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Zof Ziro borra los límites de su música en 'Infinito'

Hablamos con el ZetaZeta sobre su proceso de maduración musical, el momento actual de Moebiuz y la innovadora propuesta de su tercer álbum en solitario.

por Santiago Cembrano
13 Diciembre 2018, 8:14pm

Foto por Jackalope | Cortesía del artista

En 2008, en su habitación de Envigado, Zof Ziro fundó Moebiuz para poderse grabar sus propias canciones y dejar de gastarse la plata en sesiones de estudio. Diez años más tarde, de Moebiuz han salido discos importantes para el panorama del rap colombiano como Manzanas a la Vuelta (2016) de Doble Porción, Todos Tienen Que Comer (2016) de Crudo Means Raw, Círculo Vicioso (2017) de Granuja y Noiseferatu (2018) de Rapiphero. Ziro ha estado involucrado en todos ellos, ya sea colaborando con beats o letras, o simplemente dando moral. Esa misión de crecer juntos, de revolucionar el rap colombiano y darle un sonido propio, fue parte del propósito inicial, y se ha cumplido.

En Moebiuz, Ziro formó Gordo Sarkasmus con Granuja; han publicado Hallowinners (2012), Hallowinners II: La Venganza (2013), La Patria Boba (2014) y Herejías (2015). Su debut como solita en el sello llegó con La Bomba de Ziroshima en 2016, que fue destacado como uno de los mejores discos colombianos del año y lo confirmó cono uno de los mejores MCs del país, por sus rimas cínicas y melancólicas, que se burlaban de la muerte mientras se batían en un duelo. A su vez, su segundo álbum en solitario confirmó su crecimiento como productor.

Luego vinieron los discos como los de Doble Porción, Crudo y Granuja, además de un proyecto como La Gra$a, en el que los cinco MCs (Mañas Ru-Fino, Métricas Frías, Granuja, Crudo y Zof Ziro) desplegaron todo su repertorio de habilidades y flows sobre beats de Crudo Means Raw, como quien entrena tiros imposibles antes del partido.

Desde entonces, el 2018 ha mostrado a Crudo y Doble Porción buscando reinventar su estética, acercando su propuesta a las mieles del trap, contagioso a lo largo de todo el mundo. Esto le ha valido a Moebiuz fuertes críticas de sus seguidores, y también los ha mostrado a ellos firmes en sus convicciones de explorar su arte como les plazca, sin presiones externas, sin complacer a nadie.

Desde hace unos meses, Ziro empezó a presentar en sencillos los temas de su nuevo proyecto: Infinito. Con un tono más optimista y aspiracional – aunque sin dejar de mostrar las marcas que le ha dejado la vida –, y con beats que mezclan su búsqueda de un sonido novedoso de rap con instrumentales de trap, este proyecto representa una nueva etapa para él. Las referencias ocultas han dado paso a líneas más directas que no dejan espacio para la confusión y para la interpretación: quiere que lo entiendan a su forma.

Una tarde de un martes de noviembre llegué al apartamento de Zof Ziro con seis cervezas. Mientras me mostraba sus nuevos beats y escuchábamos desde Bad Bunny hasta Sean Price y MF DOOM, hablamos de su proceso de maduración musical, la propuesta de Infinito y el momento actual de Moebiuz.

NOISEY: En 2016 sacaste La Bomba de Ziroshima. ¿Qué ha pasado en tu carrera y en tu vida desde entonces? ¿Qué ha cambiado y qué se mantiene constante?
ZetaZeta: En mi carrera musical ha pasado que he estado probando muchos ritmos nuevos, viendo a dónde puedo llegar con mi creatividad. Llegué a un punto en el que los beats de rap me gustaban mucho como me quedaban, pero quería ver qué más podía hacer. Yo siempre he tenido curiosidad de hacer música para cine y cosas así, entonces me ha llamado la atención dejarme llevar por otros géneros también.

Yo sigo siendo es un rapero. Antes me doy cuenta de que de todo lo que hice en rap, ahora puedo usarlo de mil formas, que antes ni siquiera sabía. Como haciendo música para cortos, haciendo beats de otros géneros. Ayudando a samplear en muchos proyectos de cualquier tipo de música. El hecho de samplear es algo muy rapero, pero tiene mil usos. Antes, por hacer mucho rap, me encontraba un sample muy chimba que me transmitía, pero no sabía qué hacer con él. Ya me le meto a lo que sea, me pongo a hacer lo que sea, cualquier tempo, y eso para mí fue una vuelta de crecimiento personal también. La música es personal.

