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Fotos del río más sucio del mundo

La gran cantidad de agentes químicos que contaminan el río Citarum, en Indonesia, han penetrado en los pozos de aguas subterráneas y han causado irritaciones cutáneas e inflamación pulmonar a los habitantes de la zona.

por Iqbal Kusumadirezza; fotografías de Iqbal Kusumadirezza; traducido por Mario Abad
02 Octubre 2019, 4:12pm

Todas las imágenes por Iqbal Kusumadirezza. La foto muestra un afluente altamente contaminado del Citarum en Batujajar, en 2019

Artículo publicado originalmente por VICE Italia.

Este artículo forma parte de Covering Climate Now, una colaboración internacional entre más de 250 medios para dar mayor cobertura a las noticias sobre el medioambiente.

Son muchos los ríos que recorren Indonesia, pero de todos ellos, el Citarum es el que tiene peor fama. La prensa internacional lo ha bautizado como “el más sucio del mundo”.

El río, que nace en el monte Wayang, en Badung, y desemboca en el mar de Java, tiene una longitud de 286 kilómetros y es el más largo de Java occidental. Antes de que sus aguas fueran tóxicas, el Citarum era imprescindible para la vida de los habitantes de las ciudades de Jakarta, Bekasi, Karawang, Purwakarta y Bandung. Abastece de agua a más de 420 hectáreas de tierras de cultivo. La llegada de la industrialización a la región tuvo un enorme impacto negativo sobre el Citarum y prácticamente dejó a su gente sin su única fuente de agua.

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Basura en las márgenes del Citarum enDayeuhkolot. Fotografía de 2011

Como fotógrafo y originario de Bogor, mi fascinación por el río comenzó de adolescente, cuando cada año, con las crecidas, la basura se desbordaba por los márgenes. Aquella imagen se me quedó grabada y, en 2007, decidí empezar un proyecto personal y fotografiar varias partes del río. Aquel reencuentro con el Citarum y la constatación de que se había convertido en un sumidero tóxico me afectaron significativamente. Mi intención inicial era la de documentar las crecidas, pero al tomar conciencia de la gravedad del problema, pensé que quizá, si fotografiaba el cauce durante un periodo prolongado, podría llamar la atención sobre el empeoramiento de sus condiciones. Me centré en la sección que pasa por Bandung, el punto en que empezó a crecer la industria textil y origen de la contaminación.

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Basura en las márgenes del Citarum enDayeuhkolot. Fotografía de 2011

El deterioro del Citarum se debe principalmente al crecimiento de las fábricas textiles a lo largo de sus márgenes durante la década de 1980. Las 300 fábricas allí instaladas empezaron a verter sus residuos líquidos al río. Solo una quinta parte de ellas disponían de sistemas de gestión de residuos apropiados. También observé que, además de las fábricas, los propios habitantes de las cercanías también se habían acostumbrado a usar el Citarum como un basurero.

Ante la comodidad de poder desechar los residuos en el río y la abundancia de aguas subterráneas, muchas otras fábricas textiles iniciaron su actividad en la zona. Pero la intensa actividad industrial ha agotado las aguas subterráneas y los agentes químicos tóxicos vertidos al río se han filtrado a los pozos. Asimismo, la infraestructura inicial de la zona no estaba preparada para la llegada de tantas fábricas; se generaron nuevos puestos de trabajo que atrajeron más gente a las riberas, las cuales carecían por completo de cualquier sistema de gestión de residuos. A esto se sumaba el hecho de que el agua corriente no llegaba a la zona, por lo que los residentes seguían recurriendo al río tanto para obtener agua como para deshacerse de sus residuos.

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Un meandro del Cikapundung, afluente del Citarum, a su paso por Tamansari, Bandung. Fotografía de 2013

La actividad textil se inició en la zona a finales de la década de 1970. Gracias a las fábricas, el lugar pasó a conocerse como la “Ciudad de los dólares”. Marcas de renombre internacional como Yves Saint Laurent, GAP, The North Face, Wrangler, Pierre Cardin y Calvin Klein hacían cuantiosos pedidos de tejidos. Todos aquellos puestos de trabajo se generaron a expensas del medio ambiente: Majalaya pasó a convertirse en el principal responsable de la contaminación del agua del río Citarum y del aire circundante.

