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Identidad

Por qué Kosovo se ha convertido en la cantera de Estado Islámico

El desempleo, la falta de perspectivas y el aislamiento de Occidente que los jóvenes kosovares soportan hace de caldo de cultivo para la radicalización religiosa. Kosovo supera a Bélgica en proporción de población combatiendo en Siria como yihadistas.

por Hibai Arbide Aza
16 Marzo 2016, 8:30am

Skenderaj è la città in cui risiedeva Agron Lafiti, uno dei 40 giovani trasferitisi in Siria. (Immagini di Ángel Ballesteros)

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El 24 de marzo de 2014 Blerim Heta llamó desde Irak a su familia en Urosevac, a 37 kilómetros de Pristina, capital de Kosovo. Les dijo que estaba preparado para "cumplir con Alá". Al día siguiente, Heta se convertía en el primer terrorista suicida de Estado Islámico (EI) de los Balcanes. Se inmoló en Bagdad, asesinando a 52 personas. Antes de ir a Irak, Heta trabajó en Camp Bondsteel, la principal base militar del ejército de Estados Unidos en Kosovo; la base militar más grande del mundo fuera de territorio estadounidense.

"Hay mucha atención a los yihadistas provenientes de Bélgica pero nadie se fija en los Balcanes", se queja la periodista kosovar Arbana Xharra. "Tampoco nosotros nos fijábamos en ello hasta hace poco, estábamos ocupados en construir nuestras instituciones", expone Xharra en referencia a la declaración de independencia de Kosovo, realizada en 2008.

Después de los atentados de París, numerosos medios se hicieron eco del informe del Centro Internacional de Estudios para la Radicalización de 2014. Allí se afirma que "de los 20.000 extranjeros que combaten en Siria, 4.000 son europeos. Aunque son superados en número por franceses, alemanes y británicos, en proporción los belgas son los más numerosos, unos 440, es decir, 40 yihadistas por cada millón de habitantes". Sin embargo, en las filas de Estado Islámico hay 300 hombres y 36 mujeres de Kosovo, según datos del Ministerio del Interior kosovar. La población de Kosovo es de 1,8 millones de personas. Cinco veces más yihadistas que en Bélgica.

"Tenemos problemas políticos, problemas económicos y también aislamiento, ya que no tenemos derecho a viajar a los países occidentales. Es el contexto perfecto para que estos grupos manipulen y laven el cerebro a jóvenes que padecen un alto desempleo y pobreza extrema" sostiene Xharra. Según ella, "el lavado de cerebro se centra en tres aspectos: enseñar nuevas formas del islam como el salafismo o el wahhabismo, la formación de una generación nueva de Imanes que predica contra Occidente, y el uso masivo de redes sociales para que los adeptos se relacionen cada vez más entre ellos y cada vez menos con su entorno".

Arbana Xharra actualmente está centrando su investigación en Bosnia. "Si de Kosovo se habla poco, lo de Bosnia ya no sé cómo definirlo". Hay otros periodistas que van en la misma línea. En febrero de 2015 el fotógrafo de Reuters Dado Ruvic publicó un reportaje en el que se ven banderas de EI en varias casas y pintadas con el logo de los terroristas en los muros de esta pequeña aldea en el norte de Bosnia.

'Los imanes radicales no son imanes de Dios sino de Satán'.

Osman Musliu es el Imán de Drenasit, pequeña localidad rural a cincuenta kilómetros de Pristina. En 2009 fue brutalmente agredido por oponerse públicamente a un imán salafista. Desde entonces las amenazas no han cesado. En febrero de este año fueron encontrados dos kilos de dinamita junto a su mezquita, puestos allí como advertencia. Pero no tiene miedo "porque yo tengo a Alá de mi parte. Los imanes radicales no son imanes de Dios sino de Satán".

Arbana Xharra también recibe amenazas habitualmente. Su investigación sobre las mujeres kosovares enroladas en EI le valió el premio International Women of Courage Award 2015, otorgado anualmente por el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Xharra se crió en una familia musulmana pero defiende un modelo de sociedad laico fundado en los valores del universalismo Occidental. Osman Musliu cree que la postura de Xharra raya en la islamofobia "porque no puedes combatir un extremismo con otro tipo de extremismo".

A cambio, propone para Kosovo una ley de libertad religiosa que establezca el papel que debe jugar el islam en el espacio público. Pero ambos coinciden en denunciar el papel que juega en los Balcanes la corriente wahhabista del islam como caldo de cultivo para el terrorismo.

Así es cómo Estado Islámico fabrica su ejército de niños combatientes. Leer más aquí.

Osman Musliu, imán de Drnasit. (Imagen por Ángel Ballesteros)

Musliu alega que esta tierra es musulmana desde hace siglos pero que el wahhabismo y el salafismo son un fenómeno muy reciente. Xharra lo define como un "cambio cultural después de la guerra". Ambos señalan a las ONG de Arabia Saudí, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes que llegaron Kosovo a participar en la reconstrucción del país después de la guerra de 1999.

