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Libia

Libia al borde de una guerra civil y amenazada por ISIS cinco años después de la revolución

Muammar Gaddafi está enterrado y sus hijos presos o igualmente muertos. Sin embargo, la situación de Libia es cada vez más convulsa y los gobiernos vecinos parecen sumergidos en una guerra silenciosa por hacerse con el control de este país petrolero.

por Avi Asher-Schapiro
18 Febrero 2016, 2:18pm

Imagen vía Wikimedia Commons

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Han pasado ya cinco años desde que los libios salieron a la calle y derrocaran a su sempiterno dictador, Muammar Gaddafi. Y por mucho que aquella demencial autocracia haya sido enterrada y que sus hijos se encuentren igualmente sepultados o entre rejas, lo cierto es que la situación del país no ha mejorado demasiado. La inestabilidad y la convulsión política y económica han dejado a Libia al borde del colapso, y a sus vecinos territoriales como a una amenazante camada de hienas sedientas de su petróleo.

Y mientras todo eso sucede, la formación yihadista Estado Islámico (EI) ha afluido como un nuevo poder local, entre las beligerantes facciones que transitan la zona. Los terroristas se han hecho con el control de la costa sur del país, y amenazan con seguir expandiéndose por sus dominios.

Gaddafi, un líder tan carismático como despiadado, gobernó el país con mano de hierro durante cuatro décadas, durante las cuales cambió de ideología y de aliados casi tanto como de camisa. Así, el dictador pasó de ser uno de los enemigos proverbiales de Estados Unidos durante décadas, a convertirse en uno de los siniestros aliados de George W.Bush en su paranoica "Guerra contra el Terror". 

De hecho, conforme el delirio se hizo mayor, Gaddafi estrechó su vínculo estratégico con Estados Unidos y con el Reino Unido para ofrecer sus escabrosos servicios y coordinar las torturas y las desapariciones de una larga lista de presuntos sospechosos de terrorismo en Oriente Medio. Aquel sangriento potaje, se convertiría en uno de los múltiples caldos de cultivo del que brotaría el furor yihadista.

El caso es que mientras a principios de 2011 la primavera árabe avanzaba como la pólvora — en países como Egipto, Yemen, Siria y Bahréin —, los libios también se despacharon a gusto contra la élite política del país. El 17 de febrero de 2011, el pueblo libio participó en masa en una serie de manifestaciones coordinadas por todo el territorio que clamaron contra las violaciones de derechos humanos y la desastrosa gestión del gobierno del dictador. Las fuerzas de seguridad del país reaccionaron entonces abriendo fuego contra la muchedumbre, lo que desató la furia de las hordas, que terminarían por derrocar y abatir al dictador más antiguo de África con sus propias manos.

El derrocamiento de Gaddafi desató la caída de los principales burócratas del régimen, y dio lugar a un desaforado baño de sangre entre los fieles al fascista y las emergentes milicias rebeldes. En pocos días, las fuerzas rebeldes se hicieron con el control de pedazos sustanciales del territorio. En marzo, la OTAN intervino y se puso a bombardear el país a discreción. Lo hizo bajo el pretexto de proteger y reforzar la zona de exclusión aérea declarada por Naciones Unidas. Tal fue la explicación oficial. La verdad fue que la OTAN despejó el terreno para facilitar el cambio de régimen. Las tropas de Gaddafi fueron exterminadas rápidamente y se asfaltó el terreno para que las tropas rebeldes conquistaran Trípoli, algo que sucedería en verano.

Saif al-Islam, hijo de Gaddafi, condenado a muerte por crímenes de guerra. Leer más aquí.

El ex dictador fue capturado y ejecutado en octubre. Sin embargo, reemplazar su gobierno con una solución estable y alternativa, se convirtió, enseguida, en una quimera y los enfrentamientos entre las distintas facciones siguieron su curso sangriento. 

En julio de 2012 Libia celebró elecciones para formar un nuevo parlamento. Sin embargo, el borrador de la nueva Constitución que debía de redactarse para la nueva legislatura nunca se finalizó. Se declaró entonces un flamante y precario ejecutivo que fue incapaz de imponer su autoridad. Poco a poco, las milicias regionales, como la que atacaría el consulado estadounidense en Benghazi en septiembre, fueron cobrando fuerza.

En 2014 unas nuevas y reñidas elecciones desembocaron en la formación de un escenario bipolar. Entonces se proclamaron sendos parlamentos rivales, uno de ascendencia islamista radicado en Trípoli; y un segundo hemiciclo reconocido internacionalmente en la ciudad de Tobruk, al este del país. Ambos reivindicaron representar la voluntad del pueblo, mientras las milicias de ambos bandos se enzarzaban en una lucha por imponer su supremacía. Finalmente las facciones beligerantes se avinieron a suscribir un gobierno de unidad auspiciado por Naciones Unidas. Claro que restablecer el orden, preservar el acuerdo y detener el persistente derramamiento de sangre iba convertirse en una ardua misión..

Mira el documental de VICE News 'La guerra silenciosa de Libia: los tuareg en el sur de Libia' (pronto con subtítulos en español)

Estado Islámico irrumpió inicialmente por la ciudad de Derna, en 2014. A principios de 2015, la organización yihadista proclamó la ciudad de Sirte, una significativa localidad costera y cuna de Gaddafi, como su capital en Libia. Hoy los terroristas aseguran tener a unidades trabajando en todas y cada una de las grandes ciudades del país. De hecho, los principales líderes de la organización en Siria e Irak se han trasladado hasta Libia, donde el inestable escenario político, económico y social se ha convertido en el perfecto cobijo para las actividades del grupo.

Mientras Estados Unidos y sus aliados se dedican a bombardear a Estado Islámico en Siria e Irak, la franquicia libia ha sido prácticamente ignorada. Lo que sí ha orquestado la administración Obama ha sido la ejecución de algunos dirigentes de la cúpula de la organización terrorista asentados en Libia con la ayuda de drones. Sin embargo, solo ha sido durante estas últimas semanas cuando las autoridades estadounidenses han empezado a plantearse seriamente ampliar su ofensiva contra Estado Islámico hasta Liba.

"Creo que ya he sido bastante claro respecto a la situación en Libia. Combatiremos a Estado Islámico allí donde brote", proclamó este marte el presidente estadounidense Barack Obama. "Estamos trabajando conjuntamente con el resto de socios de nuestra coalición para asegurarnos de capturarles y estamos estudiando cómo impedir que ISIS se haga fuerte en Libia".

Claro que el significado exacto de sus palabras, y si Libia seguirá descomponiéndose cinco años después de su guerra civil, es algo que todavía está por ver.

Imagen vía Wikimedia Commons

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