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COLOMBIA

Colombia empieza a exhumar los cuerpos de una fosa común en un vertedero de Medellín

Alrededor de 300 cuerpos podrían estar enterrados en lo alto de Medellín, una ciudad que persigue deshacerse de su violenta reputación. “Mi dolor es el mismo que el de aquel día”, nos cuenta una mujer cuyo marido desapareció.

por Joe Parkin Daniels
31 Julio 2015, 12:40pm

Imagen por Joe Parkin Daniels/VICE News

Las autoridades colombianas han empezado a excavar la que podría ser una de las fosas comunes más grandes cerca de un límite urbano, en Medellín. Se ignora el número de cuerpos enterrados, pero se sospecha que hay víctimas desde 2002.

La tumba, situada en un vertedero sobre una de las laderas que se levantan por encima de Medellín, la segunda ciudad más grande de Colombia, podría contener los cadáveres de 300 desaparecidos declarados en uno de los barrios más deprimidos del área metropolitana.

Los trabajos en el perímetro de la tumba contrastan con todo el boom mediático que rodea a la ciudad, probablemente el destino que está más de moda del país. Medellín lleva una temporada procurando deshacerse de su violenta reputación a costa de inyectar la promoción del turismo y la inversión.

El enclave de la fosa común se llama La Escombrera y se levanta por encima de las montañas de Comuna 13, una favela que ha sido asociada a las desapariciones, desde que una campaña militar bautizada con el nombre "Operación Orión", fuera desplegada allí en 2002. La operación consistió en expulsar a las guerrillas de izquierdas y suplantarlas por formaciones paramilitares de derechas.

Familiares de la joven de 17 años Carol Vanessa Restrepo, caminan hacia el enclave de la fosa común. (Todas las fotos de Joe Parkin Daniels/VICE News).

El lunes por la mañana se ofició una ceremonia religiosa celebrada en memoria de las víctimas en la fosa común, antes de que arrancaran las tareas de excavación, a la mañana siguiente. El lugar fue decorado con un despliegue de siluetas de cartón negro a tamaño natural, que simbolizaba a los cientos de personas que desaparecieron en la Comuna 13.

Entre los asistentes a la ceremonia se contaban los familiares de Carol Vanessa Restrepo, una estudiante que fue vista por última vez el 25 de octubre de 2002, cuando salió de su escuela para irse a encontrar con unos amigos. Fue apenas unos días después de que concluyera oficialmente la "Operación Orión". Vanessa tenía tan solo 17 años y nadie más volvió a saber nada de ella. A día de hoy, su familia sigue sin saber lo que pasó.

Después de depositar unas flores en el lugar, Mercedes Montoya, la tía de Vanessa, que luce una camiseta con la fotografía de su sobrina estampada, explicó a VICE News que Carol "era una chica joven con un futuro por delante. Era una estudiante. Y tenía sueños. No nos explicamos porque [fue secuestrada].

Las siluetas negras en representación de los desaparecidos, alineadas. Al fondo se lee la inscripción "Nunca más".

El dolor de sus familiares es compartido por decenas de familias más. El lunes por la mañana se veía a varias familias luciendo camisetas similares en los alrededores de la fosa, todas a la espera de sacar algo en claro, una vez las cuerpos hayan sido desenterrados. 

El trabajo que queda por delante es colosal. Durante los próximos cinco meses, un equipo de médicos forenses de la policía judicial de Colombia extraerán cerca de 24.000 metros cúbicos de tierra y vertidos hasta encontrar los cuerpos, enterrados a unos siete metros y medio de profundidad.

Los investigadores declararon a VICE News que la tierra será abierta la semana próxima y que se empleará maquinaria pesado de excavación. Acto seguido se procederá a utilizar herramientas manuales, para impedir que sean destrozados los restos mortales.

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Luz Elena Galeano en Medellín. Busca a su marido, Luís Javier Laverde, que desapareció en 2008.

