Aquí yace Lawrence, la mejor estrella del pop que el mundo nunca conoció

Aquí yace Lawrence, la mejor estrella del pop que el mundo nunca conoció

El líder de Felt, Denim y Go-Kart Mozart dijo que siempre ha estado obsesionado con ser famoso. A pesar de grabar algunas de las canciones más influyentes del rock moderno, quizá nunca lo sea, pero está bien también.
Chris Bethell
fotografías de Chris Bethell
traducido por Elvira Rosales
19 Febrero 2018, 8:08pm

Una tranquila tarde de jueves, Lawrence entra a una cafetería londinense listo para una expedición al Ártico, su rostro se encuentra escondido entre una bufanda, un sombrero, una capucha y otra bufanda. La imagen —mitad Elvis, mitad tía corriendo por el mandado— es de un hombre de 56 años que ha pasado la mayor parte de su vida cultivando un aire de mística rock ‘n’ roll. Sin embargo, la imagen no refleja exactamente cómo se siente Lawrence esta tarde.

“Estoy cansado”, dice como una especie de disculpa por llegar tarde. “Estoy cansado por primera vez en mi vida”.

Sosteniendo una bolsa de Dios sabe qué, la figura de culto responsable de algunos de los mejores discos que surgieron en suelo inglés arrastra los pies en medio del aire frío para tomar una taza de té y un cigarrillo. Estamos de pie en Whitecross Street, justo a la sombra del inminente trío de torres brutalistas del Barbican. Como es habitual a esta hora del día, los oficinistas se congregan alrededor de los puestos de comida, inclinados sobre sus falafel, caminando junto a la tumba de William Blake con salsa escurriendo en sus camisas recién planchadas.

“Mira al tipo de ahí”, dice Lawrence, señalando a un anciano que acaba de sacar su sándwich de un tupper, “por lo regular hay una multitud de personas donde está. Cada almuerzo. Me tomó años darme cuenta qué pasaba. Resulta que es un tipo que vende cigarros falsos de Europa. Los vende a siete libras el paquete. En fin, ¿subimos al departamento?”

Tengo la sensación de que Lawrence podría contarme una historia sobre todos en esta calle, tal es su mirada para los detalles. Esa capacidad similar a una urraca de recoger y tomar algo recorre su voluminoso catálogo existente. Un compositor observador, ingenioso y cualquier letrista que pueda yuxtaponer a la perfección los terroríficos bombardeos IRA (Ejército Republicano Irlandés) sobre los pubs británicos, The Osmonds, las bengalas rotas y Lee Scratch Perry, siempre debería ser apreciado. Este hombre pequeño y delgado con una inclinación por el glam rock y las chaquetas brillantes ha pasado gran parte de su vida luchando para vivir a la altura de sus propias expectativas.

Ha liderado tres de las bandas de culto más queridas del Reino Unido (Felt, Denim y Go-Kart Mozart), ha escrito cientos de canciones brillantes, las ha conceptualizado y logró cada objetivo que se propuso. Excepto una cosa. Y esa única cosa significa mucho para él. Esa única cosa es ser famoso, o sea realmente famoso.

Lawrence —como Madonna, se transformó en una figura casi exclusivamente monónima hasta el punto de que resulta muy difícil imaginar que alguien lo haya llamado "Mr. Hayward", lo mismo que sería imaginarse a ella responder a “Ms. Ciccone"— no ha tocado una guitarra en su propia casa desde hace mucho tiempo. "Me rehúso a tocar un instrumento en este lugar hasta que esté listo", me dice, mientras nos sentamos en su sala. Se mudó hace siete años.

Lo cual no quiere decir que haya pasado ese tiempo sentado en sus pilas de primeras ediciones y libros de bolsillo que cubren su apartamento, una colección repleta de la clase de material esotérico que uno esperaría de un compositor querido por un cierto tipo de aficionado a la música.

La razón por la que estoy en su casa por la tarde, una tarea que es casi un rito de iniciación para los escritores que poseen un álbum de Field Mice, es porque está a punto de lanzar el cuarto disco de Go-Kart Mozart, el Mozart’s Mini-Mart recargado y lleno de sintetizadores (listo para su lanzamiento el 23 febrero en Cherry Red).

