Salud

Los escépticos del Coronavirus no creen en la salud pública

Quienes están en contra del distanciamiento social y las vacunas y defienden la "libertad médica" confían en ideas profundamente equivocadas sobre cómo funcionan las medidas de salud pública y cuán a salvo están con sus medidas preventivas personales.
traducido por Laura Castro
06 Mayo 2020, 10:30pm
Un manifestante en una bolsa de papel con agujeros para los ojos se encuentra de pie junto a un manifestante con una bandera estadounidense sobre su rostro.
Manifestantes saludan a las cámaras de televisión en el Capitolio de Texas el 18 de abril de 2020 en Austin. La protesta fue organizada por el anfitrión de Infowars Owen Shroyer, quien se une a otros manifestantes en todo el país para salir a las calles a pedir que se reactive al país, a pesar del riesgo que representa el COVID-19. (Foto de Sergio Flores/Getty Images)

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

El Dr. Shiva Ayyadurai confía mucho en su sistema inmunológico y en el tuyo también. El contencioso y autoproclamado "inventor del correo electrónico" ha estado haciendo celosamente campaña por la nominación al Senado de Massachusetts por parte de los republicanos, bajo los lemas "Sé la luz" y "Verdad. Libertad. Salud". Recientemente, a medida que la pandemia de coronavirus continúa devastando al mundo, ha reducido su mensaje a un tema de conversación aún más simple: fortalecer tu sistema inmunológico te salvará la vida. El distanciamiento social y otras medidas de salud pública defendidas por el Dr. Anthony Fauci—máximo experto en enfermedades infecciosas en los Estados Unidos— son, según él, medidas "alarmistas" o algo peor. En un reciente video en vivo a través de Facebook, Ayyadurai dijo que el aislamiento "afecta las propiedades inmunes a nivel celular. En realidad, dañas tu sistema inmunológico".

"Si quieres darle a Fauci el beneficio de la duda, su preparación es terrible", agregó Ayyadurai.

Por supuesto, esta es la razón por la que Ayyadurai y sus fanáticos han estado presionando recientemente para que Donald Trump despida a Fauci y lo reemplace con Ayyadurai. Recientemente, le envió una carta a Trump prometiendo "salud inmunológica y económica" para el país, lo cual propone lograr organizando a los estadounidenses en cuatro grupos: los que hayan dado positivo para COVID-19; los hospitalizados y en estado crítico; aquellos que no están hospitalizados pero están inmunocomprometidos; y, finalmente, aquellos que están saludables y hayan dado negativo para COVID. Este último grupo, propone, debería "volver al trabajo de inmediato", y a la vez tomar altas dosis de vitamina A, D, C y yodo. "Los países del tercer mundo", como las Repúblicas de Chad y Djibouti, escribió, han tenido "CERO muertes" por COVID-19, porque "se alimentan directo del suelo" y están "al sol todo el día", por lo que obtienen altas dosis de vitaminas, las cuales los estadounidenses no pueden obtener estando en aislamiento social. (Chad y Djibouti, de hecho, ya tienen casos confirmados de COVID-19, y Djibouti recientemente registró su primera muerte. Se espera que las cifras aumenten allí, como ha sucedido en todas partes del planeta).

Las ideas de Ayyadurai acerca de cómo deberían comportarse las personas presumiblemente sanas no concuerdan con lo que ahora sabemos sobre el nuevo coronavirus, sobre todo porque los portadores asintomáticos pueden ser muchos más de lo que inicialmente se pensó. Sin embargo, Ayyadurai se ha convertido en uno de los rostros más visibles de una peculiar coalición de personas que minimizan la realidad letal de la pandemia, exhortan al país a "reabrir" y afirman que medidas como la cuarentena y el autoaislamiento son innecesarias, si no es que activamente perjudiciales. También es parte de un grupo más específico de escépticos del coronavirus que afirman que no se requiere de grandes medidas en el área de salud pública, si se toman medidas de salud personal: altas dosis de vitaminas, "reforzamiento" del sistema inmunológico o medidas más exóticas como un sauna con infrarrojos o nebulizaciones con peróxido de hidrógeno, como recomendó recientemente el infame sitio web de refuerzos alternativos para la salud de Joseph Mercola.