El barrio es desde hace años uno de los más pobres y más violentos de la ciudad. En octubre de 2002 una aparatosa ofensiva militar y policial logró arrebatar la tierra a las violentas guerrillas que la ocupaban. Se destacó a más de 1.000 soldados que dispusieron de la ayuda de helicópteros de combate.

Luz Elena Galeano también atendió a la ceremonia del lunes. Ella no ha vuelto a ver a su marido, Luis Javier Laverde, desde el 9 de diciembre de 2008. Aquel día Luis Javier iba a tomar el autobús para ir a casa desde el trabajo cuando fue raptado. Le metieron en un automóvil y se lo llevaron. Desde entonces, no se sabe nada de él.

"Mi dolor es exactamente el mismo que el de aquel día", declaró Galeano a VICE News desde su oficina en el centro de Medellín. Allí Galeano coordina la campaña Mujeres caminando por la verdad y la justicia, integrado por un grupo de familias que luchan por saber qué les paso a sus seres queridos en la Comuna 13.

Después las campañas lideradas por grupos de víctimas como el de Luz Elena, y después del incentivo ofrecido por los recientes testimonios de paramilitares retirados que confesaron donde habían enterrado los cuerpos, las autoridades pudieron, finalmente, identificar el lugar en que estaba enclavada la fosa común.

Las autoridades de Medellín acordonaron la zona antes de proceder con las excavaciones.

El martes equipos de forenses circundaron el vertedero con la ayuda de vallas de plástico de color verde, que señalizan el perímetro donde se supone que están los 300 cuerpos, según organizaciones de derechos humanos. Jorge Mejí, un asesor del alcalde de Medellín, describió el lugar como "posiblemente la fosa común urbana más grande del mundo".

Y mientras los números, por ahora, siguen siendo inciertos — a pesar de que los investigadores presentes en el lugar de los hechos declararon a VICE News que hay, al menos 100 cuerpos — el descubrimiento y la exhumación de la tumba son un motivo para la esperanza de averiguar qué sucedió, entre los familiares.

"¿Quién son las víctimas?, se preguntaba Mejía en una entrevista con VICE News. "Podrían ser inocentes, sin duda, que no tienen nada que ver con el conflicto. O podrían ser miembros de la guerrilla perseguidos por los paramilitares. O, simplemente, simpatizantes de la guerrilla. En realidad eso no importa demasiado: más allá de quiénes sean los enterrados, nada justifica la desaparición de personas".

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Familiares de los desaparecidos atienden a la ceremonia religiosa celebrada el lunes en la fosa.

Una de las constantes que se repite en el conflicto colombiano es el elevado número de víctimas civiles que se ha cobrado. Desde que los grupos rebeldes, incluidas las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se sublevaron militarmente en contra del gobierno hace 51 años, la lucha armada se ha cobrado ya 218.000 vidas, el 80 por ciento de las cuales son civiles. La implicación de los grupos de derechas paramilitares y de los narcotraficantes ha incrementado la violencia.

Después que se le preguntara si se creía que en la fosa habría, sobre todo, civiles, un miembro del equipo de investigación declaró a VICE News que "por desgracia, en este conflicto la mayoría de las víctimas son civiles".

Mientras VICE News recorría a pie el lugar, acordonado por el precinto policial, se hizo desagradablemente patente que los cuerpos jamás habrían sido encontrados sin la colaboración de los paramilitares y sin la inquebrantable presión ejercida por las familias.

El vertedero, cerrado desde hace tiempo, ha ido engullendo los cadáveres hasta sus profundidades.

"Qué vergüenza la guerra", reza la camiseta de uno de los asistentes al funeral.

"Todo esto se está llevando a cabo gracias al esfuerzo de las familias de los desaparecidos", contó Lisa Haugaard del Grupo de Trabajo Latinoamericano (LAWG), desde Washington DC. "Allí hay mujeres increíblemente valientes — en su mayoría se trata de mujeres, aunque no exclusivamente — de todo Colombia que no se rinden con la búsqueda".