Esa, resulta, es la razón de su cansancio. Había estado practicando con la banda la noche anterior y había pasado la mañana tratando de arreglar un calentador defectuoso. Un amigo le recomendó una tienda de eléctricos en Forest Hill, una zona semi-suburbana a pocos kilómetros al sur del apartamento en el 12vo piso de Lawrence. De manera que Lawrence había caminado hasta Forest Hill y luego de vuelta a su piso y después a un estudio de impresión donde había estado esperando recoger un promocional. Había estado esperando durante cuatro semanas para que el letrero se secara. Los detalles, como cualquier fan de Go-Kart Mozart sabe, es un sello distintivo de Lawrence.

Go-Kart Mozart es el tercer acto de una carrera que comenzó a las afueras de Birmingham, ya que el punk estaba en auge. Durante casi 40 años, Lawrence ha sido el desvalido por excelencia, perfeccionando un aire de talento incomprendido, deleitándose, o al menos pareciendo deleitarse, de nunca ser tan grande como debería. Aquí yace Lawrence, parece decir su postura. El gran enigma del indie, la mejor estrella pop que este país conoció.

El miércoles 12 de enero de 1977 fue el día que comenzó la transformación. "Sabía que quería estar en la música antes de eso", explica, mientras nos sentamos en un sofá gris de su sala. "Pero no sabía cómo iba a hacerlo". Y luego compré el NME".

Los dedos con tinta, un efecto secundario de hojear Melody Maker y New Musical Express, el par de publicaciones semanales que educaron a una generación, fue un pequeño precio a pagar por la asombrosa metamorfosis que alteró su mente. "Cuando finalmente comencé a leer los artículos de música, encontré la manera de entrar", explica. "¡Esto es lo que se hace! Fundas una banda y obtienes una revisión, vi lo que sucedía. Puedes aparecer en la portada de NME después de un solo concierto. A veces ni siquiera tenías que hacer un espectáculo. Podrías estar en NME porque eras bueno y todos lo sabían ".

Sintiéndose distante de sus antiguos amigos, Lawrence, de 16 años, pequeño, delgado, menos interesado en la cerveza y los pubs que sus compañeros, se encontró bajo la luz blanca del punk. Fue más allá de los discos y las revistas. "No había nada como eso", dice sobre la forma en que el punk se levantó a través de las grietas del pavimento a un ritmo rápido, mutando de un nicho de interés a un monstruo subcultural en cuestión de semanas. "Más que nada, daba miedo". Además de ser emocionante, fue igual de aterrador. De repente había reglas, no podrías hacer esto ni aquello, no podrías ir aquí ni allá, si te vestías de cierta manera podrías tener problemas ", dice. Él se arrojó de lleno.

El último día que tomó clases, el 3 de mayo de 1977, abandonó a sus amigos y viajó solo al Odeon de Birmingham para ver a los principiantes del punk adyacente de Nueva York: Television.

"Nunca había visto una banda así antes", dice, con una sonrisa sobre su cara delgada y afilada. "No esperaba que fuera así. Yo estaba en shock. Se quedaron quietos, no hablaron a la audiencia, y estaban muy malhumorados ".

Estaba resuelto. Lawrence iba a salir de Water Orton, el pueblo que odiaba, y alejado de las personas que priorizaban los ciclomotores por sobre la música. Iba a ser alguien. Así que comenzó a trabajar en el proyecto que, y aún lo hace, se cuelga como una sombra sobre el trabajo de su vida; él comenzó Felt.

A lo largo de los diez álbumes, técnicamente nueve —ya que Lawrence no aportó más que títulos de canciones para el LP de 1988, Train Above the City—, Felt creó su propio mundo. Es ornamentado y rico, un sonido para empaparse, imbuido del tipo de melancolía fría que se eleva desde los bordes de las ciudades inglesas, los lugares donde la nada adquiere proporciones cósmicas. Es jangle pop como una odisea, una hazaña casi heroica de fe frente a la ignorancia comercial.

El sonido de Felt, tan libre de lo abrasivo de los compañeros post-punk del grupo, es descrita por él como "una visión de una música que no había escuchado antes". E incluso desde el principio de la banda, se propuso hacer de esa visión una realidad.

Es una visión de lo inglés, del rocío y la mierda de perro, de Samuel Richardson y Rising Damp. "Cuando estábamos haciendo el primer álbum, quise lanzar el mejor debut en inglés de todos los tiempos", dice sobre el LP embrionario de 1982 Crumbling the Antiseptic Beaty. "Sería demasiado engreído decir 'Quiero hacer el mejor álbum del mundo'", admite.