Estas muy específicas ideas sobre la facilidad para vencer al coronavirus a través de la acción personal están apareciendo, explícitamente, en las protestas que ha habido hasta ahora contra el aislamiento en 22 estados y contando. Allí, los activistas antivacunas y por la libertad médica, con carteles que dicen cosas como "LA VACUNACIÓN FORZOSA VIOLA LA AUTONOMÍA CORPORAL", se unen a una variedad mixta de grupos de derecha: milicias, organizaciones neofacistas como los Proud Boys, Alex Jones y su equipo de InfoWars y algunos activistas un poco más convencionales, como los pro-armas. Todos ellos comparten una creencia, como lo expresó recientemente Tom Scocca de la revista Slate, "que pensar en las necesidades o intereses de otras personas, por definición, es tiranía", y que los llamados a la acción colectiva de entidades como los Centros de Control de Enfermedades tienen un motivo oculto y siniestro. El punto nominal de estas protestas es pedir a los estados que permitan la reapertura de los negocios locales; pero bajo ello subyace una fuerte dosis de negación de la enfermedad y una férrea visión egocéntrica del mundo.

"Consumo los alimentos correctos", le dijo un manifestante a Global News. "Tomo vitaminas, bebo el agua adecuada. Las vitaminas D y C ya se han probado. Así que tenemos todo lo que necesitamos, no necesitamos una vacuna".

Trump ha alentado abiertamente estas protestas y las curas no comprobadas como la hidroxicloroquina, y no es difícil entender por qué. Parte de ello es indudablemente ideológico: desde la década de 1960, la derecha simplemente no ha creído en el valor de la acción pública o colectiva. Sin embargo, en su mayor parte esto se trata de un juego político, destinado a convertir en un problema solucionable el fracaso total de la administración Trump, que no ha logrado abordar de manera significativa esta emergencia de salud pública que mata a miles de personas todos los díasde. El trabajo de fabricar y distribuir mascarillas y pruebas, así como el establecimiento de un régimen de rastreo de contactos es difícil y conlleva un alto riesgo de fracaso. No obstante, al negar que sea necesario llevar a cabo estos pasos y decir que la crisis puede resolverse fácilmente con vitamina C y cuidados personales, se vuelve innecesario que el gobierno tenga que emprender alguna acción. Es una mentira grotesca eso de que es posible volver al trabajo tan pronto como cada persona lo decida sin ninguna consecuencia significativa, pero es una mentira de la que se beneficiarán Trump y sus esperanzas de tener un segundo mandato.

La creencia de que a todos nos conviene quedarnos en casa por ahora se basa en la aceptación fundamental del concepto de salud pública, en la aceptación de la simple premisa de que las elecciones de una persona pueden afectar la salud de otra y que es necesario que la comunidad responda ante una enfermedad. Los escépticos del coronavirus, simplemente, descartan la idea de que sus elecciones impacten en la vida de los demás. Como lo expresó una crítica del distanciamiento social en una publicación de Facebook ampliamente compartida: “Si quieres quedarte en casa, quédate en casa. Si quieres usar una mascarilla, usa una mascarilla. Si deseas evitar grandes multitudes, evita grandes multitudes. Pero yo no estoy obligada a caer en la pobreza por ti. No estoy obligada a abstenerme del contacto humano por ti. No estoy obligada a comprar sola, sin mis hijos, por ti".

Ese sentimiento no es particularmente sorprendente. Muchas de las personas que se suben al tren del escepticismo ante el COVID-19 son ya conocidas personalidades del movimiento antivacunas y a favor de la "libertad médica", dos grupos tan estrechamente alineados que su Diagrama de Venn se parece más a un círculo.

"Los escépticos habituales que acudieron o asistieron a las típicas protestas por la 'libertad médica' del año pasado en Estados Unidos, regularmente estaban liderados por celebridades antivacunas como Del Bigtree, Andrew Wakefield o Robert F. Kennedy Jr.", le dijo Tara C. Smith a VICE. Ella es profesora de la Universidad Estatal de Kent, además de epidemióloga y experta en enfermedades infecciosas zoonóticas. "Si bien la 'libertad médica' puede ser su grito de guerra, la raíz de sus protestas es contra la vacunación".

