Esta gente lucha día a día para que las palomas de Bogotá estén sanas

En una pequeña caseta en el norte de Bogotá, un grupo de biólogos se puso la camiseta para mejorar la vida de estas aves callejeras y ahorrarnos una plaga.

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10 Diciembre 2018, 2:00pm

Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia

Artículo publicado por VICE Colombia.


*Las imágenes que acompañan este reportaje son sensibles y pueden revolverte el estómago. Te recomendamos precaución.

Es posible que cualquiera que haya caminado por el centro de Bogotá alguna vez seguramente lo recuerde por su arquitectura antigua, por los gringos que se pasean en chancleta bajo la lluvia, por algún loquito haciendo bulla en sus calles y, por supuesto, por la cantidad casi inconmensurable de palomas que se reúnen allí y que revolotean ante cada paso humano, o que caminan lentamente hacia algún restaurante, o que vuelan despavoridas en bandada cuando alguien las espanta o les tira comida.

El imaginario que existe alrededor de esta ave —y que no está muy alejado de la realidad— es que es sucia, contrae enfermedades y siempre anda con alguna mutilación encima. Hablando desde el ámbito científico, a la especie se le conoce como "paloma doméstica", y tanto las grises como las blancas, y todos los demás colores híbridos que vemos en la calle, hacen parte de ese mismo grupo, aunque los machos se pueden identificar por el collar brillante que llevan en el cuello.

Además, la paloma, un animal sobre el papel inofensivo y típico de la ciudad, se ha convertido en una epidemia: sus números han crecido en los últimos años de manera exponencial. Desde la Alcaldía ya se habla de una sobrepoblación concentrada específicamente en la Plaza de Bolívar, el corazón administrativo de Colombia. Solo como dato, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal reveló que por cada metro cuadrado de la plaza se encuentran 33 palomas, cuando debería haber un máximo de cinco.

Una concentración que, según un estudio publicado por Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal a principios de este año, tiene que ver con el negocio de los 'maiceros', que llevan más de 40 años vendiendo maíz para que los visitantes tiren a las palomas como atractivo turístico, lo que, según arrojó el mismo estudio, ha llevado a una sobrealimentación de la especie en esa zona, aumentando sus tasas de reproducción. Una realidad que se enmarca en números redondos cuando se estima que entre semana se mueven unas 1.300 palomas al día en la plaza. Los fines de semana pueden llegar a haber hasta 3.500.

Con esa problemática en mente, el pasado 26 de noviembre se inauguró el primer Centro de Atención de Palomas (CAP), una iniciativa única en la región, liderada por el Instituto de Protección Animal, mediante el cual, dicen ellos, esperan poder darles toda la atención médico-veterinaria a estos animales para posteriormente liberarlos y tener un mejor manejo poblacional de la especie.

Desde entonces, el trabajo del CAP ha llegado a medios y a los oídos de la ciudadanía, y desde VICE en Español quisimos ir a visitarlo para conocer el manejo que se les está dando a las palomas y la razón por la cual, mantenerlas sanas, significa contener la sobrepoblación.

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Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia.

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Al norte de la ciudad, más específicamente en la Calle 222 con 55, se encuentra la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA). Bien al fondo de la universidad, más allá de la zona de caballerizas, los museos con animales disecados y algunos salones de clases, está el CAP. Aunque su nombre dé la impresión de ser una estructura grande, repleta de personal, en realidad es un complejo modesto de un par de salones donde un reducido grupo de especialistas pasa sus días coordinando esta iniciativa impulsada por el Distrito que lleva un mes largo funcionando.

Ahí, en una mañana asoleada y picante, bastante común en Bogotá, nos esperaba el doctor Hugo Zurita, un hombre de unos 40 años, biólogo de profesión y director del CAP. Junto a su equipo de investigadores, fue uno de los encargado de realizar los estudios para el Instituto de Protección Animal acerca de las palomas en la Plaza de Bolívar, quienes han llenado titulares a lo largo del año. Dos veces por semana va en una pequeña camioneta hasta la Plaza de Bolívar para recoger en una jaula de metal a las palomas que, de a grupos de unas 25, van a pasar por el proceso de reacondicionamiento. Un número de palomas tratadas que se espera llegue a 200 para finales de enero.

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El doctor Zurita, líder del equipo que investiga en Bogotá la salud de las palomas.

Cuando las palomas llegan al CAP, pasan por un proceso de evaluación por parte del equipo de expertos. Lo primero que se les hace es un diagnóstico para saber su estado de salud. Luego pasan 10 días de cuarentena en los que se mantienen en constante observación y, si salen sin mayores complicaciones, son separadas por sexo en unas jaulas grandes con capacidad de hasta 25 palomas antes de ser liberadas. Para cada uno de estos puntos hay espacios específicos dentro del complejo. Absolutamente todo, desde la ambientación hasta los protocolos, fueron pensados minuciosamente por el equipo del doctor Zurita.