"Después de la guerra todo estaba destruido. Por ejemplo, en mi pueblo no quedaba ni una casa en pie. Llegaron estas ONG del Golfo Pérsico y trajeron dinero pero también su ideología radical. Nadie da dinero sin querer conseguir algo a cambio. Difundieron su ideología entre la gente a la que asistían" dice Musliu.

'El extremismo religioso da una imagen falsa del Islam y los medios Occidentales reflejan esta imagen'.

Zekeriya Idris es un teólogo islámico macedonio de etnia albanesa. Es el autor de libro El fundamentalismo islámico y los musulmanes antifundamentalistas. Considera que el wahhabismo es funcional a los discursos islamófobos de Occidente porque "el extremismo religioso da una imagen falsa del Islam y los medios Occidentales reflejan esta imagen".

En 2005 publicó un artículo de opinión que criticaba duramente el cambio cultural al que se refiere Xjarra: "[Los wahhabíes] son visibles por todas partes con sus excentricidades: barbas largas, vestidos asiáticos, pantalones cortos, esposas cubiertas por vestidos negros — que recuerdan a las monjas ortodoxas eslavas —, y un vocabulario extremadamente radical y vulgar. Dios, sólo falta que traigan camellos de los desiertos", escribió.

Xharra y Musliu creen que las condiciones para la "radicalización" de algunos jóvenes fue previa al surgimiento de EI, pero éste las supo utilizar como nadie. En agosto de 2014 se produjeron las primeras detenciones en Kosovo relacionadas con EI. Dieciséis personas, entre ellos varios imanes. "A partir de entonces, los imanes radicales dejaron de hacer apología explícita del terrorismo" asegura Musliu "pero en sus mezquitas se sigue lavando el cerebro a jóvenes para que vayan a Siria".

'El gobierno de Erdogan está usando el islam para ampliar su influencia política y comercial'.

Además de las instituciones del Golfo Pérsico, quien más invierte en la construcción de mezquitas en los Balcanes es Turquía. En Kosovo ha edificado veintidós nuevas y ha rehabilitado trece de la época del imperio otomano. Para Xharra, "el gobierno de Erdogan está usando el islam para ampliar su influencia política y comercial" en la zona. "En Albania no lo consigue, pero en Kosovo sí ha logrado ser un actor político importante".

Según ella, "el perfil del kosovar que se alista en EI es el de un joven desempleado que comienza a frecuentar las nuevas mezquitas financiadas desde el golfo Pérsico o Turquía, que se relaciona con otros jóvenes similares a través de Facebook y que transforma su forma de vestir y vivir para no parecer Occidental". Musliu asevera que "a diferencia de las mezquitas antiguas, las financiadas por los países árabes o Turquía no están controladas por la comunidad islámica local. Ahí es donde se crean los espacios para la propaganda terrorista".

Xharra y Musliu también coinciden en que la inmensa mayoría de las familias de los yihadistas desplazados a Siria e Irak desconocían las intenciones de éstos y no apoyan el terrorismo.

Mezquita financiada por Turquía en Mitrovica, Kosovo. (Imagen por Ángel Ballesteros)

Encuentro con las familias de los yihadistas kosovares

Albin Lafiti murió a mediados de 2014 en Siria durante un bombardeo. Su hermano Agron tiene veinticinco años pero aparenta diez más. Sus pequeños ojos marrones se humedecen en varios momentos de la conversación. Tiene unas manos pequeñas pero curtidas que se frota lentamente mientras escucha las preguntas. Trabaja haciendo tareas de mantenimiento en el campo de fútbol de Skenderaj, un municipio muy pobre a cincuenta kilómetros de Pristina.

Agron es de los pocos familiares de yihadistas de Kosovo que no tiene reparos en hablar ante una cámara. La única condición que pone es que no sea cerca de su casa; no quiere que los vecinos le vean. La entrevista se realiza en las gradas de cemento del campo de fútbol en el que trabaja, lejos de miradas indiscretas.

Agron Lafiti, hermano de yihadista de Estado Islámico fallecido en Siria. (Imagen por Ángel Ballesteros)

Su hermano Albin fue uno de los primeros kosovares que murió en Siria. Agron explica que su familia no sabía nada. "Nos dijo que le habían concedido un permiso de trabajo en Suecia. Estábamos contentos por él. Supimos que estaba en Siria cuatro meses después de que marchara, por una foto que colgó en Facebook".

En el perfil que Albin se abrió en Siria hay llamamientos de Estado Islámico, exhortaciones a la yihad y numerosas fotos de mujeres con niqab. "No era especialmente religioso, era un musulmán normal", asegura su hermano.

"Era muy buena persona. Quería mucho a sus sobrinos... Les daba dulces. Era un joven normal", repite Agron en varias ocasiones. Preguntado cómo fue el proceso de radicalización de su hermano, Agron suspira y contesta dubitativo: "No sé muy bien qué decir sobre esto... Tal vez sea lo que dice el Corán. El Corán dice que tienes que ayudar a la gente que lo necesita y como en Internet vemos que en Siria están matando a niños y a todo el mundo... Tal vez sea eso, pero realmente no sé qué decir".