Para evitar las consecuencias jurídicas y el elevado costo que supone la instalación de sistemas de gestión de residuos adecuados, muchas empresas construyeron sistemas de tuberías privados para verter sus residuos al río.

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Remando entre la basura que cubre la superficie del Citarum. Fotografía de 2012

El Citarum es seguramente el mejor ejemplo del precario sistema de tratamiento de aguas de Indonesia. Según datos de Greenpeace Indonesia y Foro Indonesio por el Medio Ambiente (Walhi), las aguas del río contienen mercurio, plomo, cromo, zinc, cobre y sulfatos, sustancias peligrosas para cualquier ser vivo, sobre todo cuando se encuentran en tan altas concentraciones como aquí.

Cerca del 80 por ciento de las fábricas textiles de la zona de Majalaya están directamente ubicadas en las márgenes del Citarum o sus afluentes. Los numerosos agentes contaminantes del río han penetrado en los pozos de aguas subterráneas y en las plantaciones de arroz cercanos y han causado irritaciones cutáneas e inflamación pulmonar a los habitantes de la zona.

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Chimeneas reflejadas en las aguas del Citarum. Fotografía de 2017

Pese a que los indonesios que ocupan las tierras cercanas al río son conscientes de la toxicidad del agua, algunos siguen utilizándola para usos diarios, como bañarse o lavar la ropa y los platos, ya que no tienen otra fuente de agua alternativa. A veces, incluso los niños se bañan en el río.

En 2016, la Coalición contra los Residuos, formada por miembros de Greenpeace, el Foro Indonesio por el Medio Ambiente, Bandung Legal Aid y otros grupos activistas, interpusieron una demanda contra el Ministerio de Medio Ambiente de Indonesia por permitir que tres fábricas vertieran residuos extremadamente tóxicos al Citarum. La sentencia fue favorable a la coalición y se derogaron los decretos gubernamentales que legalizaban la contaminación. Pese a que se trata de un paso positivo, se desconoce si se han tomado medidas para garantizar el cumplimiento de la nueva normativa.

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Una barca de remos cruza el río, que parece estar dividido por los residuos. Fotografía de 2015

El Gobierno provincial de Java occidental también solicitó al Ministerio de Asuntos Marítimos que se pusiera en marcha un operativo para recuperar el río, parte del cual consistía en echar peces vivos al agua para restaurar su ecosistema casi inexistente.

El presidente Joko Widodo ha prometido que el Citarum estará completamente recuperado en los próximos siete años. Un año después de la petición, Widodo señaló que en un tramo del río finalmente han conseguido deshacerse del mal olor. Pero mis fotos dicen otra cosa: Majalaya y el área circundante no han cambiado mucho.

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Niños nadando en Cikijing, afluente del Citarum. Fotografía de 2016

Aunque las principales culpables de los residuos tóxicos del río son las fábricas, los habitantes de las aldeas ribereñas también contribuyen a agravar el problema. Cuando pregunté a los lugareños si habían desarrollado algún sistema para frenar el flujo constante de residuos que van a parar al río o, al menos, para concienciar a la gente de la grave situación, supe que en 2015, los activistas medioambientales instauraron el “Día del Citarum” para conmemorar la victoria judicial de la Coalición contra los Residuos y animar a los habitantes a participar en la retirada de basura. El Gobierno central también puso en marcha un programa llamado Citarum Harum (Citarum Aromático) para restaurar el río, dotado de 130 millones de euros del Banco Mundial.

A pesar de todas estas medidas, los mecanismos actuales de desecho de residuos domésticos resultan insuficientes. Mientras tanto, los lugareños que han puesto en práctica sus ideas para prevenir el vertido de residuos al río aseguran que el Gobierno no les ofreció ningún apoyo cuando acudieron a buscarlo. Los residentes se lamentan de que no existe un servicio de gestión de residuos en la zona y de que se vean obligados a tirar la basura en el río o a quemarla.

Me he propuesto seguir informando sobre el estado del río hasta que el presidente cumpla con el plazo prometido de siete años.