Antes de meternos al área de hospital, donde están tratando algunas de las palomas que han recogido, el doctor Zurita se toma su tiempo para explicarnos acerca de las enfermedades que hasta el momento han identificado en ellas. "Hemos encontrado la viruela aviar, que es específica de las palomas, y la viruela seca, que les saca unos granos amarillos en las partes donde no tienen plumas", comenta. A pesar de que ambas enfermedades sean tratables, el riesgo, como explica el doctor, es que se transmitan a especies de aves silvestres, bien sean nativas o que estén pasando por la región, emigrando de las temperaturas extremas en ambos lados del continente americano.

Además de esos tipos de viruela, la que más se ha detectado es la de tipo húmedo, que a diferencia de las otras, es letal. "Les cierra la garganta entonces se mueren de inanición o por asfixia", cuenta el doctor Zurita, que añade que en algunos casos se hace necesario aplicar una "eutanasia humanitaria" con químicos —parecida a la que se les hace a los animales domésticos— cuando la vida de la paloma está seriamente comprometida o llega con el riesgo de infectar a otros ejemplares dentro del complejo.

Cuando entramos a la sala de hospital nos tocó presenciar la primera etapa del proceso dentro del CAP, en un cuarto de unos 10 metros cuadrados, en donde tenían a las palomas que habían traído el día anterior. Adentro, la doctora María Paz Dueñas —una de las especialistas del complejo—, quien llevaba guantes de látex y tapabocas, cargaba a una pequeña paloma prácticamente en los huesos, con el pico amarillento pelado y el plumaje oscurecido por culpa de la suciedad. Alrededor de sus ojos se veían unos pequeños puntos negros que se movían cuando sentían el contacto de sus manos y en el respaldo de sus plumas tenía pegado otros insectos más grandes que se mantenían estáticos.

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Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia.

"Todo lo que tiene pegado a la cara son pulgas. El orificio auditivo tiene síntomas de viruela aviar, que también se está formando en otros lugares sin plumas". Ese fue el diagnóstico que le dio la doctora quien, además, contó que en esa primera etapa era normal que las palomas llegaran repletas de insectos y con heridas profundas. Los insectos, explicó, tienen que ver con el ambiente callejero en el que viven y la hacinación constante que hace que se infecten entre ellas. Las heridas, por su parte, tienen que ver con atropelladas de bicicletas, mordidas de perros o úlceras abiertas que les salen del pecho por culpa de la acidez estomacal que les produce comer cosas en estado de descomposición.

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Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia.

En los estudios del Instituto de Protección Animal, los investigadores calcularon que aproximadamente un 40% de las palomas de la Plaza de Bolívar tiene algún tipo de enfermedad, sea parasitaria, por virus, como el de la viruela aviar, o por algún trauma en su cuerpo. "Acá llegan con golpes, arrancamiento de plumas, sin dedos, sin patas o con inflamaciones terribles. Eso hace que ellas estén muy mal", cuenta el doctor Zurita.

¿Pero de qué manera estas enfermedades en las palomas están afectando al ambiente? ¿Y a las personas? Para el doctor, las respuestas tienen que ver sobre todo con la materia fecal de las palomas, ya que se ha encontrado que carga un contenido muy ácido y, al secarse, se convierte en un polvillo que puede corroer materiales tan resistentes como la piedra y el cobre, a la vez que se comienza a mover por el aire, generando contaminación ambiental.

Esas acumulaciones de heces, a su vez, pueden afectar respiratoriamente a las personas, especialmente a las que padecen el virus del VIH, niños menores de cinco años y adultos mayores, por la disminución en sus defensas. Dice el doctor que "aunque se les adjudica a las palomas la capacidad de transmitir enfermedades, la verdad es que es más probable que el problema sea la acumulación de materia fecal de las palomas en un sitio".

A pesar de que la mayor concentración de palomas en el centro se encuentre en la Plaza de Bolívar, los investigadores han observado que tan solo un máximo del 20% de la población vive en la plaza y sus alrededores mientras que el otro 80% vive en barrios aledaños, lo que demuestra que la mayoría solo llegan ahí a alimentarse. Un comportamiento que se repite en la Plaza de la Mariposa en San Victorino, donde comienzan el día por la gente que madruga ahí y las alimenta antes de trasladarse a la Plaza de Bolívar.

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Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia.