Respecto a qué pensó la familia cuando supo que su hermano estaba en Siria tampoco responde muy seguro. "No sé qué decir" hace una pausa y sigue "para nosotros es muy triste. Cundo mi hermano se fue a Siria, esperábamos y queríamos que las cosas no fueran tan duras. No teníamos muy clara la situación ni quién luchaba por quién. Cuando nos enteramos mi madre echó a llorar, yo también... Fue un momento muy duro para todos".

Agron afirma que no sabe si hay otros jóvenes de Skenderaj en un proceso de radicalización como el de su hermano. Según el ministerio del interior de Kosovo, de este municipio — que tiene 50.000 habitantes — se han ido a Siria cuarenta jóvenes.

Ismajl Zenelin no llegó a Siria; fue arrestado en el aeropuerto de Estambul cuando se dirigía hacia allí. Tiene 21 años. Espera la sentencia de un juicio que le puede comportar hasta cinco años de prisión. Su familia reside en una humilde granja en una aldea llamada Sllatina. Su madre dice que está feliz de que esté en la cárcel. "Si hubiera llegado a entrar en Siria sería todo mucho peor. Ahora sabemos que está vivo y sabemos dónde está". Lleva el pelo descubierto, ropa de trabajar en la huerta, no quiere hablar ante las cámaras después de haber tenido malas experiencias con la prensa.

A finales de 2014 Kosovo aprobó una reforma del código penal que establece penas de entre cinco y diez años de cárcel a quien combata en el extranjero o reclute a yihadistas. Ismajl Zenelin es uno de los primeros en ser juzgado tras la reforma legal.

Los community manager de la yihad: el reclutamiento de Estado Islámico en las redes. Leer más aquí.

Pristina, capital de Kosovo. (Imagen por Ángel Ballesteros)

Tahir Isuf, de 29 años, fue detenido en Estambul junto a Zenelin. Su familia, compuesta por su madre y sus dos esposas, vive en una paupérrima vivienda en la periferia de Mitrovica. Su primera esposa es Kosovar, la segunda procede de Elbasan, una ciudad de Albania conocida por su numerosa comunidad wahhabi. Aunque la conversación la inicia la madre, pronto es ella, la segunda esposa, la que toma la iniciativa. Lleva Niqab, velo para los ojos y guantes negros. Dice que su marido está injustamente detenido porque "no hizo nada. Sólo intentó entrar en otro país".

Junto a Ismajl y Tahir viajaba Norë Zuzaku, la nueva novia de Tahir, destinada a ser su tercera esposa. Norë estaba casada en Suiza. Abandonó a su marido para fundar una familia en Siria junto a Tahir. A diferencia de éste, ella está arrepentida y cree que unirse a EI habría sido un error. Ambos han sido juzgados junto a Zenelin.

Arbenit tenía veintiún años cuando se unió a EI en junio de 2015. Murió en Raqqa a consecuencia de un bombardeo. A diferencia de las familias anteriores, la suya es de clase media. Sus padres y hermanos residen en tres viviendas unifamiliares nuevas en una gran parcela en Sllatina, un pueblo situado cerca de Pristina.

Su familia está profundamente conmocionada. Su madre cuenta que ni siquiera la hermana melliza de Arbeit sabía de las intenciones de éste. Había estudiado informática en la facultad de Pristina. Su madre cree que se radicalizó a través de las redes sociales. "De repente se volvió religioso y se dejó barba", cuenta con tristeza. El imán de Sllatina cuenta que no era asiduo a la mezquita.

Se enteraron de que estaba en Siria por unos familiares de Pristina cuando éstos les escribieron un mensaje para darles un teléfono donde localizarle. Era un móvil sirio. Su madre rememora las veces que le suplicó que regresara a Kosovo. Un día dejaron de recibir mensajes. Meses después supieron del bombardeo en el que había muerto.

Sólo se conoce un caso de alguien que fue al Califato y volvió a Kosovo. Se trata de Shqip Ajdini, de 32 años. Dejó Gjilan, al este de Kosovo, para ir a Siria junto a su marido Sinan Muji y su hija pequeña en 2014. Regresó en junio de 2015 después de que su marido muriera luchando para EI. No quiere conceder entrevistas. Su historia salió a la luz en el reportaje de Ardana Xharra sobre las mujeres kosovares en Siria.

Excepto la segunda esposa de Tahir Isuf, ninguna de las familias entrevistadas defiende las intenciones de estos jóvenes yihadistas. Todas las personas entrevistadas en este reportaje coinciden en señalar Kosovo es el país europeo con la media de edad más baja, 30 años, y el que tiene mayor desempleo juvenil, 61 por ciento. "El enfoque represivo como única respuesta no sirve para atajar el problema. Si en Kosovo hubiera trabajo y perspectivas de futuro no se irían tantos jóvenes a Siria", resume Arbana Xharra.

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