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Hoy eres oveja y mañana lobo: Una entrevista con los muchos Yoga Fire que existen

Yoga Fire es un hombre del renacimiento, pero del barrio. Y aunque tal vez puede no parecerlo, habla sabias palabras.

por Adrián Román
04 Mayo 2016, 3:00pm


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El Origen

Lee las mentes y es capaz de presentir el mal. Puede escupir fuego por la boca, estirar sus brazos y piernas a un nivel sobrehumano. Se inscribió en Street Fighter para salvar a su pueblo de la pobreza. En el cuello porta las calaveras de varios niños que murieron durante una plaga. Su nombre es Dhalsim, uno de los héroes más carismáticos de las farmacias en la década de los noventa. "Yoga Fire!" era lo que gritaba al lanzar su ataque.

Ghostface Killah del Wu Tang Clan le dijo a Yoga Fire, MC parte de Homegrown Entertainment, peluquero y figura emblemática del (t)rap chilango, que se parecía a Dhalsim, cuando pasó por DF en 2008. Flaco y ñango, con fuego en la boca. En el barrio lo conocen como H por su época de grafitero. "Yo siento que me morí, desde hace como un par de años. Y ahora soy esto, el man que está ahorita hablando contigo".

"La primera vez que tuve un chingo de pegue fue cuando me puse los dreads. Me cayó mucha pussy, y no sabía qué hacer. Ya tenía la mía, pero quería todas. Yo tenía una buena mujer, en cambio decidí tener a todas las mujeres malas, como si fuera una enfermedad. Ahora regresan los dreads, pero a resolver un chingo de cosas, no vienen a destruir. Es como un rebautizo".

"A mí me dicen El Cigarro. Por alucín. 'Qué buen cigarro traes' es una expresión para decir que tus aspiraciones son desmedidas". Yoga se encuentra en esa etapa en donde comienza a materializar las pachequeces. "Comencé con el cigarro de que podía ser la fuente del style. Y lo logramos". Se refiere a que la gente con la que trabaja en este local han establecido tendencia en el hip hop nacional. Emecenas vende y hace playeras y es la mente maestra detrás de la tienda Never Die, con la que comparte el local la peluquería. Los otros peluqueros son parte de la banda. "Esta es mi banda, con ellos chambeo en el mismo lugar y si hay pedo todos jalamos y si no, también chupamos tranquilos".

Yoga estuvo metido en el rollo Hare Krishna. Ahí encontró la religión cool que todos buscamos. Estuvo de vegano seis años y no consumía, pero cuando le dijeron que ya no podía tener relaciones sexuales, renunció.


Emecenas

El peluquero

Es sábado, las máquinas cortadoras de cabello zumban, el pelo cae al suelo alrededor de las sillas, las cervezas se encuentran, suenan, se evaporan, reviven, tan llenas como la primera vez que llegaron al local. Hay una alineación de raperos que bien podría provocar una epidemia de versos rabiosos que exterminara todo lo vivo en la ciudad. No, a mí no me mienten, esto no es una peluquería normal.

"Cortar el pelo es una onda más recreativa. La banda luego no se da cuenta, pero hay veces que mientras estoy cortando también escribo. No estoy cortando el pelo, ni escuchando la música a mi alrededor. Estoy escribiendo una rola".


Yoga cortando el pelo a Dee de Hood P

El Barber Shop se llama Los Classics, y se encuentra en el primer piso del edificio marcado con el número 70 de la calle 16 de septiembre, en pleno downtown mexica. A la entrada del edificio hay un puesto de ridículos disfraces para perros y subiendo las escaleras, sentencias y risas vuelan por todas partes: "El primer paso para triunfar es creerte tu mentira", dice uno de ellos. El peluquero ríe y el resplandor de sus grills (joyería dental) ilumina todo, con más brillo que el diente de oro de Pedro Navajas.

"El Yoga que corta el pelo es más familiar, más tranqui. Aquí no soy un artista, no soy un valeverga. Estoy al servicio de la banda. Aquí son lecciones de humildad muy cabronas. La cortada de pelo me enseñó a ser servicial, a no ser soberbio. El Yoga que corta el pelo paga cuentas, está en un modo de hombre de la casa, de llevar el pan a la mesa. Pero si Yoga no rapeara, no habría tanta gente aquí. Se necesitan ambos mutuamente. Es Symbiote, como Venom".

A Los Classics viene gente de todas las edades y clases sociales. El oficio de peluquero lo aprendió de forma improvisada. Caminaba bajo el inclemente sol de Rosarito, Baja California, sin otro remedio que rascarse los bolsillos del pantalón una y otra vez, para comprobar que no crecía la cantidad que portaba. A lo lejos distinguió a unos cholos haciéndose fades en plena calle. Yoga les preguntó si le enseñaban. Respuesta negativa. No se rindió, miró a su cuate y le dijo: "Vas, que te corten a ti, y mientras yo lico qué pedo". Había intentado varias veces hacer fades pero no lo lograba. Mirando a aquel cholo rosarino se percató de que no usaba la máquina del modo correcto. Por un tostón, el único billete en su escuálida economía, aprendió el truco. Jamás lo olvidó.

