Tres maneras de tener una vivienda sin pagarle nada a nadie

Okupas en Buenos Aires, recicladores en Mar del Plata y un mar de patio. Así viven algunos argentinos.

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29 mayo 2018, 3:00pm

Martín y su casa.

Artículo publicado por VICE Argentina

Las recientes medidas económicas, aumento del dólar y tarifas públicas, impactaron en el mercado inmobiliario del país. En 2018 se requiere el doble de ingresos que el año pasado para calificar a un préstamo hipotecario, según la consultora Reporte Inmobiliario. Actualmente, en la ciudad de Buenos Aires, hay 280.000 viviendas ociosas que esperan comprador y que representan el 20 por ciento del parque habitacional de Capital Federal. Pero ¿cuánto pagarías por tener una casa de veraneo con la mejor vista de toda Mar del Plata? ¿Y un hogar amplio y ecológico? ¿Qué tal una casa con cinco habitaciones y dos pisos? Salimos a conocer tres historias que superaron la burocracia inmobiliaria.

Una casa frente al mar con el ascetismo

Desde hace siete años Gustavo Trigos, de “largos 50 años”, como él dice, vive en una carpa sobre la escollera de Playa Varese, en Mar de Plata, junto al mar. ¿Sus razones? comenzaron cuando sólo tenía ocho años y llegó a sus manos el libro “La doctrina secreta” de Helena Blavatsky, una obra trascendental escrita en 1888 que expone tratados sobre simbolismo y filosofía oculta, y pone en duda certezas sobre la religión y la política. Aquél libro motivó a Gustavo a leer cada vez más sobre filosofía, esoterismo, medicina china y, hasta incluso, numerología, estudio del cual se volvió un experto. Desde que se instaló allí, varias personas se acercan para hablar con Gustavo y consultarle sobre su futuro e incluso temas relacionados con la salud. Así lo hizo Florencia Rivadavia, una marplatense de la zona, cuando hace unos años su hijo sufría ataques de pánico. Gustavo le indicó un tratamiento que ella siguió y su hijo pudo curarse. Desde entonces, Florencia lo recomienda cada vez que conoce gente con males que la medicina no puede solucionar. Pero las lecturas no fueron lo único por el cual se volcó al ascetismo, esa práctica que propone alcanzar la perfección moral y espiritual, refugiándose en la austeridad.

Gustavo Trigos

VICE: ¿Cómo era tu vida antes de tener el mar de patio?
Gustavo: Yo nací y me crie en Banfield, provincia de Buenos Aires. Vivía con mis viejos, iba a la escuela, pero abandoné a los diez años porque me aburría mucho. Me la pasaba leyendo acerca de tratados filosóficos y numerología. Para los 13 años ya había leído muchísimo y a cualquier persona que venía a casa, le podía decir cómo actuaba a través de sus números, utilizando la cantidad de vocales en su nombre o la fecha en que nació. Todo el equilibrio mental y físico se encuentra ahí.

¿Cómo llegaste a tomar la decisión de irte a vivir acá?
Fue como una profecía auto-cumplida. Desde siempre algo adentro mío gritaba que tenía que ser libre. En los 70 me vine a vivir a Mar del Plata a la casa de mi tía y siempre andaba vagueando, un día encontré este lugar. Siempre pasaba y lo miraba. En ese entonces, tenía muchas peleas en casa por mi forma de ser. Mi familia no me entendía. Me señalaban como un loco. Me fui a vivir a una plaza, pero la violencia desmedida de la sociedad me empujó, por suerte, a este lado. La violencia enferma ¿sabes? la televisión, los diarios. Todo el tiempo hablando de cosas malas. Me vine con diez gatos sin nombre y edad para que vivan más. Mi idea es formar una pequeña reserva natural.

Gustavo

¿Hoy qué haces para vivir?
No necesito hacer nada. Yo vivo adentro mío. Tengo agua potable de lluvia para tomar, además hay un caño cerca para cargar. Soy vegetariano, con un poco de pan, huevos crudos y fruta estoy más que satisfecho. Un día pasé 15 días sin comer, porque simplemente no tenía ganas. Podía controlarlo con la mente. La gente viene y me trae algo de vez en cuando o me pide que le haga algún trabajo con los números y me deja una propina. Pero no trabajo por papeles pintados.


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Un hogar ecológico con la Permacultura

Martín Correa tiene 32 años y, desde hace cinco, vive en el barrio Nuevo Golf de Mar del Plata, uno de los más golpeados por la crisis habitacional de La Feliz e ignorado por la Intendencia. Llegó junto a sus hermanos y otros vecinos para construir sobre unos terrenos adquiridos. Pero hoy, muchas de esas viviendas no tienen luz, gas o agua potable y las calles están sin asfalto. Pero en la casa de Martín todo funciona y, además, colabora con el medio ambiente. Su construcción se realizó con la Permacultura, un sistema de diseño que busca la creación de asentamientos ecológicos, sin contaminar y viables en materia económica. La actividad aprovecha todos los recursos desechables como plástico, vidrio, o en el caso de Martín, neumáticos viejos. Uno de los precursores más reconocidos de este tipo de construcciones autosustentables es Michael Reynolds, un arquitecto estadounidense con más de 45 años de trayectoria y que en el mes de marzo, llegó a la ciudad marplatense para brindar dos conferencias y recaudar fondos para un proyecto en el país: la Escuela Sustentable Argentina.