Hablemos de Infinito. ¿Cómo le diste forma? ¿Cuál fue la idea?
Lo primero que hice fue “Fuera de Alcance”. Se estaba acabando el año pasado, era como octubre. Y yo dejé lo que quedaba del año para pensar qué era lo que seguía. Y en esas me agarró una sensación de fin de año, como de “hay que hacer algo ya”. Entonces me puse a camellar muy personalmente, lo quise hacer todo yo, entapiñado. Así también le podría haber puesto al álbum: Entapiñado. O sea, sin compartirle a nadie, nadie me hizo un beat, nadie me dijo cómo hacerlo, nadie me dio una idea, fui yo solo. La idea de hacerlo así fue no dejar morir la parte mía como beatmaker. Qué chimba rapear, pero están pasando muchas cosas con la música y yo quiero saber también de esas cosas. También participar en proyectos que no sean directamente de mi género me llama la atención en este momento.

¿Cómo fue distinto hacerlo todo solo a estar colaborando en La Gra$a o con Granuja?
Nada, no tanto. Pues uno ahora está camellando más solo, pero eso siempre fue así. Cuando todos empezamos a sacar discos como solistas fue porque un día yo llegué a donde Fercho (Crudo) y les mostré La Bomba de Ziroshima ya melo, masterizado. Y entonces esos maricas dijeron como “¡uy, qué chimba eso!”. Fernando a los dos o tres meses ya tenía Todos Tienen Que Comer, así, empeliculado. Así fueron saliendo los de todos.

A lo que voy es que la gracia de La Gra$a es que cada uno tiene un estilo muy particular, y no le azara si se va solo. Qué chimba unirnos, pero no es una vuelta de que nos necesitamos. Antes si cada uno es fuerte solo, cuando nos juntemos vamos a ser mejores.

¿Cuál sientes tú que es la propuesta de Infinito , temática y musicalmente?
Infinito es transición. Me estoy yendo: no le veo el límite a la cosa. Ya no me azara si están diciendo que esto o que lo otro. Chao, me voy, me voy a hacer música toda la vida. Esto va a quedar sonando hasta cuando ya no esté, esa es la idea.

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Foto por Jackalope | Cortesía del artista

¿Cambia tu forma de escribir sobre un beat más rapero que sobre estos beats nuevos de Infinito?
No realmente, solo que la impresión que crea la música hace pensar que el man está diciéndolo de otra forma. No sé si me hago entender. Por decir, yo escuchaba hace muchos años SFDK, y me parecía que el beat era súper alegre y ese marica estaba diciendo una cosa súper triste. Solo que usted no se da cuenta porque el beat es alegre.

Uno sí va viendo la vida de una forma diferente cada vez, estoy en otra etapa. Pero no es que cambie las letras porque voy a hacer trap. Yo creo que le vi la gracia a llevar a otro género el fuerte de nosotros, que son las letras y los flows, los rapeos. De pronto la gente acá se raya un poquito con el trap porque la única versión que tienen de él es reggaetón. Entonces como los reggaetoneros hacen trap, ellos dicen “no, qué gonorrea, eso no tiene nada de rap”. Pero eso tiene muchísimo de rap, es que hacer eso no es fácil. Por eso los raperos de la USA lo hacen. Y hasta Snoop Dogg monta historias y pone temas de trap en sus fiestas. Nadie criticaba a Bone Thugs N Harmony cuando hacían el rap así, si siguieran unidos serían ultra millonarios, pero imaginate…

Esto te ha abierto también la perspectiva a la música, en general, parece…
Sí, es que de hecho los límites entre un género y otro son súper finos. Vos llegás y escuchás así en todo lo que es bailable y decís, “ah, eso es reggaetón”. Y esos maricas dicen “no, que esto es una soka, esto es un dancehall, esto es un no sé qué putas”. Y con la salsa es igual: está el chachachá, está la rumba, está el mambo… Es música, qué chimba hacer música, lo que a uno le salga. Y si le gusta más un tema que el otro, pues es natural.

No le veo rayón a eso, me ha hecho apreciar un montón de géneros. Me ha hecho reconocerles valor a otras cosas. Yo antes decía que qué gonorrea el merengue. Ahora soy más abierto a la sensibilidad que hay que tener para lograr sintonizar una melodía con otra para que suene bien dentro de una canción. Entonces escucho un tema de merengue y digo, “uy, parce, ¿ese man cómo le metió esos vientos, güevón? Increíble. ¿Estás escuchando eso, mi amor? Escuchá”. Me parece que es crecer.

Entonces ves esto como un proceso de maduración artística de tu carrera…
Y personal, claro que sí. Yo no sé si será el hecho de que estoy más grande, que ya llegué a los 30, que ya no me siento peladito. Se me acabaron las ganas de pelear porque sí. Voy relajado, yo solo con lo mío. Usted sabe cómo era uno de niño. Un síntoma de uno de adolescente es que uno iba a los tropeles simplemente porque había tropel, porque uno tenía mucha energía dentro. Eso se acabó, se acaba cuando uno crece. Ya, solo concentrado en mi carrera, en lo mío. Y eso de pronto influye en la tolerancia. Crecer también es darse cuenta de que no estaba aprendiendo un montón de cosas de que, aparte de que son muy chimbas, probablemente las está haciendo un man que también la está guerreando, con el que tenemos más cosas en común que cosas para alegarnos. En muchos géneros.