Al principio cortaba el pelo a cambio de unas chelas, un toque; experimentaba con sus compas y su carnal. Quiero preguntarle si esto lo hace por gusto o necesidad. Pero no veo el caso. Comenzó con una máquina Wahl —ni siquiera sabía que existían graduaciones de peinetas como 1 ½. Ha ido adquiriendo más conocimientos e ideas para cortar el pelo gracias al graffiti. "Esto ya no se va a ir, se va a quedar, es un lifestyle". Su clientela cuenta con varios cholos, deportados del gringo, banda que viene a buscar los cortes que les hacían del otro lado.

Después de ver un par de cortes, sabes que cualquier cosa que pidas es posible en este lugar. Aquí se hacen playeras y sudaderas, hay un pulpo de serigrafía gigante al fondo de la tienda, se venden cletas, parafernalia 420, discos, gorras… No, esto no es una peluquería: es una comuna, una hermandad.

El proceso creativo

Al escuchar la pregunta hace una pausa. Un hueco en el tiempo y se escapa, aunque permanece aquí, de pie, con la máquina encendida en la mano. A pesar de estar frente al espejo no mira su reflejo, mira hacia adentro. Es obvio: "Es un proceso cagado. Platico algo aquí, con los amigos, o me pasa algo, o ando de un mood tal que me llega una idea o un concepto y de ahí arranco. Me pregunto, ¿esto será un coro o un sampler?"

"Cuando surge la idea de un verso le voy dando en el camión, en el Metro, mientras camino, mientras corto el pelo. Un día antes de grabar en el estudio escucho bien la rola. Me pongo pedo, inhalo, me pongo a coger, a echar desmadre para traer ese feeling. A veces en las mañanas uso Ritalín, para pulir la rola en aspectos técnicos".

"A veces se esconde la cabrona, por mucho tiempo. Necesito estar bien para escribir, que esté bien el negocio, la casa, la morra, los bolsillos. Es más fácil así, porque vienes de ganar. Vienes llegando de cualquier situación mundana que te pone pensativo".

"Antes escribía machín en la combi, como que el ver cosas te pone a caminar la rata. De repente estás en la party y te madreas a unos güeyes que se quisieron pasar de verga y haces una rola de que nadie se meta con tu equipo. O alguien de la banda llega con una buena noticia, y entonces surgen rolas, himnos pa la banda."

"Ya probé la inestabilidad para crear y no me fue tan chido. Ya me tocó andar en la eriza, ya me tocó andar robando carros, defraudando a la gente que me quiso y apoyó. Ya me tocó hacer mamadas, y las canciones que salían… les quiero llamar buenos intentos".

"Hablando del mood destructivo, la fiesta, las putas, salen mejor ahora las rolas, aunque ya no esté viviendo eso. A través de comparar los dos procesos creativos. Tiene que ver con haber crecido. Aunque también se pueden hacer buenas rolas desesperado, cuando andas descorazonado. Se pueden escribir himnos cuando te está yendo de la verga".

"Uno cuando agarra el rap tan morro piensa que las cosas hay que vivirlas al pie de la letra. Se casa con ese lifestyle y con un chingo de pendejadas en la cabeza. Te creas héroes, los tomas como doctrina y pues tu vida se te va mucho en ese pedo. Te quedas ahí, siendo un adolescente eterno. Hasta que te das cuenta que los güeyes que tú tanto mamas son parte de una industria. De un sinnúmero de planes y estrategias para que lleguen a gustarte a ti".

"En el camino de complacer a todo mundo terminas por no complacer a nadie. Ni siquiera a ti mismo. Es como una traición que te haces y que te cobra muy caro el rap. El pedo de agradar, de meterte al estudio a intentar hacer un ritmo comercial para pegarla, para subirte a los millones de dólares, a donde sea que sea tu intención. No, por ahí no es la onda".

La música

"El otro Yoga, que también nació en 1985, es poderoso. El Yoga de los súper poderes, de la súper fiesta, el súper aguante, el del 'ya me dijo algo, ahora lo pateo', el de '¿qué le ves a mi vieja?', el que de repente en la peda dice: 'Vámonos por tenis, por coca, a cotorrear. Vamos a hacer una rola que hable del culo'".

"Pertenecía al nerdy rap, de esa época del rap post dosmiles. El rap de las palabras, de la métrica, del soy real y no me vendo, de todo ese pedo. Comencé a hacer un rap más electrónico, hacíamos todo con cajas de ritmo en vivo. Todo lo hacíamos ver bien experimental, bien jazz. Empezamos a intentar hacer trap; tampoco resultó como esperábamos, pero fuimos dándole forma a lo que hoy tenemos, que es la combinación del nerdy y el trap".

