Identidad

Gente nos cuenta su primera experiencia sexual después de la transición de género

"Verdaderamente disfruté mi posición en la experiencia sexual porque era simple y sencilla, yo era la mujer".​
29 Diciembre 2018, 3:30pm
SRS_LEDE
Imágenes por Ashley Goodall 

Artículo publicado originalmente por VICE Australia.

Hay muchos objetivos y metas que separan la adolescencia de la adultez, pero pocos tienen la misma solemnidad que el sexo. Perder la virginidad se siente importante porque afirma cómo uno se siente respecto a otras personas, pero también, y esencialmente, cómo se siente respecto a uno mismo. Y para las personas que están haciendo la transición de género, un primer encuentro sexual después de la operación puede tratar incluso aún más sobre el auto-descubrimiento, con implicaciones que pueden ser transformadoras.

Aquí, tres personas describen en sus propias palabras su primera experiencia íntima después de la cirugía de reasignación de sexo. Todo ha sido editado levemente por brevedad y claridad, y una advertencia, una de las historias siguientes contiene referencias de agresión sexual.

Anne-Marie* tiene 56 años

Yo me declaré transgénero hace cinco años. Mi esposa y yo nos divorciamos poco después. Ella se sentía traicionada y yo no podía discutir contra eso, porque había estado ocultándole una parte de mí a ella, pero también a mí misma.

Yo tuve cirugía de reasignación de sexo (CRS) hace dos años. Después de que salí del clóset, las cosas empezaron a tener sentido y a encajar. Rápidamente. Sabía que la CRS sería la única forma en que podría vivir verdaderamente como yo misma y sentía que ya había gastado suficiente tiempo de mi vida viviendo como alguien más. Encontré alivio en el inevitable dolor físico del post-operatorio. Esta mentira gigante que había estado cargando a todos lados a lo largo de mi vida entera había desaparecido. No tuve sexo por un año después de la cirugía por miedo a lo desconocido y también por culpa, todavía amaba a mi esposa y el sexo con alguien más se sentía como una traición.

La primera vez que tuve sexo después de la operación fue sexo ocasional de una sola noche. ¡Nunca había experimentado eso! Estaba tomando un martini en un bar, yo sola, y empecé a hablar con el barman. Él era encantador, atractivo y definitivamente mucho más joven que yo. Fuimos a su casa y tuvimos mucho sexo. No puedo recordar haber tenido todo ese sexo en mi vida casada. No era que no lo hubiera disfrutado. Solo que siempre sentí que algo no estaba bien dentro de mí, como en lo profundo de mi cuerpo y en la manera en que funcionaba.

Siempre me sentía muy auto-consciente durante el sexo. Pero esa noche, no sentí para nada eso. Me sentía confiada y fuerte y sentía que estaba en el lugar correcto. Me escuché a mí misma pidiendo cosas en las que nunca había pensado o que no había querido antes, verdaderamente disfrutando mi posición en la experiencia sexual porque era simple y sencilla; yo era la mujer. Esa única verdad, me excitó más de lo que sabía que era posible y eso era un sentimiento realmente afirmante. La vida desde esa noche ha sido cada vez más satisfactoria. He salido con personas sin límites, sin dudas, y sin etiquetas. Al entender mis deseos sexuales, me entiendo mejor a mí misma como mujer.

No creo que estaría aquí hoy si no fuera por la sólida comunidad LGBTQ que está presente en la sociedad actual y en los medios. La visibilidad es muy importante, y debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo.

Isabel* tiene 32 años

Sabía que la cirugía era lo que quería desde una edad temprana, y estaba emocionada de empezar la etapa post-operatoria. Nunca antes había disfrutado el sexo porque no me gustaba ser tratado como un chico, lo que es inevitable si uno está desnudo y tiene un pene. Yo era un chico lindo y era popular entre las chicas, lo que frecuentemente me llevó a experiencias sexuales que me dejaron con inmensa culpa. Siempre supe que sin un pene esta culpa no existiría.

Mi primera cita después de la cirugía fue con esta chica hermosa. Se veía como una chica salida de mis sueños; rubia con pelo corto, ojos azules penetrantes, y delineador más grueso que el de Amy Winehouse. Nos sentamos en un bar pintoresco y bebimos demasiado vino. Le conté de mi vida sexual culpable de cuando era un chico adolescente y de mi cirugía y ella me contó de sus luchas con la sexualidad y con ser etiquetada. Se sintió como un intercambio honesto entre dos personas que estaban reconciliándose con su identidad. Así que la invité a mi casa, sin estar segura de qué esperar.

Después de que nos serví más vino, empezamos a tocarnos sin ninguna advertencia. Ella era muy agresiva conmigo, desgarrando mi ropa, empujándome a superficies incómodas y frotando mi clítoris demasiado fuerte. Yo estaba muy impactada con su repentino cambio de conducta que dejé que siguiera por unos pocos minutos antes de preguntarle qué carajos estaba haciendo. Ella se disculpó y dijo que no sabía lo que me gustaba y me alentó a continuar explorando con ella. Dijo que iría más lento. Yo estaba tan hambrienta por la experiencia que ignoré los signos de alerta que mi cuerpo me estaba dando.