Mientras que seguimos en el área de hospital, a los doctores se les dificulta determinar la edad de algunas palomas que en estado natural, pueden llegar a vivir hasta seis años. Dicen que los animales sufren de deficiencias nutricionales, no solamente porque se comen cualquier cosa que se encuentren en las bolsas de basura, sino porque el maíz, por su alto contenido energético pero bajo en proteína, genera que se reproduzcan más pero que se desarrollen de mala manera.

Pero aunque el Distrito dice estar dándole nuevas oportunidades de trabajo al pequeño y tradicional gremio de maiceros para que dejen de vender este producto, hasta hace poco todavía ellos se quejaban de que la Alcaldía no les ha asegurado nada y, por ende, no pueden dejar su modo de sustento de la noche a la mañana. "Yo vivo de la venta de maíz hace 30 años, y aunque el alcalde (Enrique Peñalosa) sí habló con nosotros para unos puestos en la Carrera Séptima, aún no nos han dado solución y hoy ya nos están sacando", le dijo Noralba Casallas, una de las maiceras más conocidas del sector, a RCN Radio en septiembre.

Mientras seguimos en el área de hospital, el doctor Zurita saca de uno de los corrales una paloma blanca e inflada, dice él que por algún tipo de parásito y cuenta que aunque los maiceros los han acusado a ellos de querer matar a las palomas por cortarles el suministro de maíz en la Plaza, ellas también se pueden alimentar de granos o insectos en las zonas verdes del centro de la ciudad. Por otro lado, aunque hubiese una intención de matarlas para bajar su número, esto solo crearía que otro grupo anidara en los lugares que dejarían, por lo que prohibir la alimentación en plazas es la manera más efectiva de lograr el objetivo de acabar la sobrepoblación. "En Sevilla, España, en un año, lograron bajar la población de unas palomas concentradas en un lugar en un 50%. Eso da mucho mejor resultado y eso esperamos que ocurra aquí".

Cuando finalmente salimos del pequeño cuarto donde atienden a las palomas, nos dispusimos a conocer las áreas de cuarentena y estadía. Quedaban justo en dos salas cerradas con llave y contiguas a la parte de hospital y al abrirlas se ven unas jaulas de unos cinco metros de alto con unos pequeños escalones metálicos para que las palomas se paren, un plato de alimento a base de soya en la mitad y esquirlas de madera en el piso para contener sus necesidades. Toda la estructura se financió entre el Distrito y la UDCA y por lo menos al recorrerlo, se nota que hay un intento honesto por mantener a las palomas bien alimentadas y con sus necesidades cubiertas, viéndolas como seres dignos.

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Foto: Mateo Rueda. | VICE Colombia.

"Mucha gente dice que para qué sacarlas más sanas si queremos que sean menos, pero es que si están mejor de salud se reproducen menos, afectan menos al medio ambiente y por lo tanto se vuelven menos nocivas para las personas", sentencia el doctor Zurita, quien comenta que actualmente se están desarrollando tres tesis de pregrado en la UDCA alrededor del CAP para poder nutrir la mínima bibliografía que existe sobre la paloma doméstica en esta parte del mundo.

Cuando les pregunto acerca de la solución de simplemente esterilizarlas, es fácil entender por qué no es viable: el primer camino sería ponerles comida que generara ese efecto, pero podría comprometer la reproducción de otras aves silvestres. El segundo consistiría en ponerles unos aparatos anticonceptivos, que serían casi imposibles de poner individualmente. Y el tercero sería trayendo una máquina especial para esa tarea que cuesta casi medio millón de dólares. Definitivamente, la mejora en la alimentación parece ser el único camino.

Antes de irnos del CAP, el doctor Zurita comenta que esta semana se hará la primera liberación de palomas sanas: las que atravesaron el proceso entero. Todas van a tener anillos de colores en sus patas para que las puedan identificar y se liberarán en distintas partes de la ciudad para ahondar en la investigación. "El 50% irá para la Plaza de Bolívar y el otro 50% en rondas de río, como la del Río Bogotá para ver como se van a alimentar ya que en teoría volverían a la Plaza de Bolívar pero no lo sabemos aún".

Aunque sobre el papel la iniciativa ilusione, lo cierto es que todavía es muy reciente para sacar cualquier conclusión sobre su funcionamiento. Ni siquiera los doctores saben a ciencia cierta si podrán cumplir con la meta de aves tratadas hasta enero o si realmente esta sea finalmente la solución definitiva para el problema de la sobrepoblación de palomas en la Plaza de Bolívar.

Aún así, por lo menos da alguna esperanza de que estos animales, que hacen parte del paisaje urbano de la ciudad, puedan ser de importancia —así sea científica— para alguien y que puedan ser tratados médica y dignamente hasta que por fin se pueda dar con la fórmula exacta para bajarlos en número sin hacerles daño.