Casa de Martín

VICE: ¿Cómo llegaste a la idea de construir tu casa con materiales de la basura?
Martín: Yo vivía en un barrio que se llama Termas Wing, muy humilde y abandonado. Nos fuimos y compramos un terreno para construir porque teníamos la necesidad de tener una vivienda más digna. En el 2013, nos tocó vivir varias circunstancias de protestas por la urbanización del barrio, como quemas de neumáticos y eran tormentas de humo negro, sumamente tóxico. Ahí dije basta y eso me llevo a estudiar e investigar nuevos sistemas de reciclado y con la cantidad de basura y ruedas tiradas que había, la Permacultura fue lo más interesante, aunque había muy poca información en Argentina, nos orientamos con Google y llegamos a Estados Unidos con Michael Reynolds, con quien tomé algunas clases gratis, fuimos aprendiendo y luego utilizamos nuestras propias teorías.


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¿Qué ventajas tenés respecto a las casas convencionales?
Lo primero es el precio, te sale la mitad porque los materiales son gratis. Siempre hay un basurero donde podés rescatar plástico y vidrio para hacer eco-ladrillos y las ruedas viejas te las regalan las empresas de transporte. Pueden soportar distintos tipos de clima, son anti-inflamables por su revestimiento, no son biodegradables y lo más importante es que cuidamos el medio ambiente. Acá en el barrio le estamos armando a un vecino una parecida a la mía, pero más chica, porque en un temporal se le vino todo abajo, era de chapa. Hoy por hoy está para compartir. Para mostrar que se puede. Es una forma para tener una ciudad más limpia. Necesitamos apoyo. La idea es concientizar.

Casa de Ezequiel

¿Crees que si el Estado utilizara esta modalidad podría mitigar la crisis urbana y de hábitat de la ciudad?
Más vale, es la idea de esto. Que se comparta. Decime cómo puede ser que en pleno siglo 21 haya casas de chapa y madera en los barrios bajos. Hoy hay máquinas mezcladoras muy buenas y accesibles que te sacan un eco ladrillo en dos minutos. El tema pasa por concientizar esto, cuando entendés que se puede y no están difícil, la gente puede tener una casa decente. Pero si, necesitamos el apoyo del Estado. Si compraran un par de máquinas y pondrían grupos a trabajar, este barrio se llena de viviendas geniales y de calidad.


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Una vivienda de cinco cuartos “okupada”

Desde 1947, la densidad poblacional de la Ciudad de Buenos Aires es, en términos estructurales, casi la misma según el Instituto de Investigación del Área Urbana Gino Germani. Pero las personas en situación de calle o en precariedad habitacional, como son las casillas en villas de emergencias o las casas tomadas, aumentaron exponencialmente desde la crisis del 2001. La serie de televisión “Okupas” del año 2000, dirigida por Bruno Stagnaro y galardonada con tres Martín Fierro por la industria, mostraba la vida de cinco amigos que ocuparon una casa vacía de la ciudad y los periplos que pasaban para conservarla. Pero hoy, con la cantidad de inmuebles ociosos, no parece ser una mala opción. Ezequiel tiene 19 años, pide no mencionar su apellido, se crío en una casa tomada por su familia en 1999, en el barrio de San Cristóbal, donde llegaron a vivir hasta seis familias distintas. Es una vivienda antigua del tipo “chorizo”, consiste en un patio lateral al que dan las habitaciones que están juntas y en hileras, compartiendo baños.

Casa de Ezequiel

VICE: ¿Qué recuerdos tenes de la casa?
Ezequiel: Buenos y malos. Compartía el cuarto con hermanos y primos, llegamos a dormir ocho personas al mismo tiempo, los cuartos son grandes, pero era incómodo y los colchones todos en el piso. Mi abuela alquilaba las cinco habitaciones, siempre andábamos con desconocidos y como era barato, venía cualquiera. Ladrones, prostitutas, era un quilomobo. Me acuerdo de que siempre teníamos la puerta abierta y la gente miraba cuando pasaba, ponían una cara de miedo terrible.

¿La policía los molestaba mucho?
Antes aparecían más. Tenía un tío que era delincuente, entonces entraban a llevárselo casi siempre. Se robaba las bicis del gobierno y las metía en la casa. Después algún que otro allanamiento, pero nunca más. Ahora estamos presentando los papeles para adquirir la casa, legal. La movida okupa baja cada vez más porque algunas están muy rotas y no sirven ni para alquilar, entonces se van para otro lado. Nosotros la cuidamos como oro.

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