Bebimos un poco más de vino y comenzamos a tocarnos gentilmente por un rato, lo que estuvo bien. Fue muy agradable ser tocada por alguien en los lugares que uno se ha imaginado por tanto tiempo. Luego me hizo sexo oral, pero no fue considerado ni gentil, fue brusco y excesivo, como si simplemente estuviera intentando ponerme húmeda solo por hacerlo. Sacó un consolador con arnés de su bolso y antes de que tuviera tiempo de comprender lo que iba a pasar, me estaba cogiendo fuerte y cruelmente. Me sentí realmente vacía. No me resistí, porque en ese momento, creí que era mi culpa—que había cometido un error con mi propia identidad. Me acosté ahí preguntándome si realmente era una mujer o no ¿Viví todo este dolor para nada? ¿Realmente se siente así?

No sabía si no se sentía bien solo porque no me gustaba, o si no se sentía bien porque mi cuerpo era diferente ahora. Sentía que ya no podía confiar más en mis instintos. Comencé a llorar. Ella vio mis lágrimas y se detuvo, sacó su consolador con arnés de dentro de mí y dijo: "Creí que eso era lo que querías". Luego se volvió a vestir y se fue, sin nada parecido a un abrazo o a una despedida. Es una experiencia que nunca olvidaré. En los meses que siguieron, no me sentí confiada para tener sexo con nadie.

Ahora tengo pareja y tenemos una vida sexual saludable. Estoy feliz, me siento como yo misma por completo y ya casi nunca pienso en esa noche. Ahora sé que la forma en que me sentí era válida y no era inusual para alguien que ha pasado por tantos cambios en una edad tan temprana. Creo que es realmente importante ser cuidadoso con lo que uno deja entrar en su mundo y recordar que la manera en que las personas se comportan con uno no siempre es un reflejo de la persona que uno es.


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Kaitlyn tiene 25 años

Conocí a Grace en Tinder y habíamos estado saliendo por un mes más o menos antes de tener sexo. Nuestra primera experiencia sexual juntos fue mi primera vez después de la operación y mi primera vez en la vida. Nunca antes había tenido sexo. Nunca antes había sido besada. En el momento, Grace se identificaba como hombre. Para nosotros fue realmente saludable, tuvimos que averiguar lo que nos gustaba a ambos desde el comienzo. Por años, yo había tenido sentimientos conflictivos con mi género, pero solo comencé a tomar hormonas dos años antes de la cirugía, cuando tenía 20.

Después de empezar con las hormonas, adquirí más interés en general sobre las relaciones. Comencé a verme en el espejo, y a reconocer mi reflejo, me gustaba lo que veía y quería que el progreso se desenvolviera de forma natural. Nunca antes me había sentido realmente atraída hacia nadie, ni era curiosa sobre lo que me atraía. Nunca busqué experiencias sexuales porque no quería tomarme la molestia, a menos de que verdaderamente se sintiera como yo. Mi relación con mis genitales estaba desconectada. Mi pene estaba ahí, pero no era útil ni deseable. Me sentía ambivalente hacia él. Pero una vez tuve la cirugía, estaba en terrenos completamente nuevos respecto al sexo. Estaba emocionada de intentarlo, porque según todo lo que había escuchado, era genial. Me gusta lanzarme a lo desconocido porque creo que impide que uno piense demasiado las cosas, preocupándose de lo que podría salir mal, o imaginando escenarios que podrían terminar decepcionándolo a uno en la vida real. Así que Grace y yo simplemente nos lanzamos.

En general no soy una persona particularmente sexual, pero realmente lo disfruté. Se sintió muy normal de una forma inusual y nueva. Para mí, ser capaz de tener sexo penetrativo es increíblemente afirmante, porque permite una experiencia sexual que está en concordancia con las normas de mi género en lugar de estar fuera de ellas. Estar dentro de las normas de género, para la primera vez que tuve sexo, fue una novedad muy placentera. Tener una vagina me dio el poder de no pretender nunca nada más. Una vez uno tiene ese sentimiento, es extremadamente liberador. El sexo post-operatorio puede ser aterrador, pero no tan aterrador como uno cree que es. Es un gran alivio. Grace me preguntó una vez "Cuando tenga la cirugía de reasignación de sexo, ¿me voy a sentir todavía como yo mismo?" y creo que es una pregunta que muchas personas trans tienen antes de la cirugía. Puedo decirles, que cuando una enfermera está limpiando el clítoris de uno con un hisopo lleno de alcohol, ocho días después de la cirugía, se siente como uno mismo. Se siente adolorido, pero es realmente uno.

Entrevistas por Laura Roscioli

*Estas personas pidieron seudónimos.