que este es el criterio que debería haberse empleado en el caso del militar fallecido, que tardó 17 horas en llegar al hospital.

Una tesis que no pudo ser contrastada dado que el juez de las diligencias previas no permitió que la abogada interrogara al comandante de la fragata sobre el supuesto incumplimiento de este protocolo de actuación, pero que no ha sido en ninguno momento rebatida por la contraparte.

El error de diagnóstico

El joven cabo primero no sufría un simple síncope vasovagal, tal y como diagnosticó el comandante médico sino una disección aórtica, una afección grave que consiste en la rotura de la pared principal de la aorta. Así que la inyección de hasta nueve dosis de adrenalina, que acelera bombeo del corazón incrementando así el ritmo cardíaco, habría empeorado su estado de salud.

Pero el error inicial de diagnóstico se llevó hasta las últimas consecuencias y pese a la crisis que sufrió tres horas y media después de la primera atención recibida, algo que, de acuerdo con el perito de la acusación indicaba que la valoración médica era desacertada, el facultativo no cambió su parecer y siguió con el mismo tratamiento.

Sixto presentaba hipotensión, sudoración y estaba pálido, pero el médico no pidió que el enfermo fuera evacuado aunque al hacerle el primer reconocimiento había comentado al comandante de la fragata que, si esa noche no mejoraba, habría que trasladarlo.

No mejoró, continuaba con la tensión muy baja, y el facultativo contactó con un cardiólogo de guardia del Hospital Gómez Ulla por teleconferencia. Eran las 02:30 horas de la madrugada y tras las explicaciones del médico de fragata, el especialista no desestimó su primer y único diagnóstico.

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"Aunque inicialmente la clínica podía ser confusa, un síncope vasovagal no dura tanto en el tiempo y mucho menos requiere de fármacos tan potentes como puede ser la adrenalina...", afirmó el perito de Rey al ser interrogado durante la instrucción judicial militar.

Asimismo lo afirmó Antonio Domingo, el perito médico de Sanidad Militar designado por el propio juzgado militar que archivó la causa: "lo normal es que un síncope vasovagal no pase de las tres o cuatro horas".

En este contexto, Flores aún considera más grave que el médico no hubiera revisado el historial clínico del paciente tal y como indiciariamente se desprendió de la investigación, dado que la hermana de Sixto había fallecido de una cardiopatía isquémica. Se trata de una patología favorecida, a menudo, por la arteriosclerosis [endurecimiento de arterias de mediano y gran calibre], tal y como sucede con la disección aórtica.

En el primer informe que redactó el médico de la fragata, sólo se hace mención a la revisión del historial clínico tras 16 horas de tratamiento. Aunque, durante el proceso de instrucción, el facultativo defendió que lo había consultado con anterioridad.

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"No culpamos al médico del error de diagnóstico, sino de que pese a sus conocimientos y preparación facultativa, sin necesidad de tener una especialidad concreta en medicina, no llegara a entender la grave situación que tenía enfrente, que aquel cuadro médico del paciente se le estaba yendo de las manos y que no lo evacuara después de tantas horas", dice Flores.

"Hubo mala praxis y ellos [el ejército] se lavaron las manos", lamenta Rey.

Tras el archivo del caso, la viuda presentó un recurso de amparo al Tribunal Constitucional por vulneración de sus derechos fundamentales como la tutela judicial efectiva. En su resolución, el máximo órgano judicial considera que el caso "incurre en extemporaneidad por haberse prolongado, de modo manifiestamente improcedente, la vía judicial efectiva".

"Yo solo seguí los tiempos que me marcaba la justicia militar", afirma Rey al respecto.

El caso llegó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que también inadmitió la demanda por no cumplir ésta con los requisitos de admisibilidad recogidos en el convenio que rige su actuación y sin entran en el fondo del caso.

El testigo

"Lo abandonaron, lo dejaron morir, murió por negligencia", añade. Arias recuerda con dolor la declaración de uno de los testimonios según el cual a las 21h de la noche de ese 8 de mayo, dos horas después de ser tratado por primera vez en la enfermería, se lo encontraron al lado del puesto médico buscando al facultativo.

El declarante afirmó que "estaba pálido, arrastraba los pies y apenas sabía donde se encontraba" y que le dejaron en la cama de la enfermería y fueron a buscar al enfermero, que asistía al doctor, a su camarote. Otros, en contraposición, aseguraron haberlo visto acompañado en todo momento.

Al día siguiente, a las 11:45 horas de la mañana, Sixto sufrió otra crisis, con hipotensión severa, otra vez la palidez y la sudoración. Entonces, decidieron evacuarlo pero ya fue demasiado tarde.

Los casos de disección aórtica requieren de una intervención quirúrgica rápida y solo entre 15 y el 20 por ciento de los afectados mueren por esta dolencia.

La segunda vía judicial

Agotada la vía penal en la justicia militar y ordinaria, Rey, asesorada por su letrada, ha exigido la responsabilidad patrimonial por la muerte de su marido al Ministerio de Defensa, y también se la han denegado. El ministerio no quiso manifestarse respecto del caso y no respondió a las peticiones de información solicitadas por VICE News.

Pero la lucha sigue. Flores presentará en los próximos días una demanda a la Audiencia Nacional para agotar la vía contencioso-administrativo respecto de la responsabilidad patrimonial donde deberá probar que el estado incumplió con Sixto al no garantizar su seguridad mientras estaba de servicio en el buque.

"Voy a llegar hasta el final, quiero que se cuente la verdad aunque ello me cueste la vida misma", sentencia la viuda. Su lamento tiene un eco amargo pero inquebrantable tras más de cuatro años de lucha.

Si realmente actuaron correctamente, expresa Rey, "¿por qué repartieron entre los marines un atestado con la versión de los hechos sucedidos aquella noche?". Así lo confirmó un testigo en su declaración al asegurar que unos cabos primeros le dijeron que había un mensaje en distribución y que era el atestado de lo que había pasado". Si alguno lo quería, precisaron, "lo tenía a su disposición".

Luis Gonzalo Segura ha contribuido a la elaboración de este artículo.

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