Medio ambiente

Por qué Venecia odia ser la capital del turismo mundial

Venecia tiene 55.000 residentes y es visitada por 20 millones de turistas al año. Mientras el ayuntamiento no para de aumentar sus arcas, los vecinos están cada vez más hartos.

por Isabella Mackie
10 Octubre 2016, 6:25am

Manifestaciones contra la llegada de cruceros a Venecia el 25 de septiembre de 2016. (Imagen por Fabrizio Di Nucci/NurPhoto vía Getty Images)

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Venecia está sobrepasada por el turismo. Tal es el mensaje que sus vecinos han denunciado en los últimos años. Claro que las manifestaciones solo se están desatando en las últimas semanas.

Hace unos días, los residentes de la ciudad italiana se subieron a sus barcas para protestar contra los cruceros que surcan diariamente las aguas de los principales canales de la ciudad. Un grupo de activistas locales llamado Generación 90, que lucha por preservar la identidad de la ciudad, ayudó a organizar la manifestación en la que los vecinos caminaron el ancho del municipio conduciendo carritos de la compra mientras coreaban las estrofas: "¡Vigila tus piernas, llevo mi carrito!", un refrán que se ha vuelto popular en la ciudad y que alude a las dificultades de los vecinos para moverse por las calles de Venecia debido a la abundancia de turistas.

Más allá de las bromas, los vecinos tienen sus motivos para estar cansados del turismo. Cada día su población se cuadriplica por el desembarco de extranjeros.

Los vecinos tienen una extensa lista de quejas, que van desde su hartazgo de los souvenirs horteras que se venden por toda la ciudad, hasta la imposibilidad de ir a sus restaurantes favoritos —que están llenos cada día— hasta la suciedad que dejan a su paso los turistas más desconsiderados. Luisella Romero, que dirige la agencia See Venice Tours, defiende que la situación podría mejorar con la redacción de una estatuto sobre turismo sostenible, en la que se cifren una serie de reglas sencillas que deba de observar cada operador, como por ejemplo, prescindir de los megáfonos, no organizar grupos mayores de 20 personas, y obligar a que los guías oficiales sean vecinos que conozcan los lugares por los que llevar a los visitantes.

Sin embargo, todas ellas son propuestas que no hacen mucho por los vecinos, quienes se quejan de que la identidad de la ciudad en la que viven se pierde con cada visitante y con cada crucero que llega a su orilla. Para algunos, la vida en este histórico oasis se ha convertido en algo insoportable. Muchos vecinos se quejan de estar perdiendo su modo de vida y la identidad de la ciudad.

A día de hoy la ciudad solo cuenta con 55.000 residentes, mientras que alrededor de 20 millones de personas la visitan cada año, infestando sus pequeñas calles y las aguas de sus canales a bordo del cada vez mayor número de embarcaciones que surcan la ciudad. Además existe una preocupación cada vez mayor ante el aumento de los precios de la propiedad, y muchos vecinos se han trasladado a zonas colindantes como Mestre debido a los precios prohibitivos.

Marco Baravalle, miembro el comité que se opone a las grandes embarcaciones, Comitato No Grandi Navi, asegura que la vivienda se ha convertido en uno de los mayores problemas de los vecinos. "En Venecia hay cientos de apartamentos vacíos. La propiedad inmobiliaria privada está fuera de control. No necesitamos ni más impuestos ni más controles, necesitamos una legislación que invite, a pesar de los detractores fiscales, a los propietarios a alquilar sus casas a los residentes en lugar de a los turistas".

Entre todos los temas tratados, uno se ha erigido como el mayor enemigo — los cruceros. En 2014 a estos enormes hoteles flotantes se les prohibió entrar hasta el centro de Venecia. Sin embargo, la prohibición fue rápidamente fulminada y ahora un mínimo de 10 cruceros llegan semanalmente a la ciudad, en la que se apean un promedio de 1,8 millones de turistas por semana.

Los perfiles de los cruceros ensombrecen a diario el Palacio Ducal, y sus detractores les acusan de causar un sinfín de problemas en la ciudad, por no hablar de las funestas consecuencias ambientales. Pero la principal queja de los vecinos es que los turistas que descienden a diario y que infestan las calles de Venecia apenas gastan nada — básicamente descienden, caminan unas horas y regresan al crucero donde les espera una comida. Los políticos locales parecen reticentes a remediar este problema, habida cuenta de que la terminal a la que llegan los cruceros da trabajo a mucha gente y supone un ingreso monumental para su ayuntamiento.

Joann Locktov, que ha publicado varios libros sobre Venecia asegura que "parte de la parálisis en Venecia parece provocada porque los problemas están asumiendo dimensiones de crisis. La gestión negligente de la ciudad es sistémica, se viene produciendo desde hace décadas, y el cansancio de los vecinos ha llegado a un momento culminante. Por cada asunto que hay que resolver, hay también infinitas soluciones, y todas ellas incorporan a su personal delegación de expertos y de políticos persuasivos defendiendo sus propios intereses.

En la manifestación más reciente los activistas se embarcaron en góndolas y esgrimieron pancartas mientras navegaban por el itinerario de los cruceros, impidiendo que algunos de ellos lograran avanzar. Para Marco Bravalle esta lucha tiene un valor simbólico — la romántica esperanza de una revolución popular. "Ganar esta guerra, derrotar a las corporaciones que organizan los cruceros y que están alineadas con la autoridad portuaria y con el alcalde de la ciudad, sería un espaldarazo monumental para todas las fuerzas que luchan por combatir el obsceno mercado neoliberal que controla y promueve el ayuntamiento de la ciudad".

Las autoridades venecianas no han propuesto ningún cambio a corto plazo. Baraville es optimista con el futuro de las manifestaciones: "¡Las manifestaciones son fundamentales! La única solución para Venecia pasa por un cambio radical. Y la única manera de conseguirlo es a través de una masiva movilización popular". Marco Caberlottto, de Generación 90, está de acuerdo: "el planeta entero nos está observando con interés. Necesitamos empezar a cambiar las cosas a mejor o nos arriesgamos a perder una de las ciudades más hermosas del planeta hasta dejar que se convierta en un parque temático".

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