Smith también dijo que enfatizar que los ciudadanos simplemente necesitan fortalecer sus sistemas inmunológicos es un error. "En primer lugar, realmente no es posible 'fortalecer' el sistema inmunológico de la manera en que sugieren", dijo. "Y las personas que tienen sistemas inmunes altamente reactivos generalmente no están en buena forma, ya que esto conduce a enfermedades como las autoinmunes".

Siendo esto así, los activistas antivacunas y a favor de la libertad médica han estado muy ocupados durante la pandemia: entre otras cosas, han emitido advertencias sombrías sobre la posibilidad de que una vacuna contra el coronavirus algún día sea "obligatoria" y han promovido métodos altamente engañosos de protección contra la enfermedad, la mayoría de ellos centrados en esa misma noción de "fortalecer" el sistema inmunitario u otras acciones individuales, nada que sea colectivo. Del Bigtree, activista antivacunas y productor de televisión y cine, dijo el 12 de marzo en su programa The Highwire que "él, personalmente, no está muy preocupado" por la enfermedad, "principalmente por mi forma de vida... No uso productos farmacéuticos en mis hijos. En la medida de mis posibilidades, me aseguro de que no haya pesticidas ni herbicidas en lo que consumen mis hijos. Desactivé la tecnología 5G en mi casa, por si acaso". Debido a esas medidas, y a su creencia en que "su cuerpo quiere sobrevivir" y que ha sido creado a imagen de Dios, Bigtree dijo, "Creo que cualquier cosa que suceda en este planeta, mi cuerpo podrá manejarla, especialmente si lo mantengo saludable".

Larry Cook, el activista antivacunas que administra el grupo masivo de Facebook Stop Mandatory Vaccination, ha estado convocando a las empresas a reabrir "CON CERO RESTRICCIONES EN CADA ESTADO", como escribió recientemente en Facebook, y ha afirmado que el COVID se puede tratar con una dosis alta de vitamina C intravenosa, zinc y oxígeno hiperbárico. (La vitamina C intravenosa se está estudiando como un posible tratamiento para el coronavirus, pero los resultados aún no son concluyentes. También hay en curso un pequeño ensayo clínico sobre el uso de cámaras de oxígeno hiperbárico, pero este también se encuentra en sus etapas más tempranas).

"No necesitamos una vacuna", proclamó la Dra. Judy Mikovits, polémica exinvestigadora de la fatiga crónica que ahora hace afirmaciones frecuentes contra la vacunas, en un video de YouTube del 15 de abril con más de 80,000 visitas. "Todo lo que necesitas es tener un sistema inmunológico saludable". (Mikovits también ha participado en la campaña "Despidan a Fauci", alegando que él saboteó su investigación sobre un supuesto virus de ratón que, según ella, es la verdadera causa del cáncer).

Estos activistas suelen rechazar la idea de que hay algo que la sociedad puede hacer, colectivamente, para frenar la propagación de cualquier enfermedad. En el mismo video, Mikovits rechazó la idea de usar una mascarilla, ya que, afirmó, el coronavirus en realidad es causado secretamente por una mala cepa de vacuna contra la gripe que estuvo circulando entre 2013 y 2015. Las mascarillas ayudarán a "activar" el virus y reinfectar a los portadores de las mismas una y otra vez, afirmó.

"Usar una mascarilla matará a más personas: este virus no llega al aire por medio de las personas sanas, quienes seguramente son inmunes, pues se puede decir casi con certeza que ya se infectaron en algún punto de los últimos cuatro o cinco años", dijo Mikovits.

Muchos de los escépticos del coronavirus, particularmente del mundo de los antivacunas, se burlan de ideas como la de la 'inmunidad de rebaño o colectiva' y, en general, critican los enfoques médicos 'no personalizados'. (En un testimonio de 2019 en el estado de Washington, cuando testificó en contra de un proyecto de ley que finalmente eliminó las exenciones personales y médicas para la vacuna MMR, Bigtree calificó a la inmunidad de rebaño como "un mito", y agregó: "Es un eslogan publicitario para que la industria farmacéutica nos obligue a vacunar al 2 o 3 por ciento de los niños que aún no están vacunados"). Incluso su llamado a "proteger" a las personas mayores y con enfermedades críticas parece reducirse a animarlos a quedarse en casa mientras les dicen a todos los demás que salir es seguro.

