Drogas

¿Qué tiene el LSD que se consume en Argentina?

A una galaxia de distancia de una política de reducción de daños, VICE habló con expertos, científicos y usuarios para saber que tienen el LSD que se consume en Argentina

por Hernán Muleiro
19 Octubre 2018, 5:00pm

Artículo publicado por VICE Argentina

La historia se reconstruye de a pequeños fragmentos porque obviamente no existe una historia oficial sobre LSD en el país, si bien sus inicios están asociados a una elite artística que trajo el ácido lisérgico de Hoffman a Buenos Aires, incluyendo experimentos grupales realizados por organizaciones psicoanalíticas experimentales. En algún momento de los 90, su consumo se masificó y la falta de una política de reducción de daños por parte del Estado, o al menos la tolerancia de testeos, generaron con el tiempo una baja en la calidad de una de las drogas de elección de los argentinos, tan clásica en la canasta navideña como el pan dulce.

Los antecedentes de las sustancias análogas al LSD, entre ellas el NBOMe, sustancia en la que se embebieron muchísimos cartones consumidos en el país, son igualmente oscuros, lo cual no es sorprendente cuando se escuchan las declaraciones ultraconservadoras de la criticada ministra de seguridad Patricia Bullrich. “Lo que apareció en los últimos años para sustituir al LSD fueron una serie de compuestos NBOME, 26-1-NBOMe, que al principio eran legales y se compraban muy baratos de china por la deep web y se hacían cartones con eso, las famosas 'pepas chinas'”, cuenta el director de la revista especializada en marihuana y alucinógenos Haze, Demeter. Han sido estas anfetaminas psicodélicas las que han dominado el mercado en los últimos años: “son análogos sintéticos de la mezcalina pero no tienen nada que ver”. Sintetizado en la universidad libre de Berlín por Ralf Hein, el NBOMe fue legal en Argentina hasta el 2015 y al menos un grupo de detenidos tuvo que ser liberado por la policía federal luego de que se comprobara que los cartones secuestrados no tenían LSD. No fue la primera vez y no será la última instancia en la que la ignorancia del gobierno local sumada a la búsqueda de titulares redituables generan daños irreversibles a terceros.

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Foto de Demeter, gentileza de Revista Haz

"En Argentina hay LSD auténtico", asegura Demeter, "sólo hay que saber dónde encontrarlo". Y esa no es una tarea sencilla porque los círculos que consumen psicodélicos suelen ser cerrados. Entonces nos contentamos con derivados, reemplazos. Enzo Tagliazuchi, físico y neurocientífico del CONICET, agrega al DOM entre las sustancias que suelen reemplazar al ácido en los cartones comercializados a nivel local. Según Tagliazuchi, la droga fue sintetizada en 1963 por Alexander Schuglin y se trata un sustituto más económico: “los costos de producción del LSD son altos, hay otras moléculas psicodélicas más fáciles de sintetizar, como la mescalina, que es mucho más estable y puede durar muchos años, pero la dosis activa es de 200 miligramos, que es mucho para impregnar en un papel". Schuglin encontró que el DOM era mucho más fácil de sintetizar, con dosis activas más bajas.

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Foto de Enzo Tagliazuchi

Pepas o tripas

Se las puede llamar de cualquier manera, pero para Tagliazuchi hay diferencias fundamentales en el contenido químico de los pequeños cartones troquelados. “La diferencia central es que el cartón tiene un gusto amargo y los efectos no son puramente mentales: uno siente una carga física asociada, taquicardia, dolores de cabeza, cambios de presión arterial, le pone una carga al cuerpo que no le pone el LSD en sí, además de que es posible morir tanto por DOM como NBOMe. Hay casos registrados de sobredosis de NBOMe, la dosis letal, puede causar una trombosis", asegura Enzo. "Si yo quisiera usar todos los blotters de LSD a mi alrededor sería una experiencia segura, porque no hay casos registrados de sobredosis del mismo. En cambio con NBOMe hay riesgo”.


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Su perspectiva es que el Estado debe legalizar todas las drogas y enfocarse en la reducción de daño. “De acuerdo al artículo 14 bis de la Constitución, 'las actividades deben ser reguladas por su daño a terceros'. El LSD ranquea muy bajo en relación al tabaco, la prohibición es un disparate, las leyes prohibitivas son más ridículas cuando se aplican a plantas. La criminalización es contraproducente". Con la legalización de la marihuana aún pendiente, al entendimiento del fenómeno lisérgico nacional le queda un largo camino por recorrer, siempre a espaldas de la ley.

Ariel, 24 años, dealer de LSD

Ariel (este es el nombre que usamos para proteger su identidad) tiene 24 años y desde hace un par de veranos trabaja en el menudeo de "LSD". “Quizás lo que más veía son pibes, pibas, jovencitos, estudiantes, gente que lo usaba de forma recreativa, para compartir a la noche o para un viaje privado, pero siempre para sumar una experiencia. Me parecía menos turbio que una movida de pala (cocaína), con algo menos truculento detrás, no tan pasado por ese filtro salvaje que representa la pala".