Felt en su apogeo. Foto por Jane Leonard / Cortesía de Cherry Red.

Desde los primeros días —el single debut de Lawrence, "Index", una canción sin voces, trash como Velvet Underground y con pocos acordes—, la ambición se combinó con precisión meticulosa. El plan siempre fue lanzar material de Felt durante los 80 y luego parar. En ese momento, pensó que Felt sería tan grande que esta decisión de abandonar el barco, seguir adelante, dejar a Felt resplandeciente en terreno blando, provocaría indignación y protestas. La protesta no fue anunciada. "No sabía que no seríamos famosos", dice con un dejo de sorpresa en su voz.

Las mejores canciones de Felt, melodías como "Crystal" y "Sunlight Bathed the Golden Glow" y conmovedoramente desarticuladas, "The World Is So Soft As Lace" son canciones pop verdaderamente perfectas. Al escucharlas ahora, tres décadas después, no es difícil ver por qué Lawrence casi alcanzó fama, fortuna y un lugar en Top of the Pops.

Lo más cerca que llegaron fue el sencillo de 1985 "Primitive painters", tomado de Ignite the Seven Canons, un disco que vio en gran medida cómo el grupo abrazaba sus tendencias barrocas. "Primitive Painters" —una mini épica de seis minutos con Liz Fraser de Cocteau Twins— alcanzó la cima de las listas independientes del Reino Unido. Fue el mayor éxito que tendrían.

También marcó la salida de Maurice Deebank, guitarrista del grupo. "Crecimos juntos, pero no éramos amigos", dice Lawrence sobre él. "Había visto lo que podía hacer cuando vino a afinar mi guitarra una vez. Él podría hacer solos. Yo quería estar en una banda con solos ".

El genio de Deebank está en todos los primeros álbumes de Felt: sus largos y agudos sonidos resuenan en canciones como "Cathedral", "I Do not Know Which Way to Turn" y "Evergreen Dazed"; parte Roger McGuinn y parte Tom Verlaine. Si fuera un mundo justo, Lawrence serìa más grande que Mick Jagger, Maurice Deebank y sería tan venerado como Jimi Hendrix.

El grupo continuó sin su héroe de la guitarra. Tenían que hacerlo, Lawrence no dejaría que el plan se viniera abajo. "Se trataba de ser famoso por ser grandes compositores de canciones. Por ser el mejor compositor de una generación ", dice, una nota de desafío se arrastra en su suave acento de Midlands. "No se trataba de competir con los Beatles o los Rolling Stones: tendrías que ser estúpido para pensar así, eres estúpido si piensas eso porque deberías tratar de ser el mejor de tu generación, el mejor de lo que sucede a tu alrededor en ese momento. Sé lo mejor de ahora. No pienses en el pasado ".

No puedes superar el pasado, sin importar cuántas canciones escribas, cuantos sombreros uses y fotos para las que poses. El pasado está ahí para perseguirte. Afortunadamente, también está allí para ser remasterizado, reempaquetado y revendido.

El 23 de febrero, la marca independiente británica Cherry Red volverá a publicar los primeros cinco álbumes del grupo, que abarcan lo que podría decirse es su mejor época. "Me gustaría que los jóvenes lo compraran porque creo que puedes llevar a Felt como una insignia de honor", responde cuando le pregunto a quién imagina que va a las tiendas de discos con su dinero en el bolsillo. "Es una banda que nunca decepciona a nadie." Describiéndola como "la mejor banda de culto inglesa", Lawrence sostiene que "nunca te avergonzarás si dices que te gusta Felt. Sólo recibirás respeto".

Se siente como que este proceso de reedición es una oportunidad para Lawrence —en persona un hombre encantadoramente extraño, educado sin excesos pero ligeramente agitado, una figura extraña y un poco solitaria que disfruta su papel como el rey de un castillo en una vivienda común, una imagen que no te sorprenderá si viste el conmovedor documental de 2011 Lawrence of Belgravia— para corregir algunos errores.

"El cuarto álbum de Felt [ _Ignite the Seven Cannons_] fue producido por Robin Guthrie de Cocteau Twins", dice, explicando uno de esos errores. "Y lo arruinó todo".