Debido al estado de descomposición de los cadáveres, la única forma de identificar a las víctimas será a través de su ADN — que después de tantos años de entierro se obtendrá, fundamentalmente, de sus dentaduras y de sus huesos — y de las muestras de ADN realizadas en los familiares.

Una vez identificadas, las familias de Medellín podrán recoger los restos o se les ofrecerá también la posibilidad de enterrarlos en un mausoleo que está siendo construido actualmente.

"En caso de que se encuentre el cuerpo, eso ya ayudará a aliviar el dolor. Y si no encuentran a los míos, al menos tendremos la esperanza de que otros familiares encuentren los restos de los suyos", declaró Galeano a VICE News. "Es casi imposible encontrarles a todos. Sigue habiendo muchos más lugares donde han sido enterrados por toda esta zona".

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Oficiales, víctimas y la prensa reunidos en el vertedero situado al oeste de Medellin.

Agentes, familiares de las víctimas y la prensa concentrada en el lugar, que descubre una panorámica del oeste de Medellín.

Las víctimas que claman justicia por sus seres queridos están arriesgando sus vidas cada vez que exigen la verdad.

Galeano fue obligada a dejar su casa con sus dos hijos pequeños, después de ser amenazada en 2012. Su voz, sus gritos clamando justicia empezaron a resonar demasiado alto. Mientras su marido es uno de los, al menos, 30.000 desaparecidos en el país, ella forma parte del listado de los, aproximadamente, 6 millones de desplazados internos, otra de las estadísticas más aberrantes y monumentales de la guerra en Colombia.

"Es bastante habitual recibir amenazas cuando tratas de descubrir la verdad. Existe cierta percepción popular que entiende que si has padecido la desaparición de algún familiar es porque hay un motivo", explicó Haugaard a VICE News.

A Montoya también le preocupan las represalias, pero dijo que "tienes que dejar el miedo atrás. Tenemos que hablar de ello, de otro modo, esto nunca terminará".

Por su parte, Jorge Mejía cree que el problema más grande al que se enfrenta ahora la Comuna 13 son "las pequeñas bandas de traficantes y los extorsionistas". Galeano asegura que los mismos paramilitares de antes continúan aterrorizando a los vecinos.

A pesar del controvertido desmantelamiento de la organización que funcionaba como paraguas de los paramilitares, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), entre 2003 y 2006 el barrio continuó siendo extorsionado por las ahora llamados antiguos grupos paramilitares. Galeano aseguró a VICE News que el proceso era una "farsa absoluta".

Palas, picos y cascos yacen preparados para las tareas de exhumación.

Jorge Mejía reconoce los problemas existentes en la zona. "Es una región complicada porque está situada al oeste de la ciudad, y es por donde sale todo el tráfico de y hacia Uraba", la región costera por donde la cocaína sale del país y por donde entran las armas.

Mientras la comuna está levantada sobre el margen de la ladera y los vecinos hablan de las "fronteras invisibles" entre el pasado y el presente de las organizaciones criminales, la triste realidad es que es casi imposible saber qué pasa realmente allí. Y respecto al gobierno, lo que sucede es que a menudo las desapariciones son demasiado fáciles de ignorar.

"La escala de violencia de Colombia es tan monumental que solo se advierten y se registran los crímenes más aberrantes e ineludibles", afirmó Haugaard. "Las desapariciones constituyen el crimen más invisible puesto que lleva mucho tiempo encontrar los cuerpos. Si es que se llegan a encontrar".

Sin embargo, las familias de las víctimas continúan exigiendo saber la verdad y que se haga justicia, y mientras empieza el trabajo para exhumar los cuerpos, es muy posible que estén más cerca de averiguar qué sucedió.

"Todo lo que queremos es la verdad", declaró Montoya a VICE News. "Y ahora tenemos a mucha gente de nuestra parte".

Los asesinos ocultos de Colombia (parte 1). Ver aquí.

Sigue a Joe Parkin Daniels en Twitter: @joeparkdan