Historias sobre la base extraterrestre en la costa de Tampico

No es raro escuchar a Tampiqueños hablar de luces extrañas saliendo del mar o platillos voladores resguardando la ciudad. La creencia en seres extraterrestres ha tomado tanta fuerza, que hasta celebran el Día del Marciano el último martes de cada mes.

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ago. 4 2016, 12:00am

Fotos por Alejandro Gallegos.

Desde la terrible catástrofe que ocasionó el huracán Hilda en 1955, Tampico parece ser inmune a los desastres naturales. Una creencia popular dice que a unos 800 metros de profundidad en la Playa Miramar, ubicada en Ciudad Madero, se estableció una base extraterrestre que protege la costa. No es raro escuchar a tampiqueños hablar de luces extrañas saliendo del mar o platillos voladores resguardando la ciudad. La creencia en seres extraterrestres ha tomado tanta fuerza, que en aquella costa se celebra el Día del Marciano el último martes de cada mes. En uno de estos martes, el municipio de Ciudad Madero develó un monumento a los extraterrestres el cual, desafortunadamente, fue víctima de robo a las pocas semanas.

Platicamos con tres tampiqueños sobre sus experiencias con la base en Playa Miramar.


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HERMANOS SUPERIORES

En la noche de su cumpleaños, después de festejar con algunos amigos, Raúl cruzaba caminando el Puente Tampico cuando recordó la leyenda que dice que en cada extremo del puente hay una nave que los vigila. Estas naves se relevan con otras estacionadas en la base extraterrestre cerca de la costa tampiqueña.

Raúl se detuvo. "Entonces recuerdo que dije: 'Hermanos superiores, si es verdad que realmente existen, demuéstrenmelo'", cuenta. No había terminado la frase cuando de la dirección del Río Tamesí aparecieron dos estelas luminosas. Cruzaron sobre el puente y se perdieron. Raúl dice haber quedado "extasiado" con estas apariciones "de una intensidad onírica".

Cuando se le pregunta si la autosugestión no habría sido en parte responsable de esta experiencia, Raúl dice: "No tengo la imaginación necesaria para inventar una historia así". Además, cuenta, no es la única experiencia sobrenatural que ha tenido.

Cuando subía el Cerro del Bernal con un grupo de 20 personas con las que estudiaba metafísica, acercándose al ojo de agua, Raúl vio una sombra extraña. Dice que cuando miró al suroeste vio que bajaba un triángulo "entre blanco y plateado", luminiscente. Del triángulo se abrió una compuerta y salieron tres esferas que de inmediato desaparecieron. La nave también desapareció. "Todo esto que te estoy contando," aclara Raúl, "fueron unos diez segundos, más o menos".

"Díganme si estoy pedo, loco o mariguano," le dijo a los demás metafísicos.

Ellos le aseguraron que habían visto lo mismo que él.


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EL HANGAR

Para Jaime lo sobrenatural es una vocación, un llamado. Él es vidente, comerciante y formó parte de una sociedad de investigadores de lo sobrenatural llamada Fundación Einstein.

Jaime cuenta que decidió visitar la base por medio de un viaje astral: "Las personas, comúnmente", explica, "cuando hacen una proyección astral se ponen en posición de loto, cierran los ojos y se concentran. En mi caso, simplemente me pongo en una posición cómoda, con los ojos abiertos".

En su viaje extracorpóreo, Jaime siguió la ruta que va de su casa a la playa. Cuando llegó a las escolleras, buscó un lugar desde donde pudiera "tocarles la puerta". Se sumergió en el agua, hasta el fondo marino. "Lo que vi es una especie de hangar, como en el aeropuerto, un área bastante grande". Jaime describe un lugar laberíntico lleno de pasillos y puertas misteriosas.

No vio naves, pero caminó por el área hasta que se le apareció un ser de más de dos metros. "Era translúcido", comenta Jaime, "pero le podía ver los contornos. Entonces me detuvo y [por comunicación telepática] me preguntó: '¿Qué haces aquí? Tú no debes estar aquí'".

De inmediato, Jaime se encontraba de nuevo en su hogar.

Años después, el ser translúcido se apareció en la tienda de Jaime. Otra vez se comunicó con él telepáticamente y le dijo que tal vez se avecinaba un tsunami. Alarmado, Jaime contactó a las autoridades para asegurarse que estuvieran preparadas para tal catástrofe. "Me dijeron que hay probabilidad de que estemos capacitados, dependiendo de la magnitud del siniestro". El tsunami nunca llegó.


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EL VAGÓN FLOTANTE

Guadalupe trabaja como pescador en la frontera entre Tamaulipas y Veracruz. Un día, mientras pescaba en la Laguna de Pueblo Viejo con su hermano Cristino, "sintió un aire de ciclón", cuenta. Miró a su hermano para ver si él estaba igual de asustado, pero Cristino miraba fijamente hacia arriba. "¿Qué es eso que está en el cielo?", le preguntó a Guadalupe. "Parece un satélite, pero está volando bien abajo".

"Mirándolo con más cuidado", recuerda Guadalupe, "se parecía a un vagón de ferrocarril flotando a unos 500 metros de altura. Inmenso, viajaba lentamente y en total silencio". Los hermanos miraron al "aparato" durante 15 minutos, más o menos, hasta que se perdió de vista. Guadalupe se sorprendió al darse cuenta que los aires de ciclón no sólo se habían calmado, sino que la laguna estaba en reposo total.

Al llegar a casa, los hermanos encontraron a su concuño empalidecido. Les contó que en la compañía donde trabajaba habían visto el mismo vagón —color rojo, más como óxido— flotando por los aires.

"Yo tengo muchos amigos que me han platicado de naves saliendo del mar. Incluso, otros pescadores me han dicho que cuando salen de noche o en la madrugada, ven unas luces muy grandes, muy potentes que los siguen en sus recorridos. Muchas personas serias me han platicado de cosas que les han pasado. Yo sí creo que fue una nave, ellos nos visitan".


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