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Postales desde Shanghai

Shanghai se está convirtiendo en una ciudad líder en Asia que se busca a sí misma para proyectarse con estilo propio a un futuro desconocido.

por Luis Cobelo
28 Agosto 2015, 3:00pm

Las dos ciudades más importantes de China son tan diferentes como apasionantes. Pekín es conservadora, histórica y plana. Shanghai es cosmopolita, extravagante y, al mismo tiempo, profundamente tradicional.


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En Shanghai, el encanto de las viejas tradiciones se funde con el esplendor de la más reluciente modernidad. Pasear por amplias avenidas, perderse por bulliciosos callejones, degustar platos suculentos y empaparse de la cultura local es obligado en la ciudad de futuro.

Con casi 20 millones de habitantes es la ciudad más poblada de China, y el centro económico, financiero e industrial del país. La vista desde el aire, casi aterrizando en el modernísimo aeropuerto de Pudong es impresionante: cientos de edificios forman un jardín de concreto gigantesco y gráficamente apocalíptico al estilo "Blade Runner".

"La perla de Oriente", simboliza desde hace mucho el abuso de Occidente sobre Oriente. Por ella desembarcaron británicos, franceses, alemanes y norteamericanos, que construyeron sus propios barrios que aún prevalecen y le dan ese aire de misterio a esta ciudad. No es un secreto que dentro de 5 años años será la más grande y moderna del planeta.

Es igual de fácil encontrar los tradicionales callejones y las edificaciones antiguas que mantienen viva la magia histórica de la ciudad como toparse con cientos de demoliciones de edificios viejos donde en su lugar se levantarán enormes rascacielos, como por ejemplo las llamativas torres de la televisión, o el Edificio Jin Mao, que se yerguen como elegantes ejemplos de arquitectura contemporánea, dispuestos según los parámetros del Feng-Shui con las fachadas hacia el sur y ángulos rematados para dejar que la energía recircule.

No hay otro lugar como este para comprobar la transformación de China. Cada día se termina una nueva obra pública o aparece un edificio: una de cada cuatro grúas de construcción en el mundo trabajó durante estos últimos años en Shanghai. Y es justamente eso es lo que la hace más auténtica: la mezcla de lo antiguo con lo nuevo, para hacer de ella una megalópolis de momento inclasificable, en un país comunista.

Lo que manda en la ciudad es, paradójicamente, el capitalismo. Eso demuestra que la apertura del gobierno hacia ese sistema es un éxito total, donde "casi" todo es posible. Muy al estilo occidental, ningún visitante pensaría que viven bajo un sistema represivo feroz. Sus habitantes no suelen hablar de política, ni criticar negativamente a sus líderes.

Es común entonces encontrar multitud de extranjeros por sus calles que por lo general se dedican a los negocios. Para estos, vivir en Shanghai es una experiencia increíble, es una ciudad para aprender de ella a diario, con la rapidez de su evolución y crecimiento, con la gente, y su cultura tan distinguida.

Aunque el transporte público funciona con normalidad, entrar y salir del metro en las horas pico se convierte en una odisea, donde sólo vale la ley del más fuerte. Caminar es la opción más práctica y también la más arriesgada: hay que tener cuidado de no ser atropellado, por un coche, un taxi, un autobús, una bicicleta, o incluso un peatón: son 20 millones de impacientes ciudadanos que se mueven frenéticos por la ciudad.

En medio de esta metrópolis contradictoria todavía hay remansos para la espiritualidad, cosa que nos demuestra que su forma de vivir es sana y saludable: mientras todo alrededor es intensa actividad, entre la muchedumbre frenética podrás ver a personas que practican Tai-Chi en total paz, con movimientos certeros y sin prisas.

Las peleas de grillos son una tradición milenaria muy relacionada con las apuestas en la actualidad. Las puedes encontrar en los dos mercados de aves de la ciudad. La ceremonia comienza cuando colocan a dos grillos en una caja redonda especial para estos combates que funciona a manera de ring. Primero los contrincantes se estudian, luego el árbitro —que en realidad solo es el vendedor de insectos— azuza a los grillos con unas varas finas de trigo y estos empiezan a hacer unos ruidos característicos, sacan unos colmillos impensables para unos animales tan pequeños y se atacan. No hay muerte en el ruedo; el grillo vapuleado evita al otro y es cuando el árbitro lo agarra y lo tira a la calle: ya no sirve para pelear.

Shanghai se está convirtiendo en una ciudad líder en Asia. Su crecimiento es imparable. Es un mundo que son muchos mundos, cada uno más fascinante; una encrucijada de tendencias, industrias e ideas, es el crisol en el que China se busca a sí misma para proyectarse con estilo propio a un futuro desconocido.