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Defensa y seguridad

Rumanía empieza a preocuparse seriamente por una intervención rusa en Transnistria

Rumanía ha decidido poner freno a años de abandono militar. El miedo a convertirse en espectador de primera fila de un posible desastre en Transnistria, un desastre que sería perfectamente comparable al de Ucrania y Crimea, ha acelerado el proceso.

por Torie Rose DeGhett
07 Octubre 2015, 2:30pm

Imagen vía Flickr

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Rumanía ha decidido dar un salto dramático para modernizar a su ejército. La sombra de la amenaza rusa ha propiciado el movimiento. A Rumanía le preocupa lo desfasado del estado de su artillería y de sus equipamientos militares. Y le preocupa también el estado de su no necesariamente desinteresada alianza con su vecina Moldavia. De tal forma, el gobierno rumano se ha comprometido a incrementar su sistema de defensa durante la próxima década.

Un documento obtenido recientemente por la agencia de noticias rumana Profit.ro ha descubierto que el gobierno planea activar un protocolo nacional de emergencia. El movimiento en cuestión permitirá que parte de el presupuesto del estado pueda destinarse a la financiación de las empresas de defensa nacionales. Según explica el documento, la ausencia de inversiones en materia de Defensa del país del este "podría dañar significativamente los intereses y la seguridad del estado rumano". Se trata del mismo tipo de argumento que se empleó en 2014, cuando Rumanía liquidó las deudas de 15 empresas de defensa para salvarlas de la bancarrota.

A corto plazo, Rumanía desea estar preparada. No quiere ser víctima de las mismas diabluras que han padecido Ucrania y Crimea. Y Moldavia y Transnistria están demasiado cerca como para no preocuparse. Rumania fue un antiguo miembro del bloque comunista y ahora está afiliada a la OTAN. Moldavia, por su parte, fue una de las repúblicas que integraron la Unión Soviética, pero no es miembro de la OTAN. Y en Transnistria — una república no reconocida que se escindió de la quebradiza Moldavia tras la disolución de la Unión Soviética — los secesionistas cuentan con el apoyo de Rusia. Los observadores internacionales temen que el Kremlin decida, finalmente, anexionar el territorio de Moldavia, que es, exactamente, lo que ha hecho con Ucrania y Crimea.

Rusia "ha recurrido a la fuerza [para] rediseñar sus fronteras. Su intervención ha provocado una serie de graves conflictos que no podemos ignorar", declaró el presidente rumano Klaus Iohannis en Bucarest a principios de año. "El respeto que tenemos por nuestras tropas y las palabras bonitas que hemos proclamado en las cumbres no son suficientes para compensar nuestra falta de infraestructuras".

El parlamento rumano ya ha tomado medidas para protegerse de la inestabilidad política de sus vecinos y de la amenaza de una invasión rusa. De tal manera, todos los partidos del hemiciclo firmaron un acuerdo hace unos meses para revitalizar el sistema de defensa rumano. La idea es llegar a invertir el 2 por ciento del PIB en 2017 y mantener ese porcentaje a lo largo de la próxima década. Se trata de la primera vez desde la caída del comunismo en que los partidos rumanos han alcanzado un acuerdo unánime en materia de Defensa.

Multitudinaria manifestación en Moldavia por la desaparición de mil millones de dólares. Leer más aquí.

La rivalidad y la corrupción que reinan en la política rumana hace que alcanzar ese tipo de acuerdos no sea tan sencillo, advierte el doctor Aurel Braun, profesor de relaciones internacionales y de ciencias políticas en la universidad de Toronto. Braun también es investigador asociado en el Davis Centre de Harvard, especializado en estudios rusos y euroasiáticos. El primer ministro rumano, Victor Ponta, sobrevivió recientemente a una moción de censura en su contra interpuesta en el parlamento. Al igual que otros miembros de los dos grandes partidos políticos del país, Ponta está imputado en un juicio por corrupción actualmente en curso.

"Si la corrupción deteriora y corroe la producción y los suministros militares y el resto de actividades asociadas a él, Rumanía quedará muy debilitada", apunta Braun. "De tal modo, es muy importante para Rumanía abordar los escándalos de corrupción para asegurarse que este raro consenso para incrementar del gasto militar, de esta voluntad por fortalecer la eficacia militar del país, es de lo más funcional. La retórica en sí misma es insuficiente".

El sorprendente consenso alcanzado es una muestra de lo preocupado que está el gobierno rumano.

"Rumanía es el país de [la Unión Europea] y de la OTAN que tiene una mayor frontera con Ucrania. Y es también el país más cercano a la cuenca del Donéts y a Crimea", relata Paul Ivan, un analista del centro de política europeo en Bruselas. "Así que existen serias preocupaciones sobre la inestabilidad y la inseguridad en la zona".