Entonces sí, eso es chimba, la gente tiene muchos rayones. Uno no puede ser tampoco el extremo de lo hippie como “ay sí, la buena pa’ todos”… no. Pero sí concentrarse más en lo de uno. Así es como veo la vuelta. Sí, qué chimba tirarle buena energía a todo el mundo, pero uno no se quiere parchar con todo el mundo. Ya no parcho tanto en la calle. Eso también ha cambiado un breve, en la parte personal, antes andaba mucho en la calle, bebíamos mucho. Ya no estamos por ahí chimbeando casi, sino cada uno concentrado en grabar los temas y nos los mostramos. En la parte musical, todos están muy concentrados en sus propios proyectos. Por ejemplo, La Gra$a 2, quién sabe pa’ cuándo, pero sería muy chimba, pues. Después de un tiempo, cada uno camellando en su carrera, cuando lo volvamos a hacer va a quedar más chimba.

Pero yo sí siento una intención diferente acá en Infinito en las letras. En Herejías y en La Bomba te sentía más oscuro, cínico y pesimista ante la vida. Ahora te siento más optimista, más aspiracional, hablando de lo que quieres llegar a ser. ¿Estás de acuerdo?
Mis temas nunca van a ser Luis Fonsi ni Justin Bieber, pero tampoco puedo hablar de lo que estaba hablando antes porque ya no me siento así. Sería malagradecido con la vida si dijera las mismas vueltas. Cuando yo escribí La Bomba de Ziroshima yo estaba en mera crisis. Tenía a mi abuelita en el hospital, cero pesos ni forma de hacerlos, jibareando para ir a la universidad en la que estudiaba becado, mil mierdas. Estaba en crisis de verdad, no era un momento fácil, ¿qué más iba a escribir?

Un día en una fiesta me cogió un grafitero y me dijo, “¿Ziro, vos cómo vas a hacer para hacer otro disco igual que La Bomba de Ziroshima?”, y yo le dije, “uy, es que vos creés que yo quiero hacer un disco igual a La Bomba de Ziroshima? Yo, aunque quisiera, no podría. Eso es lo peor que puede hacer una banda: buscar hacer lo mismo porque funcionó. No me saldría, ya no estoy viviendo eso. En ese momento me quedé sin dónde vivir y ahora no vivo ostentosamente, pero en este lugar en donde estamos me puedo quedar hasta mañana dándole a estos bafles porque esto lo paga el rap. No va a llegar acá mi mamá ni mi abuela a decirme “no más”. Eso no va a pasar, néider.

Yo tenía que hacer otra vuelta también. Cómo no voy a hablar de que sí se puede si es que yo era mera nea, néider. Antes de hacer La Bomba de Ziroshima yo estaba dudando como “¿será que esta mierda del rap sí da?, ¿o me merco una libra ya y dejo de chimbear?”. Eso es lo que estaba pensando, lo digo en “Fuera de Alcance”: “No hace tanto, eran liebres y culebras buscando bajo las piedras / A punto de mercar la libra, de sacar la liendra”. Yo tengo parceros que en ese momento se dedicaron a eso y en este momento están vendiendo de todo. Habrán hecho unos pesos, pero, néider, eso tampoco es vida segura, pues… esos maricas no viven tranquilos.

Y cuando la dudaste, ¿qué te hizo seguir en la música?
Tirarme de cabeza. No hubo una señal. Estaba estudiando comunicación social en la universidad con una beca que me había conseguido mi abuelita, porque me había ido muy bien en el ICFES. Pero me salí porque no me daba el tiempo para todo lo que tenía que hacer y además hacer el disco. Y cuando me abrí de la universidad, la abuelita se enfermó y se fue a vivir con una tía. Entonces me quedé sin dónde vivir. Fue como la vida diciendo “ah, ¿usted se quiere meter de cabeza a la vuelta? toma pues pirobo, ya no tenés ni dónde vivir”.

Y yo estaba en otro lado, tocando en Cali, luego tocamos en Pasto, y me acuerdo de que cuando llegué me tocó sacar mis cosas y las dejé en el cuarto de un parcero como tres meses. Ya de ahí conseguí este apartamento. Yo no sé ni cómo hice, néider. No sé cuál fue el momento de transición en el que dije, “ay, perro, yo no creía, pero mirá que sí da para pagar el arriendo”. Hacía falta tirarse de cabeza. Terminé el álbum, lo empecé a vender y todo eso pasó. Fue muy dura esa época. Entonces hay que decir que sí se puede, porque yo siento que me estoy saliendo con la mía. Uno cambia un poquito de forma de pensar.