Muchas de estas personas, como el crítico de las vacunas y controvertido pediatra Bob Sears, se enfocan en Suecia, que tiene medidas de aislamiento mucho menos estrictas que la mayoría de los países. Bigtree, también le dedicó un segmento a Suecia, donde amigos de su programa filmaron tiendas abiertas y le quitaron las mascarillas a personas en Estocolmo, un enfoque que Bigtree elogió como "muy sensible". (El enfoque de Suecia ha sido controvertido y muestra una tasa de mortalidad mucho más alta que los países vecinos, como Dinamarca y Noruega).

Mientras tanto, otros escépticos están dando pasos más directos y extraños. La activista antivacunas y autoproclamada toxicóloga Ashley Everly filmó a otra mujer, la activista antivacunas Sara Brady, siendo arrestada el martes en un parque en Idaho después de organizar una protesta, en un patio de recreo, contra el cierre de parques. (La protesta fue planeada en grupos antivacunas de Facebook). Las imágenes que Everly compartió muestran a niños jugando en medio de una grabación contra las medidas precautorias, la cual se ve interrumpida por la llegada de la policía, que le pide reiterativamente a Brady que se retire, hasta que finalmente la arrestan por negarse a hacerlo.

"Sus hijos están aquí", grita con enojo alguien que se encuentra fuera de la toma, como si ese no fuera precisamente el punto. "¿Qué va a pasar? ¿Quién cuidará a sus hijos?".

Al final de cuentas, el énfasis en la vitamina C, las cámaras hiperbáricas de oxígeno, la alimentación saludable y una vida virtuosa parece tener mucho menos que ver con una decisión de salud que con una decisión política, relacionada inevitablemente con las peticiones de reactivar la economía y las afirmaciones de que las empresas no pueden seguir soportando más pérdidas de las que ya han sufrido. El sitio ultraconservador Daily Wire, por ejemplo, publicó un largo artículo recientemente con las opiniones de un "veterano erudito en epidemiología" llamado Dr. Knut Wittkowski, quien argumentó que el distanciamiento social no permitirá que la sociedad desarrolle inmunidad colectiva. "Es muy importante mantener las escuelas abiertas y que los niños se mezclen para propagar el virus y así alcanzar la inmunidad del rebaño lo más rápido posible", dijo Wittkowski. "Y ya después, las personas de edad avanzada, que tendrían que mantenerse confinadas, y los hogares de ancianos, que deberían permanecer cerrados, podrán volver a entrar en contacto con el mundo, con sus hijos y nietos. Esto después de aproximadamente 4 semanas, una vez que el virus haya sido exterminado". (La Universidad Rockefeller, donde Wittkowski trabajó anteriormente como bioestadístico, emitió un comunicado diciendo que sus puntos de vista "no representan los puntos de vista de la Universidad Rockefeller, ni su liderazgo o a su facultad").

Mientras tanto, la clamorosa caravana de antivacunas, derechistas y oportunistas de las causas relacionadas con la salud continúa. Hay varias protestas más contra el aislamiento planeadas en otros estados de los Estados Unidos, las cuales son una especie de mezcla impía entre un rechazo al servicio de salud pública y una campaña para reelegir a Trump. Los intereses del gobierno actual se están beneficiando de aquellos que rechazan la idea de un gobierno, lo cual es evidentemente la razón por la que Trump está alentando las protestas y sus aliados fuera del gobierno las han estado organizando. Entre las consecuencias de todo esto se encuentra el hecho de que probablemente algunas personas aprenderán por experiencia propia exactamente por qué no importa si creen o no en el concepto de salud pública.

Las protestas, dijo Smith, "me ponen muy triste. Hay altas probabilidades de que algunos de los protestantes se enfermen debido a sus actividades y que propaguen

la infección a otros en sus familias y comunidades. Creo que están equivocados, pero nadie quiere que las personas mueran debido a sus creencias, y creo que eso es lo que les ocurrirá el próximo mes a algunos de estos manifestantes".

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