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Las tortas Wash Mobile son el pecado callejero más monchoso de Tijuana

Primero fueron tacos. Luego, las Tortas Jalisco. Luego, el ícono de la gastronomía de calle en la ciudad fronteriza más visitada del mundo.

por Ollin Velasco
07 Noviembre 2018, 7:32pm

Artículo publicado por VICE México .

Media telera pasada por la plancha, mayonesa, 200 gramos de asada estilo Tijuana, dos rodajas de jitomate, cebolla morada encurtida, varias tajadas de aguacate, salsa de chile de árbol, la otra media telera, también pasada por la plancha: así es la anatomía de una torta Wash Mobile, la clásica callejera de Tijuana, Baja California.

Nacieron en 1964 y desde entonces han congregado a numerosos exgobernadores del estado, actores como Diego Luna, cantantes como Luis Miguel o Pepe Aguilar, glotones de ocasión, clientes de toda la vida y cada vez más gringos que se cruzan la frontera sólo para probarlas o llevarse a presumir algunas a Estados Unidos.

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Hoy las del Wash Mobile son una institución con seis sedes en toda la ciudad. Sin embargo, lo que no muchos saben es que empezaron en una carretita donde ni siquiera se vendían tortas, sino tacos.

Autos y carne asada

Todo empezó en un lava autos. El más moderno de la ciudad en aquél entonces, a decir verdad. Se llamaba Wash Mobile.

Ahí trabajaba el señor Juan Manuel, quien venía del estado de Jalisco y, acostumbrado a la disponibilidad ilimitada de buena comida en su tierra, muy pronto se dio cuenta que cerca del car wash no había nada para comer. Diario, él y sus colegas tenían que hacer largas caminatas antes de encontrar algo decente con lo que alimentarse.


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“Así que un día habló con su jefe y le propuso poner un puesto de tacos de asada, que fue lo primero que se le vino a la mente. Él le dio el sí y, al día siguiente, ya estaba vendiéndole a todos sus compañeros. Mi papá tenía buena sazón”, asegura uno de sus hijos, que lleva el mismo nombre —Juan Manuel— y quien hoy está a cargo de la sucursal principal de la tortería, en la colonia Cacho.

No obstante, un día al señor Juan Manuel se le antojó rellenar una telera con la carne de sus tacos. Algunos de sus comensales lo vieron, se la pidieron, repitieron todos los días y desde entonces esa preparación se consagró en la ciudad. Incluso el auto lavado cerró un día, pero él se quedó como el pionero de la torta de asada en Tijuana.

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La carreta empezó a tomar forma. Le puso Tortas Jalisco por una doble coincidencia: tanto por su lugar de origen, como por el nombre de la calle donde estaban. Y muy pronto empezó a ser conocido en la zona. Así que, de tanto asociar el lugar con el auto lavado de al lado, terminaron por bautizarla igual: Wash Mobile.

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“Desde entonces, mis cuatro hermanos y yo aprendimos el oficio y nos hemos encargado de que la receta original de mi padre sea la misma que servimos ahora. Y al parecer a la gente le gusta”, dice con modestia su hijo.

Ocho tortas para 'un oso'

Hoy darse una vuelta por la sucursal principal de la Avenida Jalisco 2464, implica ver en acción a Juan Manuel hijo y tres familiares suyos, entre las 8 y las 15 horas. Por tratarse de la sucursal matriz, después de esa hora todo se acaba. En las otras, el horario va de 10 u 11 a 18 horas. Y ahí los comensales también arrasan.

La cadena de producción de las Wash Mobile —a las que con el tiempo llegó otro auto lavado a ponerse al lado— es un performance que siempre obliga a aguantar el hambre con tal de seguirlo. Todo ocurre frente a los ojos del cliente.


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Primero, alguien toma la orden, pregunta si va a ser de asada o vegetariana —que es lo mismo, pero sin carne—; con agua de horchata de la casa o con soda, y enseguida el planchero que está dentro del puesto corta en tiritas y cuadros las sábanas de asada que truenan sobre el aceite.

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Para entonces, alguien más está preparando las tapas de pan: untándolas y dorándolas. Al final el planchero lo ensambla todo, pregunta si le pone salsa. A veces incluye otro poco de la carne sobrante. Entrega la torta envuelta en papel.

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Y así, unas 150 o 200 veces al día, por cada puesto. El número de tortas que venden varía mucho: de la hora, de si hace frío o calor, de si es o no fin de semana. Lo que casi no falla es que la gente repita.


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“En Tijuana hay varios más establecimientos donde venden lo mismo. Pero según las personas que vienen una y otra vez, nos dicen que es porque la carne está jugosa. Y sí, así es: el marinado es un secreto, pero sin duda las hace únicas”, asegura Juan Manuel, mientras pasa una tanda de cinco tortas a un grupo que espera por ellas de pie.

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El hombre dice que diario debe probar lo que preparan, pero que no todos los días se come una completa. Dos o tres veces por semana, sí. No obstante, dice que hay quien no sólo repite, sino que repite varias veces. Y que eso es algo que da gusto ver.

“Cuando la gente viene cruda, a veces hasta se come cuatro de hilo. Pero el récord lo tiene un amigo de mi papá. El señor vino muy tranquilo, empezó a pedir y terminó comiéndose ocho tortas con todo. Nosotros no lo podíamos creer. Nunca más lo hemos vuelto a ver. Sólo recuerdo que de complexión era como un oso parado”.

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