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Otra gran diferencia es la previsión. Los tiempos de consumo y demanda. Con la cocaína todo es efímero e inmediato pero el ácido requiere otro tipo de preparativos. Algunos clientes compraban el producto de Ariel con una semana de anticipación para consumirlo durante un recital, en un ensayo que lo ameritara, o durante una ocasión especial como un viaje. "Yo estaba laburando en un bar que me pagaba 150 pesos un turno donde me partía el lomo, entonces lo de las pepas me servía, el lado negativo era el cuelgue extremo de los clientes y principalmente del proveedor, al que a veces tenía que esperar cuatro horas“.

Gonzalo, 30 años, músico y cineasta

Todo viaje es subjetivo, sí, pero en gran parte depende de la calidad del producto. Gonzalo es usuario regular de LSD y le pedimos que nos contara sus mejores y peores experiencias con el ácido. "Uno de los mejores viajes de ácido sin duda, fue uno de esos dónde tuve las condiciones ideales para tener un buen trip: mi aire libre, buen clima, rodeado de gente afín y una buena canasta de frutas y agua. Fue en San Marcos Sierra, Córdoba. Acampamos en una reserva natural, montañas, vegetación, río cristalino, piedras, agua y algunas figuras de la fauna característica del lugar como iguanas, lagartos, pájaros y bichos varios. Tomamos medio ácido cada uno para arrancar y luego otro pedazo, habrá tardado unos 25, 30 minutos en darnos el flash. Las formas de las nubes se convertían ante mis ojos en grandísimos peces, animales gigantes con colas y aletas enormes, la sensación era de estar en un parque marino pero sin el vidrio que separa a las criaturas exhibidas de los humanos. Sin duda los ácidos eran buenos, bastante puros, nunca más conseguí algo de esa potencia psicodélica, lo recuerdo con muchísima alegría, creo fue mi último trip con ácido real, ya que mis flashes posteriores los conseguí con hongos", cuenta.

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Foto de Gonzalo

"Uno de los peores: año nuevo 2006 en Buenos Aires. Estaba en mi último año de la universidad de cine y teníamos un buen grupo de amigos. Uno de ellos tenía su casa en el barrio de Urquiza. Comimos mucho y bailamos toda la noche porque estábamos de ácido y el tiempo era de goma. Cuando quisimos acordarnos, salió el sol y estábamos bastante cansados físicamente, ya que mientras estás en ácido no sentís cansancio y cuando bajás te pega de golpe. Yo vivía con un amigo en la otra punta de Buenos Aires y el primero del año no hay transporte. Caminamos como 20 kms en un estado muy confuso por las mezclas de comidas con alcohol y las drogas. Hacía un calor que partía el asfalto y en la calle no andaba nadie, pero nadie. Al llegar al departamento en el que hacía aun más calor que en la calle sentí una bajada de presión, me metí en la ducha y comencé a vomitar. Estaba desnudo en la ducha y vomitaba sobre mis pies los restos de comidas varias, también tenía flashazos de luces por los últimos destellos visuales y ondulados que genera el ácido sobre la percepción, yo creía que lo que vomitaba era todo el mal que vivía en mí, mis desaciertos, mi parte malvada".

Lorena, 31 años

"Las malas experiencias son cuando tenés una expectativa alta y tomás una pepa que sólo tiene anfetaminas. No produce otra sensación más que la de estar despierto y agitado. Otra mala es cuando la dosis es muy alta para los parámetros que manejas en el momento. Una vez tomé un micropunto en el contexto de un recital super ruidoso, a un volumen altísimo, que dañó por completo mi oído al punto de llorar de dolor en un ataque de histeria por no poder bajar".

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Foto de Lorena

"Las buenas son cuando el contexto es más natural, está la luz del sol, de día con colores y árboles, o de noche con ruidos inexplicables: la naturaleza acrecienta la percepción. Igual mi primera pepa fue en mi casa una mañana de casi verano, dibujando, bailando y flasheando con las texturas y el movimiento de las cosas inmóviles, como la humedad en una pared".

¿Podemos saber qué nos estamos metiendo?

Tagliuchi y el equipo de investigación del que forma parte estudian el efecto químico del LSD a nivel neuronal: “algo que observamos es que las zonas del cerebro que procesan la información asociada al cuerpo, la identidad y demás, aumentan su conectividad con zonas del cerebro que procesan información de los sentidos. Esto va en correlación con la disolución del ego, un fenómeno muy interesante que ocurre bajo el LSD, en el cual la persona pierde la sensación de ser un ente aislado e individual, y siente una transferencia de su conciencia alrededor de su entorno, otra forma de llamarla es “limitación oceánica” es una sensación de transferencia de conciencia a las cosas que rodean a la persona“.


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En la actualidad estudian la relación entre los efectos de diferentes sustancias: “intentamos entender cómo se relaciona el LSD comparando psicodélicos, las variedades de experiencias psicodélicas que puedan suceder, también a nivel neuroquímico. Tenemos estas imágenes, también para gente que consumió psilocibina, otros que consumieron ayahuasca, otros que consumieron MDMA, ketamina o antidepresivos. Intentamos entender la similitud entre los diferentes estados que generan. A su vez hay una coherencia entre la el LSD y el DMT. Hay una correlación a gran escala, medida por neuroimagenes".

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