¿Qué oportunidades, tanto musicales como de negocio, crees que se te pueden abrir con Infinito?
Muchas, opino yo. Porque el trap es una vuelta que lo quiere usar todo el mundo ya, hasta el pop. Es un sonido demasiado llamativo, como cuando el rap surgió. Entonces comercialmente tiene entradas en muchos lados. Yo le veo mucho valor a la diversidad. Para nadie es un secreto que hay un mercado grande para esa música en otros países, y si uno puede jugar en otros mercados, pues mejor; y si uno se siente capacitado para llevar su carrera a otro nivel, pues mejor. Nadie quiere sentirse calidoso y sentir que le faltan las cosas que quiere, es una sensación horrible.

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Foto por Jackalope | Cortesía del artista

Ya son como diez años de Moebiuz, ¿no? Tú lo fundaste y desde tu cuarto han salido varios discos importantes para el rap colombiano reciente. ¿Cómo sientes esa trayectoria y el momento actual?
Néider, ya van diez años, güevón. Pillá que lo más llamativo es que nunca ha dejado de ser lo que es: ni en que siempre lo hacemos porque somos panas y porque nos gusta mucho la música, ni ha dejado de ser en un hijueputa cuarto. Siempre ha sido así. Y sí, no tiene que ser el súper lugar: es más la persona, el truco, la manera. Se siente muy chimba haberlo hecho, lo grande es el nombre, la repercusión que ha tenido. La logramos: no solo me ha hecho crecer a mí, sino que ha hecho crecer a demasiada gente, que cuando pasaron por Moebiuz fue que despegaron. Qué chimba que suene mucho Doble Porción, qué chimba que suene Crudo, saber que algo tuve que ver ahí. Si yo hubiera sido egoísta de que “no, este marica se va a volver más calidoso que yo”, esto nunca hubiera pasado.

Yo lo que quiero es que todo el mundo se vuelva súper calidoso para yo ver cómo está de alta la vara para poder competir duro. Así es que la vuelta crece, así es que el rap de Colombia gana respeto musical. Cuando yo monté Moebiuz, pensaba en qué pensaría la gente del rap colombiano: “¿Rap de Colombia? Esos maricas que harán, ‘ome, ¿esos hijueputas qué?”. No había representación. Qué chimba que la gente de otros lados lo vea a uno y diga “ah, sisas, colombianos, Medellín”. Ayudamos a que la ciudad y el país estuvieran en el mapa. Eso es algo que nunca lo va a quitar nadie, antes cuanto más tiempo pase, más repercusiones van a haber. Yo ni siquiera me acordaba de los diez años, deberíamos haber hecho una fiesta de eso.

¿Cuál sientes que ha sido el principal legado de Moebiuz para el rap colombiano?
Para el rap y para la sociedad es el mismo: sí se puede. Ese es el mensaje. A mí me cogió una pelada que es ilustradora la vez pasada, que no tiene nada que ver con el rap, y me dijo: “la vuelta de ustedes me dio moral para hacer lo que yo hago, me dio ganas”. Era como que ella decía: “estos pirobos tan neas mirá donde están, es que yo los conocía y eran unas hijueputas valijas, andando por ahí todos colinos, fumando pangola, sin camisa y con unos mochos talla 38 a las 11 de la mañana”. Es que la gente sabe cómo éramos nosotros, entonces verlo a uno en vueltas importantes… sí se puede, nea.

Mirando hacia atrás, tipo 2013 o 2014, ¿cómo sientes esa generación con la que surgieron? Toda la música, el trabajo que hicieron para elevar el nivel del rap colombiano.
Qué chimba cuando todo eso pasó, el rap de acá necesitaba una generación que hiciera eso. Eso no estaba pasando. Qué chimba, cada quien con su estilo, fue la moral para todos. Con esa generación, cuando todas esas cosas empezaron a pasar, hubo tanta explosión de energía para hacer música, para hacer rap, que eso ni estaba pasando, ni volvió a pasar, ni va a volver a pasar en un montón de años. Todos los que empezamos en esa época, todos estamos haciendo alguna cosa ahora, representando lo de nosotros. Los que medio estaban cuando nosotros estábamos empezando, ya no están. Y los que surgieron después, todos tienen un tintecito así de que ya escucharon la vuelta. Hubo una energía la hijueputa. Para mí esa época fue como el boom latinoamericano de la literatura de los sesenta, con García Márquez y Cortázar, cuando todo el mundo se iba para París. Partimos un poquito la historia. Y qué chimba que hay energía chimba ahí para mucho tiempo.

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