La larga frontera de Rumania con Ucrania está interrumpida por Moldavia, un pequeño país embutido entre Ucrania y Rumanía. Moldavia ha sido el escenario de los "tímidos movimientos de fuerza" impulsados por Rumania para contrarrestar la influencia rusa. Así, los rumanos han creado un sistema de ambulancias para el país, y han contribuido al sistema educacional moldavo. En agosto, durante los actos de celebración de los 24 años de independencia de la Unión Soviética, Rumanía le concedió 120 millones de dólares a Moldavia, como muestra de apoyo y reconocimiento.

Ambos son países en que se habla rumano y ambos formaron parte brevemente de la misma nación. Fue entre 1918 y 1940, hasta que un ultimátum de la Unión Soviética obligó a al administración y a al ejército rumanos a retirarse de territorio moldavo. Las maniobras de apoyo rumanas son un buen reflejo — al menos simbólicamente — de su interés por la reunificación de Moldavia.

"La cooperación entre Rumania y Moldavia ha mejorado y ha aumentado. Y también lo ha hecho a nivel militar", afirma Ivan.

La disputada región moldava de Transnistria es percibida como un probable objetivo en la escalada de anexiones rusas. La escindida región — que a nivel étnico es fundamentalmente rusa — ha reivindicado desde hace mucho tiempo su independencia de Moldavia. A fin de cuentas, Transnistria se escindió de Moldavia en 1990, mientras la Unión Soviética se derrumbaba y el nacionalismo moldavo ascendía. Los secesionistas de Transnistria se embarcaron entonces en una guerra por su independencia que terminó en junio de 1992 con un alto el fuego, pero sin un armisticio. La zona ha sido considerada desde entonces como un estado donde el conflicto sigue latente, aunque congelado.

En imágenes: asistimos a la feria de armas donde Rusia burla las sanciones de Occidente. Leer más aquí.

Podría suceder que los vecinos de Transnistria deseen convertirse en la nueva Crimea. Sin embargo, las demenciales intervenciones militares rusas de los dos últimos años han desatado un clima de miedo y de vulnerabilidad en Moldavia.

Moldavia y Ucrania no son las únicas zonas por las que Rumania teme. El mar Negro también es un potencial foco de tensiones. Desde su anexión de Crimea, Rusia dispone ahora también del control de vastas franjas del mar Negro. Se estima, de hecho, que el país de Putin dispone de la soberanía de 36.000 metros cuadrados de su zona marítima — más del doble de lo que tenía antes. Ello se debe a la firma de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que garantiza que las naciones costeras controlen las aguas (también conocidas como "zonas económicas exclusivas), que se extienden 200 millas náuticas más allá de su orilla.

Las zonas económicas exclusivas de Rusia y Rumanía en el mar Negro estuvieron en su día separadas por las reivindicaciones territoriales de Ucrania. Ahora vuelve a ser adyacentes. Braun considera que tal circunstancia provocará que los inquietudes petrolíferas de Rusia y Rumanía vuelvan a estar alineadas muy de cerca. Y tal podría ser otro probable escarpado escenario para ambos países.

Así que habida cuenta del entramado que les envuelve, no es de extrañar que Rumanía se preocupe por reforzar su estructura defensiva. Y, del mismo modo, tampoco debería de extrañarnos que los recientes movimientos rumanos hayan sulfurado al iracundo líder ruso. La OTAN ya dio un golpe de autoridad en Rumanía, cuando destacó el sistema de defensa de misiles balísticos Aegis en la base militar de Deveselu, al sur de Rumanía. La medida, como tampoco es de extrañar, no fue bien recibida por Moscú. En abril, un portavoz del ministerio de Defensa de Rusia, colgó un comunicado en la red en el que acusaba a Rumanía "de haberse convertido paulatinamente en otra base de la OTAN y de Estados Unidos cerca de la frontera rusa".

Mira el documental de VICE El ejército fantasma de Rusia en Ucrania (parte 1):

"Si les apetece convertirse en objetivos militares por apoyar al sistema de rearmamento estadounidense, es su problema", amenazó en junio Evgeni Lukyanov, vicepresidente del consejo de seguridad ruso, en declaraciones hechas a Interfax.

Más allá de todas sus amenazas soterradas, Rumanía parece resuelta a modenizar e inyectar su infraestructura militar. Para un país como Rumanía, que ya se ha esforzado lo indecible por llegar adonde está ahora, se trata de todo un desafío. 25 años después de la caída y ejecución del implacable y sanguinario dictador Nicolae Ceaucescu, el país sigue siendo uno de los más pobres de Europa.

"Nunca deberíamos subestimar lo duro que nos ha sido progresar", afirma Braun.

Las consecuencias de la anexión rusa de Crimea y de la guerra secesionista en la región de Dobass continúan reverberando por toda la política del este de Europa. Y Rumanía se ve cada vez más perturbadoramente cerca de la inestabilidad regional. Así que la necesidad de conseguir un consenso político, de ampliar su sistemas de defensa y de restablecer sus lazos con Moldavia, parecen también inevitables. A fin de cuentas la inseguridad y la supervivencia siempre fueron curiosos compañeros de cama.

Sigue a Torie Rose DeGhett en Twitter: @trdeghett
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