"Lo conectamos con lo que a mí siempre me ha gustado, que es la música jamaicana. Durante un rato me alejé de mi estilo por querer hacer lo que está de moda. Pero no era mi realidad. Cuando adaptas todas las influencias a esto que estamos viviendo en la Ciudad de México, queda esta madre que estamos haciendo, que tiene trap y tiene dancehall".

"Uno siempre está buscando el ritmo. El nuevo ritmo está adentro. El futuro de tu música está dentro de ti. Tú ya lo traes. Traes el próximo paso del hip-hop. Yo oigo y pongo en mi fiesta lo mismo que pone Drake. No tiene que estar el mexicano escuchando a Boricuas para copiarles palabras y estilos. La banda tiene que buscar adentro. Yo lo hice y encontré un putero de reggae music. Hay un putero de salsa. La salsa fue la primera letra que me conmovió, cuando escuché "Idilio", de Willie Colón. Yo vengo de todo eso".

"El rap es eternamente joven, porque siempre se reinventa. Cuando te das cuenta ya está el nuevo rap. Es muy rara esa madre. Y si tú adoptas esa filosofía de vida, no mames, a cada rato estás evolucionando. Tiene la llave de la eterna juventud".

Camino al estudio

Nos encontramos trepados en una troca choncha cuyas bocinas escupen el ritmo hipnótico de Kendrick Lamar. En una televisión alcanzamos a ver un partido de fucho que luce tan aburrido y agobiante como los transeúntes que sudan atosigados por este pinche sol chilango. Vamos comiendo pollo KFC, mientras el paso aletargado de los autos desquicia a varios conductores. Yoga va bailando, canta, disfruta lo que va entrando en sus oídos. "Está ultravergónico", declara con la autoridad de quien sabe qué dice.

"Con una rola no vas a cambiar el mundo. Vas a cambiar tu entorno. No vas a cambiar nada por un mensaje que ya está bien pasado".

En el estudio hay un candelabro gigante que cuelga elegante, con porte de gente rica. Hay chimenea, una caja fuerte, y encima de la consola una cúpula de cristales. A continuación habla Álex Malverde, representante de Yoga y fundador de Homegrizzy:

"El criterio para que alguien grabe bajo mi sello es que sea bróder. Con eso se evita la lucha de egos. El pedo es hacer equipo. Nosotros, antes de montar esto, éramos amigos y nos juntábamos para echar desmadre. Un día dijimos: 'Bueno, ¿y por qué no nos juntamos para armar una disquera?'". Así nació Homegrown, casa disquera que entre sus homies cuenta a Mike Díaz, Alemán, La Banda Bastön, Serko Fu, Álvaro Díaz, Bruno OGy otros. "Es nuestra cosecha, todos le hemos chingado" concluye Álex orgulloso.

Yoga agrega: "Es probable que el siguiente disco lleve por nombre S.W.I.T.C.H. Todos cambiamos, hoy eres oveja y mañana lobo".

El rapero

"Traté de hacer música comercial, de decir abiertamente: 'Soy un vendido'. Y no se pudo. No me salió. Cuesta un chingo. Una canción es trabajo de mucha gente y hay que respetarlo". Yoga dice que hay raperos o fans que lo ven mal, porque su ropa no es holgada, pero hace tiempo que le dejó de importar la opinión de los demás.

"La noche es joven como Dorian Grey". Pases de coca, deliciosas nalgas twerkeando trap: "Ese culo se merece un diez/ entre todos, en la fiesta, es el Mercedes Benz". Fajos de billetes alrededor del rapero que yace en un rictus de absoluto hedonismo. La rola se llama "Como Diplo", el video está abajo. La producción es de Frank PTM y el boricua Young Martino.

"Mi papá fue comerciante en Tepito, ahora trabaja, todos los días lo ves leyendo un libro. Se mete a cagar y lee". Reflexiona sobre su gusto por las letras. Siempre fue bueno para las palabras, desde niño. En la primaria ganó un concurso de aprovechamiento y el premio fue conocer a Ernesto Zedillo. "Pero no lo saludé," recuerda retador.

Otra vez habla Álex: "Muchos raperos mexicanos piensan que porque son muy buenos ya la armaron, pero no tienen asesor. Hay un tope hasta donde llegas solo; si lo quieres cruzar, lo podemos pasar juntos. Se trata de eso, de que todos jalemos parejo. Yoga ha cambiado, ya no sube con actitud de rompemadres, con cara de perro cuidador".

Una de las influencias definitivas de Yoga fue una tía suya que se fue con los zapatistas. Cree en absoluto en la autogestión. Y lo pone en práctica: "Mis peluqueros eran fans míos, los chavos que me ayudan, y una noche no tenía DJ, que me los jalo. Y así aprendieron a mezclar y a rapear, del mismo modo que aprendieron a cortar el pelo".

"En realidad sólo ha cambiado la manera en que aprovecho mis oportunidades. Seguimos abajo, pero queremos ir para otro lado".

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