Expulsado del estudio —redactaron un contrato que en resumen decía "Yo, Robin, produciré el álbum si Lawrence no viene a mezclar"—, Lawrence pasó ese tiempo en Edimburgo, esperando el momento. "En consecuencia, arruinó mis grabaciones. Mis mejores canciones, las arruinó".

Es el único momento, mientras estuve con Lawrence, donde un indicio de resentimiento se hizo visible. Pero incluso entonces, hay un resultado más feliz de lo que parecía posible. Guardó las cintas maestras de las cinco pistas vocales de ese álbum, y 30 años después, finalmente está en paz. "Son increíbles", dice sobre las reediciones. "Absolutamente sorprendente". Por supuesto que lo son, porque se sienten en su mejor momento, son los principales exponentes de un sonido que nadie ha tocado antes o después, sin importar lo mal que los hayan tratado.

Felt no era el final de la historia de Lawrence, por grande que sea su capítulo en la biografía. Fiel a su palabra, Lawrence disolvió el grupo en 1989. Poco después se encontró viviendo en Nueva York. Nostálgico, soñó con Denim, un grupo de artistas británicos con glamour y rock que firmó con Boy's Own Recordings, el sello de acid house de DJ Terry Farley. Después de dos álbumes de chicles sardónicos y descarados inspirados en los años 70, seguidos de otra negativa por parte del público en general para abrazarlo como una megaestrella amigable para la radio y la televisión, Denim se desvaneció del panorama.

El tercer álbum del grupo nunca llegó, y "Summer Smash", podría decirse que es el más infeccioso, comercialmente viable y provocador de sonrisas que jamás haya escrito, la canción que finalmente podría haber convertido a Lawrence en un nombre familiar, estaba prevista para septiembre de 1997, pero fue olvidada durante el velorio de la princesa Diana, muerta en un accidente automovilístico. Tal es la vida de Lawrence.

Go-Kart Mozart —fundado en 1998 y bautizado en honor a un verso de “Blinded By the Light”— vio a Lawrence cambiar las guitarras por los sintetizadores y el resultado es una serie de álbumes que reproducen un ambiente como el final del espectáculo. Estos son adornos ordinarios, demasiado cursis, que podrían no pertenecer al tipo de clasicismo con el que los discos de Felt irradian y están empapados, pero son dignos en el voluminoso catálogo de Lawrence. Este es Lawrence, el hombre que pasa sus días caminando por el extremo oeste de Londres mirando por las tiendas, no Lawrence, el idealista romántico que espera a que el mundo llegue a su puerta.

El próximo LP de GKM, Mozart’s Mini-Mart, es un disco extraño y sentimental; uno que, y digo esto en voz baja, se parece un poco a Lawrence reconociendo que su búsqueda de fama, su dolor por el reconocimiento, se ha convertido en otra capa para envolverse en las frías mañanas de invierno. Los álbumes que suenan así, no pasan por las listas. Los grupos que suenan así no van de gira por los estadios. Los Lawrence de este mundo no hacen esas cosas.

En un planeta Tierra alterno, en una galaxia alterna, las canciones como "When You're Depressed" y "Zelda's in the Spotlight" —un glorioso álbum temprano de synthpop y _Bubble Bobble_-electronics— encabezan las listas. Los adolescentes, vestidos con camisetas con la cara de Lawrence en la parte delantera, deambulan por los centros nocturnos a altas horas de la noche cantando “When you’re depressed /When you’re depressed / You’re depressed” [Cuando estás deprimido / Cuando estás deprimido / ¡Estás deprimido!"]

De regreso aquí en la realidad, el impulso de documentar, grabar, hacer una vida que se adapte a esta figura encantadora, excéntrica y fuera de tiempo, todavía está allí. "He estado escribiendo canciones sin una guitarra mucho porque no puedo parar", dice, justo cuando el sol comienza a descender, un pálido sol invernal que disminuye suavemente conforme entra la tarde. "Voy fumar un cigarro en el balcón en medio de la noche y de repente vendrá. Ni siquiera quiero que lo haga. ¡Quiero parar! No quiero entrar a la cocina y tener que comprar un bloc de notas a medianoche. Pero es necesario. No quiero perder la idea”.

Antes de prepararme para despedirme, Lawrence se pregunta. "¿Seguiré haciendo esto en otros 30 años? Seguro. Es por eso que me llaman el Picasso del pop ".

La Miss Havisham del indie británico sigue en su ático. Presta atención. Toma notas. Y cuando esté listo, el mundo será suyo. Al fin.